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Y si yo me despertara en Malabo

Coincido esta tarde con M. N. en una esquina de la calle Escorial. He contado al menos una de nuestras charlas aquí. [1] Son habituales, porque somos vecinos en Gràcia y nos unen el exilio y años, ya remotos, trabajando juntos. M. N. es uno de los líderes más firmes de la oposición ecuatoguineana. Un tipo muy especial, hijo y nieto de opositores. La suya ha sido, y es, una vida vivida contra la sinrazón de Macías Nguema, primero, y de Obiang, después y aún. Un hombre que sabe de lo que habla y lo habla en ese español decimonónico que es propio de los intelectuales de Guinea Ecuatorial. Una lengua prístina y hermosa. Una rectitud de espíritu la suya igualmente bruñida, porque hija del dolor postcolonial y la triste evidencia de ser hablada en un mundo postdemocrático.

Como ya no los hemos dicho todo, nuestras charlas son las de dos exiliados que se entretienen manoseando ficciones. Como siempre, nos maravillan las similitudes entre uno y otro país en sus desgracias disímiles pero comparables y la esterilidad de los afanes opositores en uno y otro. Somos, cada vez, dos perdedores de pie en una bonita esquina del mundo –hoy, peluquería, restaurante y dos edificios de modesto lujo dibujaban la cruz– a miles de kilómetros de donde escaparon un día a edades parejas. Dos tipos que no tienen a dónde volver. Dos tipos vencidos por dictadores eficaces. Bruno, el único de los tres sujeto allí por una correa de la que puede liberarse, nos miraba con pena. Eso Bruno, nacido en un criadero a las afueras de Praga que sé odioso.

Con mi buen amigo M. N. solemos jugar al quién volverá primero: si él a vivir en Malabo, si yo a vivir en La Habana. Él dice que nuestros destinos están asociados y lo sostiene con una convicción tan firme como africana. Hoy ya nos despedíamos, hecho el repaso de penas y agravios, cuando me ofreció de repente, sus ojos brillando como ascuas:

“¿Qué tal si cambiamos, Jorge? Va y somos tú y yo los de la mala suerte. ¡Vete tú a lidiar con Obiang y yo me ocupo de los Castro! ¿Quién sabe si esa no será la cifra para ganar estas batallas?”

Exilio y ficción, ay, esa fecunda pareja…