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Príncipe Raúl Castro + Rusia con Obama

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UPDATE:

Cadena Ser habría tenido acceso a informes "manejados por embajadas europeas en Cuba".

¿Qué dicen? Que Castro I está entero y al mando, y que los espías en el Sur de la Florida están siendo reubicados. ¡Ay, mamá!

 

Raúl Castro como Príncipe Daniel. Raúl Castro como Príncipe de la ortodoxia, aunque ya no se llame soviética y vuelva a ser la rusa.

El comunista Raúl, al sovietófilo Raúl, al estalinista Raúl, rodeado de popes, incienso y envuelto en esas letanías monasteriles.

El repugnante Raúl Castro condecorado con la misma orden que recibió en su día Alexandr Solzhenitsyn, la del Príncipe Daniil de Moscú, de primer grado.

Apenas unos meses después de la muerte del autor de Archipiélago GULAG y ya los popes de la Iglesia Ortodoxa rusa, una de las iglesias más miserables que Dios conoce –¡y mira que es dura la liza!–, ofenden su memoria igualándolo con un represor.

A Castro I, esos mismos popes le dieron orden de mayor entidad, «A la Gloria y al Honor», una que suelen conceder a jefes de estado. Por cierto, el Granma miente cuando afirma que el del Adidas «es la primera personalidad en recibirla». El inefable Putin también la tiene guardada en la gaveta.

A Castro I, tratamiento de jefe de estado, de Zar; a Castro II, el caso del delfín, del Príncipe. ¡Son la candela estos rusos!

El Príncipe Daniel de Raúl fue el hijo de Alejandro Nevski. Y Alejandro era nick que usaba Castro I cuando conspiraba de joven. La importancia de las medallas responde, pues, a la sucesión dinástica. Difícilmente a las características de los recipientes.

De Daniil de Moscú, sobre cuya efigie, bastante feucha por cierto, se podrán reflejar ahora los vasos de güisqui del general Raúl Castro, dicen las crónicas que manejan los ortodoxos: «Никогда не брался святой князь за оружие, чтобы захватить чужие земли, никогда не отнимал собственности у других князей ни насилием, ни коварством». Lo que podría traducirse así: «Jamás empuñó un arma el santo príncipe para apoderarse de tierras ajenas; jamás privó a otros príncipes de sus propiedades por medio de la violencia o la perfidia». ¡Han leído los popes esos quién es Raúl Castro Ruz?

 

De contra:

Hoy celebran en Cuba el Día de la Cultura nacional.

También se celebra el Día Internacional del Controlador Aéreo, conocido en forma apocopada como «Día del controlador».

Naturalmente, tal circunstancia hace que muchas veces se confundan ambas fiestas…

En cualquier caso, ya saben a quien prefiero si se trata de elegir entre cotizante de la UNEAC y cotizante de la IFATCA.

 

UPDATE:

La Misión de Rusia ante Naciones Unidas acaba de hacer pública la nota que sigue y la carta que recibieron de la campaña de John McCain. Un gesto que pone de manifiesto la apuesta de Rusia por Barack Hussein Obama, ya sabida, pero no evidenciada en forma tan diáfana.

Permanent Mission

of the Russian Federation

to the United Nations

136 East 67th Street

New York, NY 10065

Fax: (212) 628-0252

517-7427

STATEMENT

20 October 2008

ON FUNDRAISING LETTER FROM JOHN MCCAIN ELECTION CAMPAIGN

We have received a letter from Senator John McCain requesting financial contribution to his Presidential campaign.

In this connection we would like to reiterate that Russian officials, the Permanent Mission of the Russian Federation to the United Nations or the Russian Government do not finance political activity in foreign countries.

Letter can be view here

 

UPDATE:

En Pretoria, leo, despojarán a la calle Pretorius de tan histórico nombre para Sudáfrica y le llamarán... Fidel Castro Street. Sí, señor. Y, encima, Ernesto Guevara, a quien llaman "Che", también tendrá su calle en esas australes latitudes. La actual Schoeman pasará a llamarse Ernesto "Che" Guevara Street. Lo anuncia uno del partido Comunista de Sudáfrica.

Y no se crean que son callecitas cualquiera. No. Todo lo contrario.

Advierto, por cierto, que hay una Kerk Street que se ha quedado sin nombre nuevo. Tal vez podamos sugerir una "Camilo Cienfuegos Street"...



Obama, Palin... + Carta a Sandra Ceballos

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1) Prefiero la Sarah Palin de Tina Fey a la Sarah Palin de John McCain. De hecho, prefiero casi cualquier cosa a la Sarah Palin de John McCain. Excepto para la cópula, claro.

2) Si a alguien beneficia la actual crisis de los mercados es a Barack Obama. Y no sólo porque lo ayudará a llevar a Michelle y a las niñas a la Casa Blanca. Imaginemos por un instante que la crisis se hubiera desatado después de la investidura del Hussein. Imaginemos por un instante que se hubiera desatado entonces esta fiebre salvabancos. Que fuera entonces que desde la Casa Blanca se hablara de intervenir en los mercados, regularlos, (per)seguirlos, etc. ¡Imagínenselo! Todos los temores del Obama socialista radical se habrían visto confirmados: «¡Es socialista! ¡Es comunista! ¡Ya lo habíamos avisado! ¡Horroooor!» Habría sido el acabóse. Pues bien, no. La intervención comenzó antes. Y eso nos dirá Obama una y otra vez cuando se dedique a «repartir la riqueza». ¿O era a diseminarla?

3) Que el furor socialista haya comenzado antes da una ventaja enorme al Obama radical, de haberlo, cuando llegue a la Casa Blanca, de llegar. Ahora podría acelerar su programa «secreto» y «radical», de tenerlo, con la pintoresca excusa del yo-no-fui. «Fue Bush», dirá. «Fue Sarkozy», dirá. Y entonces yo me voy a reír tanto como me río cuando escucho a la Sarah Palin de Tina Fey o a la Sarah Palin de John McCain.

