Apocalíptica

- 30/08/13
Categoría: En El Nuevo Herald, Letra impresa
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Es agosto el mes más cruel
Por Jorge Ferrer

T. S. Eliot explayó las razones de su angustia, la de todos, al pie del verso que ha hecho fortuna: “ April is the cruellest month”. Ya se sabe, la promesa que trae cada vez la primavera antes de que verano, otoño e invierno la traicionen a golpe de bochorno, lluvia y ventisca. Abril es mes cruel por lo que promete con escasas garantías, sí, pero en verdad es agosto el mes más cruel. Que en agosto, de garantías, ni una.

Lo es con certeza en esta Barcelona que se convierte de repente en un gigantesco resort donde los vecinos obligados a permanecer en la ciudad nos movemos por las calles del centro con paso y mueca de zombies. Me he habituado a esa condición tras años en los que mis obligaciones profesionales me mantienen clavado al asfalto todo el estío. Y busco vías de escape, hurtándole cuerpo y sombra al mes que más castiga al primero y lo hace más menesteroso de la segunda.

Busco cada vez una estrategia distinta. Este verano decidí irme al cine a gozar del fin del mundo. Tres fueron las películas de temática apocalíptica que se estrenaron este agosto en España, y yo acudí a cada una de las citas con entusiasmo: Guerra Mundial Z, de Marc Forster; Pacific Rim, de Guillermo del Toro, y Elysium, del joven Neill Blomkamp. Espaciados los estrenos en las salas de otros países, a España llegaron todas juntas en un solo agosto, sumándole grados al calor estival con su espectacularidad olorosa a sangre y azufre.

Tal vez lo que más nos atraiga del cine de inspiración apocalíptica provenga del miedo a la muerte y el absurdo convencimiento de que la civilización humana va a peor y acabará consumiéndose en su propia destrucción. Una angustia metafísica y una sociopolítica de domingo que parece alimentar el paisaje que dejamos fuera de la sala de cine y engordan los titulares de los diarios y la cháchara inane en torno a la crisis. El género apocalíptico ha buscado siempre llevarnos al huerto por medio de nuestra lectura negativa de la realidad. Por añadidura, suele asegurarnos que ni huertos habrá. Eso cuando no nos asusta con campos sembrados de cultivos transgénicos, claro.

Las tres catástrofes que me entretuvieron este agosto se inspiraron, cómo no, en la incesante kermesse apocalíptica que transcurre en diarios y canales de noticias. En World War Z, la historia de zombies sobre el paisaje de un virus tiene su origen en las tropas norteamericanas destacadas en Oriente Medio. Pacific Rim transcurre por otros derroteros. Unos inmensos monstruos invaden la tierra y amenazan con destruir a una civilización que no encuentra mejor estrategia de defensa que disputarles el planeta a puñetazos mediante unas inmensas máquinas humanoides y la construcción de un muro en torno a las costas. Un muro contra aliens, ya me entienden. El espectáculo imaginado y dirigido por el gran mexicano maravilla. Recaudó más de 300 millones de dólares en las taquillas en apenas unas semanas. Elysium va todavía más allá. O más acá. Todos los periódicos están en ella, como todas las angustias que siguieron a la Primera Guerra encontraron asiento en The Wasted Land. Una Tierra reducida a inmensa favela por la polución y el calentamiento global observa desde su miseria a una Shangri-La que flota en lo alto habitada por el “1%”. Allá arriba se goza de un sistema de salud exclusivo para ricos, mientras los pobres enfermos que ni siquiera gozan del status de ciudadanos mueren sin seguro médico que los ampare. Un deficiente guión culmina con un grupo de hackers que establecen un sistema de salud universal y conceden a todos los hombres el status de ciudadanos. ¿Les suena?

¡Ah, esa “realidad” que tanto gusta a guionistas que van del tablet a la escaleta! Pero ni el cruel agosto me impide salir cada vez del cine tarareando aquello de R.E.M.: “ It’s the End of the World as We Know It (And I Feel Fine)”.

