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No será por falta de guiños

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En la inauguración de la última Feria del Libro, en febrero pasado, César López leyó unas cuartillas ante Raúl Castro en las que, tras recordar que se hallaban en La Cabaña, “lugar bélico y oprobioso, donde el poeta, la poesía, fueran humillados”, se refirió a una necesaria “ampliación” del panteón literario cubano. Más que a cuestión de canon literario, López aludía a reunión sin distingos basados en lo que cada cual pensara de la dictadura, palabra que no dijo.

Pero sí dijo esto:

''Por eso la ampliación, que más que generosa ha de resultar histórica, quiere abarcar a todos los cubanos, para que esta décimo sexta feria del libro sea total y así supere cualquier limitación que en el transcurso de los años pueda haber mostrado, soportado y sufrido nuestra cultura.''

Seguidamente, avanzó nómina: Heredia, Martí, Carpentier, Villaverde, Julián del Casal, Guillén, Dulce María Loynaz. También ''José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Gastón Baquero, Rolando Escardó, Samuel Feijoó, Dora Alonso, Roberto Branly, Fayad Jamís, Heberto Padilla, Luis Suardíaz".

Y, por fin, hizo desfilar por La Cabaña, ante el Interino, nombres de hasta entonces innombrables -más allá de las páginas de las revistas literarias, y allí para el escarnio: ''Andan entre nosotros las letras de Benítez Rojo, Cabrera Infante, Reynaldo Arenas, Severo Sarduy, Miguel Collazo, Jorge Luis Hernández, Jesús Díaz".

Nada supimos de lo que a Castro II le pareció que Sarduy y Arenas se pasearan por allí -sobre todo Arenas, que conoció bien La Cabaña y podría haber ejercido de cicerone-, o de que se asomaran Caín y Jesús Díaz.

Hasta ayer, cuando en Santiago de Cuba, el Interino deslizó versito de César López en su discurso:

“Como dijo el poeta santiaguero César López, en diálogo póstumo con Frank: "Todo un pueblo lloró tu valentía".”

Cualquiera sabe que César López no se hubiera aparecido en esas cuartillas, si no se quisiera enviar mensaje citándolo. Porque si muy regular poeta es el primero, peor lector de poesía es el orador.

Este Castro II, que ya se entretuvo en despertar la esperanza de que con él se desayunará leche y se arrancará el omnipresente marabú –afirmaciones que deslizaban un claro “no sé cómo coño nadie se había dado cuenta antes de lo que hay que hacer para conseguirlo”-, acaba de decirles a los intelectuales del patio que pueden hablar, al menos de algunas cosas, sin temer al ostracismo de antaño.

¡Qué les aproveche! ¡Y qué lo aprovechen!

 

UPDATE:

Desde Shams Lounge, en Gràcia:

Este magnífico artículo de Goytisolo que me encuentro en el diario El País al bajar a tomar un respiro, y un Agua de Vichy.

La década ominosa: Martha y su doble

JUAN GOYTISOLO 31/07/2007

Una reciente conversación con la exiliada cubana Martha Frayde retrocedió las agujas del reloj a un episodio acaecido casi treinta años antes. En EL PAÍS del 8-12-1978 publiqué un artículo de opinión en el que, a raíz de la detención y condena de mi amiga por las autoridades de la isla, evocaba su carrera médica y luchas políticas contra la dictadura de Batista y a favor del Movimiento del 26 de Julio encabezado por Fidel Castro. Delegada de su país en la Unesco con rango de ministra consejera, realizó una magnífica labor de acercamiento entre los escritores, artistas e intelectuales franceses y la Revolución. Me reuní con ella a menudo a lo largo de 1962 y 1963, y su franqueza y libertad de expresión me sorprendieron gratamente: no ocultaba sus inquietudes acerca de la paulatina sovietización de un programa político que en sus orígenes apostaba por las libertades cívicas y vías democráticas. En razón de ello fue cesada abruptamente de todos los cargos oficiales y, de vuelta a Cuba, reanudó el ejercicio privado de su profesión: sus demandas posteriores de un permiso de salida, primero temporal y luego definitivo, toparon con una tajante negativa por motivos "de seguridad". En 1976 fue detenida y condenada a 29 años de cárcel como supuesta agente de la CIA. Conforme sostenía en mi tribuna de EL PAÍS, la acusación era absurda: ¿cómo podía ser espía del enemigo alguien que, como ella, exponía abiertamente su disidencia respecto a la línea oficial?

