La revolución ilustrada de Connie en Linden Lane Magazine

- 16/12/17
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Publica Linden Lane Magazine (Vol. 36, Nº. 4, Invierno/Winter 2017) mi reseña del libro magnífico de Anna Veltfort, Connie, Adiós mi Habana.

Dice esto, entre otras cosas:

“¡Y con qué bendita oportunidad nos llega (este libro)! Ya se nos estaba olvidando la Revolución cubana y Anna Veltfort nos la ha devuelto ahora para recordarnos en su realidad desnuda que sus años buenos fueron, por el afán con que en ellos se incubó el mal y la desidia con que el país asistió a ello, en verdad, sus años peores. Corran a leer ese libro antes de que olvidemos también que ya la olvidamos.”

Un preview de todo el número de Linden Lane Magazine, dirigido por Belkis Cuza Malé, y acceso a su compra en formatos papel o digital, en este enlace.

La reseña completa la pueden leer sin previo pago en este enlace. Allí también enlaces al libro en librerías.

 

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El compañero que me atiende: autoritarismo, memoria y distopía

- 25/10/17
Categoría: Letra impresa, Libros, Literatura, Memoria, Poscastrismo | Etiquetas: , , ,
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Se ha publicado estos días la antología El compañero que me atiende (Editorial Hypermedia, Madrid, 2017), una idea de Enrique del Risco.

Siendo un tema goloso el de la relación entre la policía política y los intelectuales bajo un régimen autoritario (el título es la fórmula con que en Cuba se nombra al agente de la policía política encargado del seguimiento personal de un disidente o intelectual de interés), acepté enseguida la invitación del editor. Escribí este cuento, que me divirtió bastante y me ha gustado releer ahora. En él ubico la pregunta por la memoria del castrismo en un futuro no tan distante. En una organizada distopía poscastrista.

El libro incluye textos publicados anteriormente, seleccionados por Del Risco de libros publicados en Cuba o fuera de ella en distintas décadas, y otros que fueron escritos para la ocasión. He visto hoy unos pocos y me han parecido de notable interés.

El compañero que me atiende está a la venta en Amazon.com, Amazon.es y demás librerías digitales o abiertas en las calles del mundo.

 

 

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Memorias de Anna Veltfort: La revolución, ¡por fin ilustrada!

- 28/09/17
Categoría: Libros, Literatura, Memoria | Etiquetas: , , , , , , , , ,
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La Revolución cubana, ¡al fin ilustrada!
Por Jorge Ferrer

En la época feliz de la blogósfera cubana —su Quinquenio dorado— la ilustradora norteamericana Anna Veltfort llevaba un blog llamado El Archivo de Connie. A él iba subiendo documentos de la primera década de historia de la Revolución cubana, notables fragmentos, su rastro impreso. A lo largo de los años Connie fue desplegando una galería que cubría y exponía, sobre todo, la dimensión cultural de la Revolución y los dispositivos de represión en el mundo de la cultura y la libertad individual que bien conocía por haber vivido en La Habana a lo largo de la década de los sesenta: la incipiente disidencia estudiantil en la Escuela de Letras, los primeros pasos del ICAIC, la lucha feroz contra los homosexuales, la aparición de las Unidades militares de ayuda a la producción —los campos de trabajo y reeducación conocidos por el acrónimo UMAP—, el Salón de Mayo organizado por Carlos Franqui, odiosas viñetas de la revista Mella, materiales (programas de mano, folletos, impresos) recolectados durante su activo merodeo por la vida teatral y musical habanera, piezas salidas de publicaciones como El Caimán barbudo o Pensamiento crítico, retazos de polémicas culturales de aquellos años o sus exposiciones completas. En definitiva, lo que Connie subía a su blog en ordenados pedeéfes era el rastro documental y gráfico del terreno culturalmente fértil de los primeros años de la Revolución, donde, en medio de la efervescencia que vivía el país, ya se iba anunciando, cada vez con mayor insolencia, que a la ciénaga poblada de entusiastas ranas que croaban al sol seguiría muy pronto una espantosa aridez, cuyas bolas de paja más engordadas fueron precisamente las UMAP, el Caso Padilla, el Congreso de educación y cultura de 1971 y, por fin, lo que después llamaríamos Quinquenio gris.

El Archivo de Connie se convirtió muy pronto, con su catálogo creciente, en un imán que atraía a gente interesada en la historia cultural de la Revolución y no era infrecuente ver allí comentando y agradeciendo uno u otro hallazgo a muchos autores que luego publicarían ensayos de enorme interés sobre ese período o lo habían hecho ya.

Entretanto, no había que ser especialmente perspicaz y ni siquiera proclive a las historias de espías para darse cuenta de que tal tesón recopilatorio, tal minucioso orden en la exposición, tal exhaustividad, tal afán por convocar a emparejar sus documentos con otros que los complementaran, eran los de alguien que, como ahora se ha hecho manifiesto de la manera más espectacular, tramaba algo. Concretamente, Anna Veltfort tramaba contarnos y, nunca mejor dicho, con todo lujo de detalles, sus años cubanos, parte de los cuales pasó en la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana.

