Jorge Ferrer - 02/07/12
Categoría: Bruno, Deportes
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La selección nacional de fútbol de España consiguió esta noche un hito: dos títulos de la Eurocopa consecutivos con un Campeonato Mundial, el jugado en Sudáfrica, en medio. El insolente reclamo de que no hay dos sin tres se vio coronado por un éxito rotundo.
En el deporte colectivo, como en cualquier otra empresa, alcanzar cotas de excelencia sostenidas e incontestables está al alcance de muy pocos.
Esta generación de futbolistas españoles será estudiada como un modelo de éxito que apenas conoce pares. O tal vez no los conozca, porque puede que nadie haya conseguido más desde una humildad clamorosa, un compañerismo que tiene un aire de infantil apego al barrio y una capacidad extraordinaria de sublimar lo minúsculo, lo elemental, la migaja más inflada por la levadura del juego -el tikitaka en este caso.
No parecen ser precisamente virtudes españolas, pero visto lo visto más valdría que se las tenga en cuenta cuando se reforme la Constitución.
Bruno* y un servidor, ¡claro!, salimos a las calles de Gràcia, Barcelona, a celebrarlo debidamente ataviados.

*Bruno no mira a la cámara porque había portentoso cachorro hembra en posición semisedente en la dirección a la que mira absorto. Perdónenlo. Al final, no es más que un animal de instintos y la perra… Bueno, la perra meaba.
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Jorge Ferrer - 31/05/12
Categoría: Bruno, Castro & Family
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1) Mariela Castro se denomina a sí misma «disidente» en un acto público en Nueva York. «Disidente». Una Castro. Al fin le encuentro sentido a la idea de Nueva York como la ciudad que nunca duerme. ¡Cómo se va a quedar dormida la muchacha con las carcajadas que se echa!
2) Aunque la idea es ingeniosa y muy castrista. Y ni siquiera es nueva. Los Castro siempre han sido ingeniosos poniéndole nombres a las cosas. Le pusieron «no básico» a un juguete. O «Unidad militar de ayuda a la producción» a los campos de reeducación comunista. O «libreta de abastecimiento» a las cartillas de racionamiento. Luego, Mariela Castro puede llamarse a sí misma «disidente», como su padre y su tío bautizaron a Cuba «Primer territorio libre de América» cuando lo hundían en las sombras del totalitarismo.

3) Lo comenté con Bruno. Últimamente siempre consulto a Bruno las cosas que parecen importantes, sin serlo. Por su autoestima, ya saben. «Mariela tiene muchas cosas en común conmigo», me dijo. «¿En serio?» «Sí, porque le debe a su pedigrí toda la atención que concita». (Bruno, nacido en una aldea de Centroeuropa, se reclama heredero del pedigrí de cierta estirpe que mimaron los Hohenzollern. Estuve a punto de mencionar que la presunta homosexualidad de Federico el Grande y aquella vieja historia con Voltaire le darían mucho juego a su tesis, cenesexizándola.) Preferí decirle: «Pero a ti nadie te invita a hablar en San Francisco para LASA ni en la Biblioteca Pública de Nueva York para un ilustre público que aplaude hasta con las orejas». Suspiró. Enarcó las cejas que no tiene: «Es que los Hohenzollern fueron cualquier cosa menos de izquierdas y las Hohenzollern fueron conocidas por muchas cosas menos por mover alegremente las caderas como las cubanas», dijo.
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