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Crescencio Marino, Superstar en clave post

¡Todo un monumento para el cronista futuro esa declaración que un Crescencio le envió al Nuevo Herald [1]! (En el sentido de Le Goff, ya me entienden.)

Después de dedicar su vida, digamos, útil, al Ministerio del Interior de Cuba, Crescencio decidió que su vida inútil sería mejor vivida en Miami, esa patria de los jubilados. ¡Ya lo creo! Y allá se fue andando sobre la firme pasarela que une La Habana y Miami, artefacto que habaniza la segunda mucho más de lo que miamiza la primera.

Ahora, de repente, de ese Crescencio se conoce su pasado, se buscan testigos a ambos lados del Estrecho de la Florida que lo denuncien y allá fue eso, creciente.

Nada especial hasta ahí, más allá del guión habitual: un represor que esconde su pasado o lo maquilla y un par de avispados gestores de exclusivas pegados a las Blackberries.

Tocaba esperar qué decía el Crescencio, si algo. Y haciendo honor a su nombre, el esbirro trasplantado se ha crecido. ¿Disimular? ¿Pedir perdón? ¿Ofrecer la compensación de su presencia en los medios para buscar clemencia? ¡Nada de eso, nenes! Ni asomo del clásico “yo solo cumplía órdenes”, ni un dedito a los que se habrían complacido con medio cachito de minúsculo trocito de disculpa.

Bien al contrario, Crescencio se siente acosado, Crescencio es revolucionario, Crescencio está orgulloso de su vida en el MININT y hasta en Miami muchos se acercan, dice, a agradecerle su bondad, Crescencio denuncia las mentiras y calumnias de los anticubanos. ¡En “la capital del exilio”, oigan!

Sujeto mutante, Crescencio es ya, por derecho propio, un ente poscubano, siendo aún una excrecencia cubana.

Y esta entrevista, guárdenla, es un monumento conjugado a la vez en presente y futuro:

http://www.youtube.com/watch?v=zGevNL7mVBw [2]