4) «Te equivocas con Sarah Palin», me dijo un buen amigo y desenfrenado valedor de la muchacha. «Tiene principios firmes y es fiel a ellos. ¿Qué más se le puede pedir a un político?» «Que sepa defender sus principios pero también dudar de ellos», le dije. «Chico, tú puedes ser un sofista si te da la gana, pero quienes dirigen el Imperio no pueden comer tanta mierda.»

 

UPDATE:

Sin arredrarse ante la amenaza de galletón que deslizó Vincench al final de su mensaje, Rafael de la Osa, el director de Cubarte, replica a Sandra Ceballos para reafirmar sus convicciones revolucionarias.

Y ahí va: no hay como la prosa de un revolucionario para descubrir las claves de la imbecilidad humana.

A Sandra Ceballos

No acostumbro responder lo que no me han preguntado, por eso hasta ahora mi única respuesta la había dirigido a Jose Angel Vincenh que tuvo la amabilidad de dirigirse a mi directamente con sus preguntas y opiniones, en relación con la Nota del Consejo Nacional de las Artes Pláticas que yo circulara sobre la exposición a presentar en el Espacio Aglutinador.

Aprovecho entonces para responder el suyo, aunque al enviármelo decidiera hacer partícipe del mismo a un nutrido grupo de direcciones de correo electrónico.

Espero que la explicación circulada por el propio Consejo Nacional de las Artes Plásticas (por cierto que no es un ente etéreo e invisible, tiene sede, dirección postal, teléfono, funcionarios y dirigentes, con un presidente al frente que tampoco es un fantasma o un extraterrestre, tiene nombre propio y sabe leer y hablar español), haya sido suficientemente convincente, como para demostrar lo que en la primera Nota se dijo, desmintiendo así sus acusaciones y aseveraciones de DIFAMACION, CALUMNIA, TEXTOS PRETENCIOSOS, DECADENTES, INFUNDAMENTADOS y que pretenden DESTRUIR, TERGIVERSAR y DESORIENTAR. Me parece que más bien esto último es lo que se trataba de hacer con nuestros artistas.

Realmente sí, “Es una vergüenza para los artistas y para todas las personas” que, quienes deberían estar educando y elevando el nivel cultural de la población y sus valores éticos y estéticos, se confabulen con los que nos bloquean, atacan y hacen todo lo posible para que nuestra Revolución y nuestro país cambien el rumbo que desde hace casi ya 50 años nos ha permitido ser realmente libres e independientes, en una sociedad más justa, digna y solidaria.

Por tanto permítame hacer caso omiso a su acusación, y aunque mi responsabilidad en este caso, como funcionario del estado revolucionario cubano y comprometido totalmente con sus principios, política y acciones, fue solo la de enviar a un grupo de direcciones de correo electrónico de la Red CUBARTE (por eso lo hice personalmente desde mi correo), la Nota que nos hicieran llegar los compañeros del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, para nada me siento ajeno a lo que en ella se expresa, y como muchos otros artistas, intelectuales, personalidades de la cultura y funcionarios de este sector, me sumo a la crítica ante hechos de semejante naturaleza.

No creo que sea una casualidad que los espacios informativos en Internet caracterizados por su reaccionaria política editorial con respecto a Cuba, encargados habitualmente de tergiversar la realidad cubana y las acciones, medidas y decisiones que nuestro Partido y nuestro Estado toma, se hayan hecho eco de este tema. Incluso hay quien ya llama a la “Revolución de los Artistas” y a “destituir al Ministro de Cultura y su camarilla cómplice”, buscando apoyo para quienes en más de una ocasión han demostrado ser lacayos del imperio disfrazados con el ropaje de organizaciones no gubernamentales y “sociedad cívica”.

¿Si no hay ningún problema y ha sido una calumnia del Consejo Nacional de las Artes Plásticas que razón hay para suspender temporal o definitivamente la exposición? De eso no se habla.

A buen entendedor, con pocas palabras bastan.

Sirva este mensaje también de respuesta a todos aquellos que utilizaron e incluso tergiversaron palabras mías o a mi persona para desvirtuar o desacreditar la esencia de la nota circulada por el Consejo Nacional de Artes Plásticas.

Revolucionariamente

Rafael de la Osa Díaz

Director

CUBARTE

 

UPDATE:

De las reacciones al affaire con Espacio Aglutinador, la carta que le envió el artista Alejandro López desde Nueva York me ha parecido particularmente interesante por lo que cuenta y cómo lo cuenta. Aparece aquí con la autorización de Alejandro, que le agradezco.

En Los lirios del jardín, de Rafael López-Ramos, una buena colección de mensajes enviados a Sandra Ceballos.

Sandra:

te contaré una historia brevemente.

En mi último viaje a Cuba, hace ya un poco más de dos años, estuve preso en inmigración en territorio de Cuba. ¿Sorprendente? Te diré qué fue lo que sucedió.

Yo volé a Cuba desde Canadá, pues al Fidel de los Estados Unidos se le ocurrió que no viajáramos allá sino una vez cada tres años. Dado que los Estados Unidos siempre nos hizo saber que esta era una nación de gente libres, yo me sentí en libertad de ir a ver a mi familia y amistades sin tener que ponerme a merced de lo que este Fidel del lado de acá me exigía. (Aprovecho para hacer una breve comparación: entre los dos Fideles, ten la seguridad que el de acá es peor, aunque mi odio sea compartido.)

