Jorge Ferrer - 07/01/11
Categoría: Excepcionalidad, Exilio | Etiquetas: Agua corriente
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William Kristol ha colocado esta tarde un brevísimo post en el blog de Weekly Standard que podrá traer cola.
Prístino, diáfano y contundente un Kristol que es más influyente de lo que parece y ya lo parece con creces:
Having just returned from the e21 and Manhattan Institute-sponsored Conversation with Paul Ryan (very ably conducted by Paul Gigot)–and having seen Marco Rubio speak recently as well, I’ll just say this: Wouldn’t it be easier just to agree now on a Ryan-Rubio ticket, and save everyone an awful lot of time, effort, and money over the next year and a half?
Es pronto para saber cómo las elites del GOP rebasarán la crisis de liderazgo que padecen y deglutirán al Tea Party. Como pronto es para saber qué será de Barack Obama si se presentara, que lo hará, a un segundo mandato.
Pronto es también para calibrar si el cubano-americano Marco Rubio desarrollará un discurso político capaz de llevarlo a la Casa Blanca en un plazo que difícilmente será el de 2012, pero podría estar en la década que comenzó hace unos días.
Lo que me divierte, ahora mismo ya, es imaginar a ese hijo de cubanos aspirando a las riendas del poder de los Estados Unidos de América, aun cuando vaya de segundo en el ticket. Ya no digo si se aupara a la silla de vicepresidente o ganara el Despacho Oval.
Ay, mamá, ¿quién nos aguantará entonces a los cubiches, tan ufanos de nuestra excepcionalidad como pueblo?
Y sobre todo: ¿qué estrategias retóricas desarrollaremos para explicar que siendo tan grandes y requetegrandes no hemos sabido siquiera derrocar a dos hermanos que ya suman 52 años al frente de la finca?
¡Será de alquilar balcones!
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Jorge Ferrer - 27/10/10
Categoría: Excepcionalidad | Etiquetas: Agua corriente
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Ben Smith se hace un lío en Politico con el anuncio de cierre de campaña de Marco Rubio. Tanto que cierra con la plasmación de una duda hiperbólica: «This may be the first time Barack Obama has been compared to Fulgencio Batista», escribe.
A mí me ocurrió otro tanto, aunque haciendo otra lectura de las palabras de quien, si las cosas no se tuercen y las musas le son propicias, podría convertirse algún día en el primer presidente de los Estados Unidos de origen cubano.
El discurso de Rubio es de una simpleza extraordinaria, de esas que allanan el camino a los pedestales de la política contemporánea. Su estrategia, sin embargo, se basa en una magnífica hibridación de los puntos fuertes de Ronald Reagan y Barack Obama. ¡Que ya es bastante!
Pero lo que me sumió en delicioso lío, iba a decir, es su manera de tratar la «excepcionalidad» cubana, que niega en redondo, en favor del «American exceptionalism», que vindica y defiende.
Aun cuando no cabe sacarle punta a grafito que no la requiere, pues parece bastarse muy bien con sus curvas romas, quién sabe si no volveremos algún día a este anuncio cuando evaluemos las relaciones por venir entre los EE.UU. y Cuba.
Cuando el devenir inexcepcional de ambos países sea el discurso y la norma.
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Jorge Ferrer - 26/09/10
Categoría: Excepcionalidad | Etiquetas: Agua corriente
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«…el esfuerzo que nuestra Patria lleva a cabo para evitar un conflicto nuclear que puede poner fin a la existencia de nuestra especie», escribe Fidel Castro en su última reflexión.
Desde que dio por perdida la causa del llamado cambio climático, por ser lo más parecido a una trola, ahora esa es la cuestión que involucra a los cubanos porque así lo requiere su máximo líder: «salvar nuestra especie».
A mí la cuestión que me preocupaba esta noche al volver a casa era otra. Una del siempre estimulante capítulo del «If». A saber, la que sigue: de haber existido en el Cretácico superior la revolución cubana y su resucitado profeta, ¿se habría podido evitar la extinción de los dinausaurios?
