Jorge Ferrer - 05/06/10
Categoría: Arte, Israel, Memoria | Etiquetas: Agua corriente
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«Go back to Auschwitz!», recomendó uno de los «pacifistas» que viajaban a bordo del Mavi Marmara al oficial israelí que les advirtió que se dirigían a zona sujeta a un bloqueo naval.
«Go back to Auschwitz!»
La frase remite a la experiencia de los sobrevivientes que dudaron durante años si regresar o no al campo de concentración. De visita. Para recordar. Para contar lo que habían visto allí. Y lo que habían hecho.
Todos los relatos de los sobrevivientes contienen esa angustia por la pertinencia del regreso. «¿Regresar a Auschwitz?» Para muchos era la segunda pregunta más angustiosa después de la que inquiría por el por qué o el cómo habían sobrevivido.
Con el tiempo, algunos volvieron. Los ganó la evidencia de que el exterminio podía volver a repetirse. De que el odio volvería a sacar su puño de hierro y nuevas chimeneas mancharían el paisaje con columnas de humo salidas de la grasa destinada a fabricar jabones.
Nina Maria Kleivan, artista danesa, ha abordado esa latencia del horror en forma que escandaliza a muchos. Lo hace en su serie Potency. Kleivan ha vestido a su hija, un bebé, con uniformes de célebres genocidas. «Todos llevamos el mal dentro», sostiene. «¿Cómo saber que esta niña no se convertirá en dictadora y genocida mañana?», nos reta.
Y en efecto. ¿Lo sabe alguien?
«Go back to Auschwitz!», recomendaba el dicen que pacifista.

Imágenes cortesía de Nina Maria Kleivan: su hija como Hitler. De la serie Potency.
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Jorge Ferrer - 31/05/10
Categoría: Israel, Media | Etiquetas: Agua corriente
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La última operación del ejército israelí ha dejado (parece que) diez nueve víctimas ―y no diecinueve como se escribió en día en que los diarios han sido enormemente felices. Con los diarios e Israel servido en la picota pasa lo que cuando a un grupo de niños ociosos les das un balón. Comienzan a patear que da gusto.
Porque patear a Israel o patalear porque si Israel esto o lo otro, ya se sabe, es el deporte preferido de todos los periódicos menos puñado escaso.
El furor informativo ha sacado hoy a pasear toda su rabia contra la única democracia de Oriente Medio. Masacre, matanza, «baño de sangre», chillan entusiastas. Un somero vídeo que cierto joven azerí subió a Youtube sintetizaba lo que pasaba por la cabeza de muchos, aunque no todos sean tan explícitos o sinceros como Ahmadineyad o los prebostes de Hamás. La misma Hamás que mantiene secuestrada la Gaza a la que viajaba el barco intervenido.
¿Quiénes viajaban en ese barco, el Mavi Marmara, oye?
Oh ―nos dicen plañideras las rotativas―, pobres civiles. Dulces «activistas». Eso nos ha repetido hoy la prensa con empalagosa machaconería. También de Hiroshima se dijo que era un plácido pueblo de pescadores.
Civiles.
Gocemos de esos «civiles», «activistas» sin uniforme, según reportaje que Al-Jazeera ―la nada sospechosa de simpatías por Israel Al-Jazeera― enseñaba horas antes del salpafuera. Atiéndase a esos inocentes civiles: sus cánticos, sus palabras, sus jetas.
¡Solavaya!
Visto, pues, que los pacifistas entonaban cánticos llamando a la muerte de los judíos y se consideraban llamados al martirio, se comprende por qué decidieron desafiar al Tsahal y se negaron a aceptar las propuestas israelíes de desembarcar fuera de Gaza y trasladar la carga humanitaria por tierra hasta ese enclave. Ojo al dato: Israel ofreció canalizar toda esa ayuda: los «pacifistas» se negaron, porque buscaban su Normandía.
Y visto que los pacifistas no eran precisamente pacíficos, a nadie sorprenderá que recibieran a los soldados israelíes como lo hicieron. ¿Resistencia pacífica? ¡Ná, que va! Linchamiento en toda regla. ¿Que te bajan unos judíos del cielo, aunque sea del cielo bajo que es un helicóptero? Pues, a matarlos a golpes e intentar cobrarse rehenes.
Y se afanaron. Atiéndase a esas barras de hierro que golpean a soldados que llaman al orden, en lugar de bajar a tiros. (El vídeo puede requerir verificación de edad).
Algo huele mal en Israel. Y ese mal olor ha de preocuparnos.
