Presos españoles en Cuba: denuncia y testimonio
Jorge Ferrer | 03/11/2009 1:22
Del drama del presidio político cubano leemos con frecuencia mucho, muchísimo, más escasa de la que quisiéramos, pero nos llegan testimonios. También, aunque en menor medida, y las más de las veces gracias a los presos políticos, recibimos informaciones acerca de la situación de la población penal en la isla y las penosas y humillantes condiciones que padecen los reclusos.
Mucho menos frecuentes son los testimonios acerca de los presos extranjeros en la isla. Se trata de un número marginal de reclusos si se lo compara con la enorme población penal de Cuba. Según datos de la Dirección General de Asuntos y Asistencia Consulares del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España fechados en marzo de 2009 hay nueve presos españoles en Cuba de los que siete cumplen condenas por tráfico de estupefacientes.
Pero las condiciones de sus procesos judiciales y las penas a que son condenados no constituyen una excepción a la injusticia que espera a todo aquel que comparezca ante un tribunal cubano. Sus condiciones de vida en la cárcel, aún cuando muy notablemente superiores a las de los reclusos cubanos ―los presos españoles, por ejemplo, reciben para su manutención 100 CUC mensuales que les abona el Consulado de España― distan de ser ideales.
En los últimos días he estado en contacto con la sobrina de uno de esos presos españoles en Cuba. También con uno de los presos que consiguió ser devuelto a España antes del cumplimiento íntegro de su condena.
El recluso es Juan Miguel Vives Cutillas, quien, me escribe su sobrina «viajó a Cuba por un negocio, iba con un compañero que llevaba 4 gramos de hachís (para su consumo propio) y fueron detenidos; mi tío no llevaba en posesión nada, sin embargo lo encerraron allí en la cárcel y lleva ya casi 2 años y el juicio salió en julio y lo han condenado a 18 años». En La Unidad Militar «La Condesa», donde cumple condena Vives Cutillas hay otros seis españoles.
Continúa A.: «el trato que reciben es penoso, es un maltrato físico y psicológico constante el que sufren los presos», «ni tan siquiera existe medicación, ni asistencia médica y apenas tienen comida; y la que tienen se la tienen que pagar ellos (como todo lo que allí les suministran)», «él está muy enfermo y todavía no se le ha tratado y sinceramente, dudo que se le vaya a tratar, ya que lo ha denunciado varias veces y han hecho la vista gorda».
¿Cómo le cae a uno una condena de dieciocho años de cárcel por tráfico de drogas si de veras no le encontraron nada punible en su equipaje?, se preguntará el lector incauto.
La respuesta es la misma que conocemos de tantos procesos judiciales en la Cuba de los hermanos Castro: «el día 24 de abril de 2009 recibimos una carta de mi tío diciéndonos que había sido la vista y le piden 18 años de prisión, cambiando sus testificaciones e implicándole, cuando él en el momento de la detención no tenía nada… Ni tan siquiera llegó a ver a su abogado, lo conoció cinco minutos antes del juicio… ¿Cómo te va a defender un abogado que tan sólo conoce tu nombre?»
«He estado leyendo», me dice A. por fin, «tu informe sobre Moratinos. Sobre él quiero decir que tiene conocimiento de todo esto, haciendo caso omiso».
De las condiciones que padecen los presos españoles en Cuba sabe mucho otro español, Jesús Vivas, quien fue condenado a 20 años de cárcel por tráfico de drogas en circunstancias similares a las descritas. Vivas, quien nunca dejó de protestar porque las autoridades carcelarias fueran sordas a sus problemas de salud, fue puesto en libertad después de tres años de reclusión. Hace un rato me leía al teléfono el Artículo Nº 1 de la Constitución de la República de Cuba que considera uno de los textos satíricos más hilarantes de la historia de la literatura política.
Vivas, quien conoció varias prisiones cubanas antes de acabar cumpliendo pena en la Unidad Militar "La Condesa", ha escrito un testimonio de su paso por allá que quiso compartir con los lectores de El Tono de la Voz, cortesía que le agradezco.
Ojalá sirva la lectura de su texto para ayudar a la liberación de presos como Juan Miguel Vives Cutillas.
Ojalá sirva también para que esa ventana abierta al drama del presidio cubano que padecen unos pocos ciudadanos españoles ayude a visibilizar la farsa del sistema judicial castrista que manda a la cárcel a tantos cubanos desprovistos de un juicio con garantías procesales.
