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Universal Cuba

Dos noticias encadenadas en la prensa de hoy:

1) Cierra la librería Universal [1], la última librería cubana de Miami;

2) En esa misma ciudad, la policía desvela una trama de conversión de humanos en cubanos [2].

Ambas noticias se explican por sí solas y, en cierto modo, ni noticias son siquiera.

a) Que la Universal acabaría cerrando era algo que sabía cualquiera que la haya visitado en los últimos años. Yo llevo haciéndolo religiosamente una vez al año durante los últimos doce y cada vez me veía en ella a solas o más a solas, y cada vez, he de admitirlo, compraba menos libros;

b) Que «ser cubano» representa una mayúscula ventaja migratoria en los EE.UU. es igualmente harto sabido. El año-y-un-día proverbial, ya saben. ¿Quién con los pies secos no querría ser cubano en la Florida? ¿Quién no buscaría atarse a la cintura esa toalla que es también botella?

Con todo, que vengan encadenadas las dos -una apellidada “Cuba”; la otra bautizada como “Universal”- en una misma jornada es premio para la improbable ciencia de la Obsolescencia comparada y no es cosa de abstenerse de cobrarlo. Sobre todo, porque llegará el día en que los EE.UU. cerrarán la caja migratoria como cierra pronto la del librero y editor Juan Manuel Salvat.

Pero no ha llegado ese momento y la cosa va de adverbios. Todavía hay quien quiere ser cubano, lo quiere tanto que delinque por serlo. Ya no contamos ni con librería en la calle Ocho de la llamada Capital del Exilio, ni ¡sobre todo!, con una editorial –Ediciones Universal [3]– que publicó mucho libro olvidable, pero también a otros muchos, muchísimos, escritores cubanos de estatura mayúscula. Su desaparición me produce una honda tristeza.

Nada, que asomó hoy a los periódicos un todavía que sobrevive a un ya, porque viven de espaldas, indolentemente.