La operación en enero pasado que consiguió eliminar a Mahmoud al-Mabhouh, jefazo de Hamás, se saldó con la identificación de once agentes del Mosad. Todos quedaron inhabilitados para trabajos operativos. Así, se perdieron once efectivos de la lucha anti-terrorista.
La de hoy exigía la neutralización de decenas de beligerantes activistas que viajaban hacia Gaza al grito de «Alá Akbar» ―Dios es grande―, gente dispuesta al martirio ―lo que llaman martirio― y profundamente antisemita. Haber permitido que generaran una situación que solo podía resolverse a tiros fue un error mayúsculo, porque debilita la posición de Israel en un momento crucial ―si no lo ha sido alguno en la historia de ese país.
La celebrada eficacia del Mosad y el Tsahal, responsables de la seguridad de los israelíes, parece cosa de ayer. Ello cuando toda acción de Israel entraña un reto político y un reto de imagen.
Ojalá que el coste operativo de Dubai y el coste mediático de hoy sirvan para devolver la ejemplaridad de antaño, porque en ese trozo del mundo hay más en juego que en desiertos enteros, montañas distantes y todas las elegantes capitales de Occidente.

De contra:
Ah, mira tú qué cosa, resulta que el cooperante español que andaba en esa refriega, cierto Manuel Tapial, se interesó por Palestina ―por jalear a Hamás, entiéndase―, en fase tardía de su dedicación a las grandes causas.
Antes lo suyo era jalear a la dictadura cubana y a la Venezuela de Hugo Chávez.
¡Caray! ¡Estos muchachos son más predecibles que las rebajas de invierno!
Las segundas siguen calendario; los primeros, itinerario.
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Jorge Ferrer - 05/03/10
Categoría: Israel | Etiquetas: Agua corriente
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Que los planes de Israel para golpear las plantas de enriquecimiento de uranio en Irán están listos no es un secreto para nadie. Como bien decía Yaakov Katz en una entrevista reciente, la cuestión ya no es si el Tsahal puede o no llevar a cabo la operación con éxito, sino si se puede permitir pagar el precio político de emprenderla.
Vaya por delante que soy de la opinión de que en este asunto toda dilación es estéril. Entretenerse en apaciguar a Ahmadineyad y a la recua de clérigos que deciden sobre el programa nuclear iraní es una pérdida de tiempo que podrá resultar muy gravosa. Y no sólo para Israel: también para el equilibrio geoestratégico en toda el área, incluyendo a China, India y Paquistán.
Si Occidente permitiera que Irán se sume a Paquistán en la nómina de regímenes islámicos capaces de asestar golpes con armas nucleares podrá haber marcado el inicio de una era distinta ―si es que ésta no ha comenzado ya―, donde el «choque de civilizaciones», que decía el finado Samuel Huntington, podría ser un paisaje de hongos.
Por suerte, tal parece ser el sentimiento mayoritario en la cúpula militar israelí. También el que comparte buena parte de la clase política y la ciudadanía de Israel.
De ahí que mi sorpresa haya sido mayúscula al recibir esta mañana una nota del diario Maariv, firmada por Eli Berdenstein y distribuida por el Servicio de prensa de la Embajada de Israel en París, titulada «L’objectif : appliquer le modèle cubain».
Allí, estas declaraciones de Avigdor Lieberman, ministro de exteriores de Israel:
« Israël doit changer de politique vis-à-vis de l’Iran. Nous devons demander aux Etats-Unis d’adopter face à l’Iran le modèle du boycott du Cuba, qui a prouvé son efficacité et qui est suffisamment puissant pour asphyxier et faire chuter le régime iranien »
«Israel debe cambiar de política hacia Irán. Debemos exigir a los EE.UU. la adopción en relación con Irán del modelo de embargo a Cuba, que ha probado su eficacia y que es suficientemente capaz de asfixiar al régimen iraní y hacerlo caer»
A ver, Avigdor, papito. ¿Dónde has visto tú que el embargo haya hecho caer el régimen de los hermanos Castro? ¿Dónde, que los haya asfixiado?
Más: ¿en qué cabeza cabe que un embargo unilateral de EE.UU. a Irán va a servir para algo? ¿Acaso no le bastan y le sobran los apoyos de Rusia y China para seguir adelante, como le bastaron a Cuba los de la Europa comunista, aun a miles de kilómetros de distancia?
El dichoso embargo. Como si no bastara tener que soportar a quienes lo acusan de ser la causa de todos los males de Cuba, ahora hay que encontrarse con que la diplomacia israelí -la «casi siempre» eficaz diplomacia de Israel- lo cree capaz de tumbar regímenes.
El «modelo cubano», dice el bueno de Avigdor.
Confiemos en que el Tsahal trabaje pronto con otros modelos. De punta cónica, preferiblemente.
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