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Tyrannosaurius rex o wathever…

«…el esfuerzo que nuestra Patria lleva a cabo para evitar un conflicto nuclear que puede poner fin a la existencia de nuestra especie», escribe Fidel Castro en su última reflexión [1].

Desde que dio por perdida la causa del llamado cambio climático, por ser lo más parecido a una trola [2], ahora esa es la cuestión que involucra a los cubanos porque así lo requiere su máximo líder: «salvar nuestra especie».

A mí la cuestión que me preocupaba esta noche al volver a casa era otra. Una del siempre estimulante capítulo del «If». A saber, la que sigue: de haber existido en el Cretácico superior la revolución cubana y su resucitado profeta, ¿se habría podido evitar la extinción de los dinausaurios?

No sé si me siguen. Digo, si Castro I se hubiera puesto entonces para el asunto, ¿pasearían hoy los brontosaurios por ―digamos― la calle Escorial de Barcelona?

Y me digo que sí, oye, que es que cuando ese pueblo y su líder se aplican no hay lluvia de meteoritos u ojivas que se imponga. Salvar la especie. Bah: eso para un octogenario cubano es pan comido, tú. La salva y punto, ¡qué caray!

Si es que los cubanos, nene… ¡Iba a negarles alguien la exposición de una parejita de Tyrannosaurius rex en La Rampa, acabaditos de salir de una cena en El Mandarín, si la hubieran querido! ¡Qué va!

Y merecida la tendrían, porque si de algo saben es de tiranos y dinosaurios. Que por cierto, ¿aparecía el utilísimo oficio de paleontólogo en la lista de profesiones a ejercer por cuenta propia [3]?