(A propósito del NYT, sus editoriales sobre Cuba y un Londoño)

- 01/12/14
Categoría: Agua corriente, Cambios en Cuba
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(Últimamente, comparto más contenidos en mi cuenta de Facebook, y ocasionalmente también en la que alimento en Twitter, que aquí. No hay nada deliberado en ello. Tan solo la comodidad de hacerlo desde el teléfono y una idea, acaso equivocada, de la espontaneidad de la comunicación en esas dos redes.
Con todo, a veces echo de menos no copiar algunos temas tratados allá y traerlos aquí.
Lo hago hoy con esta nota que escribí ahora en Facebook).

(A propósito del NYT, sus afanes con Cuba y un Londoño):

De Alexander Calder, el padre de la escultura cinética, se dice que dijo Dalí una vez, al ser preguntado por su obra: “Hombre, si alguien decide dedicarse al noble arte de la escultura, al menos debería conseguir que cuando las termine se estén quietas”. El NYT publicó estas últimas semanas seis editoriales seguidos sobre Cuba, algunos escandalosos por su procastrismo, y ahora envía al autor de esas piezas, un Londoño, a visitar la isla. Dos semanas enteras que se le van a hacer más largas que media mañana en la lavandería sin el iPhone.

¡Ojo al dato! ¡No mandaron a ese Ernesto Londoño a la isla ANTES de que escribiera los puñeteros editoriales, sino que primero los escribió en Nueva York, enfebrecido ahí mientras aporreaba la laptop creyendo que hacía historia, y viaja después a ver qué tal el país sobre el que escribió como experto. “Experto ¿de qué pinga de qué?”, se preguntaría uno si no perdiera el tiempo en construir eufemismos.

Ahora el bueno de Londoño ha asestado puñalada al digital OnCuba, al que concedió entrevista y dice que no, que se la robaron, y su cuenta en Twitter comienza a piar leves críticas a La Habana. Eso después de haber visitado la redacción de Granma, Órgano Oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, así con todas sus mayúsculas, diario que nos regaló texto y fotogalería muy norcoreanas del paso del, dicen, “editorialista”. Y, sobre todo, después de que 14ymedio, el digital que impulsa Yoani Sánchez, dejara saber que Londoño, cuando se reunió con ellos, les dijo que ni entrevistas ni fotos, que no podía, que no.

Ay, Londoño. Ay, Grey Lady…

Esta historia no acabará aquí. Tendrá recorrido que nos divertirá en los próximos días, que nos divertirá a los cuatro que la seguimos, que tampoco es para tanto. Como en las cenas con mi suegra, tan largas, a Londoño le queda todavía paladear los postres. Morder el polvo de la canela.

Y como los Calder que quería Dalí, soñará con haberse quedado quieto, antes de salir a bailar el mambo, su mumbo-jumbo

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Va de nyamnyam, o ñamñam

- 16/10/14
Categoría: Agua corriente, Arte, Cocina
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Hoy me fui a comer, bien acompañado de Marc Caellas, al espacio Apocapoc (“green epicurean co-working since 2013”), esto es en el Born tocando ya el peculiar y breve Chinatown de las calles Sant Pere y Trafalgar. Allí se ha instalado en status de residente NyamNyam con el proyecto Cocina Negra. Concretamente, como su onomatopéyico nombre sugiere, se ha instalado en los fogones. Eso cada jueves. Y eso parece una suerte.

Esa Cocina Negra me lució, y así se define, asunto de work-in-progress. O cook-in-progress, más bien. La experiencia en Apocapoc podrá acabar tomando el camino de una pieza teatral –escénica, dicen–, o no. Pero, oigan, qué se yo, si yo fui a comer. Y ya saben que yo soy de comer. Aunque quien me sirva sea muy de Michael Pollan y hasta me deje un libro suyo en la mesa.