Vivirlo para creerlo
Por Jesús Vivas (ex preso español en Cuba)
UNIDAD MILITAR “LA CONDESA”
Prisión para extranjeros
Ctra. Rio Seco, Km. 1,5
Güines
Provincia Habana
CUBA
Perdida entre campos de caña de azúcar, a unos setenta kilómetros de La Habana se encuentra la Unidad Militar La Condesa. Eran las instalaciones penitenciarias de un batallón de castigo para policías y militares, reconvertido el 11 de junio de 1997, en la prisión para extranjeros “La Condesa”, donde permanecen privados de los derechos más elementales unos 180 extranjeros, muchos culpables y no pocos inocentes de unas 40 nacionalidades, donde están recluidos en tres barracas de cemento condenados a largas condenas de prisión y sometidos a un proceso ordenado, sistemático y creciente de privación de todos los derechos de un ser humano, lo que produce graves problemas físicos y psíquicos.
En esta prisión se encuentran recluidos cinco españoles, pasando por una cuando poco, terrible experiencia. La siguiente exposición es para que nuestros compatriotas sepan cuáles son las condiciones con que los trata la “Justicia Cubana”, y como los tratan en la prisión, pues culpables o no, lo peor de este mundo es la desinformación, el desconocimiento, de lo cual al pueblo cubano le dan un hartón todos los días. Y cuando te enteras que en este país se aplica, aunque en teoría esta derogada, algo llamado “Convicción Moral”, con la cual la presunción de culpabilidad se convierte en condena, y en Cuba, los juicios dan como resultado un 99% de culpables. En esta prisión en los últimos cinco años, todos los juzgados han sido condenados, si exceptuamos el caso de un americano por cheques falsos, que los pagó y se fue, y el de un italiano que le encontraron más de 250 gramos de cocaína en el estómago, pero lo soltaron al cabo de dos o tres meses diciendo que eran para el consumo. Curiosamente su madre estaba bien situada políticamente en Italia, porque ¿250 gramos de cocaína son para consumo? Y un español de 18 años condenado a 10 años por 3 gramos de hachís, otro español condenado a 18 años sin encontrarle droga, otro español…
Esta es la realidad penal: Cuba es un país con unos 12.000.000 de habitantes y alrededor de 350.000 presos, un 3 % de su población; España es un país con unos 45 millones de habitantes y alrededor de 60.000 presos, un 0,13 %. Para llegar a la cifra de Cuba, en España la población penal debería ser de 1.350.000 presos. O Cuba es un país de delincuentes o en España somos unos santos. ¿O será que falla la justicia en Cuba? Ni Cuba es un país de delincuentes, ni en España somos unos santos, así que está clara la repuesta: falla la justicia.
El preso extranjero en Cuba no está destinado a su rehabilitación. El extranjero capturado se convierte en una pieza de cambio que se negocia con el resto de países, pues los acuerdos de repatriación, la parte de pena que se cumple del total, las expulsiones del país dependen de las relaciones políticas de la República de Cuba con el país del preso.
De manera que la justicia es solo el conveniente y flexible disfraz de un sistema de gobierno, que convierte:
- a “las mulas” transportadoras de estupefacientes, en grandes traficantes internacionales.
- a incautos turistas consumidores, en rimbombantes narcotraficantes internacionales.
- a scouts de baseball, en tenebrosos agentes de la CIA.
- a honestos inversionistas que reclaman adeudos muy atrasados en mafiosos internacionales
- a humildes pescadores en potentados del tráfico de personas.
Porque los verdaderos pesos pesados de esos delitos, los verdaderos narcotraficantes internacionales, los verdaderos mafiosos del tráfico humano, los grandes criminales o no están en Cuba, o si fueron apresados, también fueron convenientemente liberados, solo Dios sabe a cambio de qué, de manera que ninguno estuvo más de uno o dos años preso en Cuba.
