De cómo Cuba protagonizó la primera protesta callejera en el Moscú soviético

- 04/01/12
Categoría: Excepcionalidad, Memoria, Rusia
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El fotógrafo y blogger Rustem Adagamov avisa de un episodio que cuela a Cuba de rondón en la historia de las protestas callejeras en la URSS. La historia de esas contestaciones es breve, como es sabido. Aun con «deshielo» el régimen posestalinista ejerció un control totalitario sobre los espacios públicos y apenas en cinco ocasiones se vio salir a ciudadanos a las calles en acciones que no habrían sido autorizadas por el gobierno. De ellas, tres fueron protagonizadas por disidentes, la más conocida la Protesta de los Siete, cuando otros tantos valientes protestaron en la Plaza Roja contra la intervención en Checoslovaquia.

Según Adagamov, el 18 de abril de 1961 se produjo el primero de esos salpafueras en la URSS postbélica. Y la pizpireta Cuba estaba en medio. Fue una protesta masiva frente a la embajada de los Estados Unidos en contra del desembarco de la Brigada 2506 en las arenas de Playa Girón. Las simpatías que despertaba la Cuba protocomunista eran notables entonces. Lo eran en Occidente y también, figúrense, en la URSS.

Adagamov, uno de los más influyentes bloggers de Rusia y activo valedor de las protestas contra el gobierno de Putin que se están viviendo en Moscú, se ha ocupado de rastrear las manifestaciones de protesta en tiempos soviéticos y sostiene que esta fue absolutamente espontánea. Y aun cuando me cuesta concebir que lo fuera de veras -véase el pathos “partidista” de la primera imagen-, es posible que lleve razón a la vista del despliegue policial que los jefes del KGB se vieron obligados a montar para enfrentarla.

Con todo, lo cierto es que en la historia de las relaciones entre la URSS y Cuba, esa isla que tanto se ufana de su excepcionalidad estuvo implicada en la primera ocasión en que se vio sacar a la caballería a las calles del Moscú postbélico para poner freno a multitud armada de carteles y gritos de protesta.

¡Fíjate tú, amigo de la excepcionalidad cubana!

(Las fotografías que incluyo aquí, todas cortesía de Drugoi, el blog de Adagamov, son obra de James Whitmore para LIFE, las dos segundas, y de una agencia soviética, la primera.)



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    Mapas y grabados cubanos de Héctor de Ayala a la venta en Barcelona

    - 08/11/11
    Categoría: Arte, Memoria
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    He visitado la colección de mapas, grabados y dibujos de la colección de Héctor de Ayala que compró el anticuario barcelonés Albert Martí Palau. Una experiencia visual, y cordial, de veras extraordinaria.

    Albert se ha hecho con una pequeña parte —él dice que con «la parte de papel»— del legado de quien se desempeñó como último embajador de la Cuba republicana en París. Un voraz y exquisito coleccionista, a quien supongo no habría hecho ninguna gracia ver dispersadas sus colecciones y vendidas en lotes distintos.

    Con todo, ahí está ahora a la venta en Palau Antiguitats por piezas esta colección deslumbrante —mapas, grabados, libros…

    Hay de todo y más y a precios apetitosos que van desde los 75 hasta los 1.200 euros con alguna excepción. Corra a esa mezzanine de la calle Gràcia, 1, quien esté en Barcelona, sea para comprar o para soñar.

    Por cortesía de la galería, reproduzco aquí un par de piezas que me han encandilado. Y a modo de guinda, van unas de tono erótico atribuidas a Landaluze, también en exposición y a la venta.

    Vista general de la Habana. Hippolyte J. Baptiste Garneray (1787- 1858). París, ca. 1830. Aguatinta iluminada. Papel vitela. Papel: 455 x 570 mm.
    1.000 €

    Vista prespetiva de la siuda y fortificaciones de la Vana tumada por los Engles l’ano de 1762… Anónimo. Mondhard (editor). París, último tercio siglo XVIII. Buril iluminado. Papel verjurado. Papel: 320 x 480 mm.
    300 €

     

     

    De contra:

    Por gentileza de Palau Antiguitats, los lectores de El Tono de la Voz gozarán de (modestos) descuentos al identificarse como tales cuando hagan alguna adquisición.