De modo que resolví ir a Cuba vía Canadá. Una vez allí, también resolví dejar mi pasaporte americano en Montreal, pues Cuba nos exige que entremos a Cuba como Cubanos, aunque nos trate como Caganos. Ese pasaporte Cubano nos sirve solo para ir a Cuba (esto lo digo refiriéndome a los que nos hemos nacionalizado en otros países). Tiene un costo aproximado de $800 cada seis años. Con ese pasaporte no podemos ir a ninguna otra nación del mundo, pues evidentemente tener pasaporte Cubano es como tener un ticket de lotería falso en las manos. Mi pasaporte americano, me costó algo más de $80 dólares y es, a diferencia del otro, como poseer el ticket ganador de la lotería. Pero, dado que somos perdedores, tomé mi ticket perdedor (mi pasaporte Cubano) para entrar a mi perdida nación. La cuenta que no saqué fue la de que, una vez dentro de Cuba, necesitaría el ticket ganador para poder salir una vez más.

Al llegar a la aduana en Cuba me pidieron ambos pasaportes, como lo hacen con todos los que nos fuimos. Al no poseer mi cédula de EE.UU., me pusieron en espera, para determinar si darme una patada en el culo y ponerme en un avión de vuelta o retenerme y hacer lo que luego hicieron. Mi verdadero ticket de salvación fue el hecho de que yo estaba viajando con mi esposa, que no solo no es cubana, sino que tiene además doble ciudadanía (Suiza-Americana), lo cual le complica a los compañeros de inmigración en Cuba su data, por lo cual tuvieron que dar un poco de agua a la mesa. Ya sabes el buen cuidado que se le da allí a las personas (entiéndase: extranjeros). Además de mi esposa viajaba yo con mi hija, que no tuvo la fortuna de nacer en "la tierra más bella que ojos humanos han visto", sino en una ruidosa metrópolis llamada NY.

La cuestión es que me montaron en un carro, un van, el cual cerraron por fuera con un candado, y así me trasladaron con otras dos personas a un Centro de retención de Inmigración localizado entre el Cerro y Nuevo Vedado. El delito cometido era el de entrar a Cuba con pasaporte Cubano, habiendo olvidado traer el otro pasaporte americano con el cual podría hacer alarde de ser "yuma". No, seriamente lo que sucede es esto: el gobierno de Cuba quiere estar seguro de que los Cubanos que estamos en otras partes del mundo, cortesía del compañero Castro, no se nos antoje volver a nuestro suelo natal de modo definitivo. Ya sabes que el plazo máximo de estadía para nosotros es de tres semanas, y esto tiene su lógica: después de ese plazo lo más seguro es que ya no nos queden dólares, de modo que ya nos convertimos una vez más en objetos inservibles y despreciables para nuestro querido comandante (o lo que sea que quede de este).

En Inmigración me hicieron un interrogatorio, el cual condujo un compañero que seguramente se sumó hace años atrás a la campaña por el sexto grado, pero que desafortunadamente ha quedado estancado en el primero. El proceso fue breve, me arriesgo a pensar. Yo entré a aduana en el aeropuerto a las 7:00 PM y salí de este centro de retención a las 2:00 AM. El compromiso fue: "te vamos a dejar entrar, dado que estás con tu esposa e hija, pero tenemos que tener garantía de que te irás en la fecha que te corresponde". Lo cual quería decir que en dicha fecha, el día de vuelo de regreso, yo tendría que volver a viajar al aeropuerto en el van cerrado con candado, y acompañado por un militar que me llevaría hasta la salida donde ya estaría en arena internacional (o dicho de otro modo: donde ya no hay regreso). Este servicio tendría un módico costo de 25 CUC.

Y aquí va lo que te quiero hacer saber a partir de esta experiencia. Una vez que obtuve mis papeles y que ya era evidente que "tenía lo que tenía que tener" para irme, le dije a este tipo algo así: "¿Sabes? Esto que están haciendo ustedes es completamente ilegal. Tú me estás botando de Cuba, país al que pertenezco y me pertenece. La persona que gobierna este país (no hice mención del nombre) les ha hecho creer a ustedes que son dueños de este país, y no lo son. Como todas las cosas, esto un día va a acabar, y entonces van a decir lo mismo que dijeron los del régimen represivo anterior: nos obligaban a hacerlo. Pero en verdad, nadie te obliga a ser cómplice de esto" (esto no es una cita textual, desde luego, pero está bien cerca de lo que fue).

Yo no sé el nombre de ese individuo, como tampoco recuerdo el nombre de aquel (y voy a usar una terminología altamente conceptual) "hijo de puta" que dirigía ese departamento ubicado en la calle 17 entre 8 y 10 en el Vedado, a donde había que llevar las obras que uno quería llevarse consigo, para que este individuo te interrogara y decidiera si podías o no salir del país con algo que te pertenecía, mas aún por el hecho de ser algo creado por ti. En mi caso, yo salí de Cuba con unas pocas obras en cartulina, y después de ser cuestionado por este "hijo de puta" (o, para no ser redundante) por este "cabeza de pinga" sobre el derecho que tenía o no de salir del país con las mismas, me dictó la siguiente sentencia: "tienes que regresar a Cuba con ellas o pagar una tarifa de $___(?).

Desafortunadamente para este individuo (y para mi familia también), mi previsto regreso a los seis meses se ha postergado, y siendo ya catorce años que estoy fuera de Cuba lo más probable es que se haya derrumbado esa linda casa del Vedado como se están derrumbando tantas otras. Lo jodido no es que se haya caído la casa, sino que se haya caído sin este tipo adentro.

"Compañeros" como ese, como el otro militar que me llevó al aeropuerto con el fin de asegurar mi destierro (primero voluntario de mi parte, después impuesto), y compañeros como los que continúan avinagrando la vida de otras tantas personas como tú allá en la Isla van a argumentar cuando la ocasión les llegue que hicieron lo que hicieron porque las circunstancias los obligaron, no porque ellos hubiesen querido que así fuera. Como en la frase de una canción romántica y melodramática: "Por amor a Cuba, mate a Cuba y a los Cubanos".