Mi artículo no mereció réplica alguna de parte del régimen cubano, pero fue la semilla de un relato de suspense y aventuras propios del género policíaco protagonizado por un puñado de amigos y conocidos. Una delegación de la Asociación de Amistad Hispano Cubana, con José María Mohedano y Jaime Sartorius, viajó a la isla unos días después de su publicación. En su primer encuentro con dirigentes y funcionarios del partido, uno de los delegados sacó a relucir mi artículo y preguntó por Martha Frayde. Los anfitriones manifestaron su asombro con perfecta naturalidad. No sabían quién era ni oído hablar del asunto, pero se comprometieron a averiguarlo y a responderles en cuanto obtuvieran datos fidedignos. Las pesquisas no duraron mucho: el día siguiente comunicaron a sus colegas españoles que Martha Frayde no estaba presa, sino que vivía confortablemente en una villa de las afueras de La Habana, en un amable retiro por cuenta del Estado. Sartorius les agradeció la información y prometió que, de vuelta a España, rectificaría el contenido de mi artículo y pondría las cosas en su lugar.

Sin darse por satisfechos de la aclaración, dos miembros de la delegación, la escritora Fanny Rubio y el periodista Fernando Serra, repitieron la pregunta a Roberto Fernández Retamar en su despacho de Casa de las Américas. La sorpresa del poeta fue idéntica: no entendía cómo yo había podido escribir aquello... Martha Frayde vivía algo apartada, pero en entera libertad... Si querían verificarlo, podían llamarla por teléfono... Su número debía figurar en el listín...

Figuraba, en efecto, y cuando lo marcaron desde el hotel se puso inmediatamente al habla. Eran amigos míos, le dijeron y deseaban una entrevista. Pese a que andaba muy atareada para recibir visitas, se avino a responder a sus preguntas: Juan, claro que sí, qué tal me iba, aunque me había vuelto un poco "gusano", me quería mucho, no sabía quién le había ido con el cuento de que la tenían presa, etcétera. La presunta doctoraparecía recitar una lección, y ni la fonética popular habanera ni ciertas incoherencias expresivas respondían al perfil que había trazado de ella en mi artículo: delegada en la Unesco, amiga de Sartre, Simone de Beauvoir, Nathalie Sarraute... Serra le preguntó dónde nos habíamos conocido, y vaciló: "En La Habana". "¿No fue en París?". "Bueno, quizá sí". "Pero ¿no era usted diplomática allí?". Le habló entonces en francés y no supo responder. Manifiestamente, ignoraba la lengua. Al colgar el auricular, mis amigos permanecieron en un estado de incredulidad rayano en el sonambulismo. ¿Quién era la doble con la que habían hablado? ¿Cómo podía estar al corriente de mi existencia si articulaba mal mi apellido y no tenía la menor idea de la Unesco ni del mundo intelectual parisiense?

Mientras barajaban hipótesis sobre aquel montaje y el probable escenógrafo del mismo, Fernando Serra tuvo la feliz idea de consultar una guía telefónica antigua y dieron con otras señas: Martha Frayde, Calle 19, 255 bajos, Vedado. El número que marcaron no funcionaba. Sólo entonces, al cotejar un listín con otro, advirtieron que el nombre de quien desempeñó el papel de mi amiga no era Frayde, sino Fraide. Excitados por el enigma y la sucesión de ardides tan cuidadosamente hilvanado, se trasladaron a Vedado, y se detuvieron en el 255 de la Calle 19, entre I y J. El piso bajo parecía deshabitado. Como recuerda Fanny Rubio al cabo de los años, los cristales de las ventanas estaban rotos; las plantas de las macetas, secas y acartonadas. Un sello en la puerta aclaraba la razón de tal abandono: la casa había sido precintada por los Comités de Defensa de la Revolución, encargados de la seguridad y vigilancia del barrio. Mientras escudriñaban el lugar en busca de un lábil signo de vida, unas vecinas se asomaron a preguntarles: "¿Buscan a alguien?". "A la doctora Martha Frayde". "Está presa", dijo una de ellas, y para romper el silencio que siguió a sus palabras añadió: "Era una 'gusana' tremenda. Se pasaba el día criticando a la Revolución e iba a rezar a la iglesia. Nosotros la teníamos bien chequeada. Por fin la agarraron y está en la cárcel Benéfica".

Decididos a aclarar la verdad, mis amigos fueron a la iglesia del barrio y se entrevistaron con el párroco. Éste les confirmó que conocía a la doctora Frayde y que estaba entre rejas. Dado lo comprometido del asunto, se excusó por no poder procurarles mayor información.