Dice NyamNyam que lo suyo son «creaciones comestibles de producto ecológico y platos con poca cocción para mantener al máximos las cualidades nutricionales de los ingredientes. Comida efímera e inmediata… en plan site specific». Es exactamente el tipo de retórica que a mí me suele quitar el hambre, y en días nublados hasta el sueño, pero uno tiene sus horas y su ñamñam.

Cada jueves Iñaki Álvarez cocina un menú distinto que consiste en un plat du jour, un postre y un zumo.

El plato de hoy reunía polenta de verduras gratinada con queso, ensalada de col con manzana y membrillo, calabaza con jengibre y hummus de garbanzos con cúrcuma. El postre fue un pastel de chocolate y algarrobo. El zumo era de manzana, remolacha y jengibre. Zumo de esos prensados en frío, ese cold pressing que anda por ahí.

Nada de carne, eso sí. Eso no. Pero Apocapoc es sitio donde además de ideas se mueven carnes apetitosas. Si se sientan buscando un buen ángulo con la escalera las verán. E intuirán las ideas.

Lléguense por ahí, oigan. Todavía Barcelona y los barceloneses tienen cosas que ofrecer, aunque lleguen tantas señales de que hemos muerto.

La dirección en el enlace a Apocapoc.
NyamNyam en su perfil de Facebook.
Los precios:
€7.50 el plat du jour
€3.50 el postre
€3 el zumo
Todo junto por €12

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Fiesta de disfraces en Punto Cero

- 28/08/14
Categoría: Agua corriente, Castro & Family
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¡Ah, deliciosa esta fotografía de Fidel Castro con el niño que jura idolatrarlo! Otro niño, que ya eliancito (se nos) creció. Otro pequeño idólatra a los pies del gran ególatra.

Este de ahora, este Marlon Méndez, es una figura muy superior a eliancito en la Commedia dell’arte cubana: ¡Este es un imitador! ¡Un pequeño travesti!

Alguien dio con este niño que tiene en su casa iconostasio con un Fidel recortado a la manera de las cuquitas y se dijo que a la oportunidad la pintan calva. Cabe imaginar las largas horas de pesquisas en torno al niño y sus ancestros hasta, más o menos, los vecinos de Silvestre de Balboa. La DSE rebuscando hasta en el blúmer de su abuela. Asegurándose de que no hubieran gusanos en el perímetro del elástico de la, seguramente ajada, pieza de ropa interior. Buscando en ella con lupa cualquier traza del ¡Ño, que barato!, el arma secreta del ejército rebelde de Hialeah.

Limpios todos, se procedió a invitarlos a Punto Cero. A despecho de Dalia, que desprecia tanto a los cubanos del montón, a todos los cubanos, como Marco Rubio.

Y el resultado es esta fotografía espléndida, entre otras de menor enjundia. ¡Mírenla bien! ¡Admírenla en todo su cándido esplendor!

¡La eternidad de la revolución expuesta en torno a las rueditas que sostienen al dictador! (Ya me ocupé antes de esta cosa rodada.) LQQD porque Un niño bobo regalaba al zombie de Punto Cero el Taj Mahal del continuismo. Eterna la revolución, porque reencarnada en pionerito groupie.

Un niño travestido en Comandante, estrellita en la gorra y un «¡Pa’lo’que’sea’fidel’pa’lo’que’sea!» –el niño que no conoció Birán pero sí los miles de actos «matutinos» en todos los colegios de la Cuba revolucionada–, y un Comandante travestido a su vez en atleta retirado.

Ay, si al final a Fidel se lo deberemos todo. La última excepcionalidad, la miseria, el hambre, el exilio. ¡Y ahora también, y por fin, la risa de esta fiesta de disfraces!

En esa Cuba que sigue derrotero incierto donde dirá este Marloncito, los pies firmes, el gesto adusto/adulto: «¡Pioneros por el comunismo, ¿seremos como el qué?!»

