La entrevista más divertida a Fidel: “Raúl no es comunista”

- 02/08/13
Categoría: Castro & Family, Memoria
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Muchas de las entrevistas de Fidel Castro con la prensa anglosajona son hilarantes. Sobre todo, las de los primeros meses después de enero de 1959.

Ninguna más que esta joya mayúscula: la que concedió a Clark Hewitt Galloway, quien trabajaba a la sazón para U.S. News & World Report.

La nieta de Galloway ha compartido el audio íntegro de la entrevista recientemente. Es el que sigue.

Comienza ya con perla: esa de que “el problema de Cuba no es de cambios… sino de que llevamos atascados aquí varias décadas”.

No falta aquello de que Cuba puede darle a EE.UU. “todo el dulce que quieran” (suerte de “Fidel te lo prometió y Raúl te lo cumplió”), el “tendremos un infierno cuando haya un millón de gente sin trabajo”, la “dictadura continental de Trujillo” en la que no intervendría, las elecciones como “distracción” y las fanfarronadas excepcionalistas a chorros: iba a ser, nenes, decía, país requetepróspero, los derechos humanos iban a derramarse sobre los cubanos, hay el “yo quisiera tener menos trabajo” y el yo no soy comunista, ni lo son Raúl, ni “el Che” (¡y ahí se acaba!). Etc., etc.

Para alquilar balcones, ahora que dejan alquilar…

Gocen, gocen.

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Los Castro y el impúdico mañana

- 12/06/13
Categoría: Cambios en Cuba, Castro & Family, En El Nuevo Herald, Letra impresa, Transición
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El impúdico mañana

Por Jorge Ferrer

La alegre impudicia con que los vástagos de la familia Castro se han asomado al paisaje del postcastrismo no niega la existencia –algún lector preferirá que escriba “la inminencia”– de este. En cierto modo la confirma, en tanto la dota de una dimensión insospechada hace una década. A saber, la de un mañana en el que los viejos Castro permanecerán como memoria y referencia, sea por exclusión o reafirmación para los agentes sociales que vendrán –eso ya lo sabíamos–, pero en el que también los nuevos Castro sean actores encaramados a los titulares, porque partícipes, beneficiarios y, en cierto modo, tal vez también agentes de la transición.

Se asoman ya hoy, sea en paisajes tan distintos de esa Cuba emergente como la reivindicación de los derechos de los homosexuales que ha hecho célebre a Mariela Castro y le ha granjeado no escasas simpatías, o sentando cátedra en los predios del béisbol –la vicepresidencia de la Federación Internacional de Béisbol (IBAF) que ostenta no es precisamente una bicoca– y el golf, como Antonio Castro, hijo de Fidel y Dalia Soto del Valle. El trofeo que el último ganó hoyo a hoyo en Varadero antes de que los estanquillos de La Rampa o Cuatro Caminos cuenten con versiones locales de revistas que nos cuenten sus hazañas en papel couché no es más que un avance de lo que vendrá. Que vendrá. La fotografía que el hoy jubilado Benedicto XVI se hizo rodeado de Fidel Castro, Dalia Soto del Valle y tres de sus hijos fue, tal vez, la expresión más conspicua de ese outing.

Con todo, y aun siendo los primos Mariela y Antonio Castro los dos rostros más visibles de esa segunda generación, mucho más relevantes, por obscenos, son los roles ejercidos por Luis Alberto Rodríguez López-Calleja y Raúl Rodríguez Castro. El primero, casado con Deborah Castro y según algunas fuentes en trámites de divorcio, es quien controla el holding empresarial GAESA, lo que equivale a dominar el núcleo de la economía cubana del hoy y el mañana; el segundo, nieto que no se aparta de las cámaras que enfocan a Raúl y hasta apareció sentado entre los presidentes invitados al funeral de Hugo Chávez como un cargo electo más –nieto, por cierto, cuyas luces se dicen más escasas que las que alumbraban La Habana a principios de los noventa. Ahí asoma también Alejandro Castro Espín, autor de un libro cuya presentación me sorprendió hace unos meses en una librería de Moscú mientras buscaba, vaya paradoja, las cartas de Vasili Grossman en sus años más tristes. La misma ciudad donde he conocido a tantos que se apearon del coche oficial del “partido” o la KGB para subirse enseguida al Mercedes-Benz de la prosperidad postcomunista.