Sin salir de su estado de perplejidad, Fanny Rubio y Fernando Serra contaron lo sucedido a los restantes miembros de la delegación. De vuelta a Madrid, Sartorius no escribió la anunciada réplica a mi artículo, y Fanny y Fernando Serra, después de exponerme la trama de aquella aleccionadora novela de intriga, se dieron de baja de la asociación en la que con tanta ilusión juvenil se habían inscrito.

No referí entonces las vicisitudes de mis amigos para no perjudicar a Martha Frayde y sus próximos, y lo hago hoy con imperdonable retraso. El titiritero que movió los hilos de la farsa goza al parecer de buena salud y ha ascendido por sus grandes méritos a la cúpula del Comité Central del Partido. En cuanto a la escamoteada por sus artes, purgó aún un año de su pena y, poco después de ser liberada, obtuvo su visado para España en diciembre de 1979. En nuestro reencuentro en Madrid le conté por lo menudo los lances de este Retablo de las maravillas, en su nueva y edificante escenografía al servicio de la Verdad Oficial.

Juan Goytisolo es escritor.



Adiós, y el "Invitado de Honor" de Glexis Novoa

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(1918-2007)

En paz descanse, maestro.

 

Cerró este sábado Killing Time, la exposición de arte cubano en la galería Exit Art de Nueva York.

Inaugurada, pedí a Glexis Novoa, con quien he compartido poco y, según hemos constatado, casi siempre materia comestible –hitos: una comida en un paquistaní (que ahora es restaurante italiano) de Barcelona; otra, en el Ayestarán de Miami-, el vídeo de su “Invitado de honor”, performático paseo de comisario y represor. Prefirió entonces que Youtube fuera su asiento único, y así me lo hizo saber.

Ahora, Glexis envía al Tono de la Voz la transcripción del diálogo entre Comisario y Dictador.

Lo acojo sin reparos. Y es cortesía que le agradezco. No sustituye al vídeo, pero sirve para inscribir ese diálogo -negro sobre blanco-, en la larga Crónica de la sumisión, y evidencia la posibilidad de parodiarla en un mañana que ya fue ayer en Nueva York.

Invitado de Honor

Encuentro entre Fidel Castro Ruz y Glexis Novoa, durante la visita a la exhibición Killing Time en Exit Art , New York, 11 de Junio del 2007.

Parte I

G: La verdad es que le agradezco muchísimo que esté por acá, que haya dedicado su tiempo para pasar por aquí.

F: Realmente es un honor para mí estar en esta ciudad, con tantas amistades y tantas personas, que estoy convencido me quieren aun.

G: Seguro que sí, comandante, claro. Yo quería enseñarle lo que es la parte de los 80s, de los performances en Cuba. Y aquí tenemos… este es el trabajo de Leandro Soto, que él trabajaba en la ciudad de Cienfuegos, donde él empezó a hacer estas cosas en la calle y a jugar con los objetos que salían del mar, del puerto…

F: Me acuerdo perfectamente del trabajo de este muchacho, impecable, y creo que fue el que empezó el movimiento…

G: Sí, sí, comandante.

F: Para que tú veas que tengo memoria todavía.

G: Sí, comandante, sí, es cierto, comandante, totalmente, y él hizo estos trabajos en la Ceiba…

F: No se me olvida, perdona que te interrumpa…

G: No se preocupe, estamos bien, estamos bien…

F: ¿Decías que tienes dudas?

G: No, no, perdón, que "yo tenía mis notas", porque yo quería explicarle exactamente… aquí, esta es la época en que unos artistas hicieron una acción plástica apoyando las palabras de usted en uno de los congresos de los CDR, los compañeros de la UNEAC, del grupo de Volumen Uno…

F: Totalmente vinculados al camino correcto de la Revolución…

G: Sí, sí…

F: Una actividad correcta, muy apropiada.

G: Sí, es cierto, eso lo hicieron en un parque en el Vedado…

F: Déjame notar algunas cosas, esto es un campo de caña, ¿O qué es?

G: No, no, esto es el parque Lenin, comandante. Esto es del grupo Hexágono. Ellos creaban estos trabajos, modificaban la perspectiva en el paisaje… yo no sé si usted había visto estos trabajos primero…

F: Noté que hay allí… Eso no son hexágonos, esas son pirámides!

G: Sí, totalmente, porque ellos hacían estas instalaciones también en la playa…

F: Un trabajo interesante, creo que eso me recuerda a aquella figura de Jan Dibbets, o una cosa así…

G: Sí, es cierto. Sí, comandante, un artista holandés.

F: Estaba informado, antes de salir para acá, habían, yo creo que unas enfermeras, que me dieron los papeles esos… para comunicarme contigo…

G: Este también es Leandro, que hacía estos trabajos con los guerrilleros. ¿Se acuerda?