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(Ahí na’má’): Juan Formell, rip

- 02/05/14
Categoría: Agua corriente
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Se fue Juan Formell, una suerte de arquetipo del cubano del último medio siglo largo: mestizo, amante de los placeres aka gozador, espontáneo, sobrado de ingenio, simpatizante de la revolución de 1959.

Músico de talento extraordinario, Formell le encontró otro cauce a la música popular cubana y puso a bailar a todos los cubanos por cuarenta años más lo que quede.

Un chiste muy sobado dice que Fidel Castro pasará a las enciclopedias futuras como un mero político cualquiera de la era de Juan Formell. Muy excesivo, naturalmente. Los acordes de Formell acabarán diluyéndose como lágrimas en la lluvia, mientras que la partición que ha significado la revolución de 1959 en la historia de Cuba y la figura siniestra del dictador perdurarán para siempre en nuestra historia escrita y durante generaciones en nuestra memoria familiar. No obstante, la sola existencia de ese chiste, que es poco probable que haya cubano que no conozca, indica la estatura de Juan Formell en la memoria y la querencia de los cubanos.

Un histriónico Fidel Castro dijo un día aquello de que “la revolución es más grande que nosotros mismos”. Que los cubanos, decía. El chiste nada clandestino sobre el lugar de Fidel y Formell en las enciclopedias del porvenir demuestra que esos mismos cubanos siempre supieron, aun cuando soportaban y bailaban lo que soportaban y bailaban, que al menos la revolución no era más grande que uno solo de ellos: que no era más grande que Juan Formell, el mago, el maestro de Van Van.

Descanse en paz.

Dos Formell:

1)

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2)

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De Rusia, Ucrania y las sanciones para ‘Las noticias como son’ de Radio Martí

- 01/05/14
Categoría: Agua corriente, El Timbre de la Voz, Poscomunismo, Rusia
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Anoche, en Radio Martí, estuve hablando de la situación en Rusia con Amado Gil en su programa ‘Las noticias como son’.
Va el audio, hasta 12:15.

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¡Lo que no inventa el cubano!

- 28/04/14
Categoría: Agua corriente
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El Nuevo Herald trae hoy una pieza que titula “La creatividad cubana para lidiar con la escasez no tiene límites”.

Siempre son divertidos de leer estos catálogos de la utilería con que los cubanos sortean la escasez, ese donde la carne sin carne sería epítome. También divierten, más o menos, esas tantas imágenes del sobado ingenio cubano que circulan por internet: burros tirando de chasis recortados o balsas hechas de cualquier cosa que parece capaz de todo menos de flotar, por ejemplo.

No obstante, a mí siempre me ha divertido el rotundo carácter de oxímoron que conllevan esas loas al ingenio y la creatividad de los cubanos ante la miseria. Un ingenio, por cierto, al que el régimen llegó a dar carta de naturaleza institucional con aquella ANIR, ¿la recuerdan?, la Asociación nacional de inventores y racionalizadores que reunía y premiaba a los ingeniosos cubanos que se las sabían todas, lo resolvían todo, derrochaban inventiva e ingenio haciendo de la escasez, si no virtud, al menos materia de congreso anual.

Pero reléase el titular, piénsese la idea toda y repárese en esa dimensión de oxímoron que siempre me pasma: “La creatividad cubana para lidiar con la escasez no tiene límites”.

“No tiene límites”, dice y solemos decir, alborozados y enorgulleciéndonos de lo listos que son esos cubanos que le encuentran solución a todo: “¡Lo que no inventa el cubano!”, repetimos una y otra vez babeando.

Y olvidando que ese ingenio que no tendría límites tiene al menos uno, tal vez uno solo, y un problema al que no ha conseguido encontrar, ay, solución sea por la vía del invento o la racionalización: la capacidad de ingeniarse la herramienta que sepulte al régimen que los ha sumido en esa escasez que los hizo tan rabiosamente listos e ingeniosos.

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