Dice ETA que no sé qué de las acciones armadas…

Jorge Ferrer - 06/09/10
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Me he pasado el día alejado de pantallas y periódicos, aunque me había llegado la noticia de la declaración de ETA.

«Ya la veré cuando vuelva a casa», les dije a las tres personas que me llamaron para darme aviso.

Y, nada, acabo de llegar, abro los diarios digitales y me encuentro con esto:

Y comienzo a leer lo que firman:

Euskadi Ta Askatasuna, organización revolucionaria socialista vasca para la liberación nacional, quiere dar a conocer al Pueblo Vasco su decisión y reflexión a través de la presente declaración…

¡Por tu madre!

¿De verdad que estos imbéciles asesinos con esas capuchas ridículas, los brazos alzados a la manera de los fascistas o los comunistas y logotipo más feo que las madres que tuvieron la mala suerte de parirlos merecen algo más que cuatro patadas en el culo y, si persisten en matar, un certero tiro en la jeta?

¿De verdad que esos hijos de puta merecen figurar en la sección de «Política» de los periódicos y no en la de «Sucesos», cuando baleados como asesinos en serie?

«ETA hace saber que ya hace algunos meses tomó la decisión de no llevar a cabo acciones armadas ofensivas», leo.

Ofensivas, dicen estos pájaros, que hace tanto no matan porque no pueden.

El problema, ay, ya no es la ofensiva, sino la ofensa.

Ofensa es que España continúe alimentando las noticias que generan estos «revolucionarios socialistas» que juegan a la «liberación nacional».

Ofensa, a la vista, es que nos toque amanecer en lunes con primeras planas kukluxklanescas en España.

Doble ofensa: a la libertad y al buen gusto. Que tantas veces vienen a ser lo mismo.

Estos payasos asesinos, oigan, a montar el circo tras los barrotes.

Y que en la cárcel se pongan las capuchas, que así en las duchas y con jabón patinando rendirán enorme servicio a quien le repugne violar a tipos tan feos, que ya se sabe que el rostro es el espejo del alma.

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One, Two, Three…, que vale por tres veces recomendado

Jorge Ferrer - 05/09/10
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De las tan abundantes comedias sobre la Guerra Fría creo preferir One, Two, Three, de ―¿sorprendido alguien?― Billy Wilder.

Estrenada en 1961, curiosa y desgraciadamente se trata de una de sus películas menos vistas medio siglo más tarde. El por qué constituye para mí todo un enigma; yo la disfruto cada vez como la primera.

La recomiendo vivamente a todos los lectores de ETDLV.

Acá les dejo la escena de la negociación del protagonista, representante de la Coca-Cola en Berlín Oeste, con una delegación soviética que busca hacerse con la «fórmula» del refresco. En ella hay por cierto graciosa alusión al entonces incipiente comercio entre la Unión Soviética y Cuba: tabaco por cohetes, según los pintorescos rusos…

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One, Two, Three, de Billy Wilder, en NETFLIX, en Amazon, en FNAC

El Torrent con subtítulos en español, aquí (700,79 MB).

En Youtube, la primera parte aquí. Las que siguen van apareciendo por orden en la columna derecha.

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El regreso de Castro I en clave de literatura fantástica

Jorge Ferrer - 04/09/10
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A mí me cuadra el retorno de Castro I, fíjense. ¿Quién ha visto que país que blasona de excepcional padezca transicioncita de nada? Lo nuestro, cubiches, a lo grande. ¡Qué caray!

La vuelta del infeliz protagonista de nuestro último medio siglo ofrece posibilidades inmensas a los cultores de la literatura fantástica.

Así, por ejemplo, para trilogía ligera con su algo de Tolkien y su buchito de Shakespeare. Cosa que leer en vuelos transoceánicos, digamos. Digo yo que vendería como churros.

Aquí ofrezco rápido esbozo para autores ociosos.

