Jorge Ferrer - 07/02/11
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[Este artículo apareció publicado ayer domingo en el periódico digital Diario de Cuba, con redacción en Madrid.]

Lezama, lomo a lomo
Por Jorge Ferrer
Cabe también dividir a los escritores que nos hicieron y hacen ser hoy lo que somos en dos estantes que se miren de espaldas. Esos libros tremendos lomo frente a lomo. Y situarnos en medio. Concederle a la “angustia de las influencias” una dimensión espacial, geométrica. Feng shui y también competencia y vibración de la memoria. Arquitectura basada en afectos y en la corta distancia.
¡Ese placer que es rascarle el lomo a algunos libros! Sus lomos gastados y castigados por uñas y el astro.
Ahora los libros de José Lezama Lima están perfectamente ordenados aquí a mi derecha. Antes, en otras casas donde viví, me dieron la espalda desde otros extremos. Desde hace unos años son soldaditos presos en una celda diseñada por IKEA de la que entran y salen de tanto en tanto. No pasean mucho, ni falta que nos hace. Son libros caseros. De la suya dentro de la mía.
Tienen enfrente, yo en medio, una balda en la que guardo libros itinerantes: aquellos que utilizo en los trabajos en curso, casi todos ellos recién llegados a casa o prestados por bibliotecas y que viven aquí desordenados por el capricho de su arribo o el manoseo. Casi los toco ahora con la frente si los miro y cabeceo. Y leer, como escribir y también traducir, se parece mucho a cabecear en la acepción que los hombres de mar dan a esa palabra.
Los libros de José Lezama Lima, en cambio, permanecen ordenados, salvo escasos sustos.
El ejemplar de Paradiso en su edición cubana de 1966, su lomo rozado y rosado por el tiempo, lo debo a mi madrina —una mujer extraordinaria que murió joven creo que precisamente por extraordinaria— y ocupa, más o menos, el medio del pelotón que me da la espalda. Lo he manoseado en las pocas ciudades donde he tenido cama, mesa y libreros: La Habana, Moscú y Barcelona. Y aún recuerdo con precisión el día en que lo saqué de un estante en el barrio de La Laguna, Bauta, y Adis Estévez me dijo: “Es tuyo”.
He leído muchos libros una vez y unos pocos libros unas cuantas veces. Hay unos poquísimos libros que agarro siempre para leer un par de páginas o cuatro; un capítulo o dos. Y hay libros con los que me levanto algunas mañanas. Algunas tardes, más bien. Paradiso y Oppiano Licario han demostrado ser herramientas óptimas para esas lecturas sin más propósito que el de ingerir palabras que predispongan el día desde almohadas tacadas de café con leche.
A Lezama, pues, le debo ciertos días bien encaminados. Y, encima, tengo la suerte de haberle pagado un cuarto de alguno. Y ya se sabe que uno le paga un cuarto a quien desea de veras y a nadie más.
José Lezama Lima nos enseñó que podíamos ser cubanos, muy cubanos y siéndolo hasta la caricatura, sin serlo apenas y, sobre todo, sin parecerlo. La figura del “peregrino inmóvil” es el oxímoron que viste a esa habanera y por lo mismo díscola mujer del César. Todas las poses talladas o ensayadas después, desde a la A hasta la Z del último medio siglo de literatura cubana, se cosieron el traje en la casa del sastre de ese guajirango capitalino que chapurreaba el francés y decía Schopenhauer con la lengua enredada en manteca’e'puerco transmutada en foie gras gracias, ¿quién lo diría?, a las tardes de Bauta o Trocadero, 162 —peculiares crisoles.