Lo ha hecho en la novela gráfica Adiós mi Habana. Las memorias de una gringa y su tiempo en los años revolucionarios de la década de los 60 (Verbum, Madrid, 2017), un deslumbrante comic autobiográfico.

Anna Veltfort, «Connie», llegó en barco a La Habana en 1962. Su padrastro, un ingeniero comunista norteamericano, fue contratado como tantos otros especialistas —la mayoría de países del bloque sometido al Kremlin, pero muchos también llegados de todas partes— para trabajar en el nuevo país socialista, el primero en el hemisferio occidental. Connie se sumergió gozosa en un país fascinante. Y en este libro recoge su experiencia de formación personal e intelectual en medio de una revolución, su propia vida encajada en una ciudad que fue una de las capitales del mundo a lo largo de un buen puñado de años: la ciudad de la Crisis de los Misiles y la Tricontinental, la ciudad por la que se pasearon, con diversa suerte, Allen Ginsberg y Jean-Paul Sartre, donde Kalatozov y Urusevsky rodaron la película Soy Cuba (¡y el de «Connie» estuvo a punto de ser uno de los cuerpos rutilantes que nadan en la piscina de la primera, bestial, secuencia!) y Fidel Castro reunía al Volk entero para leer la carta con que se despidió Ernesto Guevara, aka Che, esa superstición de la utopía.

Tal es la materia de esta crónica ilustrada con una inteligencia artística y una belleza gráfica extraordinarias. Esto era lo que tramaba «Connie»: contar su Bildung recortada sobre el paisaje de la Revolución: ¡y recortada por ella! Recrear La Habana y Cuba medio siglo después aunando el rigor documental, la descarnada exposición de sí misma en su relación con su familia y su homosexualidad, dibujar Cuba en su doble dimensión física y moral con un aire que remite a la célebre Maus de Art Spiegelman. Saldar cuentas con la Revolución y con su propia vida. A la vez, viñeta a viñeta, los avatares de una vida personal y el archivo que sustenta los discursos de la época. La historia personal que Connie cuenta con trazo vivo y el día a día de la Revolución que la va a arrinconar hasta enviarla de vuelta a su mundo, cambiándole la vida.

Nadie había escrito la historia de la primera década de la Revolución cubana así, con ese afán de exposición didáctica de un archivo y en formato de comic. ¡Ni con esos trazos! Hay magníficos testimonios de esos años —Jorge Edwards, Heberto Padilla, Martha Frayde, Huber Matos, las memorias de las mujeres que padecieron el presidio político recogidas por Mignon Medrano en Todo lo dieron por Cuba, textos del poeta José Mario sobre el malogrado grupo El Puente, Guillermo Cabrera Infante contando su regreso a Cuba desde Bruselas en el póstumo Mapa dibujado por un espía, Reinaldo Arenas hablando de sí mismo y de todos los demás, por poner unos cuantos.

Pero el camino que sigue Anna Veltfort es distinto. A ella la manda el género. Y, sobre todo, manda la ocasión. A medio siglo, y más, de los hechos narrados, la puesta de su historia entre las tapas de un libro, viñeta a viñeta, esa vida dibujada sobre la armazón del archivo, es una verdadera conmoción.

¡Y con qué bendita oportunidad nos llega! Ya se nos estaba olvidando la Revolución cubana y Anna Veltfort nos la ha devuelto ahora para recordarnos en su realidad desnuda que sus años buenos fueron, por el afán con que en ellos se incubó el mal y la desidia con que el país asistió a ello, en verdad, sus años peores. Corran a leer ese libro antes de que olvidemos también que ya la olvidamos.

Adiós mi Habana, de Anna Velfort, está a la venta en Amazon.es y otras librerías.

 

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Hoy recuperamos el archivo de El Tono de la Voz (2007-2009)

- 16/06/17
Categoría: Agua corriente, Memoria | Etiquetas: , , , ,
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El Tono de la Voz, blog que comencé a escribir el 11/03/2007 en el extinto portal Encuentro en la red, dejó de aparecer allí el 4/12/2009. Fue en ocasión del cisma que acabó provocando la desaparición de la revista Encuentro.

El Tono de la Voz surgió en aquellos años en que los blogs se habían convertido en una herramienta con la que se podía atraer a muchos lectores. Durante el primer año escribí un post diario, a partir del segundo comencé a incluir a autores invitados –algunas de las firmas más interesantes y disímiles del panorama literario cubano de entonces están ahí-, hice más periodismo, me fui divirtiendo cada vez más y el blog se convirtió en un foro de debate al que acudían a diario decenas de lectores con sus comentarios. Visto desde la distancia, no es la menos interesante de mis obras.

Lo que se escribió en ese blog durante esos primeros años se perdió el día que decidí marcharme de allí. Simplemente, todo lo que había escrito fue suprimido de allí de golpe y sin aviso previo.

La solidaridad de Daniel García Andújar, entonces y ahora al frente de Technologies To The People (TTTP), permitió rescatar el material y devolverlo a los lectores como un apéndice al nuevo Tono de la Voz en WordPress. Años después, y por causas que jamás desentrañamos, también ese archivo se corrompió de manera dramática. Parecía perdido. Y perdido estuvo para los lectores durante estos últimos años.

