Unas esquirlas postcomunistas: (de Chechenia a Boston)

- 23/04/13
Categoría: Agua corriente, En El Nuevo Herald, Poscomunismo, Rusia
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Esas malditas esquirlas
Por Jorge Ferrer

Mientras en Boston buscaban dar caza a los hermanos Tsarnaev, muy lejos de allí –más precisamente a 5.341 millas de distancia– Ramzan Kadyrov se ocupaba de otros menesteres. En la cuenta que mantiene en Instagram, el peculiar amo de Chechenia se congratulaba de la premiación de un concurso que inspira a jóvenes chechenos, solo varones, en las que el presidente aliado del Kremlin considera las mayores virtudes imaginables: la hombría, el temor de Dios y la grandeza de espíritu. El concurso consiste en un período de entrenamiento en boxeo, conducción extrema de coches, tiro al blanco, manejo correcto de las armas y técnicas de navegación fluvial. Y enseñanzas coránicas, claro.

La Chechenia que se asomó a los titulares de la prensa norteamericana cuando se estableció el origen de los terroristas de Boston es uno de los rincones del espacio postsoviético más maltratados por la historia. Si la mayoría de nómadas que echaron a rodar por la historia tras el fin de la Guerra Fría encontraron acomodo a sus ansias geopolíticas y su búsqueda de identidad nacional, Chechenia se vio involucrada en dos guerras sucesivas con Rusia que la hacen merecedora de triste récord: no ha habido rincón de Europa que conociera tantos años de guerra en las últimas décadas. Aun cuando es difícil cuantificar el saldo mortífero de esas contiendas –ni Chechenia ni Rusia se caracterizan por el cultivo de la transparencia estadística–, más de un centenar de miles de personas perdieron la vida o fueron arrojadas al exilio. La región del Cáucaso, con Chechenia como epicentro, fue entonces imán del fundamentalismo islámico, pastel apetecido por la secta wahabí y máquina centrífuga que repartió por el mundo odio y desazón. La periodista y columnista Iulia Latynina ha narrado muy bien en Caos en el Cáucaso (Libros del Lince, 2011) el paisaje de corrupción, muerte, mafias y terrorismo que se enseñoreó de la parcela del mundo que vio nacer a los hermanos Tsarnaev.

Hace precisamente diez años, cuando llegaban a España los refugiados que huían de la segunda guerra, yo trabajaba para una de las agencias que los recibían aquí. Niños como Dzhojar o Tamerlán vi muchos. Y también a sus padres: gente ensimismada, dolida y orgullosa; hombres, mujeres y niños de trato difícil. Huían de Rusia, pero su inserción en Occidente era traumática. No me ha sorprendido que los padres de los hermanos Tsarnaev regresaran a Daguestán hace dos años, renunciando a una paz y una libertad a la que no supieron adaptarse.

Dzhojar y Tamerlán son dos esquirlas de la explosión de un imperio. Esquirlas postcomunistas multiplicadas en otras que han traído otra vez el terror a las calles de nuestro bienestar. La criminal escenografía que ensayaron nos confronta con símbolos –el Cáucaso como olla de presión– y tópicos: el duelo migratorio y la búsqueda de una identidad perdida que encontraron en un funesto viaje a semilla identitaria por la que se pasean un Stalin y un Putin –muchos “in”; cero “off”– y se resolvió en el jihadismo como alternativa a la civilización.

Con los Tsarnaev, la Chechenia idealizada en el siglo XIX por Tolstoi o Pushkin, románticos reos del encanto orientalista, ha entroncado con la fantasía postmoderna que Chuck Palahniuk ensayaba en su novela Pigmeo (2009): niños enviados a “América” desde un enclave totalitario para hacerla estallar en pedazos.

Nadie, ni siquiera los Tsarnaev, podrá dar respuesta a la pregunta por “los motivos”. El puñetero río por el que navegamos tiene recodos que a veces esconden emboscadas. Pero “América”, como la llaman en Chechenia, esa “América” que somos todos de este lado del mundo, sabe correr maratones más largos que los que ensangrienta un brote de horror. Como también corren lejos las decenas de miles de refugiados chechenos que han rehecho sus vidas y han superado la pesadilla de ser concursantes en el disparatado teatro de Ramzan Kadyrov.

Mi columna Esas malditas esquirlas aparece en la edición de hoy, 23/04/2013 del diario El Nuevo Herald.

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Universal Cuba

- 19/04/13
Categoría: Exilio
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Dos noticias encadenadas en la prensa de hoy:

1) Cierra la librería Universal, la última librería cubana de Miami;

2) En esa misma ciudad, la policía desvela una trama de conversión de humanos en cubanos.

