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Moratinos, los presos y el Almirante Cervera

La SINA ofrece a los presos excarcelados viajar a EE.UU. en lugar de a España [1]. A los presos que aún no han viajado, se entiende. Y les avisa que si vuelan a Madrid la puerta a Miami tendrá más cerrojos [2].

Una alternativa al Welcome de Vallecas [3] con Wellcome distinto, cuyos perfiles aún desconocemos. De hecho todavía desconocemos también los perfiles precisos de la política asistencial española respecto a los presos que viajaron aquí. Pero a quién le importa lo indiscernible, cuando hay certeza arraigada.

Las implicaciones que entraña tal ofrecimiento SINAico y la advertencia correlativa son fabulosas como herramienta de conocimiento para los españoles que se preguntan qué hay con esos disidentes cubanos. Y traerá cola en titulares efectistas. ¡Ya me los imagino!

Trae implicaciones también para quienes se preguntan por el papel real de España como interlocutor con el gobierno de los Castro y país capaz de imantar a los cubanos. A todos quienes tal pregunta alberguen, empresarios incluidos.

Miguel Ángel Moratinos, como otrora Don Pascual Cervera [4], se enfrenta a una vergüenza que merece menos de lo que a estas alturas estamos dispuestos a concederle.

Él la leerá como alivio, porque tanto la vergüenza como las medias o calcetines a rayas no se estilan entre diplomáticos.

De contra:

En España corría un chiste a propósito del príncipe Felipe y su matrimonio con Letizia Ortiz, periodista y presentadora de telediario. Dice el chiste que cuando Felipe vio a Sara Carbonero [5] en las pantallas de la misma televisión donde había encontrado novia, gritó desesperado: «¡Dios mío, ¿por qué me apresuré tanto?»

Pues, eso.