Se trata de Luis M. Luarca, un médico cubano exiliado que se autotituló «Presidente del Proyecto de Restauracion De La Nación Cubana / Sistema Multipartidista Patriotico Unido y Fundador del Movimiento Cubano Mesianico-Judio A La Sagrada Familia». Así con todas las letras y sus mayúsculas, nenes.
Lo había olvidado en estos años, ¡y a uno le cuesta olvidar tales cosas!, cuando me sorprende ahora con una suerte de reggaetón dedicado a Benedicto XVI, La gasolina cubana, que canta como saliendo de entre las olas y, agárrense, con anuncio de huelga de hambre. (Alguien tendrá que explicarnos el porqué de esta súbita pasión cubiche por las huelgas de hambre.)
Leo en la misiva que envía hoy a mi buzón de correo:
A traves de esta pequena carta quiero informarles que a partir de hoy 11: 59 PM / 12:00 Midnight / Medianoche , me declaro en huelga de hambre para exigirle al Gobierno de Cuba , a La Conferencia De Obispos Catolicos De Cuba , al Papa Benedicto XVI , asi como a la Comunidad Internacional que reconozcan en publico al Movimiento Cubano Mesianico-Judio A La Sagrada Familia del cual soy el fundador .
Es bueno senalar que no levantaremos esta huelga de hambre hasta que el Gobierno Cubano nos reconozca como Institucion Religiosa y nos de permiso para regresar a nuestra patria y llevar a cabo celebraciones religiosas a todo lo largo y ancho del pais ( Como se les permite a los Pontifices Catolicos Apostolicos Romanos ) para que el pueblo cubano me pueda conocer en vivo / directo y asi comenzar la Mision que Yeshua me ha encomendado . De la misma forma La Conferencia De Obispos Catolicos De Cuba , y el Vaticano deben reconocerme como Movimiento Religioso.
Nada, avisados quedan.
Ah, y el reggaetón en clave de canción protesta que podría ser el mensaje postrero de este elegido por Yeshua. ¡Bailen, bailen… si pueden!
Hartos de conocer listas sobre el estado de la felicidad en el mundo en las que no se los menciona, los coreanos del norte decidieron hacer una investigación propia.
El reporte al que llego via Shanghaiist, no explica los criterios que se siguieron para el desarrollo de la encuesta. Eso sí, sus resultados son diáfanos y revelan cuáles son los países del mundo cuyos pueblos son más felices.
Estos son:
A saber, el primer lugar corresponde a China, el segundo, ¡vaya!, a Corea del Norte, el tercero a Cuba, el cuarto a Irán y el quinto a Venezuela.
Algo descolgados de esos paraísos de gente que sonríe sin parar, Corea del Sur ocupa el puesto 152 y ese valle de lágrimas que son los Estados Unidos (aquí llamado “Imperio americano”) se hundió hasta el puesto 203.
Nada, señoras y señores, que si están planteándose cambiar de lugar de residencia aquí les dejo esta utilísima información. (Y sí, ya sé que debí haber avisado antes a Reina Luisa Tamayo y familia…)
Manolito es Manuel Prieres; Pepito es José Sánchez Boudy. Entrevistado y entrevistador ya tuvieron sus minutos de gloria aquí hace un año. Allá los datos.
Ahora apenas otra deliciosa pieza que acaba de regalarnos esta pareja de freaks. Ese entrevistador que encuentra a gran intelectual y lo entrevista con mimo.
Bin Laden mira a Bin Laden. El tipo estudia el resultado de su alocución. Se pregunta, cabe suponer, el efecto que tendrá sobre sus seguidores y sobre nosotros, las víctimas a asustar: «¡Uhhh, que te mato, kafir!»
Se pregunta, como cualquiera que se mira en un espejo: «¿Luzco bien?» Es el terrorista Narciso a la vez que el metemiedo en la duda. El CEO de una empresa en la ruina. Es una parodia de Bin Laden en la que aparece Bin Laden.
¿Que querían fotografía del psicópata con túnel abierto en el cráneo? Esto es superior, es mayúsculo: es su cráneo enfrentado al efecto catódico; «craneándose» el tipo, que diríamos en cubano.
El set es penoso. A uno se le ocurre enseguida llamarlo «guarida». Esos cables que cuelgan. El desmañado electricista que conectó esto y lo otro. Un amateur al servicio de quien nos modificó la entrada en el siglo XXI que nos prometíamos feliz. Nosotros aquí con iPad y demás tabletas, mientras un vejete enturbantado y con técnica setentera nos aguaba la fiesta. ¡Y ni conexión a Internet tenía!
