Mariela Castro featuring Herself @ The Wire

- 28/10/11
Categoría: Agua corriente, Castro & Family, e-cuba
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Mucho ruido con que si a Mariela Castro le gusta cómo se lo montan las prostitutas de Amsterdam. Por allá se paseó la hija de Raúl Castro. Por el Roze Buurt, el Barrio rojo. “¿Qué tal de resonancias?”, le preguntaría con sorna Lezama si fuera cargamaletas del aeropuerto de La Habana. (Algo plausible: ¿no fue Lorenzo García Vega bagboy del Publix?)

Mariela, ay, esa hija y sobrina de Castros.

Toda una pléyade de indignados con una Mariela Castro que sabe más que todos esos comentaristas del imposible, porque solo soñado, movimiento #OccupyPuntoCero, porque a ella le explicaron el juego. ¡Lo jugó desde niña, oigan! Le tocó como juguete básico por vía doméstica y la piscinita de los domingos, y también de los jueves y los sábados, papa, papá —¿se acuerdan de los juguetes que nos disputábamos nosotros? Ese juego fue su trompo y ella sabe cómo asir la cuerda entre los dedos índice y meñique.

Qué aburrimiento tener que explicarlo, caballeros, señoras. Para hacerlo, a uno se le ocurre echar mano de Shakespeare, ya saben, pero hay vías más expeditas. Más modernas, si me permiten. De The Wire, por ejemplo, cuyo guión, dicen, habría escrito Shakespeare de haberle tocado vivir en la Baltimore posindustrial de los ’00. ¡Imagínense el que habría escrito en La Habana mutante de hoy!

A falta del bardo de Macbeth o Ricardo III, lo dicho: The Wire. Ya recurrí aquí antes a su exposición del mundo y creo que con mucho tino.

Aquí va, pues. Mariela/Dee juega al juego que juega mientras nosotros nos entretenemos con damas que atacan en diagonal paseando por la avenida que admirábamos ayer.

Atiendan bien. Casi todo lo que nos interesa está explicado aquí. Hay damas, hay tío inamovible, hay la manera en que un peón se convierta en dama. Todo un país, una batalla y un peón que llega al extremo opuesto y se convierte en reina. También la mafia le llama a eso ajedrez. Mariela lo sabe.

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Un flâneur en Miramar, La Habana, Cuba

- 23/10/11
Categoría: e-cuba, Urbanas
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Un usuario de Youtube que se identifica como abelm2008 subió este vídeo que me ha entretenido hoy sábado y, muy probablemente, volverá a entretenerme en la sobremesa del domingo.

Lo describe con escueta nota de flâneur: “Caminando por 5ta ave desde 82 hasta 110.” Es la marca que dejan un poeta o un registrador de la propiedad.

Y es exactamente eso lo que ofrece. Una cámara avanza por la avenida habanera que un viajado escritor francés me dijo hace 20 años, andando ambos por allí y para mi sorpresa/orgullo, que era la avenida más linda del mundo.

Apenas hay algo más en este poco más de un cuarto de hora que el registro minucioso del paisaje que flanquea el paseo central de esa avenida. No hay cortes. Es plan-séquence. La acera, los parterres, las palmas y los márgenes de la avenida, como los de un río de asfalto que huye de la ciudad a la vez que fluye hacia ella en un long take que parece ser otro nombre del trópico languideciente.

Desprovistas del cálculo minucioso del Street View de Google, son imágenes que me llaman a acompañarlas en ese andar sin prisas. Juraría que siento el calor de esa acera cuarteada subiéndome por los pies.

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¿Qué fin espera a Fidel Castro?

- 20/10/11
Categoría: Actualidad, Castro & Family
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Esta tarde comiendo en un restaurante cubano de Barcelona.

Los camareros, dos, cubanos, jóvenes, acodados a la barra. Uno repasaba las noticias en el teléfono. De repente le dice a su compañera:

—Mataron a Gaddafi.

—¿A quién?

—A Gaddafi.

—¿Y ese quién es?

—El de Libia.

