El peso del «problema cubano»

- 21/09/10
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La población de Cuba, según censo reciente, es de 11.242.621 personas, mientras las estadísticas del Ministerio de Salud pública arrojan que el peso medio de la población ronda los 64 kilogramos.

Luego, habrían unas 719.527 toneladas de carne cubana moviéndose sobre esa isla.

Memorícese el guarismo. Dado que uno tiene que preguntarse tantas veces cuál es el peso del «problema cubano», ahí es algo. Y dado que nos es imposible saber qué quieren esos cubanos, al menos conocemos lo que cuesta cargar con ellos o levantarlos.

Mucho más complicado resultaría aplicar el mismo procedimiento al peso del exilio. Demasiada carne hecha picadillo y mezclada con otras carnes, ya saben.

Sí, con el peso del exilio la cuestión resulta mucho más compleja. Va y por eso la báscula se nos ríe en la cara…

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Otra huelga de hambre: ahora es Dinio García

- 08/09/10
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El cubano Dinio García ha iniciado una huelga de hambre en Madrid. Con lo que ahora, por tener, los cubanos tenemos hasta un actor de cine porno en huelga de hambre y fuera de Cuba.

Dinio protesta contra la orden de expulsión que siguió a la negativa del Gobierno a renovarle el permiso de residencia en España. La decisión no es gratuita: dos delitos la avalan. Dos delitos leves, parece ser.

Ahora pide la mediación de José Luis Rodríguez Zapatero y asegura ―con esa muletilla propia de huelguistas de hambre― estar «dispuesto a llegar hasta el final». Esta tarde ha dicho más en Sálvame. Concretamente, ¡agárrense!, que hay otros muchos cubanos en Madrid dispuestos a sumarse a su huelga.

Dinio, un tipo que lleva unos diez años asomando a las pantallas de televisión de España su comportamiento de cubano poscomunista, me cae de maravilla, me ha divertido siempre y siempre me ha divertido mucho. Muestra a un tipo de cubano que encarna lo mejor y lo peor de nuestra condición. Es una metáfora con ganas de encaramarse a arquetipo.

Sin embargo, con su huelga de hambre nos coloca en una enojosa situación, porque mientras la sociedad española exige muy mayoritariamente que los extranjeros que han cometido delitos en el país sean expulsados a sus países de origen, Dinio reclama excepción. Los cubanos deberíamos quedar exentos de esa norma, dice, porque Cuba es una dictadura y los hermanos Castro un par de sátrapas.

Otra vez la excepción, pues. Los cubanos como entes ajenos al resto del mundo. Excepcionales de día y de noche. Forasteros de toda norma. Contrapuestos a los nacionales de otros países. Privilegiados.

Y no. Me temo que esta vez no va a colar. Ni puñetera falta que nos hace por mucha que le haga a Dinio.

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El regreso de Castro I en clave de literatura fantástica

- 04/09/10
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A mí me cuadra el retorno de Castro I, fíjense. ¿Quién ha visto que país que blasona de excepcional padezca transicioncita de nada? Lo nuestro, cubiches, a lo grande. ¡Qué caray!

La vuelta del infeliz protagonista de nuestro último medio siglo ofrece posibilidades inmensas a los cultores de la literatura fantástica.

Así, por ejemplo, para trilogía ligera con su algo de Tolkien y su buchito de Shakespeare. Cosa que leer en vuelos transoceánicos, digamos. Digo yo que vendería como churros.

Aquí ofrezco rápido esbozo para autores ociosos.

Un longevo hechicero dominó una isla por cincuenta años. Astuto y cruel, se iba deshaciendo de todos sus enemigos sin dificultad. ¡Magia negra de la buena! Y la guerra, fría. Ambicioso, sus apetencias de gloria lo llevaron a asociarse a un imperio, a enfrentarse a otro y a alentar levantamientos en tierras ―altas o bajas― vecinas o distantes. El tiempo o la espada se llevaban a otros emperadores, pero él permanecía a cargo de su aislado feudo, adorado por sus vasallos y odiado por unos pocos que huían despavoridos o marchaban desesperanzados a una lengua de tierra vecina.