No sé si me siguen. Digo, si Castro I se hubiera puesto entonces para el asunto, ¿pasearían hoy los brontosaurios por ―digamos― la calle Escorial de Barcelona?
Y me digo que sí, oye, que es que cuando ese pueblo y su líder se aplican no hay lluvia de meteoritos u ojivas que se imponga. Salvar la especie. Bah: eso para un octogenario cubano es pan comido, tú. La salva y punto, ¡qué caray!
Si es que los cubanos, nene… ¡Iba a negarles alguien la exposición de una parejita de Tyrannosaurius rex en La Rampa, acabaditos de salir de una cena en El Mandarín, si la hubieran querido! ¡Qué va!
Y merecida la tendrían, porque si de algo saben es de tiranos y dinosaurios. Que por cierto, ¿aparecía el utilísimo oficio de paleontólogo en la lista de profesiones a ejercer por cuenta propia?
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Jorge Ferrer - 21/09/10
Categoría: Excepcionalidad, Transición | Etiquetas: Cuba futura
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La población de Cuba, según censo reciente, es de 11.242.621 personas, mientras las estadísticas del Ministerio de Salud pública arrojan que el peso medio de la población ronda los 64 kilogramos.
Luego, habrían unas 719.527 toneladas de carne cubana moviéndose sobre esa isla.
Memorícese el guarismo. Dado que uno tiene que preguntarse tantas veces cuál es el peso del «problema cubano», ahí es algo. Y dado que nos es imposible saber qué quieren esos cubanos, al menos conocemos lo que cuesta cargar con ellos o levantarlos.
Mucho más complicado resultaría aplicar el mismo procedimiento al peso del exilio. Demasiada carne hecha picadillo y mezclada con otras carnes, ya saben.
Sí, con el peso del exilio la cuestión resulta mucho más compleja. Va y por eso la báscula se nos ríe en la cara…
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Jorge Ferrer - 08/09/10
Categoría: Excepcionalidad, Media | Etiquetas: Agua corriente
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El cubano Dinio García ha iniciado una huelga de hambre en Madrid. Con lo que ahora, por tener, los cubanos tenemos hasta un actor de cine porno en huelga de hambre y fuera de Cuba.
Dinio protesta contra la orden de expulsión que siguió a la negativa del Gobierno a renovarle el permiso de residencia en España. La decisión no es gratuita: dos delitos la avalan. Dos delitos leves, parece ser.
Ahora pide la mediación de José Luis Rodríguez Zapatero y asegura ―con esa muletilla propia de huelguistas de hambre― estar «dispuesto a llegar hasta el final». Esta tarde ha dicho más en Sálvame. Concretamente, ¡agárrense!, que hay otros muchos cubanos en Madrid dispuestos a sumarse a su huelga.
Dinio, un tipo que lleva unos diez años asomando a las pantallas de televisión de España su comportamiento de cubano poscomunista, me cae de maravilla, me ha divertido siempre y siempre me ha divertido mucho. Muestra a un tipo de cubano que encarna lo mejor y lo peor de nuestra condición. Es una metáfora con ganas de encaramarse a arquetipo.
Sin embargo, con su huelga de hambre nos coloca en una enojosa situación, porque mientras la sociedad española exige muy mayoritariamente que los extranjeros que han cometido delitos en el país sean expulsados a sus países de origen, Dinio reclama excepción. Los cubanos deberíamos quedar exentos de esa norma, dice, porque Cuba es una dictadura y los hermanos Castro un par de sátrapas.
Otra vez la excepción, pues. Los cubanos como entes ajenos al resto del mundo. Excepcionales de día y de noche. Forasteros de toda norma. Contrapuestos a los nacionales de otros países. Privilegiados.
Y no. Me temo que esta vez no va a colar. Ni puñetera falta que nos hace por mucha que le haga a Dinio.
