Veinte añitos (de exilio)

- 23/06/14
Categoría: Exilio, Memoria
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Fue muy de mañana hace diecisiete veinte años. G. y S. me esperaban en la Estació de Sants, a la que llegué en un tren que salió de la Gare d’Austerlitz la tarde anterior. Un capitulito de Minimal Bildung narra aquel viaje nocturno en el que no pegué ojo, charlando y fumando hachís, viendo pasar los postes, como quien corre a toda prisa junto a un largo código de barras.

Barcelona, a aquella hora temprana de hace hoy diecisiete veinte años justos era una ciudad vacía y olorosa a pólvora. Amanecía después de la verbena de San Juan y los rastros de las hogueras eran visibles aquí o allá.

Llegaba a una ciudad que me recibió con lo que parecía el paisaje después de una batalla. Me pareció paisaje auspicioso. Y no me equivoqué. Aquí estoy todavía y encantado de la vida, como decía siempre mi abuela cuando alguien le preguntaba, meciéndose ella en el portal, que qué tal estaba.

Conozco unas cuantas ciudades y en algunas he tenido cama y sueños. Pero pocas mecen como esta con su permanente olor a fiesta (ciudadana) y pólvora (dialéctica).

De contra:

Una Barcelona vista desde helicópteros, perspectiva tan actual:

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Unsere Mütter, unsere Väter

- 26/09/13
Categoría: Cine, Memoria
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Anoche vi los dos últimos episodios de Unsere Mütter, unsere Väter, la serie en tres entregas de 95 minutos cada una de la que nos llegó el alebrestado rumor de susto y reprobación que provocó en Alemania, Austria y Polonia cuando se la vio allá la pasada primavera. ¡No sabían qué hacer con ella, los pobres hijos de sus padres y sus madres! ¡Los polacos montaron en cólera y se quejaron a las cancillerías! Anduve hace un tiempo por Polonia, por Cracovia y Varsovia y haciendo etapas, y jamás vi gente más espontáneamente antisemita ni más espontáneamente dolida por su tara, salvedad hecha de un moldavo con el que compartí psiquiátrico cuando yo era bueno. (Que lo fui antes de que lo vuelva a ser algún día que adivino lejano.)

Un espectáculo sentimental inédito a estas alturas el de esos lloros, esos yonofui, cuando las culpas del siglo pasado, ¡no digamos ya las de mediados del siglo pasado!, nos parecen distantes como unicornios. ¡Ah, pero esos unicornios judíos siguen ahí, millón a millón! ¡Y esos nazis a los que el cine ha puesto todos los cuernos asoman en este filme como gente, digamos, regular!

En España nos tocó verla ahora titulada Hijos del Tercer Reich (Generation War, en inglés), en la linde que separa verano y otoño. Muy apropiado, que es serie de lindes. Lindas, terribles, lindes. (¿Cabrá “Länder” en esta línea cuando la discipline WordPress?)

Búsquenla, aunque sean ustedes hijos de otras madres y otros padres, o nietos de otras abuelas y abuelos. Todos llevamos el horror en la sangre. Horrores grandes u horrores pequeños. Nadie está a salvo, nenes. Lo que desconcierta de Unsere Mütter, unsere Väter es que el horror se reparte como la tarta en un cumpleaños o, mejor, como las sonrisas en un funeral. Y nos descubre que nada sabemos hacer con ese merengue, ni esa espuma, que nos gustan y repugnan en días alternos que buscamos igualar desde el olvido. Subalternos que somos.

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De contra:

Sigan, por cierto, a Miriam Stein –Charlotte, Charly–, que hay algo en ella de lo que debería ocuparse el maestro Herzog antes de meterse en otra cueva. ¡Y son ideas, Werner!

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¡No los olvidemos!

- 11/09/13
Categoría: Memoria
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¡No los olvidemos! Ese día, estupefactos, vimos comenzar un siglo que ellos inauguraron con sus muertes.

¡En paz descansen!

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Cuba en la Primavera de Praga, aniversario 45

- 21/08/13
Categoría: Memoria
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En la madrugada del 21 de agosto de 1968 dio inicio la invasión soviética a Checoslovaquia. Hoy se cumplen 45 años de aquel momento, uno de los episodios que mostraron con mayor claridad el caracter imperialista del Kremlin y la condición artificial del bloque formado por las llamadas democracias populares y los instrumentos de política exterior de que se servían,  como el Pacto de Varsovia.

Cuarenta y cinco años más tarde, la situación geopolítica de Europa, y del mundo, es muy distinta. El bloque del Este ya no existe, Checoslovaquia se partió en dos y esas dos partes son miembros de la Comunidad Europea. La Unión soviética dejó de existir hace más de veinte años.

En cuanto a Cuba, ya saben: la República checa es un fiel aliado de la Cuba democrática en todos los foros europeos e internacionales y, tras años de distanciamiento con Rusia, La Habana y Moscú han retomado sus relaciones en términos beneficiosos para ambos gobiernos.

La “Primavera de Praga” y la subsiguiente invasión soviética sirvieron para redimensionar la pertenencia de Cuba al bloque comunista. Fidel Castro, que tantas veces se ha ufanado de su díscola relación con el Kremlin durante los años de la Guerra fría, mostró su apoyo explícito y sin fisuras a la invasión*. Con ello, no solo refrendaba la actuación del Kremlin, sino que pedía invasión soviética a Cuba en caso de que esta padeciera circunstancia semejante. Su adhesión fue pagada con chorros de oro, en petróleo y créditos.

