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La democracia: una fiesta privada

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Ya fui a votar. La presidenta de mi mesa en un Colegio electoral de Barcelona ha sido hoy M., con quien comparto la vida desde hace 20 años.

¿Quién nos lo iba a decir, cuando en La Habana queríamos y buscábamos una Cuba democrática, que acabaríamos encontrándonos frente a frente –votante y representante de un régimen de libertades elegida al azar-, separados por una urna en la que se deposita el voto con libertad? Y en país extranjero, que ya nos es propio.

Tendré que corroborarlo con ella cuando vuelva a últimas horas de la noche, finalizado el escrutinio por el que le toca velar, pero creí percibir que intercambiábamos, por encima de la naturalidad del acto, una mirada de complicidad que me atrevo a llamar «democrática». Una mirada fugaz por la que pasaron Cuba y los cubanos. Por la que pasamos nosotros mismos en tantos lances sucesivos.

E., nuestra hija, me acompañó a votar como lo hace desde que voté por primera vez en unas elecciones españolas, creo recordar que en las municipales de 2003.

Apenas unos meses han impedido que pueda ejercer el voto en esta convocatoria. Niña venida al exilio con cinco años de edad y en circunstancias harto dolorosas que tal vez alguna vez cuente ella misma –hay avance, por cierto, en el libro Y Dios entró en La Habana, de Manuel Vázquez Montalbán-, discute mi voto camino al colegio electoral.

El suyo, sostiene, habría sido un voto en blanco, porque no se siente representada por ninguno de los partidos. Pero no se abstendría, dice, porque no le esindiferente la política. Habría depositado en la urna un sobre vacío.

La política de estos muchachos que nos trajimos al exilio pasa por espacios que les son propios y rebasan nuestras obsesiones. Me felicito por ello con alegría que me dan muy pocas cosas.

Hoy la democracia, para la familia Ferrer, una familia cualquiera e indistinta de la diáspora cubana, está siendo también una fiesta privada. Y estoy templando soberbio Ribera del Duero para celebrarlo con M. en cuanto vuelva.

Porque gane quien gane hoy las elecciones en España, nosotros, en lo privado, ganamos hace rato.

 

No sé sobre qué escribiré mañana, cuando este blog se acerca a cumplir un año. Su año. Adelanto –y es respuesta conjunta a muchos mensajes llegados a mi buzón- que si la noche electoral nos deja igualito el cuartico, como casi todo parece indicar, subiré esa pieza de teatro bufo que me reclaman.

 

Lectura dominical:

Cuentos

Por Virgilio Piñera

El infierno

CUANDO SOMOS NIÑOS, el infierno es nada más que el nombre del diablo puesto en la boca de nuestros padres. Después, esa noción se complica, y entonces nos revolcamos en el lecho, en las interminables noches de la adolescencia, tratando de apagar las llamas que nos queman –¡las llamas de la imaginación!–. Más tarde, cuando ya nos miramos en los espejos porque nuestras caras empiezan a parecerse a la del diablo, la noción del infierno se resuelve en un temor intelectual, de manera que para escapar a tanta angustia nos ponemos a describirlo. Ya en la vejez, el infierno se encuentra tan a mano que lo aceptamos como un mal necesario y hasta dejamos ver nuestra ansiedad por sufrirlo. Más tarde aún (y ahora sí estamos en sus llamas), mientras nos quemamos, empezamos a entrever que acaso podríamos aclimatarnos. Pasados mil años, un diablo nos pregunta con cara de circunstancia si sufrimos todavía. Le contestamos que la parte de rutina es mucho mayor que la parte de sufrimiento. Por fin llega el día en que podríamos abandonar el infierno, pero enérgicamente rechazamos tal ofrecimiento, pues, ¿quién renuncia a una querida costumbre?

1956

En el insomnio

EL HOMBRE SE ACUESTA temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarro. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormirse. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que en seguida tome una taza de tilo y que apague la luz. Hace todo esto pero no puede dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al médico. Como siempre, sucede que el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A las seis de la mañana carga un revólver y se levanta la tapa de los sesos. El hombre está muerto pero no ha podido quedarse dormido. El insomnio es una cosa muy persistente.

1956

Grafomanía

TODOS LOS ESCRITORES –los grandes y los chupatintas– han sido citados a juicio en el desierto de Sahara. Por cientos de miles este ejército poderoso pisa las candentes arenas, tiende la oreja –la aguzada oreja– para escuchar la acusación. De pronto sale de una tienda un loro. Bien parado sobre sus patas infla las plumas del cuello y con voz cascada –es un loro bien viejo– dice:

–Estáis acusados del delito de grafomanía.

Y acto seguido vuelve a entrar en la tienda.

Un soplo helado corre entre los escritores. Todas las cabezas se unen; hay una breve deliberación. El más destacado de entre ellos sale de las filas.

–Por favor… –dice junto a la puerta de la tienda.

Al momento aparece el loro.

–Excelencia –dice el delegado–. Excelencia, en nombre de mis compañeros os pregunto: ¿Podremos seguir escribiendo?

–Pues claro –casi grita el loro–. Se entiende que seguirán escribiendo cuanto se les antoje.

Indescriptible júbilo. Labios resecos besan las arenas, abrazos fraternales, algunos hasta sacan lápiz y papel.

–Que esto quede grabado en letras de oro –dicen.

Pero el loro, volviendo a salir de la tienda, pronuncia la sentencia:

–Escribid cuanto queráis –y tose ligeramente–, pero no por ello dejaréis de estar acusados del delito de grafomanía.