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Jorge Ferrer - 04/09/10
Categoría: Excepcionalidad, Transición | Etiquetas: Agua corriente, Mimbres de la Voz
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A mí me cuadra el retorno de Castro I, fíjense. ¿Quién ha visto que país que blasona de excepcional padezca transicioncita de nada? Lo nuestro, cubiches, a lo grande. ¡Qué caray!
La vuelta del infeliz protagonista de nuestro último medio siglo ofrece posibilidades inmensas a los cultores de la literatura fantástica.
Así, por ejemplo, para trilogía ligera con su algo de Tolkien y su buchito de Shakespeare. Cosa que leer en vuelos transoceánicos, digamos. Digo yo que vendería como churros.
Aquí ofrezco rápido esbozo para autores ociosos.
Un longevo hechicero dominó una isla por cincuenta años. Astuto y cruel, se iba deshaciendo de todos sus enemigos sin dificultad. ¡Magia negra de la buena! Y la guerra, fría. Ambicioso, sus apetencias de gloria lo llevaron a asociarse a un imperio, a enfrentarse a otro y a alentar levantamientos en tierras ―altas o bajas― vecinas o distantes. El tiempo o la espada se llevaban a otros emperadores, pero él permanecía a cargo de su aislado feudo, adorado por sus vasallos y odiado por unos pocos que huían despavoridos o marchaban desesperanzados a una lengua de tierra vecina.
Una sola idea animaba a los descontentos: algún día la Parca se llevaría al ya anciano dictador y con ello se abrirían los cielos y se derramarían frutos y mieles en irrefrenable cornucopia. No era idea infusa; era rumor emanado de oráculo del que nadie, sin embargo, tenía plena certeza.
Entretanto, la siniestra sombra de su hermano, un hombre a quien los vasallos tenían por corto de luces y disoluto, planea desde el principio sobre el destino del feudo, porque en él recaerá el gobierno omnímodo cuando la muerte haga su trabajo llevándose al mayor.
Y hete aquí que un venturoso día la profecía parece cumplirse: llega la Parca y aparta al anciano sacerdote. Su hermano, el pobre y afásico gañán, se hace con las riendas del feudo en un movimiento que los vasallos descontentos estiman destinado a pronto fracaso. Avizoran la policromía de la cornucopia. La saliva se derrama abundante por sus belfos.
Pero, ay, Parca y Difunto entablan una encendida lucha. El tenebroso sacerdote se pelea a codazos en el Averno, conjuro va y conjuro viene. No hay quien lo arrastre al inframundo. Por fin, ofrece apuesta a la Parca: que jamás un Nubio se alzará con el título de emperador de los Rubios. Ríe la Parca y apuesta. Pierde. Y al perder, son dos sus opciones: o arrambla con todo y se lleva el mundo entero al Reino de las Tinieblas o devuelve al no menos tenebroso anciano a las palmas y cañas de su feudo.
Ganada la partida, el Difunto resucita y acude ante los delfines de su Acuario, los verdaderos depositarios del enigma de la Eternidad. A los pocos días reaparece por fin ante sus vasallos más jóvenes. Lo hace con las primeras luces del alba para anunciarles el pronto fin del mundo; ellos lo vitorean.

De contra:
Para la segunda entrega de la trilogía se podría contemplar el siguiente arranque:
Años más tarde el Resucitado oficiará el funeral de su disoluto hermano. «No era yo el Elegido», proclamará descubriendo por fin el arcano misterio guardado por los delfines.
«El Elegido era él», revelará señalando al achinado cadáver. Entonces una columna de fuego se alzará sobre el Mausoleo del Ka-ka-Hual. Será el inicio del fin del mundo.
Ya para entonces será un Rubio escapado del feudo del avieso sacerdote quien gobernará el Imperio vecino (apunte: inspirarse en Marco Rubio para este personaje…)
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