Lezama iluminaba así —Martí en un bolsillo, Casal en el otro y sacándose país imaginario del sombrero de Zequeira—, el más allá de lo que cualquier escritor de esa provincia de la literatura que es Cuba habría imaginado jamás. Lo que Lezama enseña, en definitiva, es que tradición y lecturas se alzan sobre pilares que responden a una arquitectura abofada y juguetona; firmísima, aunque escurridiza…
Ahí su peso y ahí su liviandad: el Lezama que inspira desde el enigma y el Lezama cuyo rostro se ha ido desdibujando en la arena de la lectura. A cien años de su nacimiento apenas lo honran unos pocos. Y quien con más ruido, el régimen que lo redujo a calculado silencio. Hoyo Colorao se llamó la Bauta que el padre Ángel Gaztelu convirtió en sofisticado merendero del origenismo. ¡Sorpresas del corrimiento del rojo!
Tan pronto como en junio de 1945 leemos en el diario que Lezama llevaba entonces: “Soy un fantasma de conjeturas e insignificancias. J. L. L.”. A cien años de su nacimiento, ni las conjeturas han sido desentrañadas, ni debidamente vindicado el poder de sus “insignificancias”.
Coda:
Le puse “un cuarto”, dije ahí arriba. Y ahora me explico.
En un ensayo fundamental, “Paralelos. La pintura y la poesía en Cuba (siglos XVIII y XIX)”, José Lezama Lima anotó un catálogo de lo que los cubanos perdimos sin remedio.
Allí recogía, entre otras ausencias, la que sigue: “no conocemos ni siquiera un sermón de Tristán de Jesús Medina, brillante y sombrío como un faisán de Indias”.
Un día de hace unos pocos años tuve la suerte de dar con uno de esos sermones, “María-Esperanza”, que incluí en la selección de textos de Medina que preparé para la Editorial Colibrí: Tristán de Jesús Medina, Retrato de apóstata con fondo canónico. Artículos, ensayos, un sermón (Colibrí, Madrid, 2004).
José Lezama Lima no vivió para leerlo. Yo sí para imaginarlo manoseando esas páginas, tijereteando un tabaco y dando a Tristán de Jesús Medina las gracias que le di yo a los dos cuando me permitieron imaginarlos reunidos en un brevísimo instante en que nos vimos, no los lomos, sino las caras los tres.
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Jorge Ferrer - 04/11/10
Categoría: Letra impresa, Libros, Literatura
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Hoy, 4 de noviembre, sale a la venta Una familia venida a menos, de Nikolai Leskov, en mi traducción. Se debe a Aleph Editores y Del Taller de Mario Muchnik.
No son abundantes las ocasiones de traducir por primera vez al español una novela de esta envergadura ―una joya de la literatura clásica rusa. Se trata, por demás, de una de las traducciones que más me ha complacido emprender y leer.
Debo la oportunidad a un proyecto de Mario Muchnik que se propone ofrecer a los lectores de nuestra lengua una biblioteca de literatura rusa capaz de sobrevivir, al menos, al próximo medio siglo de lectura.
Mario y Bernat Puigtobella explicaron en detalle sus propósitos en la presentación de hace unos días en Madrid de la que hay información aquí y aquí.
Muy recomendado queda este Leskov, pues. Como todo lo que salga de ese Taller. El texto de la contraportada puede verse aquí.
Una familia venida a menos, de Nikolai Leskov (El Aleph Editores / del Taller de Mario Muchnik, 2010, 304 pp.), se puede comprar a partir de hoy en todas las librerías españolas.
Para adquisiciones online desde España o el extranjero: aquí, aquí y aquí.
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Jorge Ferrer - 22/06/10
Categoría: Letra impresa, Poscomunismo
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La colección Best Seller de la editorial DeBols!llo acaba de publicar una nueva edición española de mi traducción de Guardianes de la noche y Guardianes del día, los dos primeros volúmenes de la célebre trilogía de Serguéi Lukyanenko.

Tras vender más de un millón de ejemplares en Rusia, los libros de Lukyanenko se tradujeron a otras diez lenguas y fueron objeto de sendas adaptaciones al cine.