F: ¡Palabra sagrada! Memorias extraordinarias me trae esa palabra… ¡Y tú lo sabes!

G: Sí, sí, comandante, yo sabía que usted… Hay una cosa… Perdón, perdón…

F: Muy interesante ese tipo de trabajo, muchas memorias me trae esa obra… ¡A lo mejor la compro y me la llevo!

G: Sí, comandante, usted tiene una buena colección de arte, yo lo sé… En esta exhibición Consuelo Castañeda y Humberto Castro entraron a la UNEAC vestidos de pene y de vagina…

El comandante se dirige a unos de sus acompañantes y les hace una breve pregunta.

G: Y, y… no… Es solamente el recorte de periódico… y entonces aquí, esto es aquello que organizaban en el Fondo de Bienes Culturales, con estos muchachos que estaban bailando afuera de la Galería Habana… esta fue una acción plástica que hice yo en la…

F: Me acuerdo también de estas actividades, de una importancia extraordinaria, porque siempre vincularon a las masas y al pueblo, integrándolo a la manera de las actividades aquellas que hacíamos en los CDR.

G: Sí, los estudiantes participaban.

F: Muy importante actividad y estoy muy orgulloso de que estas fotos puedan estar en este momento aquí…

G: Aquí en NY, en la ventana del mundo.

F: No, estas cosas ya no se ven…

G: Este es el grupo ARDE, que ellos estuvieron vinculados con esta cuestión de los derechos humanos y aquí fue donde ellos…

El comandante se dirige a uno de sus acompañantes y le hace un gesto, al que éste responde entregándole un teléfono celular.

F: Con este teléfono… me comunico, y puedo hablar con numerosos compañeros, para saber de la situación del mundo, incluso… Y, aquí puedo comunicarme, bueno ya voy a colgar. ¡No quiero hablar más!

G: Comandante, yo le decía…

F: No puedo distinguir desde aquí atrás, pero, continúa, disculpa que te interrumpa.

G: …que esto era del grupo ARDE. Estos fueron unos artículos que les hicieron en la prensa sobre las actividades en la calle…

F: Claro que recuerdo eso; Soledad Cruz! Creo que lo describió con propiedad, todo ese asunto ¡y no queda nada por decir!

G: Sí, es cierto, comandante, es verdad.

F: Fíjate si me acuerdo de aquella época, me acuerdo extraordinariamente de aquellas…

G: Esta fue Marta Limia, que tuvo ciertos problemas, cuando hicieron lo del Che… que algunos caminaron por arriba del Che…

F: El mundo enfrenta problemas muy graves, muy serios, y tenemos que tomar una actitud revolucionaria para evitar una catástrofe fatal.

G: Sí, es cierto.

F: ¡No hay marcha atrás!

G: Esta es la obra de Carlos Cárdenas…

F: Hombres trabajando… Aquí se construyen originales fáciles de adquirir. ¿Esto tiene algo que ver con las microbrigadas?

G: Sí, sí… Él se vestía de constructor.

F: Muy importante trabajo, ese muchacho se nos escapó, no sé por dónde anda… No sé quién le hubiera podido autorizar esa salida? Ese muchacho que le interesaban todas esas cosas… en la necesidad imperiosa de construir en nuestro país, eso es muy importante.

G: Él fue el que dijo: Yo no existo…

F: … ¡Yo no existo, sólo mi intención!… Todavía me acuerdo.

G: Sí, ése es el autor: Carlos Cárdenas.

F: No tengo idea de cómo dejaron salir a ese muchacho…?

Parte II

G: Comandante, esta es la obra de José Luis Alonso, que es un libro… Usted lo puede mirar, pero es un libro…

F: ¡Es un libro en blanco! ¡Perdóname que te diga, que me gustan las ideas muy claras!

G: Sí, yo sé, pero…

F: No puedo compartir… ése es un arte un poco ambiguo.

G: Es cierto, disculpe, disculpe, comandante, quería de todas maneras mostrarle…

F: Podemos continuar con la visita…

G: Yo no sé si usted se acuerda de esta actividad en la Plaza de la Revolución...

F: Ahí puedo ver a Pablo, ése que está allí… la foto aquella… creo que es Pablo…?

G: Sí, ese es Pablito, comandante.