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      Laura Pollán, in Memoriam

      - 15/10/11
      Categoría: Memoria, Oposición
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      En ocasión de la tristísima muerte de Laura Pollán, fundadora de las Damas de Blanco, reproduzco un post escrito hace anyos a propósito de la represión a la que el castrismo sometió y somete a esas mujeres, las más valientes.

      En la historia de la oposición al régimen castrista las Damas de Blanco significaron una verdadera revolución contra la revolución. Todos los demócratas cubanos, y todos los cubanos reconózcanse demócratas o no, le deben a esas mujeres, y a Laura Pollán significativamente, el testimonio del coraje y la fuerza del amor y la razón.

      Fotografía con las Damas de Blanco y público…

      Hay que sustraerse a la tentación de quedarse con la imagen de esa mujer que ocupa el primer plano, por «atractiva», por imantadora que resulte.

      Su payasada usainboltesque, la V que dibujan sus dedos, la piedra que parece lanzar, los pendientes a juego con la blusa, la lengua blancuzca, anémica, que se proyecta desde el lecho de esa boca oscura, una lengua que no parece pertenecerle… En efecto, no le pertenece.

      Una castrista que muestra al histrión que hay detrás de cada cubano. Parafraseando a Raudelis Lima: «Son así, así, así; así son, son…» los castristas de Cuba.

      Hay aun un tercer plano que esconde un cuarto. Muchachote que ríe las gracias de la acosadora y los dedos índice y meñique de una mujer invisible que, oculta por el jovial agente en prácticas, dibujan unos cuernos sobre la cabeza de una opositora.

      Son tres planos de este siniestro paisaje de un acto de repudio.

      Pero en esta fotografía aparecen también sus protagonistas. Las únicas protagonistas. Y a veces me da la impresión que olvidamos quiénes son estas mujeres. Que cedemos a la estrategia del régimen de La Habana cuando pretende situarlas en el centro de debates que buscan silenciarlas, ensombrecerlas, mancillarlas.

      Las Damas de Blanco son familiares de víctimas de la dictadura cubana. Familiares de hombres que padecen el presidio político cubano. Si salen a la calle es porque los suyos ―sus maridos, sus hijos, sus hermanos― están entre barrotes. Y si se atreven a desafiar a estas turbas que las zarandean y ofenden en tanto mujeres es porque han perdido el miedo, pero no la entereza.

      Todos esos presos, sus presos, han entrado en la historia de la resistencia de los cubanos al totalitarismo. Estas mujeres, como de rebote, hacen historia a diario.

      Por eso prefiero ver en esta foto sus rostros y sólo sus rostros.

      Esa extraordinaria mezcla de dignidad, paciencia, dolor y conmiseración.



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        Body and Soul

        - 15/09/11
        Categoría: Memoria
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        Ayer Amy Winehouse habría cumplido 28 años. Antes de morir en julio pasado, acudió el 23 de marzo de 2011 a Abbey Road Studios, Londres, para grabar con Tony Bennett esta espléndida versión de una de las canciones más emblemáticas de la historia del jazz. Todas las grandes voces del pasado siglo la cantaron. Esta grabación prepóstuma la sitúa, si alguna falta le hacía, en medio de ese coro de ángeles.

        Leo que todavía no sabemos qué la mató y que no hay certeza de que lo sepamos algún día. Yo me atengo, sin mañas forenses, a lo que escribí bajo el mazazo que fue su muerte.

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          Memoria del 11 de septiembre

          - 11/09/11
          Categoría: Agua corriente, Memoria
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          Nunca vi en pie las dos torres del World Trade Center.

          El 11 de septiembre de 2001 almorcé en Qu & Qu, un restaurante del Paseo de Gràcia tocando a la Gran Vía. Desde allí subí con Eva y el amigo con el que habíamos comido hasta la heladería de Häagen-Dasz en Rambla de Catalunya. Tomamos los postres. Era un delicioso día de verano en Barcelona. No recuerdo de qué hablamos. No lo recuerdo en absoluto.

