«Castrofascismo», «castrocomunismo» y otros ismos…

- 30/04/10
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¿Seré el único a quien repugna esa manía de equiparar al castrismo con los horrores del nazismo? E incluso con los horrores del comunismo soviético o chino.

El asunto parece materia para Álvarez Guédes, francamente.

Chiste de cubanos a los que el castrismo les parece poco y quieren más, que los cubanos siempre son «los más». En realidad lo parecería si no fuera porque tratamos con millones y millones de muertos. Con millones y millones de víctimas de los Lager y el Gulag.

Pero eso es lo que hay.

A algunos castrismo no les parece bastante para denominar al régimen dictatorial que padece Cuba y la ideología caudillista del totalitarismo insular. A la manera de franquismo o estalinismo, por ejemplo. No. ¡Qué va! Le llaman «castrofascismo» o «castrocomunismo», como si el apellido añadiera horror, porque toma otros horrores prestados. Castrismo les parece poquito, y allá van. Todavía no he visto lo de «castropolpotismo», pero supongo que será por prurito de eufonía.

He tenido ocasión de llamarle la atención a quienes abusan de esa hipertrofia de la razón. En uno de los casos alguien se refirió al «Holocausto del castrofascismo» y le avisé que no convenía jugar con esa hipostasis, por falaz. Le mencioné los seis millones de judíos exterminados en las cámaras de gas, más los horrores que padecieron millones de europeos bajo el estalinismo y el nazismo, y le sugerí que concluida la guerra civil en Cuba hacia 1966, la dictadura apenas había asesinado por motivos políticos y mucho menos lo había hecho en masa. De Holocausto, nada, pues.

¡Mamita! ¿Cómo se me ocurrió? Tuve que leer en respuesta a mi aviso que «lo de los judíos no fue nada», ¡sic!, ¡SIC!, comparado con las víctimas del comunismo. Cuando alguien te dice que el exterminio fabril de millones de personas fue «nada», compáreselo con lo que se lo compare, sólo cabe deducir que se trata con un alienado, para llevarlo suave.

Esto de no saber justipreciar el horror del totalitarismo cubano e incurrir en la ridiculez de equipararlo con el nazismo o las prácticas genocidas del estalinismo o el maoísmo no me parece asunto baladí.

No se trata, ojo, de la identidad de los mecanismos de control social implementados por el fascismo, el comunismo o el castrismo, en tanto regímenes totalitarios. Para comprender las prácticas comunes a esos sistemas de coerción y «castigo» bastan, incluso sin aturdir demasiado a la bibliotecaria en la Biblioteca municipal, un buchito de la Arendt, una cucharadita de Foucault y una raspita de Agamben.

Pero, oye, en serio: ¿de veras no se sabe que los hombres de la Gestapo, las SS y el NKVD dispararon a bocajarro, al pecho, la cabeza o la nuca a centenares de miles de ciudadanos día a día, noche a noche, durante años? Lo hicieron en sus casas, en las celdas, en los guetos, en el universo concentracionario, en plena calle; lo hicieron ante las zanjas que los propios condenados cavaban y a las que veían lanzar primero a sus hijos aún vivos…

La cuestión es qué idea del último medio siglo cubano tienen quienes equiparan los grandes genocidios del s. XX con la revolución de 1959. Y de qué servirá esa idea cuando se trata de pensar y se trate de hacer un país futuro. Ésa es cuestión menor, sin embargo.

En realidad, lo que me repugna, lo que me asquea, es el insondable desprecio que esas personas y sus alardes manifiestan por el largo centenar de millones de víctimas del estalinismo, el maoísmo y el fascismo.

¿Será que a falta de genocidio propio estiman que es válido insultar la memoria de los muertos ajenos?

Más: ¿de veras se necesita recurrir a hipérboles improcedentes y odiosas para denunciar lo que hemos soportado y soportamos los cubanos?

Diría que no.

