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Estados Unidos y Cuba: breves notas al vuelo con sus síes y sus noes

1) No, el embargo no ha sido levantado. Se ha hecho algo distinto, que es declararlo estéril por boca del presidente de los Estados Unidos, sin levantarlo. Que no lo hace porque no puede y depende del Congreso, es sabido. Pero no nos engañemos: el objetivo del embargo fue provocar la caída del régimen por implosión. Que cayera por presión popular. Y eso no ha ocurrido ni cuando desapareció la URSS y se apagó el país. Lo sabes tú y lo sabe Willy Chirino también.

2) Sí, declarar estéril el embargo sin levantarlo es peor que muchas otras cosas, porque no se lo ha utilizado para una negociación con el gobierno dictatorial de Cuba desde la palanca que entraña una presión económica de esa índole. Pero a estas alturas se ha hecho evidente para todos que los Estados Unidos no pueden negociar la transición política de Cuba sin articular un nuevo marco bilateral y una nueva inserción en los mecanismos regionales, muy favorables a las tesis de La Habana.

3) Y puede que no, que ni siquiera en marco nuevo puedan gestionar esa transición, pero al menos los Estados Unidos acompañarán al nuevo régimen en su deriva geopolítica, como en China y Vietnam, muy certeramente mencionadas en el discurso de este mediodía. Verán a Cuba como al país que dejó atrás su excepcionalidad por fin y se convirtió en un país cualquiera, uno más.

4) Sí, el levantamiento de más restricciones a viajes e importación, y significativamente a ciertas transacciones bancarias, ensancha la vía por la que el gobierno de Cuba avanza en la construcción de un régimen autoritario de corte capitalista.

5) No, no hay nada que impidiera, aun sin el cambio de política anunciado hoy por Barack Obama, que esa construcción siguiera adelante, por vía más o menos estrecha, y ensanchándola cada vez más Rusia, China, Venezuela, la Unión Europea, Brasil, el mundo entero, salvo una contestación popular a la dictadura y, como mero apoyo a esta, una alternativa solvente en términos políticos desde el exilio y la oposición interna.

6) No, ni ha habido esa contestación, ni se la espera. Ni hay fuerza alguna en el exilio que pueda ser tenida en cuenta para una negociación seria. Y, como he dicho otras veces, si no hay nadie a quien el gobierno de La Habana pueda rendirse, ¿a qué soñar con que lo haga?

7) Sí, mover el tablero de juego no es una mala idea para los Estados Unidos ni para el gobierno de La Habana. Moverlo apenas, porque darle una patada a tablero perfectamente sujeto a la mesa solo se podía hacer mediante invasión norteamericana a la isla o renuncia del gobierno cubano, convocatoria de elecciones, etc. Ninguna de esas opciones es factible, ni lo será.

8) No, no vale la pena ensartar el cambio de posición que han hecho hoy los Estados Unidos en la larga cadena de agravios que algunos cubanos esgrimen. Que si los «americanos» nos traicionaron y todas esas tonterías. Aquí el único problema son los cubanos. Démosle las gracias a los americanos por la paciencia que han tenido hasta ahora, el aguante. Démosle las gracias también a Alan Gross, víctima de maquinaria que lo utilizó hasta desdentarlo, que no, por suerte, hasta acabar con él.

9) Sí, el gobierno de La Habana ha sabido esperar agazapado a que surgiera una nueva construcción geopolítica poscomunista. Veinte años aguardando y hoy asoma a un mundo donde las subdemocracias son toleradas mientras no se zampen una Crimea y los Estados Unidos se ven obligados a mascar. Sí, hemos perdido y ganó La Habana. Hace rato que lo sabemos, ¿no?

10) Con todo, y más allá de nuestro hartazgo, nuestro cinismo medular y nuestra enfermiza propensión al sarcasmo, estamos ante una movida de veras histórica y un cambio de situación que beneficiará a todos. Un win-win en toda regla. Quien se sienta perdedor que lo anote en los comentarios