F: Y este, si mal no recuerdo, es Vicente Feliú…

G: Sí, Vicente Feliú, comandante… y estos son aquí…

F: Qué fotos, qué revistas aquellas…

G: Y los artistas haciendo el mural, la pintura, la acción plástica…

F: Momento de gran… ¡imagínate tu! ¡La Plaza! El podio ahí…

G: Y este es el artista Robert Rauschenberg…

F: Bastante emocionante, te advierto… Incluso para ti, yo sé que estás seguro de lo que estoy hablando…

G: Sí, un lugar importante para toda la Revolución. Este es el artista americano Robert Rauschenberg…

F: También lo conozco a él, par de veces… hasta las tres de la mañana creo que hablamos…

G: Sí, y esta es una obra de José Luis Alonso…

F: Qué manera de representar a los presos, eso es una burla al presidio, una falta de respeto…

G: Si, bueno ésta fue una obra…

F: Pasemos a los trabajos siguientes…

G: Esto fue el grupo de Las Tunas, que ellos tuvieron ciertos inconvenientes cuando sacaron su obra a la calle y casi… como que el pueblo también… ¿usted sabe?... Hubo algún tipo de situación aquí con ellos…

F: Me parece demasiado incómodo el trabajo éste. Vamos a pasar adelante, vamos… No puedo estar, tenemos el tiempo…

G: …Y este es de Arturo Cuenca, que él hizo un performance… Este es el juego de pelota que yo estoy seguro que usted estuvo al tanto…

F: Nuestros deportistas han traído y llevado el nombre de Cuba muy alto, ¡pero la idea ésta de los artistas teniendo que ver con esa pelota! Está un poco confusa, me parece…? Ése es un mensaje un poco confuso.

G: Aquí tenemos a Angelito Delgado, que él defecó sobre un periódico Granma en una exposición plástica…

F: El mundo… se enfrenta en este momento histórico a problemas muy complicados… y faltan aquellos principios que estarán allí para defendernos y evitar así una catástrofe… ¡Global!… Ya no tenemos mucho tiempo…

G: Es cierto, usted tiene la razón, comandante. Pues aquí…

F: Ya tú sabes que eso se… el titulo de ésta exposición aquí… Killing Time: parece que no tenemos mucho tiempo…

G: Sí, es verdad…

F: Se me olvida, déjame decirte algo muy importante, un artista te falta ahí… ¡Y tú lo sabes!…

G: Pero, ¿usted vio la lista, comandante?

F: Yo sé que tú…, ¿eeeh?

G: ¿Usted leyó la lista, comandante?

F: ¿Eeeeh? Tiene que ser… yo chequée minuciosamente… se chequeó esa lista, y a ti se te ha olvidado un artista importantísimo.

G: ¿Seriamente?

F: ¡Yo he hecho muchos performances en mi vida!

Sonríen y ambos caminan dirigiéndose a la salida.

G: Es cierto, comandante, es verdad… Yo le agradezco muchísimo que usted haya venido acá, la verdad es que…

F: El gusto… Ha sido un placer… Te agradezco realmente la invitación, nosotros ya… lo que el tiempo apremia… ¡No quiero hablar más! No quiero hablar más… Ya podemos… Quedas invitado allá cuando quieras…

G: Gracias, comandante.

Glexis Novoa y Asahel Rosales como Fidel Castro Ruz.



Mauricio Vicent y mi Chupa Chups de fresa

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Hace unos días logré convencer al dueño del quiosco donde compro la prensa para que tuviera una atención conmigo cada vez que el diario El País traiga artículo del inefable Mauricio Vicent.

"Nada de descuentos", me dijo. Pero sí un Chupa Chups a modo de desagravio. (Qué nadie se asombre: lo del "catalán tacaño" es tan falso como lo del "Raúl pragmático".)

Y aquí me tienen con la boca llena de un asqueroso olor a fresa, leído ya ese Mauricio que mima a cada oficialista con ganas de intoxicar como Norberto Fuentes a su (auto)biografiado.

La abismal disparidad entre los certeros editoriales sobre Cuba que publica ese diario y los artículos que envía Maurivitalicio desde la Siempre Fiel deberían bastar para que se lo despida.

Y, si quieren, que le busquen los de PRISA otra sinecura por allá. ¿Alguien duda de que Vicent sería un magnífico organizador de la cola frente a la Embajada de la calle Cárcel?

Pero no. Él, cobra que te cobra, mientras nosotros, chupa que te chupa.