Un longevo hechicero dominó una isla por cincuenta años. Astuto y cruel, se iba deshaciendo de todos sus enemigos sin dificultad. ¡Magia negra de la buena! Y la guerra, fría. Ambicioso, sus apetencias de gloria lo llevaron a asociarse a un imperio, a enfrentarse a otro y a alentar levantamientos en tierras ―altas o bajas― vecinas o distantes. El tiempo o la espada se llevaban a otros emperadores, pero él permanecía a cargo de su aislado feudo, adorado por sus vasallos y odiado por unos pocos que huían despavoridos o marchaban desesperanzados a una lengua de tierra vecina.

Una sola idea animaba a los descontentos: algún día la Parca se llevaría al ya anciano dictador y con ello se abrirían los cielos y se derramarían frutos y mieles en irrefrenable cornucopia. No era idea infusa; era rumor emanado de oráculo del que nadie, sin embargo, tenía plena certeza.

Entretanto, la siniestra sombra de su hermano, un hombre a quien los vasallos tenían por corto de luces y disoluto, planea desde el principio sobre el destino del feudo, porque en él recaerá el gobierno omnímodo cuando la muerte haga su trabajo llevándose al mayor.

Y hete aquí que un venturoso día la profecía parece cumplirse: llega la Parca y aparta al anciano sacerdote. Su hermano, el pobre y afásico gañán, se hace con las riendas del feudo en un movimiento que los vasallos descontentos estiman destinado a pronto fracaso. Avizoran la policromía de la cornucopia. La saliva se derrama abundante por sus belfos.

Pero, ay, Parca y Difunto entablan una encendida lucha. El tenebroso sacerdote se pelea a codazos en el Averno, conjuro va y conjuro viene. No hay quien lo arrastre al inframundo. Por fin, ofrece apuesta a la Parca: que jamás un Nubio se alzará con el título de emperador de los Rubios. Ríe la Parca y apuesta. Pierde. Y al perder, son dos sus opciones: o arrambla con todo y se lleva el mundo entero al Reino de las Tinieblas o devuelve al no menos tenebroso anciano a las palmas y cañas de su feudo.

Ganada la partida, el Difunto resucita y acude ante los delfines de su Acuario, los verdaderos depositarios del enigma de la Eternidad. A los pocos días reaparece por fin ante sus vasallos más jóvenes. Lo hace con las primeras luces del alba para anunciarles el pronto fin del mundo; ellos lo vitorean.

De contra:

Para la segunda entrega de la trilogía se podría contemplar el siguiente arranque:

Años más tarde el Resucitado oficiará el funeral de su disoluto hermano. «No era yo el Elegido», proclamará descubriendo por fin el arcano misterio guardado por los delfines.

«El Elegido era él», revelará señalando al achinado cadáver. Entonces una columna de fuego se alzará sobre el Mausoleo del Ka-ka-Hual. Será el inicio del fin del mundo.

Ya para entonces será un Rubio escapado del feudo del avieso sacerdote quien gobernará el Imperio vecino (apunte: inspirarse en Marco Rubio para este personaje…)

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Noche oscura / Tiomnaya Noch: versión (algo) cubana

Jorge Ferrer - 03/09/10
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Sí, mira que uno ha escuchado adaptaciones raras.

Hacía mucho, sin embargo, que no me tocaba encontrarme con algo como lo que sigue: una versión en «clave cubana» de Noche oscura (Tiómnaya Noch), una de las canciones más arraigadas en la memoria de los rusos que lucharon en la Segunda Guerra Mundial o la padecieron.

Aparecida originalmente en Dos soldados, de Leonid Lukov, película rodada en medio de la guerra, ahora Leonid Agutin, a quien recordarán cantando en La Habana en enero pasado, y el cubano Orlando Valle, «Maraca», le han adosado flauta y modificado la letra, cantan a medias en ruso y español, en busca de movimientos de caderas.

El resultado me parece espeluznante. (Tal vez no se lo parezca a todos ustedes, pero no apostaría por eso.)

Con todo, aquí lo comparto: es música escrita por cubanos y rusos sobre el pentagrama del poscomunismo.

