‘Mapa dibujado por un espía’: Un Cabrera Infante en crudo

- 29/11/13
Categoría: Letra impresa, Libros, Literatura
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Un Infante en crudo

Por Jorge Ferrer

Las publicaciones póstumas de un autor sirven, fundamentalmente, para alimentar por igual a sus lectores devotos y a los académicos. Al cierre de una obra por circunstancia tan rotunda como la muerte se añaden esas adherencias póstumas que rara vez consiguen modificar el corpus ya concluso, salvo excepciones: libros mayúsculos secuestrados por la censura, manuscritos extraviados o engavetados u otros accidentes en el camino que llevan unas páginas a la disciplina de la letra de imprenta. Vasili Grossman o Roberto Bolaño, en claves distintas, son dos de esas excepciones.

Estos días ha llegado a mi mesa ‘Mapa dibujado por un espía’, la tercera entrega de la edición de los libros póstumos de Guillermo Cabrera Infante que emprendió Galaxia Gutenberg en 2008.

‘Mapa’ no es un libro acabado, pero es uno que cuenta una historia. Una buena historia, aunque no sea una historia buena. Un diplomático cubano regresa a La Habana a enterrar a su madre a mediados del año 1965. La suerte de Cuba ha dado un vuelco seis años y medio antes. La visita, que imaginaba episodio de unos pocos días antes de regresar a retomar sus funciones, se alarga cuatro meses en los que se ve despojado de su dignidad diplomática y asiste al desmoronamiento de la ciudad que conocía, al envilecimiento de sus habitantes, al trabajo minucioso de los siniestros muñidores de un estado totalitario. Nuestro diplomático, que fue antes director de la más entusiasta de las publicaciones culturales “revolucionarias”, vive esos meses en La Habana en ascuas. El paraíso de antaño se ha convertido en un infierno por venir. Sus amigos homosexuales son los primeros en padecerlo; él mismo se vio obligado a abandonar su carrera de activista cultural en favor de un exilio dorado en la cancillería cubana en Bruselas. Comprende que tiene que escapar de allí a toda costa y el libro es hoja de ruta in progress de quien busca la puerta de salida. Pero, ay, una joven de piel dorada y labios disparejos lo enamora. Un tercio del libro narra ese enamoramiento que transcurre en paisaje sórdido. Conocemos el final desde el principio, porque el autor tiene biografía que nos es más próxima que cualquiera otra del exilio cubano: Cabrera Infante escapará de la tiranía y de la muchacha que encontró allí por azar.

‘Mapa dibujado por un espía’ no habría sido una novela menor en la obra de GCI. De hecho, pudo haber sido la ‘novela de la revolución’ que nunca escribió, centrada como estuvo su obra en La Habana prerrevolucionaria que convirtió en un monumento a la vida y la lengua. De haber llevado a término lo que este manuscrito esboza en clave notarial, ¿quién sabe qué efecto habría producido ‘Mapa’ en el eje de su obra? Sin dudas, se habría insertado en la serie de novelas del desencanto del comunismo, junto a Koestler, Milosz, Orwell, Gide…, una serie de ‘renegados’ que él mismo recorre en el que acaso sea el más importante de todos los textos que dedicó al afán totalitario en la Cuba castrista: sus respuestas a la entrevista que le hiciera Tomás Eloy Martínez para Primera Plana que significaron su ruptura pública con el régimen cubano.

Aquel “Yo acuso”, escrito y publicado en 1968, tres años después de su último paso por La Habana, contiene los mimbres del ‘Mapa’ en magnífica y demoledora síntesis. Todos ellos, menos los secretos de alcoba, y este manuscrito publicado ahora parece una nota al pie de él. Nota notable, no obstante. Pero nota que no impide que uno lea este manuscrito más con la sensación de pérdida que con la de ganancia.

Su lectura nos aboca a pregunta insoslayable, al por qué Cabrera Infante no acabó de dibujar este ‘Mapa’ e insertarlo en el catálogo cartográfico de Cuba que es toda su obra. Su condición póstuma nos obliga a dejar esa feroz incógnita en vilo, mientras paseamos los ojos, igualmente en vilo, por este ‘mapa’ de la desazón y la renuncia.

La columna ‘Un Infante en crudo’ aparece publicada en la edición de hoy del diario El Nuevo Herald.

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Louis Vuitton ocupa la Plaza Roja

- 26/11/13
Categoría: Poscomunismo, Rusia
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La compañia de lujo Moët Hennessy Louis Vuitton (LVHM) ha abierto una sala de exhibición ubicada en el mismo medio de la Plaza Roja, de Moscú, ubicada a su vez en el mismo medio de la imaginería comunista.

Tamaño es el artefacto:

via Razumnyi

La simbología de la plaza, a un lado del muro del Kremlin donde trabaja Vladimir Putin, hace pensar de inmediato en que este es el mausoleo ideal para contener su cadáver embalsamado: el del restaurador de la grandeur poscomunista de Rusia, el que ha convertido a las elites moscovitas en las mejores y más asiduas clientes de las casas de lujo europeas.

El evento comienza a generar ya parodias más o menos logradas. Esta, anónima, me parece fantástica, por la manera en que resemantiza a la plaza entera, la momia del fundador incluida:

UPDATE:

Después de dos días de intensos debates, el pabellón erigido por la firma Louis Vuitton en la Plaza roja de Moscú será desmontado y clausurada la exposición que debía acoger. Sus principales detractores fueron los comunistas y los nacionalistas rusos, como era de prever.

LV ha perdido ante VL.

Louis Vuitton no le ganó esta simbólica batalla a Vladimir Lenin:

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(Andrés) Serrano shoots Cuba

- 19/11/13
Categoría: Arte
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El fotógrafo neoyorquino Andrés Serrano viajó a Cuba y VICE lo filmó trabajando y reencontrándose con el país donde creció su madre. Un documento inestimable. Véanlo todo.

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(Contra Putin): Tener cojones, usarlos y mostrarlos

- 11/11/13
Categoría: Arte, Poscomunismo, Rusia
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Piotr Pavlenski se ha clavado hoy a la Plaza Roja. Lo ha hecho literalmente, con dos cojones y por ellos mismos.

Lo ha hecho en protesta contra la subdemocracia rusa. Pavlenski, que es asiduo protagonista de acciones de protesta, ha elevado hoy a categoría aquello de que “hay que tener cojones” para protestar. Ahí los ha puesto, los dos, sobre esos adoquines que han soportado más de un siglo, ¡y muchos más!, de despotismo.

La suya hoy ha sido, pues, una performance mayúscula. Gesamtkunstwerk en estado puro. Y, en cierto y rotundo modo, una performance seminal.

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