No era así en el pasado, ¿lo recuerdan? Antes corrían anécdotas de quienes compartían escuela con los vástagos de los Castro, de quienes decían haber visto a las hijas de Raúl viajando en guaguas empujón a empujón y dejando el níquel en la ranura de la alcancía. Antes era evidente que gozaban de privilegios mayúsculos en medio de una población empobrecida, pero sus vidas, piscinas y comidas servidas por solícitas criadas, transcurrían bajo la opacidad de un régimen sin herederos de sangre. Eran hijos, sobrinos y nietos invisibles para los ojos y la historia. Antes los Castro presumían de una vida espartana y una ausencia de vocación hereditaria que los alejaba de otras dinastías. Lo suyo iba a acabarse con ellos, creíamos. Pero, ay, también eso era mentira.

Ahora, parafraseando a Cicerón, otros son los tiempos y otras las costumbres.

No ha de sorprender a nadie que así sea. El retorno de la Cuba de la anormalidad a la condición de paisito normal presupone también que la sobrevivencia de las elites sea la regla. Y los Castro que nunca dejaron escapar a la Cuba miserable, menos la dejarán escapar cuando dé los réditos, políticos o económicos, que ya se anuncian.

Una Cuba que abandone su excepcionalidad será también una Cuba en la que nos toque convivir con esta impudicia.

La columna “El impúdico mañana” aparece publicada en la edición de hoy del diario El Nuevo Herald.

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Sin Chávez, esperando

- 06/03/13
Categoría: Agua corriente, Castro & Family
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He dedicado unos minutos a la señal de Telesur, esa fábrica de bobadas que se dicen sueños. «¡No volverán!», grita la chusma chavista. Y que «unidad, unidad y unidad». Dicen los entrevistados que la revolución sigue, que más revolución, que Chávez en el corazón y la batalla y la victoria… Bueno, y cantan y moquean.

Los deudos de los caudillos suelen comportarse de esa guisa. El caso de Venezuela, a diferencia de otros episodios autoritarios, pero también heredero de algunos otros, dota al finado de una dimensión mesiánica, crística. Dicen que murió aferrado a Cristo, según he visto. Visto que lo digan, no el aferramiento.

A mí, que Chávez haya muerto no me alegra. La única muerte de la que me alegraré en esta vida que también conduce irremediablemente a otra muerte, la mía, es la de Fidel Castro. Ah, nenes, ¡ese día que está por venir! Estéril en lo político, ya sé, pero soñado con esmero e impaciencia durante tantos años.

Del Chávez que se marcha hoy lo que me entusiasman son los lloros de esos «revolucionarios», adelantando el día en que veremos llorar a los cubanos por la muerte de quien los hizo más pobres en conjunto y más tristes en masa. Lo que vi en Telesur de esa Caracas de hoy es un adelanto más bien pálido de la puesta en escena en la Cuba que sabrá muerto a Fidel. ¡Aprepárense!, que diría el guajiro que vive dentro de mí.

Y gocemos hoy y mañana, si de algo hay que gozar, con el ensayo, un mero ensayo, de la apoteosis plañidera de nuestros compatriotas. No hay como conocer a los hombres para aprender, a una, a despreciarlos y a sentir piedad por ellos.

Después, si uno quiere imaginar el futuro, hágalo. Ese futuro que es siempre una mera pausa entre el presente y su regreso.