De contra:

La hermosa versión original:

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El PSOE se viste de gala para visitar al Cardenal Ortega

Jorge Ferrer - 02/09/10
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Digo yo que siquiera por pudor, alguien que se apellide Pajín debería abstenerse de acudir a una reunión con un prelado de la Iglesia Católica. Que la masturbación es pecado, ya se sabe.

Y sobre todo ahorrarse irrumpir en casa asociada a la abstinencia y el celibato ostentando esos dos pechos inmensos de koljoziana recién deskulakizada, los hombros desnudos, los modelitos ciñendo con fuerza las carnes que son orgullo del koljóz «El Monclovita». Y cuidarse también de que su compañera, Elena Valenciano, lleve los tirantes del sujetador al aire y ese atuendo propio de desparrames ibicencos o saraos en Marbella. ¡Que van a hablar con un Cardenal, coño!

Jamás se aparecerían así en Roma o la Nunciatura en Madrid. Ténganlo por seguro.

Pero, ah, claro, oiga, espere, no… Es Cardenal de Cuba, esa isla bonita, ese parque temático de la izquierda. ¿A qué respetos del protocolo? ¿A qué andarse con cortesías?

A estas dos embajadoras de una generación de políticos del PSOE que es la peor que ha conocido España desde tiempos de Atapuerca, Cuba, los cubanos, el cardenal y los sacerdotes mortificados a los que Leire habrá rozado con sus pechos antes de presentarse haciéndoles progresista guiño que habrá parecido invitación ―«¡Pajín!»― les parecen figurantes de una película de la España de los sesenta.

Y lo jodido es que, hasta cierto punto, razón no les falta, porque el cardenal no despidió a este par de pécoras turistas que viajaron, ¡ojo!, «a estrechar lazos con el Partido comunista» en cuanto se aparecieron de esa guisa a las puertas del Arzobispado de La Habana.

Cosas de la «siempre fiel», fíjate.

Inclúyase este post en la (imaginaria) carpeta marcada con la leyenda «¡Y todavía queremos que nos respeten!».

UPDATE:

En Guamá una ilustración muy pertinente para esta nota.

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Fidel Castro: «Las efemérides me absolverán»

Jorge Ferrer - 01/09/10
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Dice Fidel Castro que si alguien es responsable de la represión contra los homosexuales en Cuba, ese es él.

¿Que por qué?

Pues, porque mientras esa represión tenía lugar, él estaba ocupado en otras cosas. Con que si le hacían atentados, con la Crisis de Octubre… Con hacer política, vaya, que ya se sabe lo ocupado que está un líder que va haciendo historia.

El argumento es de veras conmovedor y viene con par de trampas armadas con paciencia de resucitado.

Porque, primero, lo que nos viene a decir es que Fidel Castro considera que todos los que se adueñaron del poder en 1959 eran una pandilla de hijoputas y sádicos represores a los que sólo él, nuestro Moderado en Jefe, ponía coto. Y como nunca estaba disponible por culpa de la CIA, ya se sabe: ¡a reprimir se ha dicho! Que, oigan, si en Langley no hubieran dedicado tanto tiempo a preparar batidos ponzoñosos, que a nadie le quepa duda que Virgilio Piñera o Reinaldo Arenas la habrían pasado la mar de bien en el mar de las Antillas. Castro I se habría ocupado de alejar a los homófobos a pescozones.

Y dos: todos sabemos que eso no lo veremos jamás, pero juguemos con la idea de que algún día Fidel Castro sea llevado ante un tribunal. Imaginemos, pues, por un instante que el juez le lee los cargos, la ristra de cargos, y vemos a la anciana figura ―con rostro compungido, pero sonrisa socarrona― reactualizar aquel distante «La historia me absolverá» con el exculpatorio argumento de su permanente ocupación en cenitales asuntos mundiales:

«La historia no sé, Señoría, pero lo que sí es seguro es que las efemérides me absolverán», proclamará blandiendo una enciclopedia.

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