A mí me basta el horror del castrismo sin apellidos para denunciarlo. El de sus fusilados, el de sus presos, la saña con que se trató a los plantados, los muertos en las cárceles y en el mar, las penosas condiciones carcelarias que padecen dos centenares de presos políticos, el dolor del exilio, el acoso a toda forma de disidencia, el ostracismo que padecen los opositores, los actos de repudio y largo et cetera… Pero también: y punto.

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Pésimas noticias para los barcelonistas (y el resto)

- 29/04/10
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1)      Esta es la primera. Su alcance, funesto. Por oneroso.

2)      Esta la segunda. 17,91 se llama en lo particular y 20,05 en lo general. Casi con toda certeza irá a más.

3)      Ah, bueno, sí, y la tercera noticia. Una que ha convocado MUCHA más atención que las otras dos. La del joven argentino que no pateó esta noche con puntería.

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De contra:

Los petardos que estallaron esta noche en Barcelona, sépase, no fueron en protesta contra el Gobierno que produce noticias como la 1 y la 2.

No.

A ciencia cierta, y visto que el bueno de Leo Messi no marcó ni el Barça pasó a la final de la Champions League, no tengo ni puta idea de las motivaciones de tales alardes acústicos.

Apenas se me ocurre que sus promotores decidieron que ya que habían comprado los petardos nada mejor que hacerlos estallar. Es que de guardarlos, ya se sabe. Se enmohecen.

Hmm… ¿No valdrá lo mismo para el Gobierno que compraron?

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Fotografía con las Damas de Blanco y público…

- 28/04/10
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Hay que sustraerse a la tentación de quedarse con la imagen de esa mujer que ocupa el primer plano, por «atractiva», por imantadora que resulte.

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Su payasada usainboltesque, la V que dibujan sus dedos, la piedra que parece lanzar, los pendientes a juego con la blusa, la lengua blancuzca, anémica, que se proyecta desde el lecho de esa boca oscura, una lengua que no parece pertenecerle… En efecto, no le pertenece.

Una castrista que muestra al histrión que hay detrás de cada cubano. Parafraseando a Raudelis Lima: «Son así, así, así; así son, son…» los castristas de Cuba.

Hay aun un tercer plano que esconde un cuarto. Muchachote que ríe las gracias de la acosadora y los dedos índice y meñique de una mujer invisible que, oculta por el jovial agente en prácticas, dibujan unos cuernos sobre la cabeza de una opositora.

Son tres planos de este siniestro paisaje de un acto de repudio.

Pero en esta fotografía aparecen también sus protagonistas. Las únicas protagonistas. Y a veces me da la impresión que olvidamos quiénes son estas mujeres. Que cedemos a la estrategia del régimen de La Habana cuando pretende situarlas en el centro de debates que buscan silenciarlas, ensombrecerlas, mancillarlas.

Las Damas de Blanco son familiares de víctimas de la dictadura cubana. Familiares de hombres que padecen el presidio político cubano. Si salen a la calle es porque los suyos ―sus maridos, sus hijos, sus hermanos― están entre barrotes. Y si se atreven a desafiar a estas turbas que las zarandean y ofenden en tanto mujeres es porque han perdido el miedo, pero no la entereza.

Todos esos presos, sus presos, han entrado en la historia de la resistencia de los cubanos al totalitarismo. Estas mujeres, como de rebote, hacen historia a diario.

Por eso prefiero ver en esta foto sus rostros y sólo sus rostros.

Esa extraordinaria mezcla de dignidad, paciencia, dolor y conmiseración.

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Siempre, ahora mismo…

- 27/04/10
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Un amigo y antiguo condiscípulo murió en Moscú hace dos días.

Tenía mi edad y una vitalidad que me asombraba y le envidié. Su encanto no se lo envidié nunca, porque es de gente mezquina o imbécil envidiar lo que uno sabe que no alcanzará jamás. El aviso de su muerte fue un puñetazo. Varios: una genuina paliza.

Las noticias de su funeral me trajeron otra más: otro viejo condiscípulo, del que no supe por años, enviudó hace poco. Su mujer, aún más joven que todos nosotros, falleció también de repente.

Esta tarde recibí un mensaje de un corresponsal: me pedía las señas de alguien que murió hace pocos años. Quería hablarle para convocarlo a entrevista. Nada sabía de su muerte. Me reclamaba su número de teléfono.