La columna “Es agosto el mes más cruel” aparece en la edición de hoy del periódico El nuevo Herald.

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Cuba en la Primavera de Praga, aniversario 45

- 21/08/13
Categoría: Memoria
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En la madrugada del 21 de agosto de 1968 dio inicio la invasión soviética a Checoslovaquia. Hoy se cumplen 45 años de aquel momento, uno de los episodios que mostraron con mayor claridad el caracter imperialista del Kremlin y la condición artificial del bloque formado por las llamadas democracias populares y los instrumentos de política exterior de que se servían,  como el Pacto de Varsovia.

Cuarenta y cinco años más tarde, la situación geopolítica de Europa, y del mundo, es muy distinta. El bloque del Este ya no existe, Checoslovaquia se partió en dos y esas dos partes son miembros de la Comunidad Europea. La Unión soviética dejó de existir hace más de veinte años.

En cuanto a Cuba, ya saben: la República checa es un fiel aliado de la Cuba democrática en todos los foros europeos e internacionales y, tras años de distanciamiento con Rusia, La Habana y Moscú han retomado sus relaciones en términos beneficiosos para ambos gobiernos.

La “Primavera de Praga” y la subsiguiente invasión soviética sirvieron para redimensionar la pertenencia de Cuba al bloque comunista. Fidel Castro, que tantas veces se ha ufanado de su díscola relación con el Kremlin durante los años de la Guerra fría, mostró su apoyo explícito y sin fisuras a la invasión*. Con ello, no solo refrendaba la actuación del Kremlin, sino que pedía invasión soviética a Cuba en caso de que esta padeciera circunstancia semejante. Su adhesión fue pagada con chorros de oro, en petróleo y créditos.

Esta, su intervención el 23 de agosto de 1968, es uno de los documentos visuales más vergonzosos en la larga historia de vergüenzas que ha sido la de Cuba este último medio siglo. (Comienza en 05:20)

*En el ensayo “Around the Sun: The Adventures of a Wayward Satellite”, incluido en la antología Caviar with Rum. Cuba-USSR and the Post-Soviet Experience (eds. Jacqueline Loss and José Manuel Prieto), Palgrave Macmillan, 2012, me ocupo del relato de esa relación “díscola”.

 

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De contra:

Rustem Adagamov ha publicado hoy una espléndida colección de fotografías de la invasión soviética a Checoslovaquia. La recomiendo mucho.

De entre todas, inserto aquí esta, a modo de muestra: el testimonio de la estrategia seguida por los jóvenes de Praga para confundir a los tanques rusos que entraban a la ciudad: destrozar todas las señales que les ayudarían a ocupar posiciones en una ciudad que les era desconocida:

 

 

 

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De la transición en Cuba y Myanmar (Birmania)

- 15/08/13
Categoría: En El Nuevo Herald, Letra impresa, Transición
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Otra vía, otra más
Por Jorge Ferrer

 

Ya lo conté una vez en esta página. Un colega viajó a Myanmar hace un par de años y a su regreso le pregunté qué había oído decir allá de Aung San Suu Kyi, la líder opositora birmana. Me dijo haber constatado que la adoraban todos: el funcionario de la Junta en liquidación y el taxista, el académico y el barquero. La antigua Birmania se embarcaba por entonces en un proceso de transición que ha continuado profundizándose a lo largo de estos meses. Poco que ver con el ominoso “poco a poco” de Raúl Castro, ese general que vive en una Habana a la que el Trópico de Cáncer le sirve de boina, mientras a Rangún, al otro lado del mundo, le hace las veces de sombrero de copa a Thein Sein, quien renunció en 2010 a su rango de general para liderar la transición y abrir su país al mundo, sin Wojtyla que se lo pidiera. Lo reclamaba una oposición prestigiada en todo el mundo y sobre todo allá. Lo pedía a gritos la memoria de los sucesivos levantamientos estudiantiles contra la Junta y, muy especialmente, la de los millares de muertos en las protestas de agosto de 1988. Altos funcionarios del gobierno asistieron hace unos días a los actos por el 25 aniversario de aquella matanza, por cierto.

