Con el cine cubano del siglo pasado nunca se sabe y uno tiene que revisar una y otra vez esa maraña de celuloide para desbrozar el marabuzal, por ralo que sea.
A mí esta escena de Sugar Hill (León Ichaso, 1993) me luce una de las mejores que ha producido, aunque la acción transcurra en isla tan distante de la de Cuba como Manhattan.
Hay alguna que otra escena de Sugar Hill, la tercera película que León Ichaso dirigió, que me pone cada vez a rascarme el cogote. Las escenas con Abe Vigoda —cuando le explica a Wesley Snipes qué es ser italoamericano y qué es ser negro en la lucha por el control del negocio de las drogas, por ejemplo—, porque con Vigoda y su cuerpo contrahecho, León Ichaso se coló en el imaginario godfatheresco por amplia y definitiva avenida.
Pero esta escena de Sugar Hill, hmm, esta escena es tremenda como todas esas cosas cubanas que no son cubanas en verdad.
Me siguen llegando opiniones encontradas acerca del documental Patria o muerte (Родина или смерть) de Vitali Mansky (Виталий Манский).
Mansky, tal vez el más importante de los realizadores de documentales en la Rusia postsoviética rodó en La Habana este proyecto que se ha estrenado en algunas salas de cine en Rusia y del que todavía no me hago con una copia. La prensa lo ha tratado a golpe de ditirambo, pero 1) es un Mansky; y 2) ha calado su idea de que la Cuba que encontró se asemeja a la Unión Soviética de los últimos años de Stalin.
Aún pendiente de verlo y forjarme una opinión sobre la que se anuncia como una mirada espectacular sobre Cuba desde ojo postsoviético, miro una y otra vez el corto de promoción y me digo que a mí esa Cuba que muestra —el trailer, no el documental— se me parece a un montón de cosas de las que ninguna es la URSS ca. 1950. Pero a la hondura de la decrepitud se llega por muchos caminos, lo sé.
¿También a ustedes les dicen que los cubanos se quejan cada vez con más decisión del gobierno que soportan?
¿También ustedes se animan pensando en ese «ahora sí», se consuelan con el aúpa de los adverbios?
Bah, sí, admito que también yo compilo testimonios de recién llegados, también yo busco el paisaje de fondo en cada video filmado en Cuba. Cosa de ver la mutación del paisaje. Cosa de escuchar las voces que pían o gruñen sobre el fondo en transformación.
Pero vean, pasen y miren a estos cubanos de hace dos décadas en un noticiero del ICAIC. Tampoco a ellos les gustaba la Cuba en la que vivían.
¿Lo vieron? Bueno, ahora decidan si quieren comprar la idea de que la Cuba de hoy, ese protocapitalista paisaje de empresarios en ciernes, algo en vilo, un poco en ascuas, en… embarcados en su nueva circunstancia, es resultado de la desazón acumulada.
Yo la compro, pero la pago, si en tarde en que me muestro espléndido, a mitad de precio.
O vean este otro jugoso Noticiero ICAIC que mostraba, hace más de veinte años, la problemática de la migración interna en Cuba. Los orientales que buscaban La Habana, esquiva meca.
¿Y si la pobreza se me convierte en miseria?, se preguntan algunos cubanos. ¿O la soportable miseria en miseria desesperada?, se preguntan en lo más íntimo.
Toda esa miseria, el día que los agraviados la saquen a pasear, caerá sobre el futuro con ácido sabor a nostalgia. Vivir para ver. (Y para comer.)
La libreta (2011) es un documental producido por la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, Cuba.
Antes, porque siempre hay un antes, Andrei Tarkovsky escribió y filmó la película con la que se graduó en el VGIK, Instituto Estatal de Cinematografía.
Escrita a cuatro manos con Andrei Konchalovsky, La apisonadora y el violín (Katok y skripka) es anterior a los largometrajes que lo situaron en la cima de la historia del cine. Entonces le valió el primer premio en el New York Student Film Festival, edición de 1961.
Vale resistirse a la tentación de anotar que todo Tarkovsky está ya aquí in nuce, pero tres cuartos de Tarkovsky sí asoman en esta historia pequeña, estos colores que sorprenden, los planos cortos, la cámara rendida a un guión de hierro y el desfile de espejos.
Aquí aparece en dos partes con subtítulos en inglés.
En ocasión del Torneo Internacional de Ajedrez celebrado en Moscú en 1925, Vsevolod Pudovkin rodó La fiebre del ajedrez (Шахматная горячка, 1925), un cortometraje en el que interviene actor muy singular: José Raúl Capablanca.
Al campeón cubano parece divertirlo su presencia en esta tragicomedia que ayudará a resolver haciendo alardes de seductor.
Hasta donde conozco, se trata de la única película en la que José Raúl Capablanca haya actuado. Con toda seguridad se trata también de la única colaboración de un cubano en el cine de vanguardia ruso.
(Más abajo, les he traducido los intertítulos que aparecen a lo largo del corto.)
Intertítulos:
(En la nota): No te olvides de la cita con Vérochka en el Registro civil
—Recuerda, querida, que no hay nada más peligroso para la vida familiar que el ajedrez
No te pierdas esto, ajedrecista
(El limosnero, sobre el pecho): Una limosna para este ciego
—Usted es la única persona a quien he amado
—Pero a usted solo le interesa el ajedrez
—Todo ha terminado entre nosotros
—Acabaré con mi vida
—Y yo me rindo. ¡Voy a arrojarme al río!
—Me han destrozado la vida, abuelo
—Toma esta fuete de paz y consuelo, hija mía
(Título del libro): «El ocio del sabio». Recopilación de los más antiguos ejercicios de ajedrez
Un regalo que llega con retraso
(En la tarta): ¡Feliz matrimonio!
—¡Qué gambito de reina acaba de hacer Kolia! ¡Me ha dejado pasmada!
Mi vida no tiene sentido
(El rótulo): Farmacia
—Quiero lo más grande y ponzoñoso que tengan
¿Acaso EL AMOR puede ser más fuerte que el ajedrez?
¿Acaso EL AMOR puede ser más fuerte que el ajedrez?
Iré a buscar a mi novia.
(A Capablanca): —Déjeme. ¡Precisamente por culpa del ajedrez odio al mundo entero!
(Capablanca): —Comprendo muy bien ese sentimiento. También yo odio el ajedrez cuando me veo en presencia de una mujer tan hermosa.
(A Capablanca): —¡Por fin me encuentro a un hombre enemigo del ajedrez!
(A Capablanca): —Cuénteme cómo es que ha conseguido escapar de la fiebre del ajedrez.
—Entraré a echar una última ojeada y entonces diré adiós al ajedrez.
En el torneo
—¡Abran paso! ¡Abran paso!
Y ahora ve de repente el efecto que tuvieron los relatos del Campeón
—¡Oh, amado! ¡Amado! No sabía que este juego podía ser algo tan fantástico
—¿Jugamos una partida con apertura siciliana, amor mío?
¡Y ahí dio comienzo la felicidad de la vida en matrimonio!
Tristán de Jesús Medina
Retrato de apóstata con fondo canónico. Artículos, ensayos, un sermón. Selección y prólogo de Jorge Ferrer. Editorial Colibrí, Madrid, 2004.
Minimal Bildung
Veintinueve escenas para una novela sobre la inercia y el olvido Editorial Catalejo, Miami, 2001.
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