—¿A mí qué me importa eso?

El otro se encoge de hombros.

—¿Pero no te alegras ni un poquito? —le pregunto sonriendo desde mi mesa, donde seguíamos la noticia embarrando Twitter de aguacate y codillo.

—Si no me importa lo que le pasa a Fidel, me va a importar a mí un tipo que ni sé quién es —me dice.

Se me ocurre que es una suerte de explicación para que sobreviva uno de los dos que aparecen en esta foto (el segundo acabó así):

Y otro, el mismo, de esta otra (el segundo acabó hoy así):

Para que hoy sea un anciano que ve pasar la gloria del mundo, mientras se regodea en la suya mirándonos, por ejemplo, así.

Pregunto:

¿Cómo prefieres que acabe Fidel Castro?

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Con Laura Pollán en el Versailles

- 18/10/11
Categoría: Exilio
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Tomé esta foto ayer en el restaurante Versailles, en Miami.

Se trata de un humilde cartel sin acentos que no concitaba demasiada atención. Llovía sobre Miami, llovía mucho, y me aparté del paraguas de la marquesina del restaurante para tomar esa fotografía. Media docena de personas que se resguardaban de la lluvia me vieron empuñar el teléfono para este click.

Unas pocas se asomaron al cartel al que atendía el tipo, yo, con pinta de forastero. Sospechaban qué sé yo qué. Alguno puso muy mala cara. A mí Miami me gusta más que el boniatillo, pero como quiera que me ponga tengo jeta de forastero allí. No tienen la culpa ellos: yo soy un alien hasta en mi calle.

También el nombre de Laura Pollán, homenajeada por el printer que parió esa hoja luctuosa, parecia ajeno al entra y sale del que se tiene por el emblema culinario-sentimental del exilio cubano.

Llámenme cursi, oigan. Llámenme ñoño, coño. Tíldenme de como quiera que gusten llamarle a quien inquita la vecindad de un almuerzo y un opositor muerto más.

Y sin enmbargo el restaurante Versailles, ese comedor de historia, ese refectorio al que acude tanta gente, toda la gente, a masticar el sabor de una nación deslocalizada, es el lugar improbable donde asistí ayer a la exposición pública del luto por Laura Pollán, Dama de Blanco, antes de encargar un sandwich cubano que comerme en un avión.

No pude hacerlo. Lo dejé, sin querer, en el carro que me llevó al aeropuerto. Se quedó en Miami… Como un quinto de Cuba.

Últimamente, medio siglo en ese adverbio, a los cubanos se nos queda todo en el carro que nos lleva a pasearnos por el dolor, la memoria y el exilio.

Solo a veces conseguimos firmar la desazón, un mero gesto. Felipe Valls, aquí.

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Laura Pollán, in Memoriam

- 15/10/11
Categoría: Memoria, Oposición
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En ocasión de la tristísima muerte de Laura Pollán, fundadora de las Damas de Blanco, reproduzco un post escrito hace anyos a propósito de la represión a la que el castrismo sometió y somete a esas mujeres, las más valientes.

En la historia de la oposición al régimen castrista las Damas de Blanco significaron una verdadera revolución contra la revolución. Todos los demócratas cubanos, y todos los cubanos reconózcanse demócratas o no, le deben a esas mujeres, y a Laura Pollán significativamente, el testimonio del coraje y la fuerza del amor y la razón.

Fotografía con las Damas de Blanco y público…

Hay que sustraerse a la tentación de quedarse con la imagen de esa mujer que ocupa el primer plano, por «atractiva», por imantadora que resulte.

Su payasada usainboltesque, la V que dibujan sus dedos, la piedra que parece lanzar, los pendientes a juego con la blusa, la lengua blancuzca, anémica, que se proyecta desde el lecho de esa boca oscura, una lengua que no parece pertenecerle… En efecto, no le pertenece.

Una castrista que muestra al histrión que hay detrás de cada cubano. Parafraseando a Raudelis Lima: «Son así, así, así; así son, son…» los castristas de Cuba.