Espero que lo tuyo se resuelva satisfactoriamente. Y comentario aparte: te felicito por los quince años de existencia de Aglutinador. Queriéndolo o no, Aglutinador es un caso único dentro de la historia de la cultura cubana y tiene, valga la redundancia, un lugar ya en esa historia.

Etnemairanoiculover! (léelo al revés)

Alejandro López

Ilustración: Sandra Ceballos, Absolut José (1995)

 

UPDATE:

Coco Fusco ha abierto una Solicitud de firmas en apoyo de Espacio Aglutinador.



The Portable Island / La isla portátil

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El próximo 28 de octubre saldrá a la venta The Portable Island: Cubans at Home in the World (Palgrave-Macmillan), un libro editado por Ruth Behar y Lucia M. Suárez.

Atentas a la radical dispersión que ha caracterizado a la diáspora cubana a lo largo de las dos últimas décadas, las editoras han invitado a escritores y artistas cubanos emplazados en latitudes diversas –incluida la propia Cuba–, interrogándolos acerca de su condición de sujetos deslocalizados a la vez que portadores de una tradición cultural determinada.

A modo de avance, siguen fragmentos de los textos de Verónica Pérez Konina y Gustavo Pérez Firmat escritos para el libro.

Pérez Konina ganó en Cuba el Premio David en 1988 con su libro de relatos Adolesciendo. Al año siguiente, marchó a Moscú, donde reside desde entonces.

Ensayista, poeta y profesor, Pérez Firmat es autor de varios libros que constituyen el más profundo acercamiento a la condición del destierro y la circunstancia cultural del exilio cubano en los EE.UU. The Cuban Condition: Translation and Identity in Modern Cuban Literature, Life on the Hyphen. The Cuban-American Way, con edición en español en la Editorial Colibrí, o Next Year in Cuba: A Cubano’s Coming-of-Age in America son libros de lectura insoslayable para quien se pregunte por las claves culturales de la identidad escindida de los exiliados cubanos. O cualesquiera otros.

Agradezco muy especialmente a Verónica Pérez Konina y Gustavo Pérez Firmat su gentil y rápido ofrecimiento de estos textos a los lectores de El Tono de la Voz. Ambos textos aparecen aquí en las lenguas originales en que se escribieron.

También agradezco a Ruth Behar, co-editora de The Portable Island, y a la editorial Palgrave Macmillan, que concedió la autorización necesaria.

The Portable Island se puede encargar ya en Amazon o directamente en Palgrave Macmillan. (Véase en ese último enlace el índice del libro.)

My Repeating Island

(An excerpt)

By Gustavo Pérez Firmat

De las islas no se despide nadie para siempre.

Dulce María Loynaz

What sort of an exile is someone who has spent four-fifths of his life in another country and who has no intention of returning to Cuba to live no matter what the political conditions on the island? In exile he grew up and grew old. In exile he acquired a language, met all of his friends, married, had children, pursued a career, endured illnesses and separations. He’s certain that he will die in exile. He’s just as certain that he will die an exile. What sort of exile is this person, whose homeland is no longer his home?

In the movie The Lost City, Andy García’s character, Fico Fellove, declares: “I’m only impersonating an exile. I’m still in Cuba.” When Fico says this, he has just arrived in New York City from Havana. I wonder what Fico would say were he still in New York forty years later. Perhaps he would say this: “I’m only impersonating a Cuban. I’ve always been in exile.” Time turns exile into a chronic condition, in the literal sense of the adjective: a way of being in the world inseparable from the experience of temporality. The chronic exile never says, I am an exiled Cuban. He always says, I am a Cuban exile: the noun, the substantive, is exile.

It is often thought that an exile spends his (or her) time in remembrance, but for the chronic exile, it’s not quite true. Even when he was young and still had relatives who, unlike him, had spent most of their lives in Cuba, he was not the source of memories but the one who received them, and later, the one who relayed them. He was the executor of the nostalgia of others: his parents and grandparents, his aunts and uncles, all those members of his typically distended family that included people whom he barely knew. His own memories of Cuba, such as they were, seemed less urgent, less necessary, than those of the grown-ups around him. It still seems that way, even now that he is the only grown-up around him.

When the chronic exile longs, he longs for a time when the people around him still had memories. He longs for the days of temporary, rather than chronic, exile. Virgil Suárez, one of the chronic exile’s heroes, writes in a poem: “How far do your roots extend? Far enough to do damage.” That is, not far enough.

Years ago a Miami newspaper carried a item about a man who had been paralyzed as a result of a stroke. He would spend his days in a wheelchair by the window of his Miami Beach condominium, facing south, mumbling to himself the only word he was still able to pronounce: Cuba. The chronic exile believes that he is like that man. Rather than recollection, his exile involves iteration: Cuba, Cuba, Cuba. What is this Cuba that he iterates? What are the modes of his iteration?

Three ways of thinking about Cuba: as país, as pueblo, and as patria. Not living among Cubans ( el pueblo), and not having gone back to Cuba ( el país), the chronic exile thinks of Cuba as his patria, a personal possession, an imaginary homeland, a country he cannot leave or lose. This Cuba goes with him wherever he goes. It dreams with him. It wakes up with him. It gets sick with him. It will die with him.

To the three ways of thinking about Cuba correspond the three faces of Cubanness: cubanidad, cubaneo, and cubanía. Cubanidad, a word that goes back to the first stirrings of a Cuban national consciousness at the beginning of the nineteenth century, designates a civil status embodied in birth certificates, passports, naturalization papers. By contrast, cubaneo isn’t borne out in documents or decrees, but in a loose repertoire of gestures, manners, customs, words. Rather than naming un estado civil, cubaneo names un estado de ánimo – a mood, a temperament, structures of thought and feeling: what used to be called “national character.” Its frame of reference is not un país – a political entity – but un pueblo – a social and cultural entity.