Aparecidos inicialmente en Plaza & Janés en 2006 y 2007, esta reedición promete ganarles más lectores hispanohablantes. Que ojalá.
En Cuba, por cierto, los fans de Lukyanenko y su sangriento y misterioso mundo poscomunista poblado por mafiosos, vampiros y teriántropos son legión.

Así, durante su visita a la última edición de la Feria del Libro de La Habana, el autor hizo una aparición multitudinaria en la que se le rogó cediera los derechos de estos libros para su publicación en Cuba. Algo que Lukyanenko hizo gustosamente.
Guardianes de la noche (DeBols!llo, Barcelona, 2010, 525 pp.; tr. de Jorge Ferrer) y Guardianes del día (DeBols!llo, Barcelona, 2010, 512 pp.; tr. de Jorge Ferrer) pueden comprarse en Casa del Libro y otras librerías.
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Jorge Ferrer - 27/02/10
Categoría: Letra impresa | Etiquetas: En El Nuevo Herald
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Los problemas y la tragedia
By JORGE FERRER
El problema con el terror es que cuando un estado se habitúa a ejercerlo ya no cesará de recurrir a él jamás. Pueden producirse intervalos; pueden establecerse moratorias explícitas o tácitas; puede generarse la expectativa de una distensión. Pero todo ello no será más que una ilusión: la práctica del terror resulta tan eficaz como adictiva. Es por ello que la bien engrasada maquinaria represiva cubana nunca ha renunciado a él. Sabe que el terror es la más contundente herramienta de cohesión social bajo un régimen totalitario.
El problema con hombres como Orlando Zapata Tamayo es que el ejercicio del terror los ha privado de todo menos del coraje, la decisión y la dignidad. Acosados y desesperados, íntegros y decididos, responden al terror con las armas exiguas de que disponen. Zapata Tamayo lo hizo con su propio cuerpo, su única arma. Ahora ha perdido también su vida, después de siete años encerrado en una prisión a la que lo condenó un tribunal que fue mero brazo ejecutor de una decisión política.
El problema del odio y el desprecio a la diferencia que practica y fomenta el gobierno de La Habana es que lo inhabilita para ser considerado un interlocutor válido, un agente de negociación, una entidad legitimada para sentarse a una mesa con representantes de gobiernos democráticos, de países donde rige un estado de derecho. En realidad, ello no sería un problema si prevalecieran los valores que animan la Carta de las Naciones, si la solidez democrática fuera un valor al alza, si a la “revolución cubana” se la tratara como lo que es, a saber, una dictadura militar de corte totalitario. Desafortunadamente, la situación es bien distinta y los demócratas cubanos tienen que padecer el terror cotidiano, mientras sienten vergüenza ajena por quienes “acompañan” al régimen de los hermanos Castro. Significativamente, España. No será por gusto que en inglés se le llame Spanish shame a la vergüenza ajena.
El problema con la inflexibilidad, el empecinamiento y la intransigencia es que cierra todas las vías posibles de acuerdo a la vez que cancela toda expectativa de diálogo y reconciliación entre cubanos. El gobierno que considera inadmisible la articulación de cualquier forma de organización cívica o política al margen del Estado, estigmatiza a quienes disienten calificándolos de mercenarios o anticubanos y los envía a prisión, invalida, de hecho, todo diálogo. A estas alturas de la historia cubana la única intransigencia que cabe combatir es la que practican los jerarcas de La Habana. La intransigencia que acaba de cobrarse la vida de Orlando Tamayo Zapata, un preso político cubano de 42 años, tras 85 días en huelga de hambre tan firme como devastadora.
El problema es que nada parece augurar el fin del régimen que los cubanos padecen ya por más de medio siglo. La presión desde el exterior, aunque estéril, ha tendido a remitir en los últimos años. La posibilidad de una solución impulsada por uno o varios agentes de la política internacional, sea a través de un embargo multinacional efectivo o una intervención militar, está descartada. La eventualidad de que se produzca una sublevación masiva interna parece harto improbable. El otrora esperanzador No Castro, no problem –la llamada “solución biológica”– sirve ya de consuelo apenas a unos pocos.