Pero la propaganda oficial necesita pregonar a los cuatro vientos cuán exitosos son sus planes de lucha contra el “crimen internacional”, intentando limpiar su presunta imagen de país puente para el tráfico internacional de drogas, paraíso sexual, de gente que quiere huir en pateras…
Desde el momento de su detención el individuo no tiene ningún derecho. El recluso extranjero permanece en total ignorancia o alcanza a percibir una muy parcial y mutilada información, que a la postre consigue el mismo fin. Ignorancia que se convierte en un estado permanente de indefensión frente al poder judicial y penitenciario, a esto colaboran las únicas cuatro fuentes de información a las que puede acceder:
a) Bufete Internacional de Abogados. Inaccesible a la casi totalidad de los detenidos por sus prohibitivas tarifas, porque obtener representación legal cuesta 6000 $ USA ó 5000 CUC (pesos cubanos convertibles), lo cual es algo inabordable para personas y familia que en su inmensa mayoría son pobres o de clase media baja. Por otro lado la capacidad de los que brindan estos servicios es cuando menos cuestionable, pues trabajan para una agencia gubernamental.
b) Abogados de Oficio. A los que el detenido no accede sino hasta cinco o diez minutos antes del juicio y que mal puede garantizarle sus derechos, mucho menos informarle, y que por su condición de Abogado de Estado, es aun más susceptible a la influencia oficial.
c) Autoridades penitenciarias. Nunca dan por escrito la información, apenas verbalmente y de manera incompleta y tergiversada. Ni siquiera se las facilitan a las autoridades consulares. Publican algunos elementos de un supuesto Reglamento Penitenciario, que ningún preso ha visto, ni mucho menos leído nunca. Los tales elementos son cuidadosamente escogidos por la autoridad penal.
d) Fiscalía C.L.E.P. (Control para la Legalidad en los Establecimientos Penitenciarios). Siendo la responsable de supervisar el cumplimiento de la legalidad en los establecimientos penitenciarios cubanos, tampoco ofrece información veraz y oportuna, sino que en general tergiversan, ocultan, callan, entresacan la información. En noviembre de dos mil seis, un especialista de esa entidad dio a conocer la existencia de unas “Normas para el Trabajo con Extranjeros”, pero en concordancia con la práctica, solo ofreció algunos artículos escogidos y el resto de la información permanecía oculta, como es típico allá. Solo hasta fines del dos mil ocho pudieron conocer los prisioneros de “La Condesa”, por ejemplo, las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos de la ONU., gracias al Consulado de España.
El tratamiento abiertamente discriminatorio del preso extranjero en Cuba está previsto y sancionado en el Código Penal cubano, que en su artículo 295.1 sanciona a todo aquel que discrimine a otra persona o promueva la discriminación para impedirle por motivos de origen nacional el ejercicio o disfrute de los derechos de igualdad establecidos en la Constitución.
Elche, 09 de Octubre de 2009
La imagen corresponde a la Unidad Militar "La Condesa" y es cortesía de Jesús Vivas.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 03/11/2009 1:33
La naturaleza de un déspota
Jorge Ferrer | 02/11/2009 0:56
Fascinante esta fotografía del dictador norcoreano que distribuye hoy Reuters.
Sale el zombi Kim Jon-il de su sarcófago y lo conducen a fábrica de huevos, eso que eufemísticamente los humanos llamamos granja avícola.
«¡Mire cuántos huevos tenemos!», le dicen sus colaboradores, ufanos.
Y el tipo escruta la puesta, descubre los huevos distintos, ¿cuál lo inquieta más?, ¿el más grande?, ¿el huevo blanco, escondidito el pobre?, y señala torciendo el gesto.
¡Qué foto magnífica para enseñar a los niños de primaria la naturaleza perversa de un déspota!
Su ojo sutil y su dedo rígido, siempre listos para mandar a un hombre a la cárcel. Para cortarle los huevos por más grandes o por más puros.
h/t: Drugoi
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 02/11/2009 23:25
Waits con mantequilla china, updated
Jorge Ferrer | 30/10/2009 19:23
Noche de viernes.
¿Algo mejor que Tom Waits y esta canción con (para cubanos) leve sabor a mantequilla?
(recomendación) De contra:
Quien esté en Barcelona, no deje de darse un salto a la Fundación Francisco Godia (Diputació, 250) a ver la exposición de Zeng Fanzhi inaugurada esta semana.
En China hay demasiado arte contemporáneo de un nivel altísimo como para que sea fácil avanzar predilecciones. Pero Zeng y su iconografía postmaoísta están sin dudas entre lo más interesante.
Zeng Fanzhi, La última cena (2002)
Zeng Fanzhi, Tiananmen, 2004
UPDATE:
Magnífico y rotundo discurso del presidente de Rusia en favor de la memoria de los crímenes del comunismo.
Hoy, 30 de octubre, se celebra en Rusia el Día de la memoria de las víctimas de la represión política y Dmitri Medvédev ha subido este vídeo a su videoblog.