Ambas noticias se explican por sí solas y, en cierto modo, ni noticias son siquiera.

a) Que la Universal acabaría cerrando era algo que sabía cualquiera que la haya visitado en los últimos años. Yo llevo haciéndolo religiosamente una vez al año durante los últimos doce y cada vez me veía en ella a solas o más a solas, y cada vez, he de admitirlo, compraba menos libros;

b) Que «ser cubano» representa una mayúscula ventaja migratoria en los EE.UU. es igualmente harto sabido. El año-y-un-día proverbial, ya saben. ¿Quién con los pies secos no querría ser cubano en la Florida? ¿Quién no buscaría atarse a la cintura esa toalla que es también botella?

Con todo, que vengan encadenadas las dos -una apellidada “Cuba”; la otra bautizada como “Universal”- en una misma jornada es premio para la improbable ciencia de la Obsolescencia comparada y no es cosa de abstenerse de cobrarlo. Sobre todo, porque llegará el día en que los EE.UU. cerrarán la caja migratoria como cierra pronto la del librero y editor Juan Manuel Salvat.

Pero no ha llegado ese momento y la cosa va de adverbios. Todavía hay quien quiere ser cubano, lo quiere tanto que delinque por serlo. Ya no contamos ni con librería en la calle Ocho de la llamada Capital del Exilio, ni ¡sobre todo!, con una editorial –Ediciones Universal– que publicó mucho libro olvidable, pero también a otros muchos, muchísimos, escritores cubanos de estatura mayúscula. Su desaparición me produce una honda tristeza.

Nada, que asomó hoy a los periódicos un todavía que sobrevive a un ya, porque viven de espaldas, indolentemente.

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The Bostonians

- 16/04/13
Categoría: Agua corriente
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Siempre con las víctimas de la sinrazón. Desde la piedad, con rabia, pero desde este recurso escaso, pobre, ¿pusilánime?, que son las lecturas en el hueco del sofá.

Ay que uno tiene poco más que hacer y no ha de avergonzarse de admitirlo. Peor sería jactarse de heroísmos a distancia. Alardear de manotazos, cuando no se pasa del monótono click y click. Ufanarse de qué sé yo qué, cuando apenas se juega con letras que nunca han conseguido alinearse en a-b-r-a-c-a-d-a-b-r-a.

The Bostonians by Random House Publishing Group

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A vueltas con el embargo y el viaje de Beyoncé, Jay-Z, etc.

- 12/04/13
Categoría: Agua corriente
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De interés el post de Achy Obejas sobre la visita de Jay-Z y Beyoncé a La Habana. Al menos tiene bastante más interés y ¡sobre todo ritmo! que la Open Letter que el primero echó a rodar esta mañana.

Léanlo.

AO esgrime ahí el argumento de la ineficacia del embargo. Es un argumento que permanece enhiesto, pero con la ropa hecha jirones, de viejo. (¿Girones?) «¡Levántenlo por inocuo!», claman quienes ven en él a un rey desnudo. Yo creo desde hace mucho tiempo que a estas alturas el embargo o es token o es oportunidad redundantemente perdida. Y siempre da mayores réditos una moneda de cambio que un cambio sin réditos.

Hay algo, sin embargo, que me parece todavía más siniestro en ese paisaje de la permisibilidad de los viajes a Cuba desde EE.UU. que describe AO. Díganle siniestro o risible o absurdo o wtfaquesco. A saber, la circunstancia de que todo norteamericano que desee viajar a Cuba ha de solicitar una licencia que eleve su viaje a la categoría de «intercambio cultural». O religioso…

Para recibir una de esas licencias, que parece ser se conceden con munificencia, los turistas (o las agencias que los llevan al parque temático) han de convertirse de repente en «activistas culturales» o antropólogos aficionados y mostrar un programa que incluya visitas a entidades gubernamentales cubanas: hospitales, escuelas, etc., donde sus guías les cantarán las bondades de la revolución a ritmo de rap-propaganda. De hecho, el gobierno de los EE.UU. prohíbe a sus ciudadanos que viajen a Cuba como turistas, salvo y solo salvo que se avengan a someterse a la propaganda castrista. Es una suerte de «si vas a broncearte a Varadero o a pasear por la Habana Vieja y Trinidad, no; pero si vas a que unos entrenados ñángaras te expliquen las bondades de la revolución, entonces aquí tienes tu licencia y dale a ser intoxicado».

No se veía situación más absurda desde que… No se me ocurre nada, no, de tan endemoniadamente absurda que es.