The third face of Cubanness is cubanía, one of those rare words that actually has a birthday, since it was coined by Fernando Ortiz in a lecture at the University of Havana on November 28, 1939. Cubanía is not accident of birth, or a menu of manners and mannerisms. According to Ortiz, cubanía inheres in “la conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser.” Unlike cubanidad, which requires external verification, cubanía demands an act of the will. Unlike cubaneo, which requires the society of like-minded people, cubanía requires only a willingness of the heart. It does not find expression in a nation – un país – or in a people – un pueblo – but in something more abstract and ineffable – in a homeland, una patria.

Cubanía doesn’t depend on place of residence or country of citizenship; it has little to do with language or demeanor; and, perhaps most importantly, it cannot be granted or taken away. It is the expression of Cubanness most available to those of us for whom Cuba itself remains an unachievable blend of ser and querer ser, a redemptive form of wishful thinking. If cubanidad is political and cubaneo is prepolitical, cubanía perhaps should be described as postpolitical, as the nationality of those without a nation.

Touched by cubanía, the chronic exile no longer feels like a stranger in his own skin.

Iteration begins with memory fatigue. Like seeing childhood friends too often, after a while – years, decades – repeating the same stories over and over becomes unpleasurable. Worse: it becomes unpainful. The memories have lost their sting as well as their savor. Like a muse-less museum, or a house with closets but no skeletons.

 

Moriré en París con aguacero

(Un fragmento)

Por Verónica Pérez Konina

Siempre me he preguntado cómo lo nacional influye en la persona y en qué consiste eso que llaman “nacionalidad”. Si no me gusta bailar salsa, ¿se me puede considerar cubana? ¿Puedo ser rusa y detestar el vodka? ¿Y por qué no puedo ser simplemente terrícola, sin pertenecer a ningún país concreto?

Hay dos países y dos culturas que han determinado mi carácter y mi vida y me han marcado profundamente. Estos dos países, además, son completamente diferentes: los dos polos opuestos que he tenido que ensamblar en mi mundo interior. Uno de ellos es frío y muy grande, el más grande del mundo y, para colmo, el más frío. El otro es pequeño, es una isla en el trópico, “el país del eterno verano”. El primero es Rusia, donde nací en 1968, y el otro es Cuba, donde viví más de 20 años y que abandoné en 1989. En cuanto a la forma de ser, no hay personas que se parezcan menos que los habitantes de estos países. Los cubanos son alegres, abiertos, vivos; les gusta divertirse, bailar. Los rusos son muy cerrados, cuando no conocen a una persona son incapaces de hablarle, son poco predecibles en sus acciones, tienen cambios muy repentinos de humor, pueden pasar rápidamente de la tristeza más infinita a la alegría sin aparente causa, y son dados a la depresión. Dicen que el clima determina el carácter de la gente y por eso la del sur es más comunicativa y alegre que la del norte. Para mí, que tengo ambas culturas en la sangre, resulta verdaderamente problemático combinar el carácter cerrado de los rusos con la jovialidad de los cubanos. Por eso soy alegre, pero muy tímida. Cuando vivía en Cuba, me gustaba bailar, pero me daba vergüenza que me miraran. Siento simpatía por la gente que me rodea, pero me resulta difícil hablar con un desconocido y durante muchos años no tuve amigos.

Como viví la primera parte de mi vida en Cuba, hasta los 21 años, prácticamente no conocía la Rusia real, pero me consideraba una rusa (no de físico, pues soy morena, pero sí de carácter). Nada más alejado de la realidad: el carácter de los rusos es como lo describe Dostoyevski, son como Raskolnikov y Sonia Marmeladova a la vez. Venir a Rusia significó para mí descubrir que en realidad era cubana.

En mi infancia, las pocas veces que vine de vacaciones, no me permitieron conocer a la gente ni ver el país; iba por uno o dos meses a casa de mi abuela, veía a mis tíos, a mis primos, visitaba la Plaza Roja, algún teatro y ya. Tenía una imagen de Rusia idealizada y muy literaria, la conocía a través de la literatura del siglo XIX y de inicios del siglo XX. ¡Tanto más grande fue el choque con la vida real de ésta, mi segunda patria!

La primera experiencia desagradable sucedió a los 14 años, cuando decidí quedarme un año para conocer por fin Rusia. No me afectaría en mis estudios, pues en Cuba estaba estudiando en una escuela rusa, y podía vivir con una hermana de mi madre que estaba soltera y con mi abuelo. Mi madre siempre estuvo en contra de ese plan, no sólo porque no quería dejarme sola, sino además porque la adolescencia es de por sí un período difícil, no es el momento más apropiado para vivir sin los padres en un país desconocido, pero mi padre insistió. El pensaba que un año de vida en Rusia me bastaría para no querer nunca vivir en ese país. Mi padre era psicólogo y creo que el hecho de tener un psicólogo en casa complica mucho las cosas, pues dentro de su propia familia nunca se es buen psicólogo. Sin embargo, mi padre casi logró quitarme las ganas de vivir en Rusia, ya que mi vida durante ese año fue muy difícil. Para empezar, mi madre no era de Moscú, era de la periferia, y en la Unión Soviética las ciudades de provincia estaban muy abandonadas (y lo siguen estando hoy en día), el abastecimiento era pésimo, los edificios en malas condiciones. En la escuela donde estudié, en mi grupo había niños que ya eran alcohólicos (¡de 14 años!) y dos niñas eran prostitutas. Cuando me enfermé y me ingresaron en el hospital infantil de esa ciudad, descubrí que aquel lugar era como una filial de la cárcel: los niños estaban ingresados sin los padres, no los dejaban salir a pasear y ¡los obligaban a limpiar el piso! A mí aquello me pareció increíble, que a los pacientes, a los niños, los obligaran a limpiar y me negué. Entonces me prohibieron verme con mi tía (que venía todas las tardes al hospital y me traía de comer) y recibir comida de fuera. Fueron tan ruines que me quitaban lo que ella traía y me llamaban en mi cara “judía” y “armenia” (como soy morena, no les parecía suficientemente rusa y trataban de ofenderme de esa forma). Fue un año muy difícil, el año en que, además, murió Brezhnev, en 1982. Realmente pude ver con mis 14 años qué terrible era aquel sistema, para mí la Unión Soviética se convirtió también en el “imperio del mal”, después de esas experiencias dejé de creer en el socialismo y en todas las ideas que intentaban meternos en la cabeza en la escuela rusa y luego en la Universidad de la Habana. Descubrí que el socialismo era un sistema de cárceles, la escuela era una cárcel, el hospital era otra, el ejército era una cárcel con un régimen a veces peor que en una cárcel real y el grado de libertad dependía del lugar donde te encontraras, pero la única libertad permitida era la libertad interna. (…)