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Discurso de Raúl: las palabras o word cloud

- 25/02/13
Categoría: Agua corriente, Cambios en Cuba, Castro & Family
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La nube de palabras del discurso de Raúl Castro esta tarde en La Habana:

Nos sobra todo lo que sobra: Revolución, Partido, pueblo, Consejo, Fidel.

Y nos falta lo que nos falta: Derechos, Libertad, Ciudadanos, Adiós…

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Castro II y Obiang: de un pájaro, las dos alas

- 02/01/13
Categoría: Agua corriente, Cambios en Cuba, Castro & Family
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Hoy me tropecé con mi viejo amigo M. N., uno de los líderes de la oposición a Theodoro Obiang en el exilio. Intercambiamos sobre el saldo del último año para las dictaduras ecuatoguineana y cubana. «¿Este año si volvemos a casa?», me preguntó retóricamente: «porque ya no aguanto más esto». Eso lo dice quien lleva algo más de 20 años exiliado en España y las ha probado todas para organizar una oposición creíble y potente —en el caso de Guinea ecuatorial, una además que dé cuenta de la diversidad étnica del país—, capaz de enfrentarse al déspota africano. Obiang, me dice, resulta cada vez más atractivo para un mundo sumido en la corrupción y, encima, el dinero le sale por las orejas: compra voluntades con facilidad pasmosa, incluso entre los opositores, incluso entre los exiliados… Por otra parte, de la antigua metrópoli, es decir, España, nada que esperar. «¿Y Cuba qué?», pregunta, «¿podrás volver este año?»

Le resumo, a mi vez, el saldo de cubanerías de los últimos meses. Enseguida surgen los paralelos: la patrimonialización del futuro económico de Cuba y Guinea por parte de las élites del entourage palaciego y las élites castrenses; la oposición debilitada y carente de discursos capaces de contrarrestar el (dudoso) atractivo de los “cambios”; el exilio desunido y desconectado de la gente del país, etc. Lo que todos ustedes saben, vaya.

Siempre nos han maravillado los paralelos entre Guinea ecuatorial y Cuba en lo que a la imposibilidad de escapar de la bota de sus tiranos respecta —salvas las diferencias, que son también muy notables. Eso sí, desideologizada Cuba y puesta en marcha la reforma de su «modelo», si los Castro se hicieran con la capacidad de producción de petróleo que buscan con uñas, dientes y, sobre todo, la participación de empresas rusas, chinas y vietnamitas, entre otras, el «modelo Obiang», como el «modelo angolano», podrían situarnos en una lógica similar a la que viven algunas naciones africanas. Ojo: que nadie tome lo de «africanas» desde una perspectiva sigloveintesca: los índices de crecimiento de que gozan hoy muchos países del África negra son absolutamente extraordinarios.

Pero todo esto viene a cuento, a la manera de Esopo, de lo saludable que resulta que cuando pensemos hoy en Cuba y en la evolución de sus «cambios» escapemos del fatal ombliguismo de su presunta excepcionalidad. De hecho, Cuba se parece hoy más a Guinea ecuatorial o a Vietnam, que a la Cuba de hace diez o quince años. ¡¿Qué decir de cuánto se parece a la Cuba republicana?! Y para entenderla resulta mucho más provechoso fijarse en esa urdimbre globalizada de las subdemocracias que en la entelequia de una recuperación democrática que nos devuelva al Edén de El Encanto o el Bazar de los Tres Quilos.

De contra:

A punto de despedirnos, el agudo M. N. me pidió mi opinión sobre el affaire Carromero. Se la di. «Eso imaginaba yo», me dijo, «es como si alguno de aquellos buenos muchachos de Londres hubiera viajado a la Sudáfrica del apartheid para ayudarnos y saliendo del aeropuerto hubiera arrollado a Nelson Mandela, sacándolo del mapa de la lucha». ¡Brillante!

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Fidel Castro: Game is over

- 12/10/12
Categoría: Agua corriente, Castro & Family, Uncategorized
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Leyenda.

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