(Aviso: el vídeo está subtitulado en inglés.)
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 30/10/2009 21:31
1989: diez relatos para atravesar los muros
Jorge Ferrer | 29/10/2009 17:08
Con motivo del Vigésimo Aniversario del derribo del Muro de Berlín, varias editoriales europeas han publicado simultáneamente el libro 1989. Diez relatos para atravesar los muros.
Coordinado por Michael Reynolds e ilustrado por Henning Wagenbreth, el volumen contiene relatos de Andrea Camillero, Miklós Vámos, Ingo Schulze y Ludmila Petrushevskaya, entre otros autores.
Tuve el gusto de ocuparme de la traducción al español del relato de Petrushevskaya, que reproduzco aquí por cortesía de Thule Ediciones.
1989. Diez relatos para atravesar los muros se puede comprar en la página de Thule Ediciones, La Central y otras librerías.
El muro blanco
Por Liudmila Petrushevskaya
Estaba el Muro. Y también había un árbol.
El Muro llevaba allí cientos de años y ya se lo consideraba una curiosidad histórica. Era un Muro blanco, antiguo y no demasiado alto si lo juzgamos con los criterios de hoy. En sus esquinas se alzaban garitas, había edificios dentro del perímetro que cerraba y en torno al portón imperaba la soledad. En definitiva, era un Muro como cualquier otro.
Aún así, era el orgullo de los historiadores locales, quienes, fieles a su costumbre, habían hecho correr ríos de tinta sobre sus variadas peripecias. En los últimos siglos el Muro había visto de todo: lo habían tomado por asalto, lo habían asediado y atacado con mazas y balas, lo habían incendiado y derrumbado; cada vez, los estragos que padecía eran disimulados con arreglos, remiendos y capas de pintura. Siempre había mucho ajetreo en torno al Muro. Junto a él se tomaban decisiones y hasta se promulgaban leyes. También ejecutaban ciertas acciones y se cumplían órdenes. A los colegiales los obligaban a memorizar fechas y nombres propios relacionados con el célebre Muro. Entretanto, él, blanco y altivo, permanecía impasible.
Al principio, cuando lo levantaron, el lugar era un descampado. En torno al Muro se extendían campos y bosques, profundos lagos y barrancos. La fortaleza estaba lejos de la civilización. Pero muy pronto construyeron un camino que llevaba hasta ella. ¡Y ahí empezó todo!
A pie o subida a carruajes, la gente iba y venía de la fortaleza. Lo mismo se escuchaba el tañido de las campanas de los funerales, que el estruendo de los cañones que pretendían tomarla por asalto, o las reparaciones que a veces se prolongaban por veinte años. Había tropas que cabalgaban durante días y peregrinos que andaban semanas enteras para alcanzar el Muro. Algunos de ellos emprendían después el camino de vuelta. Reparemos en ello: sólo algunos volvían.
Más tarde, la ciudad se fue acercando al Muro, lo rodeó de calles, casas, torres, y entonces el Muro dejó de ser la construcción más elevada y significativa del lugar. Aun así, continuó siendo la más antigua y enigmática de todas. La rodeaba el secreto, un horrible secreto.
Porque la diferencia entre el número de personas que traspasaban el Muro y las que salían de él no dejaba de aumentar. Llegaban cuatro y apenas tres conseguían salir. Llegaban dieciocho y se marchaban seis. Y después repicaban largamente las campanas.
Pero sucedió que junto al Muro, en su lado exterior, creció un árbol que fue desplegando poco a poco su follaje bajo el sol. Y un día le susurró al Muro:
–Hola, soy un árbol. He crecido aquí durante cien años y alcanzado una gran altura. Antes no respondías a mis preguntas. Pero ahora ya podemos hablar. Casi soy más alto que tú, ¿lo aprecias?
El Muro le respondió:
–No deberías haber crecido aquí. Y la rama que cruza por encima de mí me incomoda mucho. No debería existir. Recógela. Es peligrosa.
El árbol repuso que no podía hacer tal cosa.
–Te talarán –le advirtió el Muro. Y añadió–: Lo harán muy pronto.
El árbol permaneció en silencio. Era la primera vez en toda su vida que recibía una amenaza de muerte. Jamás hubiera esperado que le ocurriese algo así.
–Conseguiré que te echen abajo –dijo el Muro.
En eso apareció un vehículo en el camino que conducía al Muro. Avanzaba escoltado por otros vehículos más pequeños. El portón se abrió y todo el convoy entró en el recinto. Un rato más tarde, el portón se abrió otra vez, los vehículos salieron y se perdieron a lo lejos.