En esa época empezaron las preguntas tontas de las personas mayores. Siempre me resultó muy difícil responder a preguntas tontas. Hay gente que hace preguntas porque no sabe cómo hablar con un niño. La pregunta más tonta era la de mi nacionalidad: ¿Tú eres rusa o cubana? Como si eso dependiera de mí. Como si de eso dependiera algo. Si digo que soy rusa o que soy cubana, eso no cambia nada dentro de mí. Normalmente la gente pregunta estas cosas como si la respuesta fuera evidente. Es como cuando a un niño le preguntan a quién quiere más, a su mamá o a su papá. Es un jueguito de las personas mayores para ver sufrir a los niños, pues si alguien debe decidir entre dos seres tan importantes como lo son los padres, realmente se ve en un apuro. Igualmente a la hora de escoger a qué nación pertenecer si tus padres provienen de países diferentes. No sabría por cuál decidirme, más cuando se trata de dos culturas tan singulares como la rusa y la cubana. ¿Qué prefiero, la literatura rusa del siglo 19 o los carnavales en los pueblos pequeños de Oriente, donde todo el mundo sale a bailar a las calles? Pues me quedo con los dos, porque los dos me gustan. Elegir entre Rusia y Cuba sería como elegir entre mi padre y mi madre, entre mi padre cubano y mi madre rusa. Escoger a uno sería traicionar al otro, por eso prefiero decir que soy las dos cosas a la vez. Soy mitad rusa y mitad cubana, como aquellos animales míticos que eran hombre y animal a la vez, soy “polovina”, como se les llama en Cuba a los descendientes de rusos y cubanos, soy “mitad”, mitad persona y mitad animal. Claro que me gustaría ser la mitad de un animal más o menos simpático, un perro o un caballo, por ejemplo, o de un león o una leona, y no de una serpiente… (…)

Así que siempre he sido una persona venida de fuera, en Rusia porque vine de Cuba, y en Cuba por mi madre rusa y mi padre oriental. He sido una emigrante interna, porque he tenido mi propia visión de las cosas. Puedo decir que siempre me he sentido un poco extranjera, “demasiado rusa para ser cubana y demasiado cubana para ser rusa”, parafraseando a una poeta norteamericana de origen cubano. Pero he tratado también de traspasar esa frontera, de ser como todos. Mi lema ha sido como en la canción de Celia Cruz: “Ay, no hay que llorar, que la vida es un carnaval, y las penas se van cantando…” En cada cultura hay algo importante que aporta ese país a la cultura universal, y en Cuba es precisamente ese júbilo, esa capacidad de alegrarse en cualquier circunstancia. En Rusia la gente no tiene esa capacidad de alegrarse, son personas más amargadas, más amargas. Pero tienen una mentalidad más universal, más filosófica. Puedo decir que viviendo en Cuba siempre añoré Rusia, y en Rusia vivo añorando mi Cuba. Una vez vi en la televisión rusa una entrevista con Andy García, actor norteamericano de origen cubano, que dijo que para él su padre había sido ese pedacito de patria que había sacado de Cuba. No recuerdo exactamente sus palabras, ese era el sentido general, pero para mí aquello sonó como si lo hubiera dicho yo misma. Yo también tuve la suerte de poder sacar de Cuba a mi padre, que vivió en Moscú casi 10 años, y cuando murió, en el año 2004, sentí como si hubiera perdido ese pedazo de patria que él representaba para mí. Fue algo repentino, nadie se lo esperaba, y en aquel entonces me dolía tanto pensar que se quedaría para siempre en esta tierra tan fría e inhóspita, que hubiera dado mucho por poder trasladar su cuerpo a la tierra donde había nacido. Él siempre quiso volver a Cuba, aunque fuera de visita, y nunca quiso estar enterrado en Rusia, quedar aquí para siempre.