Fiesta esa sí y en toda regla este making off de las bravatas en Al Jazeera del hijoputa. ¡Zappeando el bobo!
Y un poco de decepción y un tanto de vergüenza, porque vaya mierda de enemigo y vaya enemigo de mierda.
La serie Las razones de Cuba sigue negándonos un buen capítulo. Un buen «infiltrado».
Ya vimos al protohumano de Carlos Serpa, al surfista pendejo, al masón descatalogado y, anoche, al escritor «líder». (Como me dijo hoy alguien que alguna vez lo trató, y dicho sea con perdón de las señoras: «¿Líder de qué pinga de qué?»)
Le falta algo a esos chivatos. Les falta clase, por decirlo rápido. Y empaque, agudeza, garbo. Les falta tijeretear un cigarrillo, manejar la ironía, hacer un guiño a las cámaras.
Todavía no hemos visto a uno que sepa hilvanar unas cuantas frases con elegancia. ¿Infiltrados…? ¡Chivatos de la peor estofa!
Dicho lo cual, la pregunta que me quita el sosiego es otra. Si esa es la materia de la que están hechos esos infiltrados, si tamaña es su insignificancia en términos intelectuales —y un espía es la expresión máxima de un intelectual—, ¿cómo no serán de bobos quienes los reclutan y cómo de bobos no imaginarán a los indígenas cubanos?
Lo dicho, hasta que los de Las razones de Cuba no me saquen a una trigueñona que cite a Madame de Sévigné —o a Le Carré, al menos— o nos muestren a un bon vivant infiltrado que dedique algún momento de su testimonio a evocar los buenos caldos degustados en la residencia del embajador de Francia, mientras espiaba por los rincones de esa casona preciosa, me niego a seguir viendo serie tan desastrada.
¡Qué se aburran ellos con chivatos tan mal encabados!
Yo, para sentarme ante el televisor a ver una de espías, requiero de buenos infiltrados, buenos reclutadores y mejor paisaje a descubrir.
Tú imagínatelo ahí. Con su guayabera blanca, su cara de imbécil, su calamitosa hoja de servicios al país que lo quiso presidente y lo desquiso enseguida. James Carter, cará’.
Tú imagínatelo reunido con Castro II, guayabera contra guayabera como espejitos, con cardenales y judíos que viven en Cuba de ser judíos. ¿De qué habló con estos? Contaron los brazos de la Menorá.
James Carter, el «vendedor de cacahuetes». Que en Cuba es maní y sus vendedores tienen larga fama de pregoneros. Y, por feliz accidente, de rumberos.
«Distinguido visitante», le llaman, porque el ciego es tuerto en casa del rey. Aunque ni rey haya, ni Jimmy Carter sea ciego. Pero es tuerto útil.
Ha ido a ejercitar el músculo del trueque. Del quid pro quo. Del dando y dando. ¡Pero que nadie se entere, oigan! Que en silencio ha tenido que ser…
(¿Habrá votado Alan Gross a este mequetrefe en el lejano 1976?)
Pero tú imagínatelo ahí. Imagínate a esos «estadistas». El aquiescente Jimmy Carter que quiere cobrarle pieza a Barack Obama antes de ir a rezarle a la almohada. Y Alan Gross esperando en La Condesa. Y los espías cubanos jugando a las cartas.
Y cuando ya te has apoderado de ese paisaje sórdido y decadente, cuando ya ves temblar esas parejas de labios luchando trueque, cuando tarareas «El manisero» —The Peanut Vendor— para bailar la escena, te anuncian que Alix de Foresta —«Princesa Napoleón»— volará pronto a esa misma Habana para asistir a la reapertura del Museo Napoleónico.
¡Del Museo Napoleónico, nene!
Habaaana —léase como cantado por Los Zafiros. De ti se puede imaginar todo. ¡Y todo es tan, pero tan deliciosamente kitsch!
Tristán de Jesús Medina
Retrato de apóstata con fondo canónico. Artículos, ensayos, un sermón. Selección y prólogo de Jorge Ferrer. Editorial Colibrí, Madrid, 2004.
Minimal Bildung
Veintinueve escenas para una novela sobre la inercia y el olvido Editorial Catalejo, Miami, 2001.
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