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Ni los cubanos creemos en Drácula, ni a Kim Il Sung le gustaba el culto a la personalidad

La alusión de Fidel Castro a la ayuda de Corea del Norte en los años ’80 que aparece en el esperpéntico artículo que le publica hoy Cubadebate [1] me trajo enseguida a la memoria una anécdota que ya conté una vez aquí: la de una conversación privada que mantuvieron él y Kim Il Sung en 1986.

La conté aquí [2], decía, pero de eso hará unos cinco años y muchos no la conocerán o recordarán. La copio del post del 13/09/2008, tal cual:

Durante la visita que hizo Fidel Castro a Corea del Norte en marzo de 1986 se produjo uno de esos deliciosos diálogos que generan en la intimidad los dictadores.

(Por cierto, tengo el documental de una hora entera de duración que filmó el Ministerio de Información de Pyongyang de aquellos días. ¡Tremendo! A ver si algún alma piadosa me ayuda un día a subirlo a Youtube, que mi pulsión geek está visto que es más que deficiente.)

Ocurrió, decía, lo que sigue.

A punto de concluir el último encuentro entre Fidel Castro y Kim Il Sung, el segundo – el sungundo, habría escrito mi predilecto Ramoncito F.-L.- se lleva a Castro y su traductor a un aparte.

Y se produjo más o menos el siguiente diálogo:

KIS: Comandante Fidel, ¿qué le ha parecido Corea?

FC: Una maravilla. Estoy impresionado por el nivel de organización que ustedes han conseguido, Mariscal. ¡Esto en Cuba, ni soñarlo!

KIS: Sí, lo he visto muy emocionado. Nuestro pueblo lo admira mucho, Comandante Fidel.

FC: La admiración es mutua.

KIS: Pero, dígame, ¿acaso no hay nada en lo que podamos mejorar? ¿Algo que no le haya gustado demasiado?

FC: (Sonrisa fidelesca y pausa) Bueno, si podemos hablar en confianza, Mariscal…

KIM: Naturalmente, ¿qué no le ha gustado?

FC: Bueno, sucede que por la idiosincrasia de los cubanos, a nosotros no nos gusta mucho esto del culto a la personalidad…

KIM: ¡Y en eso también estamos de acuerdo, Comandante Fidel! ¡A mí tampoco me gusta!

No conocía entonces otra anécdota que me contó un diplomático cubano que participó en la visita que Castro realizara a Bucarest en 1972. Rumanía, como recordarán, se había posicionado en contra de la invasión soviética a Praga para ahogar la revolución de 1968. Un año más tarde, Richard Nixon aterrizaba en Bucarest y era recibido con loas a la amistad entre los pueblos rumano y norteamericano [3].

Y bien, último día de la visita, como antes en Pyongyang, pero esta vez es el cubano quien pide a Ceaucescu apartarse un instante en el banquete de despedida. Y se produce este diálogo del que el intérprete dio cuenta a mi informador.

Fidel Castro (al intérprete): -¡Dile que es un maricón!

El intérprete queda paralizado, mudo.

FC: -¡Dile que es un maricón!

El intérprete traduce que Fidel considera que el camarada Ceaucescu no se ha comportado como un hombre.

Nicolae Ceaucescu: -¿De qué me habla, comandante?

FC: -¡Tú eres un maricón!

Ceaucescu balbucea algo.

Fidel le da la espalda y se aleja de él, pero se vuelve tres pasos más allá y le avisa:

FC: -¡Y nosotros los cubanos sí que no creemos en Drácula ni en ná de eso, pa’ que tú lo sepas!

Fin de la historia.