El día que lo enterramos era un día lluvioso de marzo, el cielo estaba gris y caía una nieve dura como de escarcha, la fosa estaba llena de agua helada y sucia. Los enterradores habían disimulado un poco el charco en el fondo de la fosa con ramas de pino, las únicas ramas verdes en esa temporada, pero me resultaba tan doloroso ver ese hueco negro en la tierra que me daban ganas de gritar. Por eso no pude ver el momento en que bajaron el féretro y empezaron a tirarle la tierra encima. Sólo miré cuando estaba ya formada una loma bastante grande de tierra húmeda. Era esa humedad tan típica de Moscú que te cala hasta los huesos, todos estábamos congelados ya, y qué angustioso me resultaba pensar que sus huesos se quedarían para siempre en ese lugar tan frío. ¿O es que después de muerto eso ya no le importaba? “Moriré en París con aguacero, un día del que tengo ya el recuerdo…” Vallejo fue el poeta preferido de mi padre, y ese poema siempre le gustó recitarlo de memoria… Fue en Rusia, con una lluvia helada, con escarcha. En mayo, cuando se secó todo y los árboles se vistieron de verde, fuimos con mi madre y mis hijos a visitar su tumba por primera vez después del entierro. Es que en primavera hay tanto barro que hubiera sido imposible llegar hasta su tumba. En realidad, no sabíamos muy bien qué hacer allí. Limpiar un poco ese montículo de tierra, tirar a la basura los restos de los ramos y coronas, y sentarnos allí en un banco fue lo poco que pudimos hacer en su memoria. No teníamos experiencia de visitar a alguien en el cementerio. Llevábamos unas velas que enterramos en la tierra y encendimos. El viento trataba de apagarlas y nos pareció muy alentador que saliera un lagarto y se quedara largo rato tomando el sol en la tumba, sin notar nuestra presencia. Eso nos pareció una buena señal, como un mensaje del más allá, pero más alentador todavía nos resultó ¡descubrir no muy lejos un monumento con un nombre español! Por supuesto que aquel nombre estaba escrito con caracteres cirílicos, pero no cabía la menor duda, había un tal Antonio Ruiz enterrado muy cerca de mi padre. El hombre había muerto hacía unos 20 años y, según las fechas grabadas en el monumento, podría tratarse de uno de esos “niños de la guerra” españoles que fueron evacuados a Rusia a finales de los años 30 y luego no pudieron volver a su tierra. Y si no era un niño de la guerra, qué más da, era alguien de origen hispano, mi padre ya no estaría tan solo, había alguien más de su misma lengua y de su misma cultura que estaba allí enterrado. Fue una gran alegría para mi madre y para mí hacer ese descubrimiento.

 

UPDATE:

De todo el enojoso asunto con la censura a la exposición en Espacio Aglutinador, no tengo duda de que lo mejor son las dos últimas líneas del mensaje de un artista al censor.

Con Gorki, la sublime claridad del "vamo' a despingar al Delegado":

From:Vincench

To:Rafael de la Osa Diaz

Cc:sanperro@cubarte.cult.cu

Sent: Thursday, October 16, 2008 8:39 PM

Subject: Re: Nota del Consejo Nacional de las Artes Plásticas

Hola Rafael de la Osa,

Le escribe Jose Angel Vincench, acabo de leer su alarmante correo y al mismo tiempo le reenvie a Sandra Ceballos su nota de preocupacion y para usted le adjunto la invitacion.

Me decido a escribirle inmediatamente, sin pensarlo mucho, su conducta puede privar de libertad a muchos porque distorsiona y crea miedo para la asistencia de los artistas y otros interesados, ud no tiene toda la informacion y es evidente no esta pensando en cultura, ARTE, esta distorcionando peligrosamente todo politicamente, como acto de contrarrevolucion, le pregunto, no puede ver las cosas con otra perspectiva.

Para la muestra segun me ha comunicado Sandra Ceballos por telefono no esta invitada ninguna de esas personas que usted menciona, porque yo no participaria y muchos otros artistas que pensamos en arte con mayusculas, deje de correr esa bola, actos como el suyo hoy no se permiten ni se soportan en silencio, primero como hombre y funcionario debio llamar a Sandra, visitarla, escucharla, informarse de que trata la muestra, su concepto curatorial, el directorio de correo de Sandra es artistico y Aglutinador tiene un catalogo que lo respalda historicamente como uno de los espacios alternativos del arte cubano, el unico, se que por eso muchos no la soportan, sabia eso, es un espacio de laboratorio para artistas y curadores, donde se aceptan y presentan ideas que evidentemente las instituciones no tienen autonomia para asumir porque muchas veces no es el momento de hablar de eso.

Usted le debe una disculpa a Sandra ante esas acusaciones, se la debe a la historia, me la debe a mi y a los artistas que participamos en la muestra, su señalamiento es una verguenza, acusacion descontrolada, precipitada, disculpe sea su caso pero es muy posible no estes capacitado para tratar con artistas y el arte cubano de este tiempo, como lo estuvieron y lo estan muchos otros.

Ahora sabemos como piensas Rafael de la Osa Diaz , lo he tratado con respeto, responda con respecto porque igual te lo puedo decir de otra forma.

Esperamos su disculpa,

Atentamente,

Jose Angel Vincench



Raúl Castro está dispuesto a sentarse...

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Raúl Castro está dispuesto a sentarse, sólo pide que respeten nuestra soberanía.How many parents of autistic kids could there be?«Tuvieron sexo ilícito e infringieron la decencia pública bajo la influencia del licor».Durante su breve estancia en la Ciudad Luz, el jefe de la diplomacia cubana tiene previsto encontrarse también con Danielle Mitterrand.¡Realmente se pasó de rosca!«It's pretty surreal, man, my name being mentioned in a presidential campaign»

Why have estate agents stopped looking out of the window in the morning?«These days Marx is on a winning streak in the charm stakes».«Rusia se comporta como una gran potencia al no aferrarse a las deudas que jamás podría cobrar».Siffler l'hymne français, «c'est obligatoire», expliquent Tarik et Aziz.And the facts are facts and records are records.

Una hoja de ruta con compromisos e incentivos que actúen como presiones positivas a favor de obtener cambios significativos e irreversibles en Cuba:«¿Qué viene a ver (Zapatero)? ¿Que aquí continúa la misma dictadura de hace cincuenta años?»La más grave violación de los derechos humanos de los cubanos.«Rosa es una amiga de muchos años de nuestro país, ha visitado Cuba varias veces y conoce muy bien nuestros esfuerzos para lidiar con las dificultades».Si en algún momento Cuba decide dejar de tener a Estados Unidos como el coco que va a venir a invadirnos, quizás las relaciones entre ambos países cambien.

 

De contra:

«Un saludo comunista», titulan en la versión rusa de Esquire la reproducción de las fotos que hicieron Adam Broomberg y Oliver Chanarin en el Hospital Psiquiátrico de Camagüey «Comandante René Vallejo».

