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Cuba y el gato de Schrödinger

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Cuba no tiene porque ser una Caja de Pandora, como algunos suelen pensar. Es decir, una que de ser abierta desataría todos los males.

Es otra caja Cuba, se me ocurría esta tarde en la sobremesa, cuando me vino a la cabeza esa vieja superstición de la física pensando en asunto bien distinto. Un fogonazo, ya saben.

Cuba es otra caja, digo. Más precisamente, la caja de Schrödinger, la que sirve de isla a su célebre paradoja. Con su gato, su botella ponzoñosa, y su puñetera partícula radiactiva (una, pero con múltiples nombres: cubanidad, patria y Castro son solo algunos) que, si se desintegra, rompería la botella y daría muerte al gato sin que desde fuera de la caja sepamos si el minino maúlla o ya calla para siempre.

Donde dice «mecánica cuántica», léase «mecánica castrista», por ejemplo.

El gato que puede estar vivo o muerto, la partícula fatal que lo decide todo, el pomo lleno de veneno y expuesto siempre al golpe del martillo, la realidad que vale así y vale asáo, según se la quiera ver, por indiscernible desde toda visión «clásica».

Si es que a Cuba, por ponerle alguno, siempre le han venido bien los apellidos alemanes. Humboldt fue uno. Imaginarla como Gato de Schrödinger [2] sería concederle otro avatar que alimente su sed de excepcionalidad [3].

[4]

De contra:

Y, sí, me compré un regalito salido de la sobremesa. (También compraré el del “is alive” cuando lo encuentre…)

Este:

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