Una sola idea animaba a los descontentos: algún día la Parca se llevaría al ya anciano dictador y con ello se abrirían los cielos y se derramarían frutos y mieles en irrefrenable cornucopia. No era idea infusa; era rumor emanado de oráculo del que nadie, sin embargo, tenía plena certeza.

Entretanto, la siniestra sombra de su hermano, un hombre a quien los vasallos tenían por corto de luces y disoluto, planea desde el principio sobre el destino del feudo, porque en él recaerá el gobierno omnímodo cuando la muerte haga su trabajo llevándose al mayor.

Y hete aquí que un venturoso día la profecía parece cumplirse: llega la Parca y aparta al anciano sacerdote. Su hermano, el pobre y afásico gañán, se hace con las riendas del feudo en un movimiento que los vasallos descontentos estiman destinado a pronto fracaso. Avizoran la policromía de la cornucopia. La saliva se derrama abundante por sus belfos.

Pero, ay, Parca y Difunto entablan una encendida lucha. El tenebroso sacerdote se pelea a codazos en el Averno, conjuro va y conjuro viene. No hay quien lo arrastre al inframundo. Por fin, ofrece apuesta a la Parca: que jamás un Nubio se alzará con el título de emperador de los Rubios. Ríe la Parca y apuesta. Pierde. Y al perder, son dos sus opciones: o arrambla con todo y se lleva el mundo entero al Reino de las Tinieblas o devuelve al no menos tenebroso anciano a las palmas y cañas de su feudo.

Ganada la partida, el Difunto resucita y acude ante los delfines de su Acuario, los verdaderos depositarios del enigma de la Eternidad. A los pocos días reaparece por fin ante sus vasallos más jóvenes. Lo hace con las primeras luces del alba para anunciarles el pronto fin del mundo; ellos lo vitorean.

De contra:

Para la segunda entrega de la trilogía se podría contemplar el siguiente arranque:

Años más tarde el Resucitado oficiará el funeral de su disoluto hermano. «No era yo el Elegido», proclamará descubriendo por fin el arcano misterio guardado por los delfines.

«El Elegido era él», revelará señalando al achinado cadáver. Entonces una columna de fuego se alzará sobre el Mausoleo del Ka-ka-Hual. Será el inicio del fin del mundo.

Ya para entonces será un Rubio escapado del feudo del avieso sacerdote quien gobernará el Imperio vecino (apunte: inspirarse en Marco Rubio para este personaje…)

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El PSOE se viste de gala para visitar al Cardenal Ortega

- 02/09/10
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Digo yo que siquiera por pudor, alguien que se apellide Pajín debería abstenerse de acudir a una reunión con un prelado de la Iglesia Católica. Que la masturbación es pecado, ya se sabe.

Y sobre todo ahorrarse irrumpir en casa asociada a la abstinencia y el celibato ostentando esos dos pechos inmensos de koljoziana recién deskulakizada, los hombros desnudos, los modelitos ciñendo con fuerza las carnes que son orgullo del koljóz «El Monclovita». Y cuidarse también de que su compañera, Elena Valenciano, lleve los tirantes del sujetador al aire y ese atuendo propio de desparrames ibicencos o saraos en Marbella. ¡Que van a hablar con un Cardenal, coño!

Jamás se aparecerían así en Roma o la Nunciatura en Madrid. Ténganlo por seguro.

Pero, ah, claro, oiga, espere, no… Es Cardenal de Cuba, esa isla bonita, ese parque temático de la izquierda. ¿A qué respetos del protocolo? ¿A qué andarse con cortesías?

A estas dos embajadoras de una generación de políticos del PSOE que es la peor que ha conocido España desde tiempos de Atapuerca, Cuba, los cubanos, el cardenal y los sacerdotes mortificados a los que Leire habrá rozado con sus pechos antes de presentarse haciéndoles progresista guiño que habrá parecido invitación ―«¡Pajín!»― les parecen figurantes de una película de la España de los sesenta.