 

Lectura dominical:

Tlön, Uqbar, Orbis Tertius
Jorge Luis Borges

I

Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar. El espejo inquietaba el fondo de un corredor en una quinta de la calle Gaona, en Ramos Mejía; la enciclopedia falazmente se llama The Anglo-American Cyclopaedía (New York, 1917) y es una reimpresión literal, pero también morosa, de la Encyclopaedia Britannica de 1902. El hecho se produjo hará unos cinco años. Bioy Casares había cenado conmigo esa noche y nos demoró una vasta polémica sobre la ejecución de una novela en primera persona, cuyo narrador omitiera o desfigurara los hechos e incurriera en diversas contradicciones, que permitieran a unos pocos lectores -a muy pocos lectores- la adivinación de una realidad atroz o banal. Desde el fondo remoto del corredor, el espejo nos acechaba. Descubrimos (en la alta noche ese descubrimiento es inevitable) que los espejos tienen algo monstruoso. Entonces Bioy Casares recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres. Le pregunté el origen de esa memorable sentencia y me contestó que The Anglo-American Cyclopaedia la registraba, en su artículo sobre Uqbar. La quinta (que habíamos alquilado amueblada) poseía un ejemplar de esa obra. En las últimas páginas del volumen XLVI dimos con un artículo sobre Upsala; en las primeras del XLVII, con uno sobre Ural-Altaic Languages, pero ni una palabra sobre Uqbar. Bioy, un poco azorado, interrogó los tomos del índice. Agotó en vano todas las lecciones imaginables: Ukbar, Ucbar, Ookbar, Oukbahr... Antes de irse, me dijo que era una región del Irak o del Asia Menor. Confieso que asentí con alguna incomodidad. Conjeturé que ese país indocumentado y ese heresiarca anónimo eran una ficción improvisada por la modestia de Bioy para justificar una frase. El examen estéril de uno de los atlas de Justus Perthes fortaleció mi duda.

Al día siguiente, Bioy me llamó desde Buenos Aires. Me dijo que tenía a la vista el artículo sobre Uqbar, en el volumen XXVI de la Enciclopedia. No constaba el nombre del heresiarca, pero sí la noticia de su doctrina, formulada en palabras casi idénticas a las repetidas por él, aunque -tal vez- literariamente inferiores. Él había recordado: Copulation and mirrors are abominable. El texto de la Enciclopedia decía: Para uno de esos gnósticos, el visible universo era una ilusión o (más precisamente) un sofisma. Los espejos y la paternidad son abominables (mirrors and fatherhood are hateful) porque lo multiplican y lo divulgan. Le dije, sin faltar a la verdad, que me gustaría ver ese artículo. A los pocos días lo trajo. Lo cual me sorprendió, porque los escrupulosas índices cartográficos de la Erdkunde de Ritter ignoraban con plenitud el nombre de Uqbar.

El volumen que trajo Bioy era efectivamente el XXVI de la Anglo-American Cyclopaedia. En la falsa carátula y en el lomo, la indicación alfabética (Tor-Ups) era la de nuestro ejemplar, pero en vez de 917 páginas constaba de 921. Esas cuatro páginas adicionales comprendían al artículo sobre Uqbar; no previsto (como habrá advertido el lector) por la indicación alfabética. Comprobamos después que no hay otra diferencia entre los volúmenes. Los dos (según creo haber indicado) son reimpresiones de la décima Encyclopaedia Britannica. Bioy había adquirido su ejemplar en uno de tantos remates.

Leímos con algún cuidado el artículo. El pasaje recordado por Bioy era tal vez el único sorprendente. El resto parecía muy verosímil, muy ajustado al tono general de la obra y (como es natural) un poco aburrido. Releyéndolo, descubrimos bajo su rigurosa escritura una fundamental vaguedad. De los catorce nombres que figuraban en la parte geográfica, sólo reconocimos tres -Jorasán, Armenia, Erzerum-, interpolados en el texto de un modo ambiguo. De los nombres históricos, uno solo: el impostor Esmerdis el mago, invocado más bien como una metáfora. La nota parecía precisar las fronteras de Uqbar, pero sus nebulosos puntos de referencias eran ríos y cráteres y cadenas de esa misma región. Leímos, verbigracia, que las tierras bajas de Tsai Jaldún y el delta del Axa definen la frontera del sur y que en las islas de ese delta procrean los caballos salvajes. Eso, al principio de la página 918. En la sección histórica (página 920) supimos que a raíz de las persecuciones religiosas del siglo trece, los ortodoxos buscaron amparo en las islas, donde perduran todavía sus obeliscos y donde no es raro exhumar sus espejos de piedra. La sección idioma y literatura era breve. Un solo rasgo memorable: anotaba que la literatura de Uqbar era de carácter fantástico y que sus epopeyas y sus leyendas no se referían jamás a la realidad, sino a las dos regiones imaginarias de Mlejnas y de Tlön... La bibliografía enumeraba cuatro volúmenes que no hemos encontrado hasta ahora, aunque el tercero -Silas Haslam: History of the Land Called Uqbar, 1874-figura en los catálogos de librería de Bernard Quaritch.1 El primero, Lesbare und lesenswerthe Bemerkungen über das Land Ukkbar in Klein-Asien, data de 1641 y es obra de Johannes Valentinus Andreä. El hecho es significativo; un par de años después, di con ese nombre en las inesperadas páginas de De Quincey (Writings, decimotercero volumen) y supe que era el de un teólogo alemán que a principios del siglo XVII describió la imaginaria comunidad de la Rosa-Cruz -que otros luego fundaron, a imitación de lo prefigurado por él.

