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(Obama): Endorsement, le llaman

Hace cuatro años, cuando Barack Obama buscaba la presidencia de los Estados Unidos, escribí esto. Está ahí [1], como a la vista está todo lo que he escrito, también lo escrito y firmado en Cuba [2].

Hoy aquel Barack Obama busca la reelección como incumbent y Mitt Romney pugna por hacerse con la presidencia de los Estados Unidos de América. Desde Europa, espacio político donde vivo desde hace 18 años y viví otros ocho antes al otro lado del Telón de Acero, observo con atención lo que ocurre en Washington por unas cuantas razones obvias. También por una de corte, si quieren, cultural —alguno diría que sentimental y yo le haría un guiño aquiescente.

Más claro: yo soy uno de esos tipos que muchos en Europa llaman “proamericano”. Generalmente, lo hacen con sorna o desprecio. Cuando llueve, me paseo por mi barrio con un paraguas que me trajo M. de Washington. Abierto es la bandera de los Estados Unidos. Cerrado es apretada síntesis de stars and stripes. Sigo la literatura, la política, la cultura, la minucia noticiosa norteamericana con tanto detalle como me permite el tiempo de que dispongo. Y viajo allá cada año desde hace unos doce con puntualidad regida por mi calendario profesional y mi monedero.

Por si ello fuera poco, soy además cubano. Y a despecho de toda esa narrativa sobre los Estados Unidos que nos han traicionado, narrativa tan del gusto de quienes no han movido un dedo que impulse neurona, creo firmemente que ese país ha sido y es el aliado primero de todos los cubanos que buscamos la libertad. Siempre.

Hoy los norteamericanos irán a votar y yo estaré atento desde mi mesa y mi sofá en Barcelona. Los cuatro años que siguen serán cruciales como lo vienen siendo todos desde que comenzó el último milenio, puñetero siglo este el primero. Lo serán porque los Estados Unidos se enfrentan a un precipicio fiscal (fiscal cliff) que pondrá al país al borde de la quiebra, porque China está ahí e Irán también con sus amenazas de distinta índole, porque Europa es un artefacto que apenas sirve ahora de contrapeso, porque Rusia y el espacio postsoviético se levantan como un muro geoestratégico temible… Y más, ya saben.

Mañana, hoy, los norteamericanos irán a votar por el presidente y la perspectiva que los Estados Unidos de América ofrecerán ante esos retos. Votarán por la apuesta democrática de lo que llamábamos antes, y yo prefiero seguir denominando —llámenme dinosaurio—, el Mundo Libre, así con sus mayúsculas.

Ustedes, nosotros, nos lo jugamos todo. Todo en política y economía, que son apenas dos lados del octágono que es la vida, pero vaya cuáles.

No voy a esconder mi preferencia, por carente de entusiasmo que esta sea.

Yo votaría por Barack Obama.