Esos son algunos de los problemas. La tragedia es que Cuba entierra hoy a uno más de sus hijos. A la última víctima de la cruel demencia del castrismo.
El artículo “Los problemas y la tragedia” aparece publicado en la edición de hoy de El Nuevo Herald.
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Jorge Ferrer - 16/02/10
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Por invitación de Security Index, revista de PIR-Center. The Russian Center for Policy Studies, prestigioso think tank con sedes en Moscú y Ginebra, escribí sobre el libro que recoge la entrevista de Ignacio Ramonet a Fidel Castro. La edición rusa apareció en 2009 y Security Index quería contraponer distintas visiones sobre Cien horas con Fidel.

El texto acaba de aparecer publicado en ИНДЕКС БЕЗОПАСНОСТИ (Indeks Bezopasnosti), № 1 (92), primavera de 2010.
En inglés, estará disponible en las próximas semanas en la versión en esa lengua que publica Routledge.
Las disposiciones sobre copyright de PIR-Center y Routledge me impiden reproducir aquí el texto íntegro.
No obstante, por cortesía de PIR-Center con los lectores de ETDLV, que agradezco, inserto unos pocos párrafos.
El texto completo de la versión original puede leerse aquí.
Castro (casi) por Castro
Por Jorge Ferrer ―para Security Index (fragmento)
Cuando el TU-114 que llevó a Fidel Castro en su primera visita a la URSS ―abril y mayo de 1963― se aproximó al aeropuerto de Olenia, en la península de Kola, el piloto se vio obligado a hacer dos acercamientos hasta que consiguió aterrizar. La espesa capa de nubes bajas y la niebla que cubría la pista amenazaron con provocar una catástrofe. Anastás Mikoyan, quien esperaba al líder cubano, felicitó efusivamente al piloto, cuya extraordinaria pericia sirvió para conjurar un gracioso guiño que pudo haberse permitido la historia: el joven revolucionario Fidel Castro, quien pronto cargaría con la misión de representar al «Bloque del Este» y al Kremlin en el hemisferio occidental, dejando sus huesos por accidente en uno de los célebres enclaves del archipiélago GULAG.
Ha transcurrido mucho tiempo desde entonces. Medio siglo después de que Fulgencio Batista abandonara Cuba y algo menos desde que la isla más grande del Caribe se convirtiera en un bastión del socialismo en América, a apenas un tiro de piedra de las costas de la Florida, Cuba es hoy un país que se perpetúa como el ajado dibujo de un mundo que ya no existe. Una caricatura cuyos trazos ―la pobreza compartida, la violencia de Estado, el control absoluto de los medios de comunicación, la doctrina del partido único…― fueron dibujados con el mismo carboncillo que antaño sombreó el paisaje del socialismo en la Europa del Este, si bien ha conseguido reinventarse una y otra vez para lograr una supervivencia por la que pocos apostaban hace veinte años.
Entretanto, el viejo dictador, retirado desde que una dolencia intestinal lo obligó a pasar por el quirófano en julio de 2006, se ha entregado con fervor a la fabricación de su biografía, a la meticulosa erección de un monumento que consiga perpetuarlo como una de las personalidades políticas más distintas del último medio siglo. Y no sólo eso. Mientras el cincel trabaja sobre el pasado, la pluma practica un estudiado aggiornamento del líder, que quiere verse transmutado de dinosaurio de la Guerra fría en profundo perito fin-del-mundista, heraldo de ecologistas, altermundistas y antiglobalizadores. Un Castro que, como cualquiera de los jóvenes que sale a manifestarse contra los líderes de la política y el orden económico mundial en Davos, Seattle o San Petersburgo, lleva ilusoria camiseta con el icónico rostro de Ernesto Guevara estampada en el pecho ―en realidad, por cierto, su uniforme de trabajo son trajes deportivos de Adidas, Nike o Puma― y un buen manojo de malas noticias que contar. En definitiva, en el ocaso de su vida, el viejo dictador se transmuta una vez más. Se trata, con seguridad, de su transmutación definitiva. Clavetea las ventanas abiertas del pasado y abre de par en par las puertas de su Mausoleo: un elefantiásico edificio destinado a su gloria póstuma.