1957

Una desnudez salvadora

ESTOY DURMIENDO en una especie de celda. Cuatro paredes bien desnudas. La luna cuela sus rayos por el ventanillo. Como no dispongo de un mísero jergón me veo obligado a acostarme en el suelo. Debo confesar que siento bastante frío. No es invierno todavía, pero yo estoy desnudo y a esta altura del año la temperatura baja mucho por la madrugada.

De pronto alguien me saca de mi sueño. Medio dormido todavía veo parado frente a mí a un hombre que, como yo, también está desnudo. Me mira con ojos feroces. Veo en su mirada que me tiene por enemigo mortal. Pero esto no es lo que me causa mayor sorpresa, sino la búsqueda febril que el hombre acaba de emprender en espacio tan reducido. ¿Es que se dejó algo olvidado?

–¿Ha perdido algo? –le pregunto.

No contesta a mi pregunta, pero me dice:

–Busco un arma con que matarte.

–¿Matarme…? –la voz se me hiela en la garganta.

–Sí, me gustaría matarte. He entrado aquí por casualidad. Pero ya ves, no tengo un arma.

–Con las manos –le digo a pesar de mí, y miro con terror sus manos de hierro.

–No puedo matarte sino con un arma.

–Ya ves que no hay ninguna en esta celda.

–Salvas la vida –me dice con una risita protectora.

–Y también el sueño –le contesto.

Y empiezo a roncar plácidamente.

1957

Natación

HE APRENDIDO A NADAR en seco. Resulta más ventajoso que hacerlo en el agua. No hay el temor a hundirse pues uno ya está en el fondo, y por la misma razón se está ahogado de antemano. También se evita que tengan que pescarnos a la luz de un farol o en la claridad deslumbrante de un hermoso día. Por último, la ausencia de agua evitará que nos hinchemos.

No voy a negar que nadar en seco tiene algo de agónico. A primera vista se pensaría en los estertores de la muerte. Sin embargo, eso tiene de distinto con ella: que al par que se agoniza uno está bien vivo, bien alerta, escuchando la música que entra por la ventana y mirando el gusano que se arrastra por el suelo.

Al principio mis amigos censuraron esta decisión. Se hurtaban a mis miradas y sollozaban en los rincones. Felizmente, ya pasó la crisis. Ahora saben que me siento cómodo nadando en seco. De vez en cuando hundo mis manos en las losas de mármol y les entrego un pececillo que atrapo en las profundidades submarinas.

1957

De Virgilio Piñera, Cuentos completos , Madrid: Alfaguara, 1999.



16 Comentarios



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16 por Angel Duarte (Usuario no autenticado) 07/06/2009 9:45

Ay las dudas de última hora!

Estaba por no ir, pero creo que me lo pensaré mejor. Queda todo el día.

 

Saludos a toda la familia!!!!

15 por Matilde La Mole (Usuario no autenticado) 10/03/2008 16:24

Por cierto, señor Ferrer, hoy lunes, 10 de marzo, en que he visto su hermoso post, me percato de que hace exactamente 56 años de que en Cuba carecemos de democracia. Batista abrió con el golpe de estado la noche interminable, la permanencia del horror.

14 por zoé valdés (Usuario no autenticado) 10/03/2008 14:51

felicidades por ese post de la votación, también nosotros votamos por primera vez en el 2007, en francia, y voté ahora por correo en españa... en mayo del 2007, en la segunda ronda nos pidieron a mí y a ricardo contar votos, y lo hicieron sabiendo votábamos por primera vez, fue una delicadeza que jamás olvidaré, yo también sentí una emoción muy honda y salí del colegio electoral con lágrimas en los ojos... espero ese libro por parte de E, porque los que estuvimos muy cerca de ella y de vuestro sufrimiento sabemos que E algún día lo contará

13 por a Mario Faz (Usuario no autenticado) 10/03/2008 14:49

No lo entiendo senor, de verdad que no. A veces lo he visto adoptar posiciones a favor de la causa cubana, y de repente se convierte en defensor de la UMAP. Porque decir eso senor, no lo hace diferente de quienes inventaron esos campos de concetracion. Da pena ajena. Entiendo que no le gusten los homosexuales (se llaman asi, no cundangos) porque es su derecho escoger con quien se reune, pero expresarlo de esa manera lo convierte en segregacionista, y eso es anticonstitucional en la mayoria de los paises democraticos. no se desprecia a una persona por ser homosexual, no importa que sea uno de los dramaturgos mas importantes de Cuba, o el barbero que lo pela a usted. O me dira que su odio es tanto que nunca ha recibido un servicio de un gay?

12 por Matilde la Mole (Usuario no autenticado) 10/03/2008 9:47

En efecto, señor Faz, ese escritor que ha expuesto Ferrer, era cundango, lo que sí no es cierto que viviera en Matanzas ni junto a ningún ten cent. Hace muy bien, señor Faz, en mantenerse lejos de los cundangos y más aún de un escritor de esta talla. Ni se le acerque. Para un escritor así se requiere inteligencia y sensibilidad, y usted, al parecer, se quedó en el teatro bufo. Aunque no soy el dueño de este blog, le aconsejo que si quiere escenas del negrito, la mulata y el gallego, vállase a otra página. A perro huevero, aunque le quemen el hocico... Un saludo muy afectuoso, machote.


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Jorge Ferrer. Foto © Laura Ceccacci

Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

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