Y lo jodido es que, hasta cierto punto, razón no les falta, porque el cardenal no despidió a este par de pécoras turistas que viajaron, ¡ojo!, «a estrechar lazos con el Partido comunista» en cuanto se aparecieron de esa guisa a las puertas del Arzobispado de La Habana.

Cosas de la «siempre fiel», fíjate.

Inclúyase este post en la (imaginaria) carpeta marcada con la leyenda «¡Y todavía queremos que nos respeten!».

UPDATE:

En Guamá una ilustración muy pertinente para esta nota.

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Últimas noticias del Caribe

- 05/08/10
Categoría: Agua corriente, Excepcionalidad, Transición
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El rapero Wyclef Jean confirma que presentará su candidatura a la presidencia de Haití. Criado en Brooklyn, Nueva York, Jean confía en poder enderezar un país al que la suerte le viene siendo esquiva desde aquel lejano día en que decidieron colocarse a la cabeza del mundo libre aboliendo la esclavitud. Fue hace tanto como en 1791.

En medio de una crisis que se come a Grecia, Islandia o España, la República Dominicana, país que comparte isla con Haití, muestra unos datos económicos despampanantes. Tanto como que de 2004 a la fecha ha conseguido duplicar el valor de su economía. Preside ese país Leonel Fernández, eficaz dominicano criado en Nueva York.

Entretanto, en isla contigua, la isla de Cuba, los representantes del pueblo se aprestan a reunirse este sábado con un dictador desmomificado que les hablará del inminente fin del mundo.

Va y tienen razón los cubanos: si el mundo se va a acabar, ¿qué puede importarles que los países de su área geográfica conozcan alternativas políticas o hagan crecer sus economías a ritmo trepidante?

Cuba y los cubanos, una vez más, reivindican que no por gusto uno de sus hijos, Paul Lafargue, escribió el delicioso opúsculo El derecho a la pereza.

¿A qué perder el tiempo del que tan poco nos queda según Castro I en empeños tan áridos como la política o la economía? Ocúpense haitianos y dominicanos de tales naderías.

En Cuba, ese país de entes superiores que tantas veces desprecian a haitianos y dominicanos por sentirse superiores y elegidos (¿para qué?), trabájese lo menos que se pueda en lo que queda de semana, atiéndase al apocalíptico discurso en mañana de sábado y después, y con perdón: ¡a singar, que el mundo se va a acabar!

También en el llamado «Mediterráneo de las Américas» cada isla tiene ―si es que no el destino― sí el presente que merece.

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Sublimes cubanos postizos

- 31/07/10
Categoría: Arte, Excepcionalidad
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Del acarreo foráneo con la música cubana hay tanta huella que la vereda ya hace rato amenaza convertirse en camino de barro.

Aunque hay, claro, auténticas gemas en el barrizal ―entre las más brillantes las que nos regalan de vez en cuando los músicos africanos. ¡Vaya si las hay! Y todavía aparece alguien como Diego El Cigala, que nos deslumbró hace pocos años de la mano de Fernando Trueba, a quien no sé cómo le pagaremos, si alguna vez lo hacemos ―ingratos incurables que somos―, lo que ha hecho por Bebo Valdés y tanta música latina de Nueva York.

Con todo, mi predilección, una que auguro nadie conseguirá superar, sigue estando del lado de Marc Ribot y sus Prosthetic Cubans.

Con él y esa vocación postiza la dimensión folklorizante del aprovechamiento de la música cubana alcanzó cotas de veras sublimes. «Las lomas de New Jersey», gema engarzada en el hermoso camafeo que es Muy divertido!, probablemente sea la canción que escucho más veces al año.

El pasado 30 de junio, Ribot estuvo en el Oval at Stuyvesant Town, Nueva York, y a juzgar por lo que veo y escucho fue noche memorable.

I wish I was there! Увы!


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