Esa noche visitamos la Biblioteca Nacional. En vano fatigamos atlas, catálogos, anuarios de sociedades geográficas, memorias de viajeros e historiadores: nadie había estado nunca en Uqbar. El índice general de la enciclopedia de Bioy tampoco registraba ese nombre. Al día siguiente, Carlos Mastronardi (a quien yo había referido el asunto) advirtió en una librería de Corrientes y Talcahuano los negros y dorados lomos de la Anglo-American Cyclopaedía... Entró e interrogó el volumen XXVI. Naturalmente, no dio con el menor indicio de Uqbar.

II

Algún recuerdo limitado y menguante de Herbert Ashe, ingeniero de los ferrocarriles del Sur, persiste en el hotel de Adrogué, entre las efusivas madreselvas y en el fondo ilusorio de los espejos. En vida padeció de irrealidad, como tantos ingleses; muerto, no es siquiera el fantasma que ya era entonces. Era alto y desganado y su cansada barba rectangular había sido roja. Entiendo que era viudo, sin hijos. Cada tantos años iba a Inglaterra: a visitar (juzgo por unas fotografías que nos mostró) un reloj de sol y unos robles. Mi padre había estrechado con él (el verbo es excesivo) una de esas amistades inglesas que empiezan por excluir la confidencia y que muy pronto omiten el diálogo. Solían ejercer un intercambio de libros y de periódicos; solían batirse al ajedrez, taciturnamente... Lo recuerdo en el corredor del hotel, con un libro de matemáticas en la mano, mirando a veces los colores irrecuperables del cielo. Una tarde, hablamos del sistema duodecimal de numeración (en el que doce se escribe 10). Ashe dijo que precisamente estaba trasladando no sé qué tablas duodecimales a sexagesimales (en las que sesenta se escribe 10). Agregó que ese trabajo le había sido encargado por un noruego: en Rio Grande do Sul. Ocho años que lo conocíamos y no había mencionado nunca su estadía en esa región... Hablamos de vida pastoril, de capangas, de la etimología brasilera de la palabra gaucho (que algunos viejos orientales todavía pronuncian gaúcho) y nada más se dijo -Dios me perdone- de funciones duodecimales. En setiembre de 1937 (no estábamos nosotros en el hotel) Herbert Ashe murió de la rotura de un aneurisma. Días antes, había recibido del Brasil un paquete sellado y certificado. Era un libro en octavo mayor. Ashe lo dejó en el bar, donde -meses después- lo encontré. Me puse a hojearlo y sentí un vértigo asombrado y ligero que no describiré, porque ésta no es la historia de mis emociones sino de Uqbar y Tlön y Orbis Tertius. En una noche del Islam que se llama la Noche de las Noches se abren de par en par las secretas puertas del cielo y es más dulce el agua en los cántaros; si esas puertas se abrieran, no sentiría lo que en esa tarde sentí. El libro estaba redactado en inglés y lo integraban 1001 páginas. En el amarillo lomo de cuero leí estas curiosas palabras que la falsa carátula repetía: A First Encyclopaedia of Tlön. vol. XI. Hlaer to Jangr. No había indicación de fecha ni de lugar. En la primera página y en una hoja de papel de seda que cubría una de las láminas en colores había estampado un óvalo azul con esta inscripción: Orbis Tertius. Hacía dos años que yo había descubierto en un tomo de cierta enciclopedia práctica una somera descripción de un falso país; ahora me deparaba el azar algo más precioso y más arduo. Ahora tenía en las manos un vasto fragmento metódico de la historia total de un planeta desconocido, con sus arquitecturas y sus barajas, con el pavor de sus mitologías y el rumor de sus lenguas, con sus emperadores y sus mares, con sus minerales y sus pájaros y sus peces, con su álgebra y su fuego, con su controversia teológica y metafísica. Todo ello articulado, coherente, sin visible propósito doctrinal o tono paródico.