Hay aun un tercer plano que esconde un cuarto. Muchachote que ríe las gracias de la acosadora y los dedos índice y meñique de una mujer invisible que, oculta por el jovial agente en prácticas, dibujan unos cuernos sobre la cabeza de una opositora.

Son tres planos de este siniestro paisaje de un acto de repudio.

Pero en esta fotografía aparecen también sus protagonistas. Las únicas protagonistas. Y a veces me da la impresión que olvidamos quiénes son estas mujeres. Que cedemos a la estrategia del régimen de La Habana cuando pretende situarlas en el centro de debates que buscan silenciarlas, ensombrecerlas, mancillarlas.

Las Damas de Blanco son familiares de víctimas de la dictadura cubana. Familiares de hombres que padecen el presidio político cubano. Si salen a la calle es porque los suyos ―sus maridos, sus hijos, sus hermanos― están entre barrotes. Y si se atreven a desafiar a estas turbas que las zarandean y ofenden en tanto mujeres es porque han perdido el miedo, pero no la entereza.

Todos esos presos, sus presos, han entrado en la historia de la resistencia de los cubanos al totalitarismo. Estas mujeres, como de rebote, hacen historia a diario.

Por eso prefiero ver en esta foto sus rostros y sólo sus rostros.

Esa extraordinaria mezcla de dignidad, paciencia, dolor y conmiseración.

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Cosas enanas o asuntos enanos, según prefieran

- 13/10/11
Categoría: Exilio
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Ayer nos pasamos el día en los Everglades. Entramos por el acceso al parque que hay cerca de Florida City ―no tiene pérdida: hay un gráfico cartel que pone «Se venden gallinas» a apenas tres minutos del Visitors Centre― y avanzamos las 38 millas hasta el último punto, Flamingo. Vimos algunos cachorros de cocodrilo tomando el fresco sobre los mangles. Y tantas aves que Linneo habría dado la vuelta.

Llegué a casa ya entrada la noche y encendí el televisor sin ser consciente de que me exponía a mi primer encuentro con noticias cubanas en las últimas dos semanas, más o menos. Los Everglades no me habían preparado para ello. No hay pantano que sirva de antesala a ese otro pantano.

¡Y qué encuentro, nenes! Toda la pantalla ocupada por la jeta de la enana, ¿o es un enano?, de La Colmenita, esa superstición cubana. Retirado el enano, ¿o es una enana?, apareció el presentador. El programa se llama Los imposibles o Los inmisericordes o algo así. Bien podría ser Los imbéciles, pero se me ocurre precisamente imposible que el presentador se mostrara tan inmisericorde consigo mismo.

Trastornado por la visión de la jeta de la enana, ¿o es un enano?, de La Colmenita me costó seguir el argumento del tipo. Entendí, eso sí, que los de la compañía de marras viajan a Washington a presentar un espectáculo sobre los cinco espías.

El tipo se mostraba desconsolado por que se utilice a niños en esos menesteres propagandísticos, lloriqueaba como si en ello le fuera la vida y para darme el tiro de gracia va y me repite a pantalla completa el careto del enano, ¿o es una enana?, de La Colmenita.

Viendo el programa esperpéntico no pude evitar recordar a tanta gente en estas deliciosas latitudes que me asegura que es aquí donde se está de veras al tanto de lo que ocurre en Cuba. «Allá en Europa ustedes están muy lejos», me suelen decir. «Y lo intelectualizan todo», me acusan. La concreta estaría en Miami, pues.

Harto ya de discutir ese argumento, procederé inmediatamente a imprimir una foto tamaño carné de la enana, ¿o es un enano?, de La Colmenita. Y cada vez que me lo suelten en lo adelante les mostraré el maquillado rostro de ese enano ―¿o es una enana?

No lo haré con ánimo ventajista, sino más bien para que ambos veamos de repente cuán grotesca es esa realidad de la que ni unos ni otros sabemos más de lo que esa isla nos insinúa.

Noticias enanas o sustos enanos, monstruosos los dos.

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