La transición en Myanmar vio a Hilton y Coca Cola aplaudiendo la buena nueva, como lo hicieron las multinacionales de la energía y las telecomunicaciones, todas con los ojos apuntando a ese enclave del Sudeste asiático, un país inmenso que pasa a formar parte de este mundo tras medio siglo de cerrazón y ostracismo bajo un régimen militar. La licitación en junio pasado de dos licencias de telecomunicaciones que ganaron la noruega Telenor y la qatarí Ooredoo fue elogiada por todos los consultores y empresas involucrados como un proceso de transparencia (casi) ejemplar.

Por otra parte, las visitas de Barack Obama a Rangún y de Thein Sein a la Casa Blanca, tanto como el viaje de Suu Kyi a Londres, Washington y Oslo, donde recibió por fin el Premio Nobel que le fuera concedido en 1991, han sido muestras espectaculares de que el proceso va en serio. No obstante, es dentro del país, con sus sesenta millones de habitantes, sus explosivos conflictos étnico-religiosos y un subsuelo rico en recursos naturales apetecidos por todos y con especial interés por la China que se juega una buena partida de mahjong con Occidente de invitado que vuela desde lejos a operar en tablero limítrofe, que se decidirá la suerte de un país que abandona a Corea del Norte y a Cuba en la escasa nómina de tiranosaurios dibujados sobre el mapamundi.

Tal vez pocos gestos sean más elocuentes del ambiente de reconciliación que las declaraciones que hizo el pasado mes de abril U Soe Thane, antiguo militar de alto rango y hoy ministro encargado del desarrollo de la economía en el período de transición, al Financial Times: “Aung San Suu Kyi es un icono democrático y Thein Sein es un icono de las reformas”. Así, tejida de esos mimbres se está construyendo la Myanmar del mañana, donde gobierno y oposición comparten un mismo propósito: encauzar al país por la senda de la economía globalizada, aspirar a un crecimiento económico notable suspendido el embargo, ganar la paz social desde la concordia democrática.

La Cuba de Raúl Castro podría mirar a Myanmar, y seguramente lo está haciendo de soslayo, al tiempo que se mira en el espejo de Vietnam, Rusia o China, cuya suerte ansía. Hay una salida birmana. Pero La Habana que se ha visto reunida con Corea del Norte en los titulares estos días no elegirá la vía rápida hacia la Coca Cola. Ya se vio en el Canal de Panamá que lo suyo es derramar guarapo hasta el fin de los días.

La columna “Otra vía, otra más” aparece publicada en la edición de hoy del diario El Nuevo Herald.

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Ni los cubanos creemos en Drácula, ni a Kim Il Sung le gustaba el culto a la personalidad

- 15/08/13
Categoría: Castro & Family, Memoria
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La alusión de Fidel Castro a la ayuda de Corea del Norte en los años ’80 que aparece en el esperpéntico artículo que le publica hoy Cubadebate me trajo enseguida a la memoria una anécdota que ya conté una vez aquí: la de una conversación privada que mantuvieron él y Kim Il Sung en 1986.

La conté aquí, decía, pero de eso hará unos cinco años y muchos no la conocerán o recordarán. La copio del post del 13/09/2008, tal cual:

Durante la visita que hizo Fidel Castro a Corea del Norte en marzo de 1986 se produjo uno de esos deliciosos diálogos que generan en la intimidad los dictadores.

(Por cierto, tengo el documental de una hora entera de duración que filmó el Ministerio de Información de Pyongyang de aquellos días. ¡Tremendo! A ver si algún alma piadosa me ayuda un día a subirlo a Youtube, que mi pulsión geek está visto que es más que deficiente.)

Ocurrió, decía, lo que sigue.

A punto de concluir el último encuentro entre Fidel Castro y Kim Il Sung, el segundo – el sungundo, habría escrito mi predilecto Ramoncito F.-L.- se lleva a Castro y su traductor a un aparte.