Continúa aquí.

Cortesía de Ciudad Seva.



Foca, hada, y grito de auxilio

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Dicen que se mueve por ahí una legión de nostálgicos. No los nostálgicos de la Tacita de oro, que también hay que tener ganas, sino los nostálgicos de la revolución. A ver si este purgante los redime de patología tan insensata.

Y el debido desagravio. Marisa Monte. Mi querida Idalia Morejón me ha enviado copia de Infinito particular, un disco que colocó definitivamente a Monte en el panteón dominado por Astrud Gilberto. Escúchese repetidamente ese disco y tantos otros del Brasil de los últimos cuarenta años. Seguidamente, cada vez que uno junte las palabras "nueva", "trova" y "cubana" sentirá vergüenza y un apenas reprimible deseo de vomitar.

Aquí, Marisa Monte con Bebo Valdés y Carlinhos Brown, en segmento de El milagro de candeal, de Fernando Trueba.

 

De contra, aunque principalísimo:

Vía Lanzar la flecha bien lejos, el magnífico blog de Rosa Ileana Boudet, un grito de auxilio en busca de Lailí Pérez Negrín, desaparecida -¡Otra más! ¡Cuántos más?- después de embarcarse en travesía que la llevaba al exilio. Más información en Contacto Cuba.



26 de julio con Woody Allen

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Anoche, Woody Allen y la Eddy Davis New Orleans Jazz Band en el Café vienés de la preciosa Casa Fuster.

Eddy Davis y Conal Fowkes están allí desde junio tocando tres veces por semana. Woody Allen se deja caer a veces, en visitas que casi nadie conoce de antemano y que puede incluso suspender después de avisarle a sus músicos. Pero hace unos diez días el encantador y eficaz director de Casa Fuster advirtió a M. de que la noche del 26 de julio podía ser especial. Lo que quería decir que podía aparecerse el de Manhattan.

26 de julio y noche especial, ¿podía resistirme a conjunción tan prometedora?

A las ocho y veinticinco de la noche, unas cien personas bebíamos la primera copa de Moët & Chandon. Unos pocos ya habíamos sido avisados de que Allen estaba en camino. A las ocho y media en punto entró al Café vienés. Se escurrió a toda prisa entre las mesas, tomó asiento junto a Eddy Davis, y cinco minutos más tarde comenzaron a tocar.

Las pausas entre tema y tema no fueron más largas que un suspiro. La gente aullaba y aplaudía, y parecía protestar porque no permitieran aplaudir lo suficiente. Allen no dijo palabra en toda la noche, más allá de indicar a los músicos un par de piezas que decidía intercalar. No miró al público ni una sola vez. Pasadas las diez y media, aprovechó un tema donde la parte del clarinete acababa a media pieza, limpió el instrumento, mientras Davis se afanaba con el banjo, y en cuanto sonó la nota final, se levantó y salió trotando del Café vienés con su sombrerito de pescador aficionado y su fobia a las fotos y autógrafos que algunos amenazaban con pedirle.

Un prodigio del amateurismo ese Allen que, si bien ayudado por el encanto de los músicos que lo acompañan, regaló una noche de exquisito folklore sureño.

Por último, a quien ande por Barcelona le recomiendo se llegue una noche a escuchar a la banda de Eddy Davis en ese salón modernista de la Casa Fuster. De si habrá decidido esa noche Allen viajar a Barcelona desde donde esté, no puedo dar noticia. Pero un camarero me dijo que las noches malas son las de Allen, porque la banda se rinde a él y se rompe la relación con el público. Algo que tuve ocasión de comprobar cuando cerca ya de la medianoche, Davis y Fowkes nos regalaron una guinda exquisita y vivaz, como el champagne que no dejaba de correr.

 

He tenido mañana muy ocupada como para entretenerme en leer el discurso también ayer de otro amateur, Castro II.

Lo que he visto en titulares me confirma lo obvio: una cosa es ser músico o dictador amateur y otra bien distinta que a uno le vaya bien en el empeño. Consejito al hermano del estadígrafo pedante: ¿qué tal si Moët & Chandon le patrocina el interinato? Otro, que hoy me levanté generoso: ¿qué tal si se compra un clarinete?

UPDATE:

Un lector, J. L. Sardiñas, me envía esta foto desde Badajoz, Extremadura. Un rincón empapelado con Korda. Lástima que no con las fotos que le hacía a la bellísima Norka.

Extrema y dura esa ciudad. ¡Ya lo creo! Gracias, Sardiñas.



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Autor: Jorge Ferrer

Jorge Ferrer. Foto © Laura Ceccacci

Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

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