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De una visita a la casa y futuro museo de Joseph Brodsky con un poema bajo el brazo

Hace un par de días visité en San Petersburgo la “habitación y media” en la que el poeta Joseph Brodsky vivió hasta su marcha al exilio. No es buena costumbre acudir a una visita con las manos vacías, ni siquiera cuando el anfitrión lleva décadas ausente, y se me ocurrió llevarle la traducción de un poema suyo que hice hace un par de años y leérsela allí.

La habitación, parte de una kommunalka, está en eternas obras con vistas a la creación de un museo que honre la memoria del poeta. En otro lugar contaré los pormenores de la visita, alguno siniestro a la vez que iluminador.

Ahora comparto aquí la lectura del poema y algunas imágenes del espacio.
Más abajo, para disfrute sobre todo de quien conozca ambas lenguas, copio el poema en ruso y la traducción que leo.

Un recorrido por la “Habitación y media” en el número 24 de la avenida Liteini

El poema en ruso:

В озерном краю

В те времена в стране зубных врачей,
чьи дочери выписывают вещи
из Лондона, чьи стиснутые клещи
вздымают вверх на знамени ничей
Зуб Мудрости, я, прячущий во рту
развалины почище Парфенона,
шпион, лазутчик, пятая колонна
гнилой провинции — в быту
профессор красноречия — я жил
в колледже возле Главного из Пресных
Озер, куда из недорослей местных
был призван для вытягиванья жил.

Все то, что я писал в те времена,
сводилось неизбежно к многоточью.
Я падал, не расстегиваясь, на
постель свою. И ежели я ночью
отыскивал звезду на потолке,
она, согласно правилам сгоранья,
сбегала на подушку по щеке
быстрей, чем я загадывал желанье.

1972

El poema en mi traducción que leo aquí:

En la región de los lagos

En los años que pasé en el país de los dentistas,
cuyas hijas encargan sus regalos
en Londres y cuyas apretadas tenazas
se elevan a lo alto como banderas que saludan a una Muela del juicio sin dueño,
yo, que escondo en mi boca ruinas más blancas que las del Partenón,
espía, husmeador, quintacolumnista en una provincia podrida
y, de diario, profesor de oratoria, vivía en un college
situado junto al principal de los Grandes lagos, al que me habían llamado
para tensar las venas a las algas locales.

Todo lo que escribía en aquellos años
tendía inexorablemente a los puntos suspensivos.
Me dejaba caer en la cama cada noche sin desabrocharme el traje. Y si alguna vez
me ponía a buscar una estrella en el techo, ésta, obedeciendo a las leyes de la                                                                                                                                    combustión,
corría por mi mejilla hasta la almohada, antes de que yo alcanzara a imaginar un deseo.

1972

Traducción de Jorge Ferrer