Y se produjo más o menos el siguiente diálogo:

KIS: Comandante Fidel, ¿qué le ha parecido Corea?

FC: Una maravilla. Estoy impresionado por el nivel de organización que ustedes han conseguido, Mariscal. ¡Esto en Cuba, ni soñarlo!

KIS: Sí, lo he visto muy emocionado. Nuestro pueblo lo admira mucho, Comandante Fidel.

FC: La admiración es mutua.

KIS: Pero, dígame, ¿acaso no hay nada en lo que podamos mejorar? ¿Algo que no le haya gustado demasiado?

FC: (Sonrisa fidelesca y pausa) Bueno, si podemos hablar en confianza, Mariscal…

KIM: Naturalmente, ¿qué no le ha gustado?

FC: Bueno, sucede que por la idiosincrasia de los cubanos, a nosotros no nos gusta mucho esto del culto a la personalidad…

KIM: ¡Y en eso también estamos de acuerdo, Comandante Fidel! ¡A mí tampoco me gusta!

No conocía entonces otra anécdota que me contó un diplomático cubano que participó en la visita que Castro realizara a Bucarest en 1972. Rumanía, como recordarán, se había posicionado en contra de la invasión soviética a Praga para ahogar la revolución de 1968. Un año más tarde, Richard Nixon aterrizaba en Bucarest y era recibido con loas a la amistad entre los pueblos rumano y norteamericano.

Y bien, último día de la visita, como antes en Pyongyang, pero esta vez es el cubano quien pide a Ceaucescu apartarse un instante en el banquete de despedida. Y se produce este diálogo del que el intérprete dio cuenta a mi informador.

Fidel Castro (al intérprete): -¡Dile que es un maricón!

El intérprete queda paralizado, mudo.

FC: -¡Dile que es un maricón!

El intérprete traduce que Fidel considera que el camarada Ceaucescu no se ha comportado como un hombre.

Nicolae Ceaucescu: -¿De qué me habla, comandante?

FC: -¡Tú eres un maricón!

Ceaucescu balbucea algo.

Fidel le da la espalda y se aleja de él, pero se vuelve tres pasos más allá y le avisa:

FC: -¡Y nosotros los cubanos sí que no creemos en Drácula ni en ná de eso, pa’ que tú lo sepas!

Fin de la historia.

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Putos 87

- 13/08/13
Categoría: Agua corriente, Castro & Family
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Es solo una sospecha. No tengo pruebas. Pero nada me sirve mejor para explicarme que Fidel Castro haya alcanzado hoy la provecta, en su caso también zombiesca, edad de 87 años. La biología, dirán. El CIMEX, argüirán. Los genes, ya sé. Pero no me bastan para dar por verificada la existencia del tirano a estas extenuantes alturas.

Es solo una sospecha, sí, sí. Una sospecha pop. Pero digo yo que puede que la razón única de la sobrevida de este Castro sea que diez, veinte, cincuenta cubanos nos levantemos esta mañana tarareando “87 and Cry”, de (un entonces exiliado) David Bowie.

Guarden esa línea, biógrafos de mañana. Ahí tienen un buen final si no festeja los 88, que no. Eso sí, asegúrense, para mayor efecto, de citar en el prólogo aquello de “The Sun Machine is Coming Down, and We’re Gonna Have a Party”. Por “partido”, y comunista, y único, digo.

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Lady Gaga meets Marina Abramovic

- 09/08/13
Categoría: Arte
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Los lectores asiduos de ETDLV y ese escaparate de mis filias y fobias que es mi Timeline en Facebook saben de mi predilección por Lady Gaga y la reverencial distancia que guardo con Marina Abramovic.

No me ha sorprendido ver coincidir ambos talentos performáticos en este video que el Marina Abramovic Institute acaba de echar a rodar. Una Lady Gaga balcánica y balcanizante.

Tenemos suerte; todavía la tenemos.

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