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(Va de China y Barcelona): Hoy me tomé un café…

Hoy me tomé un café en el bar L’Escorial, en la calle del mismo nombre, al noreste del barrio de Gràcia, Barcelona, y fui muy bien atendido por sus nuevos dueños chinos. Son, todo sea dicho, mucho más simpáticos que los chinos que se hicieron antes con el bar Calderón, cruzando Pi i Margall, justo al lado de una frutería y al frente de una zapatería igualmente regentadas por chinos. Todo en un perímetro que no rebasa los trescientos metros tomando a mi casa como epicentro. El mismo perímetro donde cabe lo que sigue. Todo en un período de tiempo cuyos meses se contarían con los dedos de mis manos.

Después crucé la calle Escorial y compré una planta, mustia pero barata, tres euritos, y salvable, que uno se aplica con la flora, en la tienda que llevan dos chinas graciosas al lado de la simpar La Bellota [1], donde todavía venden jamones espléndidos y unas morcillas llegadas de Burgos que no tienen igual en Barcelona, por calidad, por precio y por la bilingüe gracia de las vendedoras. Ojalá les dure.

Donde compré la planta antes había un negocio de electrodomésticos que quebró. Se anunciaba con BOSCH, que sería onomatopeya de su fracaso.

Antes de subir a casa, en la misma Escorial y a sesenta metros de esta segunda tienda y a setenta del bar de marras, ya en la esquina con Sant Lluis, entré al supermercado que han abierto unos chinos enjutos y silenciosos, y compré una cajita de cerezas a buen precio. 谢谢, nenes.

De haber querido que me cortaran el pelo, podría haber traspasado la puerta del negocio que hay al lado, una peluquería llevada por media docena de chinas pizpiretas y muy maquilladas, y allí mismo me podrían haber hecho un masaje (los anuncian a €25 la hora) y con toda certeza (que no cereza) también una buena paja, no sé si incluida en la tarifa. Lo preguntaré, que las tardes lo cogen a uno muy estresado a veces.

Pero no entré a la peluquería porque no necesito corte de pelo y me dan escrúpulos los servicios adicionales que le adivino a esa cueva guardada por muchachas de piernas muy curvas y uñas muy largas. Bueno, no me dan escrúpulos los servicios en sí ni ese doble muy: ¡es que no me fío de los guantes de látex fabricados en la China popular!