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Un epitafio para los periódicos

La prensa, esa funcionaria que empuña sello con el que estampar nombres sobre el lomo de la realidad y bautizarla, llama «disidentes cubanos» [1] a los familiares de un expreso político, llama «indignados» a los perroflautas [2] desalojados anoche de Plaza Catalunya, llama «víctimas» a los griegos [3]. Y todo ello con la misma alegría con que llamaba antes «insurgentes» a los terroristas en Irak.

Habría que poner una suerte de policía en las redacciones que impida ese trasvase del nombre que se usa en los artículos de opinión, que es libérrima, a los nombres que utilizan quienes apenas deben informar, ¡como si fuera poco!, ajustando la marca de agua o el hierro candente a la carne de los hechos. Pero me da que es causa perdida. Los periódicos, cuando mueran por fin y por desgracia los que lo hagan, que no son pocos, pagarán en sus epitafios la incapacidad para leer el mundo y reescribirlo para su lectura precisa y veraz.

A muchos de esos cadáveres les podría servir este epitafio: «Murió de rodillas buscando un nombre en el suelo pisoteado de la redacción. Como no lo encontró, nadie recuerda tampoco el suyo».

[4]

De contra:

¡Y una de arena! [5]