–Pude ver que fueron siete las personas que bajaron de los vehículos y entraron en una de las construcciones –dijo el árbol–. Pero han salido cinco. ¿Y las otras dos?
Se hizo un prolongado silencio. El sol brillaba en lo alto. Las nubes vagaban lentamente recortadas sobre el cielo.
De pronto el Muro volvió a lo suyo:
–Pronto ya no estarás más ahí, ¿lo comprendes? Siendo así, ¿qué más te da lo que suceda aquí dentro?
El árbol replicó que todo el mundo tiene su propio camino que recorrer. Y que ese camino siempre acaba por terminar alguna vez.
–No es cierto –protestó el Muro–. Para algunos el camino no tiene fin.
Las nubes continuaban vagando por el cielo; los pájaros revoloteaban en torno a las torretas de vigilancia.
El árbol no había quedado satisfecho:
–Pero quienes recorren el camino están vivos. Se alimentan, formulan preguntas. Esperan respuestas.
El Muro tardó en responder. Acabó haciéndolo con voz pausada, como desganado.
–Mírate a ti, por ejemplo –dijo–. Me temes y haces bien en temerme. Pronto habrás dejado de existir. ¿Acaso puedes imaginar cuán difícil me resulta a mí estar en este mundo, sabiendo que soy su sostén? A mí, que jamás he incumplido una promesa. Ni siquiera bajo amenaza de muerte.
Añadió que él, el Muro, había conservado siempre su solidez, jamás olvidó su misión y supo hacer oídos sordos tanto a las amenazas como a las promesas. Había mostrado sabiduría y convicciones fuertes, afirmó. Y sostuvo que tenía la conciencia limpia.
–Mi color es el blanco –subrayó.
Y añadió que podía detectar cualquier jugarreta urdida por los hombres.
–Una vez –explicó el Muro– tuvo lugar un suceso que afectó a uno de los miembros de mi clan. Había gente resguardada tras un muro como yo. Estaban seguros, cuando de pronto los enemigos que mantenían el asedio a la ciudad dejaron un caballo de madera frente al portón. Un caballo enorme como un elefante. Lo instalaron allí y se retiraron. La visión del regalo encandiló a los defensores de la fortaleza y, protegidos por una nutrida tropa, salieron a buscarlo y lo condujeron al interior del recinto amurallado. «En un caballo como ese se puede viajar como en un carruaje», se felicitaban.
»Eso fue lo que hicieron –prosiguió el Muro tras hacer una pausa–. ¡Es así de fácil engañar a los hombres con un juguete nuevo! Pero resultó que en medio de la noche unos asesinos armados emergieron del vientre del caballo y pasaron a cuchillo a toda la guardia de la fortaleza. Y así consiguieron apoderarse de la ciudad y echar abajo el muro.
El árbol dijo que ya conocía esa historia y que la ciudad se llamaba Troya. Añadió que grupos de escolares solían reunirse bajo sus ramas cuando estaban de excursión y hablaban de muchas cosas.
–¿También a usted lo han asediado? –preguntó.
–Naturalmente– respondió el Muro–. ¡Cuánto no he tenido que aguantar! Es ahora que luzco así de blanco y pulcro, pero más de una vez me han abierto un boquete abierto en un flanco. Me han atacado, han colocado explosivos para destruirme.
Entonces el árbol le preguntó por qué lo habían hecho. ¿Por qué lo atacaron?
–¿Qué es lo que guardas ahí adentro?– inquirió.
El Muro respondió que guardaba el misterio de la vida.
–El secreto de qué vida – preguntó el árbol–.¿También el de la mía?
El Muro se hundió en un prolongado mutismo. Después de pronunciar palabras tan solemnes como las que acababa de decir, ¡había que callar por lo menos durante un año! ¡Y sobre todo abstenerse de preguntar!
Su mutismo se prolongó durante varias horas. Cayó la noche sobre la ciudad y mucho después alumbró el lucero del alba. Pero al amanecer el árbol formuló nuevamente la misma pregunta con toda ingenuidad.
El Muro le respondió de mala gana:
–Guardo el misterio de la vida de todos, del pueblo entero. ¿Lo comprendes?