(…)
Mas ¿cómo ha conseguido mantenerse en pie ese socialismo manifiestamente ineficaz en lo económico y represor en lo político? «Ya viene llegando», cantaba Willy Chirino, un célebre músico cubano de Miami, cuando los países sometidos a los dictados de Moscú se apartaban, uno tras otro, de la práctica totalitaria. Veinte años después, aquella promesa continúa siendo esperanza que corean los demócratas cubanos en Cuba y el exilio, sordos a la evidencia de que el castrismo más que de tránsito tiene color de destino. Sordos por vocación, sordos pareciera que sin remedio. Una sordera que ansían romper con gritos que pocos escuchan.
(…)
Cuba, naturalmente, es mucho más que una mera pieza del museo de la Guerra fría y cuenta con un capital simbólico y, sobre todo, un capital humano capaces de insertarla con provecho en el imaginario, la política y la economía del siglo XXI. Pero la Cuba de Fidel Castro, anotada por Ignacio Ramonet, carece, por vetusta, por monótona, por irreal, de los tonos que los cubanos, en la isla o el exilio, son capaces de ensayar. Y ensayan ya.
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Jorge Ferrer - 22/12/09
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Estos días ha llegado a las librerías Diario íntimo de la revolución española de José María Chacón y Calvo, de cuya edición me ocupé por encargo de la editorial Verbum, Madrid.
Sigue el prólogo que escribí a ese diario magnífico cuya lectura les recomiendo vivamente.
Diario íntimo de la revolución española se puede comprar en librerías o contactando a Editorial Verbum.

José María Chacón y Calvo: su propia guerra
[Prólogo a José Maria Chacón y Calvo, Diario íntimo de la revolución española, Verbum, Madrid, 2009]
Por Jorge Ferrer
Este es el diario que escribió un hombre triste en una ciudad de hombres separados por la euforia y el miedo, esos dos rostros que nos ofrecen siempre las guerras. Un cubano en el Madrid de 1936, al que los albores de la Guerra Civil colocaron ante el horror que vivían los españoles, un dolor que no podía percibir como ajeno. Porque para él no lo era.
José María Chacón y Calvo no fue uno de los largos centenares de cubanos enrolados en las Brigadas Internacionales que viajaron a luchar en el bando republicano. Tampoco figura su nombre entre los de naturales cubanos asesinados por elementos favorables a la República, como Fray José López Piteira, fraile del monasterio de San Lorenzo del Escorial, que encontró la muerte ante el pelotón de fusilamiento en Paracuellos del Jarama y recientemente reconocido como mártir de la Iglesia católica. No fue Chacón y Calvo –a pesar de su destreza con la pluma- un periodista llegado a la península para escribir sobre la guerra para periódicos distantes. Tampoco integró la nómina de escritores cubanos que acudieron al II Congreso Antifascista por la defensa de la cultura celebrado en Valencia en 1937, como sí hicieron Nicolás Guillén, Juan Marinello o Félix Pita Rodríguez.
El autor de este diario no se encontraba en Madrid por azar al inicio de la contienda ni vino a ella a encontrarla; tampoco huyó de la ciudad, como hicieron tantos otros extranjeros haciendo uso de su legítimo derecho a ponerse a salvo de un conflicto que ponía en peligro sus vidas.