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Tu cárcel cubana es alegre y bonita

- 10/04/13
Categoría: Agua corriente
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Con vistas a la venidera sesión de la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra, donde el gobierno de Cuba será sometido al llamado Examen Periódico Universal, un grupo de periodistas nacionales y extranjeros fueron invitados a pasearse este martes por algunos de los centros penitenciarios de la isla de los centros penitenciarios.

Una jugada inteligente, claro, porque cuando uno prepara con esmero una visita siempre acaba ganándose comentarios halagüeños. ¿Quién no ha escondido la… —bueno, no voy a dar ejemplos, pero ya saben—, cuando viene la suegra a comer o a pasar un mes en casa?

Pero tampoco hay que exagerar, digo yo. Y lo practico, cosa de no exponerme a esa extensión insufrible de la visita que en Cuba llamamos “perromuerto”.

Y ahí es donde me parece que los muñidores de esta excursión por las cárceles cubanas se han pasado de la raya. Sobre todo, cuando el cable de la castrista Prensa Latina se cuela en los periódicos que leen los cubanos. Trabajadores, por cierto, que dicho sea en un aparte, se ha convertido de un tiempo acá en el más interesante de todos los periódicos cubanos.

Léase lo que dicen los presos cubanos en la edición de hoy de ese diario:

“…nos garantizan la alimentación, la atención médica y condiciones decentes de vida, más allá de algún problema”, señaló Emelina González. (…)
“Soy diabética y para tratarme tengo los medicamentos, glucómetro y una dieta de leche, además me permiten la entrada de frutas y un clínico sigue mi caso cada 15 días, por tanto me siento bien atendida”, ilustró. (…)
“Damos instrucción escolar y capacitación en oficios, con cursos de idioma, culinaria, muñequería, computación, secretaria ejecutiva, apreciación de las artes plásticas, tejido y bordado, en los que nos desarrollamos como monitoras”, precisó.
Por su parte, el habanero de 20 años Ernesto Camacho explicó (…): “Hay muchas actividades y mucho por aprender; aquí me hice soldador y ahora estoy en cursos de albañilería y cocina, además de la Facultad Obrero Campesina para alcanzar el preuniversitario” agregó. (…)
Respecto a las condiciones del centro, destacó el trato que recibe, el sistema de pases, las frecuentes visitas familiares y el apoyo de los militares a cargo de la penitenciaría.
“Los oficiales se ponen a la par de nosotros (¡¡¡sic!!!), y siempre están allí cada vez que los necesitamos; eso nos hace sentir bien, aunque nada como la casa”, dijo.
Morejón añadió que recibe un buen trato y “no hay quejas por la atención médica, el contacto con la familia y las condiciones de la instalación”, la cual no tiene rejas.

No se fijen en lo de la «muñequería», que sabe Dios a qué se refiere la reclusa. ¡Y no se me pongan tiernos ni tiernas, malpensadas y malpensados!

Más me alarma que llegadas estas animosas nuevas a los estanquillos, decenas de miles de cubanos de entre los que viven en la miseria de los barrios periféricos o los solares de La Habana se pongan a delinquir (más) para ganar ese paraíso donde el gobierno les garantiza la alimentación, los militares los miman tratándolos como a iguales, los glucómetros no les llegan de Hialeah ni Madrid y se reciben cursos de apreciación artística en los que, ¡paradoja!, serán los únicos lugares de la isla donde uno no vea rejas por todas partes.

De contra:

Leo ahora que Elizardo Sánchez viajará a Ginebra para asistir a la sesión de marras. ¡Firme ahí, veterano! ¡Gánese una medalla!

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(Memoria): Yom haShoah

- 08/04/13
Categoría: Israel, Memoria
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Hoy celebramos el Día de la Memoria del Holocausto y el Heroísmo, más conocido como Yom haShoah.

El olvido del horror extremo que entrañó para la humanidad la aniquilación industrial de millones de seres humanos es el mayor atentado moral que podemos infligir a nuestra condición de hombres y sujetos de la civilización.

En esta imagen un rabino lee un kaddish por las víctimas tumbadas a su lado antes de ser asesinado por los soldados nazis (ימח שמו) que sonríen en segundo plano.

En ocasión de otro Yom haShoah, en 2009, subí aquí la entrevista que Claude Lanzmann hizo a Franz Suchomel, oficial de las SS destacado en el campo de Treblinka, sirviéndose de una cámara oculta. Vuelvan a ella, yo lo hago siempre.

Solo la memoria, la memoria viva, conjura el retorno del horror.

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