En ese instante se escuchó el golpeteo parejo y preciso de muchas botas. Provenía del otro lado del Muro. En medio de aquel sonido acompasado, se podía distinguir el torpe susurro de unos pasos vacilantes. Y se escuchaban también unos sollozos ahogados. Y una voz que balbuceaba una oración. Las quietas calles resplandecían bajo las primeras luces del alba. Se hizo el silencio. Hasta que el Muro lo rompió:
–De no ser por mí, no existiría nada. No habría vida, ni alegrías; no habría niños. Ni familias. No habría escuelas ni hospitales. No habría nada de nada. Soy un Muro blanco, impecable en mi blancura, y he sido fiel a mi deber sagrado. Estoy aquí porque me correspondió velar por la vida. De no haber sido por mí, el mundo se habría ahogado en sangre. A ti te habrían convertido en leña hace mucho tiempo. Nadie labraría los campos ni sembraría la tierra. Tan sólo trabajarían los comerciantes de armas. Por cierto, hay continentes enteros donde imperan los comerciantes de armas.
–Yo sé cuál es el secreto que escondes –dijo el árbol–. La semana pasada hubo otra de esas excursiones por aquí. Y hablaron de ti: dijeron que eres una cárcel. ¡Cárceles hay en todos lados, también donde hay guerras! Allí las cárceles están llenas a rebosar. El guía que acompañaba a uno de los grupos de excursionistas habló de esas prisiones. Hay gente que permanece encerrada en ellas de por vida. Y sin causa alguna. A veces apenas por culpa de su nacionalidad.
–Eso nada tiene que ver conmigo, recuérdalo bien. Yo no soy una cárcel, ¿cómo se te ocurre? Yo sólo soy un Muro. Un Muro honesto, sagrado, blanco.
Traducción de Jorge Ferrer
© Thule Ediciones. Prohibida la reproducción.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 29/10/2009 17:44
Dos de periódicos (con mayúsculas)
Jorge Ferrer | 28/10/2009 0:17
El Diario Las Américas ―periódico, por cierto, mucho más interesante de lo que mucha gente piensa― se bajó hoy con tremendo editorial que me recordó aquellos días previos a la elección de Barack Obama, cuando la prensa norteamericana fue sacudida por la fiebre de los endorsements.
El titular parece postelectoral, cosa de día después. No lo es: los comicios serán el próximo 3 de noviembre.
El editorial dice a los votantes que acudirán pronto a las urnas en Miami, Hialeah y Miami Beach a quiénes deben votar. No lo sugiere, lo recomienda. Bueno, tampoco lo recomienda: lo RECOMIENDA.
Hay algo que es a medias caricaturesco y siniestro en esas mayúsculas. En ese teatral por dictatorial DIARIO DE LAS AMÉRICAS RECOMIENDA…
¿A qué esa ridículas mayúsculas? Uno no puede resistirse a la evidencia de que ese editorial fue escrito para entes que se presumen subdemocráticos, cuando no subnormales…
En España, entretanto, la provincia de Barcelona fue sacudida hoy por una serie de arrestos por cargos de corrupción. Entre los que cayeron están el alcalde de Santa Coloma de Gramanet y hombre muy relevante de la sucursal catalana del PSOE y dos viejos lobos del nacionalismo demócrata-cristiano, Macià Alavedra y Lluís Prenafeta, ambos con pasado (no tan lejano) ligado a Convergència i Unió.
¿Qué hace un diario rabiosamente de izquierdas cuando se encuentra con ese golpe dado al unísono a socialistas y nacionalistas?
Facilito, véase:
Sí, eso: informar a sus lectores de que entre los corruptos uno es liberal, el otro socio de Aznar –¡el lobo, el lobo!― y el tercero, el socialista que hasta durmió alguna vez a la sombra por sus luchas antifranquistas, es convertido en mero «hijo de franquista». Repárese en la URL que conduce al artículo, http://www.publico.es/espana/264403/aznarista/liberal/hijo/franquista, donde al «socio de Aznar» lo convierten en «aznarista» y las «máculas» van todas juntas…
Cuando en las redacciones de los periódicos indaguen por la razón de la agonía que padecen, el por qué del divorcio con su público, convendrá se pregunten si creer que los lectores, todos los lectores, son una recua de imbéciles tiene algo que ver…
h/t: Daniel Tercero @ Facebook
UPDATE:
El País, por cierto, preciso; +: impecable.
Véase avance de la primera plana de mañana.
Oye, si basta decir la verdad para que a uno lo quieran... Y compren...
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 28/10/2009 1:50













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