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David Rivera: revolucionario, pionero y militante

Leo que el representante David Rivera quiere [1] introducir una enmienda en la Ley de ajuste cubano [2] o Cuban Adjustment Act. Hay un cierto tufo a chapucería, bravuconería y ventajismo preelectoral en el asunto, pero ese no es el tema. Los detalles en El Nuevo Herald [1].

Lo que pienso de los representantes cubanoamericanos que buscan restringir las libertades de los cubanos que viven en los EE.UU. es sabido y aquí hay un botón de muestra [3]. Pero ese tampoco es el tema ahora.

Lo que me interesó de la iniciativa de David Rivera es la deliciosa paradoja de que sea precisamente un hard-liner de la política cubanoamericana quien venga, de carambola, a dar una patada en uno de los flancos de la armazón política de la Guerra Fría que todavía sustenta las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba.

Deliciosa paradoja, digo, donde la derecha le toma la delantera a la izquierda.

Tenga o no éxito la iniciativa, lo cierto es que la Cuban Adjustment Act, aprobada en 1966 [4] para, en esencia, facilitar la vida a decenas de miles de refugiados cubanos que llegaban de la isla huyendo de la represión castrista, va camino de sufrir el primer embate legislativo. De ahí a su revocación definitiva van menos pasos que los que separan a Castro I del catafalco.

Todo el mundo sabe que la Ley de Ajuste es un fósil cuyos sabrosos huesos los cubanos hemos chupado durante décadas. Más: de los fósiles de marras es el que más apetencias gana entre toda la diáspora cubana y la población de la isla. La Ley de Ajuste es el batido de mamey de la política pericubana. Por otra parte, todo el mundo sabe que llamar refugiados políticos a largas decenas de miles de cubanos llegados a los Estados Unidos durante, al menos, los años que van de este siglo es una invención. A Rivera le resulta vergonzoso que no sean refugiados políticos, sino inmigrantes que escapan de la miseria en Cuba como se escapa de la miseria desde tantos otros lugares oscuros o menos oscuros de este planeta, y quiere castigarlos. No sé en su vida privada, ni me interesa, pero visto lo visto a Rivera le gustaría que en la vida pública se lo tenga por un castigador.

Pero este juego que se llama Cuba y se disputa simultáneamente en muchas canchas, también en la de los símbolos, reparte los pies de foto día a día y uno nunca sabe cuál le deparará la historia. Así, cuando la Ley de Ajuste cubano sea revocada, David Rivera, que tanto ha trabajado para modificar su biografía en Wikipedia [5], bien podrá añadir ahora a sus logros allí el de revolucionario que ayudó a superar el lenguaje de la Guerra Fría, el de pionero de una nueva visión bipartidista sobre la comunidad cubana en EE.UU., el de militante en favor de trasladar la evidencia sociológica a la realidad jurídica. En esta foto, como en tantas, el que se mueva no sale, pero el que se mueva guiado por instintos cortoplacistas sale con mueca que no le va a gustar. Echarle una pizca de sal al batido de mamey no es precisamente una idea rentable a largo plazo.

Podrá ganarse este epitafio político con sabor habanero: «David Rivera: revolucionario, pionero y militante»