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Lecciones de la Crisis de los Misiles aka Crisis de Octubre

No me he podido sustraer al cincuentenario de la Crisis de los Misiles y menos cuando tenía previsto viajar a Rusia en estas fechas. Por encargo del think tank de estudios políticos rusos PIR-Center, escribí esta nota que se publicó ayer en ruso [1] en la web del centro. Antes de publicada ya había encontrado asiento por vía de citas en el artículo que Vladimir Orlov, director del PIR-Center, escribió para el número de la revista Ogoniok [2] de esta semana, que trae un amplio dossier [3] sobre el mencionado cincuentenario.

Copio abajo el texto original de mi nota.

Sobre el tema “Lecciones más importantes de la Crisis de los Misiles”
Por Jorge Ferrer

Andan lejos los tiempos en que en apenas trece días, dos grandes potencias podían ganar juntas y a beneficio de ambas una encarnizada partida en el tablero geopolítico. Entonces y en menos de dos semanas, se puso fin a la amenaza de cataclismo global. Y se hizo mediante el diálogo entre los dos principales actores y dejando de lado al belicoso advenedizo, la Cuba de Fidel Castro, que buscaba ventajas de un equilibrio geopolítico falible del que esperaba réditos espurios: la muerte o la gloria. (“Acabó consiguiendo un estado intermedio: la potenciación del mito de la excepcionalidad cubana.”)

Medio siglo después, ahora debatimos la pertinencia del trazado de líneas rojas a Irán, inclinados sobre el mapa de la proliferación. Lo hacemos en mundo distinto, porque la bipolaridad de antaño ha cedido el paso a una, si me permiten, «polaridad en emergencia» (que es algo más complejo que una mera multipolaridad).

De aquellos días de 1962 que también tuvieron su color rojo —el del icono pop que fue el teléfono que uniría desde entonces a los dos principales centros del poder nuclear—, conviene recordar hoy los réditos de una negociación llevada con las debidas prisas y sin complejos, que consiguió poner fuera de juego las amenazas exógenas. Hoy, un enfoque como aquel, desde la urgencia y la responsabilidad, permitiría aceitar un diálogo fluido entre naciones cuyos líderes y pueblos sean conscientes de que la ruptura de los equilibrios vigentes, por precarios que sean, por falibles que a veces nos parezcan divididos por la madera, las flores y los botellines de agua de las mesas de negociación, puede equivaler a una catástrofe que dé al traste con la humanidad.

¿Más lecciones de la Crisis de los Misiles? Unas pocas y todas considerables. La astucia de la transparencia, el diálogo crítico, la capacidad de ampliar con celeridad y arrojo dialéctico el marco de discusión en aras de una solución compartida son vías de excelencia en toda negociación. Más: la certeza de que ceder posiciones alcanzadas con pírricas tomas de cabezas de playa en la política doméstica es una ganancia para todos.

Cuba, la mecha que pudo haber hecho arder al mundo en 1962, ahora no es más que un parque temático del pasado. Evitemos actuar nosotros hoy como autómatas de un parque de atracciones donde nadie es capaz de contener los ires y venires de una noria sin dueño.