Hoy eso ha cambiado. Hoy vuelve a estar en línea. Lo está gracias al trabajo absolutamente espectacular que ha hecho mi querida amiga Zoe Plasencia, cuya pericia y compromiso me han emocionado y alegrado a lo largo de estos meses de trabajo.

No voy a explicar yo la trascendencia de estos dos años de texto. Que El Tono de la Voz fue uno de los blogs de asuntos cubanos más relevantes de aquellos años, junto a otro puñado de blogs brillantes, nunca ha sido objeto de discusión.

Devolverlo online es un hecho que me alegra enormemente. Ojalá ustedes experimenten los mismos sobresaltos y alegrías que yo cuando se tropiecen con alguno de esos textos.

La dinámica de consulta es muy sencilla: hay un acceso claramente especificado en la columna derecha para acceder al Archivo. Allí, utilizando la casilla de búsqueda se puede consultar los temas que interesen. También se puede acceder mediante las Etiquetas. O, sencillamente, dejarse llevar por el archivo en orden cronológico. Se han perdido los comentarios y muchas imágenes, eso sí. Pero están los textos. Todos. Lo que escribí para aquellos lectores, para ti y para mí está todo ahí.

Disfrútenlo. Y agradézcanselo a Zoe.

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Veinte añitos (de exilio)

- 23/06/14
Categoría: Exilio, Memoria
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Fue muy de mañana hace diecisiete veinte años. G. y S. me esperaban en la Estació de Sants, a la que llegué en un tren que salió de la Gare d’Austerlitz la tarde anterior. Un capitulito de Minimal Bildung narra aquel viaje nocturno en el que no pegué ojo, charlando y fumando hachís, viendo pasar los postes, como quien corre a toda prisa junto a un largo código de barras.

Barcelona, a aquella hora temprana de hace hoy diecisiete veinte años justos era una ciudad vacía y olorosa a pólvora. Amanecía después de la verbena de San Juan y los rastros de las hogueras eran visibles aquí o allá.

Llegaba a una ciudad que me recibió con lo que parecía el paisaje después de una batalla. Me pareció paisaje auspicioso. Y no me equivoqué. Aquí estoy todavía y encantado de la vida, como decía siempre mi abuela cuando alguien le preguntaba, meciéndose ella en el portal, que qué tal estaba.

Conozco unas cuantas ciudades y en algunas he tenido cama y sueños. Pero pocas mecen como esta con su permanente olor a fiesta (ciudadana) y pólvora (dialéctica).

De contra:

Una Barcelona vista desde helicópteros, perspectiva tan actual:

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Unsere Mütter, unsere Väter

- 26/09/13
Categoría: Cine, Memoria
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Anoche vi los dos últimos episodios de Unsere Mütter, unsere Väter, la serie en tres entregas de 95 minutos cada una de la que nos llegó el alebrestado rumor de susto y reprobación que provocó en Alemania, Austria y Polonia cuando se la vio allá la pasada primavera. ¡No sabían qué hacer con ella, los pobres hijos de sus padres y sus madres! ¡Los polacos montaron en cólera y se quejaron a las cancillerías! Anduve hace un tiempo por Polonia, por Cracovia y Varsovia y haciendo etapas, y jamás vi gente más espontáneamente antisemita ni más espontáneamente dolida por su tara, salvedad hecha de un moldavo con el que compartí psiquiátrico cuando yo era bueno. (Que lo fui antes de que lo vuelva a ser algún día que adivino lejano.)

Un espectáculo sentimental inédito a estas alturas el de esos lloros, esos yonofui, cuando las culpas del siglo pasado, ¡no digamos ya las de mediados del siglo pasado!, nos parecen distantes como unicornios. ¡Ah, pero esos unicornios judíos siguen ahí, millón a millón! ¡Y esos nazis a los que el cine ha puesto todos los cuernos asoman en este filme como gente, digamos, regular!

En España nos tocó verla ahora titulada Hijos del Tercer Reich (Generation War, en inglés), en la linde que separa verano y otoño. Muy apropiado, que es serie de lindes. Lindas, terribles, lindes. (¿Cabrá “Länder” en esta línea cuando la discipline WordPress?)

Búsquenla, aunque sean ustedes hijos de otras madres y otros padres, o nietos de otras abuelas y abuelos. Todos llevamos el horror en la sangre. Horrores grandes u horrores pequeños. Nadie está a salvo, nenes. Lo que desconcierta de Unsere Mütter, unsere Väter es que el horror se reparte como la tarta en un cumpleaños o, mejor, como las sonrisas en un funeral. Y nos descubre que nada sabemos hacer con ese merengue, ni esa espuma, que nos gustan y repugnan en días alternos que buscamos igualar desde el olvido. Subalternos que somos.

http://www.youtube.com/watch?v=IBU4V3Z3dDw

De contra:

Sigan, por cierto, a Miriam Stein –Charlotte, Charly–, que hay algo en ella de lo que debería ocuparse el maestro Herzog antes de meterse en otra cueva. ¡Y son ideas, Werner!

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