Me he pasado el resto del día trabajando a duras penas, porque lo hice reparando a ratos en el ritmo de mi respiración y pensando en los vivos y los muertos.

También y sobre todo recordando aquel aserto de Mijaíl Bulgákov, quien dijo, más o menos, que lo terrible no es que seamos mortales, sino que lo seamos siempre y en todo momento. Ahora mismo, por ejemplo.

Descansa en paz, Dmitri, querido amigo.

Y ojalá que nadie me pida en lo adelante tu teléfono, porque todos te recuerden vivo, mientras te sepan y te honren muerto.

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Elecciones en Cuba para «delegados de circunscripción»

- 24/04/10
Categoría: Poscomunismo | Etiquetas:
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Mañana hay elecciones en Cuba, leo en Granma. Elecciones de esas que en Cuba llaman elecciones.

Eligen a los delegados de circunscripción.

Del fútbol dijo alguien, más o menos, que era un juego de veintidós hombres corriendo tras un balón y que siempre ganaban los alemanes. Parodiando se podría decir que las elecciones en Cuba son un juego que involucra a ocho millones de personas y siempre acaba ganando un tipo de apellido Castro.

Ahora hay suerte, sin embargo. Que antes uno ante eventos de esta ridícula índole solía denunciar la farsa, denostarla, etc. Coger lucha, vaya.

Pero desde que Porno para Ricardo publicó el disco «A mí no me gusta la política, pero yo le gusto a ella, compañeros» ya uno se toma elecciones y delegados de circuncripción en otros, hilarantes, términos.

Disfrútese de PPR durante la jornada electoral, el recuento y la lectura de sus resultados. ¡Alivia!

Porno para Ricardo – El delegado

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De contra:

De Gorki Águila, mencionando este tema en concreto, escribí antes en post que fue reproducido en la revista Mistura (pp. 14-16).

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Los Castro, Samaranch y el juego

- 23/04/10
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Leo en relación con el funeral de Joan Antoni Samaranch que no han faltado ofrendas «de jefes de Estado, como el comandante en jefe de la República de Cuba, Fidel Castro». Associated Press también destacó el gesto: «Cuba’s Fidel Castro and Raul Castro paid their respects through one of the growing number of flower arrangements that arrived». También lo hizo AFP y la noticia corrió como la pólvora a encaramarse en millares de diarios y digitales. «Nella camera ardente tanta gente comune e molte corone di fiori, tra le quali quelle del ‘lider maximo’ Fidel Castro e del suo successore alla presidenza di Cuba, il fratello Raul», por ejemplo.

Ha sido una suerte de fiebre de esas que acogotan a la prensa: ¡Fidel le envía flores a Samaranch! ¡Cuánta ternura!

Menos acogida han tenido las declaraciones de Antonio Castro, hijo y sobrino de dictadores, quien se dice «consternado» por la muerte del catalán y ha evocado la relación de Samaranch con Cuba y el último encuentro que mantuvieron ambos aquí en Barcelona.

A mí, he de decirlo, me ha encantado la extraordinaria por inmerecida difusión que le han dado a esa corona de flores. Como me ha divertido la participación de ese heredero de los Castro en todo este asunto. La autoridad con la que habla ese «directivo» del deporte cubano.

Porque entre toda la babosada insufrible que han servido hoy prensa escrita, radios y televisiones estas dos noticias sirven:

1) Para evocar, siquiera por analogía, de dónde vino Joan Antoni Samaranch, el hombre que le regaló unos Juegos Olímpicos a Barcelona y España (socialistas).

¿Que de dónde? Pues, de la jerarquía de una dictadura.

Vino, recuérdese, de aquí:

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Pasó, no se olvide, por aquí:

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Y sirven:

2) Para recordar a los cubanos que si bien «ausencia no quiere decir olvido», transición las más de las veces sí.

¿Quieren juego? Pues a eso se dedicó el ex-franquista Samaranch, oigan: a dar Juegos.

¡Y Olímpicos!

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