Son viejas fotos, ya incluidas en el libro Ghetto, y vaya usted a saber qué cable se le cruzó a quién para reproducirlas bajo el dudoso amparo de título tan desafortunado.



España y Cuba: un diálogo

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(La Habana. Otoño de 2009. Recepción al presidente el Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, de visita oficial en Cuba. Ligeramente alejados de los corros que se han ido formando en el patio de la casona, Raúl Castro y su invitado español conversan bajo un frondoso helecho.)

Z. –…Me dolió mucho su muerte, y sé lo que ha significado para ustedes… Una de mis ilusiones era conocerlo… Usted sabe lo que ha significado Fidel para todos nosotros…

R. –Tutéame, José Luis, tutéame.

Z. –Gracias, Raúl. Para los que entramos al partido socialista en mi época los referentes eran Felipe y Fidel…

R. –¡Felipe González, carajo! Con ese cabrón no nos equivocamos nosotros, ¿tú ves? Ahora creo que es millonario, ¿no?

Z. –Bueno, Felipe ha cambiado mucho, es verdad…

R. –Mira, José Luis, te voy a decir una cosa. A nosotros no nos gusta que nadie nos mangonée y ustedes los españoles se han equivocado mucho con esta revolución…

Z. –Pero yo…

R. –No, tú eres distinto, tú eres distinto. Tú has hecho más por los cubanos que todos los españoles juntos… Bueno, menos el Gallego Fernández y mi padre…

(R. pega una risotada. Las comisuras de los labios de Z. suben a acariciarle las orejas, pero no emite sonido alguno.)

R. –Fidel me dijo una vez que tú eras el único revolucionario que había dado España desde el Quijote…

Z. –¡Qué emoción me produce eso, Raúl! Esta mañana en el Mausoleo me sentí tan triste por los cubanos, por tanta gente de izquierda… ¡Y estaba tan lleno de gente aquello!

R. –Y Fidel calaba muy bien a los hombres. Por eso yo no entiendo lo que me dijeron de que en la reunión de hoy por la mañana ustedes volvieran con la bobería esa de los derechos humanos y los presos… ¡Aquí no hay derechos humanos ni hay presos ni la cabeza de un guanajo, compadre!

Z. –Usted sabe…

R. –¡Tutéame, chico!

Z. –Tú sabes que yo no voy a traicionar la confianza que ustedes nos tienen, pero lo que pasa es que el tema de los derechos humanos es importante para nosotros… Porque nosotros tenemos una concepción de la sociedad que se basa…

R. –Bueno, tú allá habla lo que tengas que hablar y maneja la concepción que tú quieras, pero entre nosotros nos dejamos de esas boberías…

Z. –Pero a nosotros nos convendría que ustedes rebajaran un poco la presión contra los opositores…

R. –Los mercenarios.

Z. –Sí, los mercenarios… porque eso nos facilita mucho las cosas para poder ayudarlos más…

R. –José Luis, nosotros tenemos a los americanos ahí al lado y a la mafia de Miami lista para venir a destruir lo que Fidel construyó. ¿Tú crees que los cubanos vamos a permitir eso?

Z. –No, no, yo tengo claro que el ejemplo de Cuba no se puede perder y menos ahora con esa fundamentalista de presidenta en Washington…

R. –Tú te puedes creer que cuando Fidel ya estaba en las últimas me dijo: «Yo me voy a llevar conmigo al viejo hijoeputa ese». Y McCain se murió en dos semanas… Ese Fidel era la candela…

Z. –«La candela»… Nosotros diríamos la luz… O el faro…

R. –El otro día me reí como un condenado porque me dice un ayudante que Palin venía a una reunión aquí conmigo… Y ¿sabes quién era? La muchachita esa que trabaja contigo, la gordita… (Pajín, susurró el helecho.) Pajín…

(Ríen ambos. Se acercan Trinidad Jiménez, Moratinos, Felipe Pérez Roque y Ramírez de Estenoz. Raúl señala a Trini y se dirige a Zapatero.)

R. –¿Tú ves? Con esta moza (estira la zeta, que pronuncia a la manera peninsular) es imposible que yo me lleve mal. Ojalá yo tuviera un equipo con mujeronas como esta…

Z. –Como a mí se me ocurra decirle eso a Trinidad, la ministra de igualdad que tengo allá me mete preso…

R. –Pero ¿no quedamos en que nosotros no hablamos de presos, coño?

(Ríen.)

Z. –Toma nota de eso, Curro.

(Moratinos asiente.)

R. –Bueno, yo creo que es hora de levantar el campamento. Mañana tienes un día duro con lo de la UCI y la Escuela de Medicina. Y yo tengo que seguir la reunión de Cabrisas con los empresarios. (Le hace un guiño.) Ya Ramirito instaló los micrófonos.

(Más risas. R. se despide y se aleja tambaleándose ligeramente.)

M. –Me voy a revisar el programa de mañana. ¿Te vienes conmigo, Trinidad, a la calle Cárcel?

Z. –¡Joder, Curro! ¡No menciones más las cárceles, coño!

(Se alejan. La brisa hace estremecer las hojas del helecho. Unas semanas después, ya marchito, será retirado.)

 

De contra:

Mientras subo este post, aparece en la pantalla del televisor Felipe Pérez Roque reunido con María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del gobierno español.

En el diálogo, flores y guanikiki, guanikiki y flores. Pero la postura de la vicepresidenta española en ese sofá deja claro que sabe está reunida con un violador. Seguramente alguien subirá esas imágenes al tubo. Avísenos quien las vea.

 

UPDATE:

Así amaneció esta mañana el Consulado de Cuba en Barcelona. Por lo visto, los cubanos residentes en esta no han querido dejar pasar por alto la visita de Felipe Pérez Roque a España.



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Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

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