          Terminados los helados, me aposté en una esquina en busca de un taxi. De repente un amigo al que no veía desde hacía largos meses, tal vez año y algo, detuvo su coche delante de nosotros. No hubo tiempo para alegrarnos del encuentro. O no era tiempo para eso. «Dos aviones se acaban de estrellar contra las torres del World Trade Center», nos dijo.

          Fue el primer aviso, todavía ciego.

          En el taxi, un locutor de radio describía las imágenes que nosotros aún no podíamos ver. Las de los dos colosos en llamas, que habría dicho antes un guionista de Hollywood. «Seguro son dos helicópteros, que Nueva York está llena de helicópteros», aventuró el taxista.

          Tardamos unos siete minutos en llegar hasta Valencia, esquina a Marina, donde vivía entonces. No creo haya imagen que se grabara jamás en mi mente como la que me mostró el televisor hacia el que me abalancé sin cerrar la puerta detrás de mí. Me fui a la cama unas diez horas después con los ojos ardiendo.

          En los primeros días de noviembre de 2001, a menos de dos meses del suceso que dio inicio al siglo, viajé por primera vez a los Estados Unidos. Cumplidos mis compromisos con la Feria del Libro de Miami, tomé un avión a Nueva York.

          Llegué tarde en la noche. A la mañana siguiente me llevaron a ver el espacio vacío que las torres ocupaban apenas dos meses antes.

          A lo largo de estos años he evocado siempre aquel ataque brutal contra Occidente según la cronología que acabo de describir. Los dulces placeres de un día «normal» en nuestras vidas antes del 11/S, la absoluta estupefacción de las diez horas pasadas ante el televisor y la imagen del espacio vacío de la Zona Cero en una ciudad, un mundo, que todavía olía a cenizas, a polvo, a desolación.

          Diez años más tarde, años de guerras, de masacres islamistas, de trasiego con las encontradas nociones de libertad y seguridad y de colapso económico, «vacío» es el nombre. La década del vacío. O del vaciado, mejor.

          ¡Pero arriba esos ánimos! ¡Piensen que en el verano del año catorce del siglo XX estábamos empleados en la Gran Guerra, mientras que ahora ya hemos bailado sobre el cadáver de Osama, ahorcamos a Saddam, tenemos a Gaddafi a punto de caramelo y vivimos entretenidos en «salvar a Grecia»!

          Así de gaya es esta que llamamos, cada vez con menos alegría, civilización grecolatina.

          De contra:

          En la memoria.

          ACTUALIZACIÓN:

          Una lectora me envía esta imagen generada por Wordle con los nombres de las víctimas según su frecuencia en el luctuoso listado que enlacé arriba.

          ¡Gracias!

          Bendita sea la memoria de las víctimas, sean mayoritarios Michael o Joseph, o sean esas esquinadas Linda y Mary.



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            9/11: Paisaje después de la batalla

            - 06/09/11
            Categoría: Memoria
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            A una semana del décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001, dos fotografías tomadas aquel día que están entre las que prefiero.

            La primera, de Thomas Hoepker para la agencia Magnum, fue súbito click en Williamsburg «secuestrado» por el fotógrafo, temeroso del debate que podía generar esa imagen bucólica con la tragedia de fondo. No fue hasta el quinto aniversario del 9/11 que Hoepker se decidió a publicarla. Y aun a lustro de distancia del episodio que dio comienzo al siglo, provocó encendido debate.

            Debate en el que me posiciono del lado de sus valedores, porque creo que es la más neoyorquina de las escenas recogidas aquel día por una cámara fotográfica. Don DeLillo y LaChapelle son algunos de los mimbres que tejieron ese cuadro.

            La segunda, esta espléndida fotografía de Susan Ogrocki para Reuters. Es el desastre medido en hojas de Excel. La estupefacción de los mercados y la tenacidad de los contables. Rabiosamente neoyorquina también. Es el paisaje después de la batalla, donde un atónito superviviente sabe que debe proseguir su propia lucha, que es otra. Un samurai envuelto en cenizas.

            Ambas, y otras, en Iconic Photos.



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