No siendo ni combatiente, ni corresponsal, no siendo, en esencia, partidario de ninguno de los dos bandos, ¿qué convierte en valioso este documento, entonces? ¿Será acaso su propia existencia, como sucede con tantos otros diarios escritos desde el horror?
José María Chacón y Calvo nació en La Habana el 29 de octubre de 1892, año en que se celebraba el Cuarto Centenario del descubrimiento de América. Su niñez y adolescencia transcurrieron entre la capital y Santa María del Rosario, población de la periferia habanera, donde su familia conservaba una casona señorial. Por su origen familiar, Chacón procede de una familia de larga tradición en las armas y la administración españolas. La dignidad de conde de Casa Bayona, cuya rehabilitación solicitó con éxito a la Corona en 1950, lo sitúa en la estela de una familia de la nobleza, cuya hispanidad, entendida como “servicio a su raza y su país” reivindicó siempre.
Tras cursar estudios en La Habana y Nueva York, Chacón y Calvo se doctoró en Derecho y Filosofía y Letras por la Universidad de La Habana. En 1918, convencido de que sus intereses intelectuales mal casaban con el oficio de abogado, consigue un puesto en el servicio exterior cubano con destino en la Legación de Cuba en Madrid. Desde entonces, y hasta la página final de este diario, su vida iba a estar unida a la capital de España desde su piso en la calle General Pardiñas, en el barrio de Salamanca, aun cuando algunas estancias en Cuba y numerosos viajes por España, introdujeran paréntesis en la activa vida social madrileña que tuvo el intelectual y diplomático cubano. Con breves pausas, Chacón y Calvo estuvo destinado en la Legación –Embajada, desde 1926– de Cuba en Madrid entre los años 1918 y 1936, cuando la enfermedad de su madre lo obliga a marchar a Cuba. Conservó, sin embargo, el referido apartamento hasta la década de los sesenta, mientras permanecía en La Habana en una suerte de “exilio interior” que se prolongó hasta su muerte en 1969.
Pero las labores como diplomático no fueron las únicas que ocuparon a Chacón en España. Ni siquiera fueron las principales. En cambio, su pasión por la filología, la historia de la colonización española de América y la literatura y la poesía de España y Cuba tuvo esos años un desarrollo fundamental, gracias a las investigaciones que realizó en archivos de la península y al propio clima intelectual del que se rodeó. El autor de este diario es, sin dudas, uno de los hispanistas cubanos más notables de la primera mitad del siglo XX.
Su círculo de relaciones en Madrid incluía a los más importantes intelectuales de la época. Con uno de ellos, sin embargo, la relación fue particularmente intensa, a medias entre el discipulado y la amistad: Ramón Menéndez Pidal. Con él realizaría el cubano numerosos viajes por España y Cuba. Entrañable fue también su amistad con Alfonso Reyes, como estrechos fueron sus lazos con Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez o Federico García Lorca.
César González-Ruano, quien lo trató en el Madrid de los años treinta, recuerda a Chacón y Calvo en sus memorias como a «un curioso personaje en más de un aspecto…» González-Ruano detectó la compleja visión de Chacón acerca de la religión y la política, una constante en el diario escrito en Madrid: «Tenía profundas ideas católicas, yo creo que a dos pasos del misticismo, pero al mismo tiempo simpatizaba cada vez más con todos los extremismos izquierdistas».
Otro de sus amigos madrileños, Rafael Alberti, lo describe como «un hombre bueno, con cierta blandura de fruta tropical, gran aficionado a las nieves serranas, por las que se pasaba esquiando la mayor parte del invierno… Fue el amigo más entusiasta de mis canciones marineras y de mis primeros tercetos. Siempre que yo quería romper mi reposo me invitaba a cenar a su casa de la calle Pardiñas. Y allí me hacía repetir mis versos, a él solo o a sus convidados, que a veces eran muchos.» Entre esos convidados, recuerda Alberti, estuvo una noche Eugeni D’Ors, otro gran amigo del cubano. Continúe leyendo… »
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