Esta, su intervención el 23 de agosto de 1968, es uno de los documentos visuales más vergonzosos en la larga historia de vergüenzas que ha sido la de Cuba este último medio siglo. (Comienza en 05:20)

*En el ensayo “Around the Sun: The Adventures of a Wayward Satellite”, incluido en la antología Caviar with Rum. Cuba-USSR and the Post-Soviet Experience (eds. Jacqueline Loss and José Manuel Prieto), Palgrave Macmillan, 2012, me ocupo del relato de esa relación “díscola”.

 

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De contra:

Rustem Adagamov ha publicado hoy una espléndida colección de fotografías de la invasión soviética a Checoslovaquia. La recomiendo mucho.

De entre todas, inserto aquí esta, a modo de muestra: el testimonio de la estrategia seguida por los jóvenes de Praga para confundir a los tanques rusos que entraban a la ciudad: destrozar todas las señales que les ayudarían a ocupar posiciones en una ciudad que les era desconocida:

 

 

 

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Ni los cubanos creemos en Drácula, ni a Kim Il Sung le gustaba el culto a la personalidad

- 15/08/13
Categoría: Castro & Family, Memoria
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La alusión de Fidel Castro a la ayuda de Corea del Norte en los años ’80 que aparece en el esperpéntico artículo que le publica hoy Cubadebate me trajo enseguida a la memoria una anécdota que ya conté una vez aquí: la de una conversación privada que mantuvieron él y Kim Il Sung en 1986.

La conté aquí, decía, pero de eso hará unos cinco años y muchos no la conocerán o recordarán. La copio del post del 13/09/2008, tal cual:

Durante la visita que hizo Fidel Castro a Corea del Norte en marzo de 1986 se produjo uno de esos deliciosos diálogos que generan en la intimidad los dictadores.

(Por cierto, tengo el documental de una hora entera de duración que filmó el Ministerio de Información de Pyongyang de aquellos días. ¡Tremendo! A ver si algún alma piadosa me ayuda un día a subirlo a Youtube, que mi pulsión geek está visto que es más que deficiente.)

Ocurrió, decía, lo que sigue.

A punto de concluir el último encuentro entre Fidel Castro y Kim Il Sung, el segundo – el sungundo, habría escrito mi predilecto Ramoncito F.-L.- se lleva a Castro y su traductor a un aparte.

Y se produjo más o menos el siguiente diálogo:

KIS: Comandante Fidel, ¿qué le ha parecido Corea?

FC: Una maravilla. Estoy impresionado por el nivel de organización que ustedes han conseguido, Mariscal. ¡Esto en Cuba, ni soñarlo!

KIS: Sí, lo he visto muy emocionado. Nuestro pueblo lo admira mucho, Comandante Fidel.

FC: La admiración es mutua.

KIS: Pero, dígame, ¿acaso no hay nada en lo que podamos mejorar? ¿Algo que no le haya gustado demasiado?

FC: (Sonrisa fidelesca y pausa) Bueno, si podemos hablar en confianza, Mariscal…

KIM: Naturalmente, ¿qué no le ha gustado?

FC: Bueno, sucede que por la idiosincrasia de los cubanos, a nosotros no nos gusta mucho esto del culto a la personalidad…

KIM: ¡Y en eso también estamos de acuerdo, Comandante Fidel! ¡A mí tampoco me gusta!

No conocía entonces otra anécdota que me contó un diplomático cubano que participó en la visita que Castro realizara a Bucarest en 1972. Rumanía, como recordarán, se había posicionado en contra de la invasión soviética a Praga para ahogar la revolución de 1968. Un año más tarde, Richard Nixon aterrizaba en Bucarest y era recibido con loas a la amistad entre los pueblos rumano y norteamericano.

Y bien, último día de la visita, como antes en Pyongyang, pero esta vez es el cubano quien pide a Ceaucescu apartarse un instante en el banquete de despedida. Y se produce este diálogo del que el intérprete dio cuenta a mi informador.

Fidel Castro (al intérprete): -¡Dile que es un maricón!

El intérprete queda paralizado, mudo.

FC: -¡Dile que es un maricón!

El intérprete traduce que Fidel considera que el camarada Ceaucescu no se ha comportado como un hombre.

Nicolae Ceaucescu: -¿De qué me habla, comandante?

FC: -¡Tú eres un maricón!

Ceaucescu balbucea algo.

Fidel le da la espalda y se aleja de él, pero se vuelve tres pasos más allá y le avisa:

FC: -¡Y nosotros los cubanos sí que no creemos en Drácula ni en ná de eso, pa’ que tú lo sepas!

Fin de la historia.

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La entrevista más divertida a Fidel: “Raúl no es comunista”

- 02/08/13
Categoría: Castro & Family, Memoria
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Muchas de las entrevistas de Fidel Castro con la prensa anglosajona son hilarantes. Sobre todo, las de los primeros meses después de enero de 1959.

Ninguna más que esta joya mayúscula: la que concedió a Clark Hewitt Galloway, quien trabajaba a la sazón para U.S. News & World Report.

La nieta de Galloway ha compartido el audio íntegro de la entrevista recientemente. Es el que sigue.

Comienza ya con perla: esa de que “el problema de Cuba no es de cambios… sino de que llevamos atascados aquí varias décadas”.

No falta aquello de que Cuba puede darle a EE.UU. “todo el dulce que quieran” (suerte de “Fidel te lo prometió y Raúl te lo cumplió”), el “tendremos un infierno cuando haya un millón de gente sin trabajo”, la “dictadura continental de Trujillo” en la que no intervendría, las elecciones como “distracción” y las fanfarronadas excepcionalistas a chorros: iba a ser, nenes, decía, país requetepróspero, los derechos humanos iban a derramarse sobre los cubanos, hay el “yo quisiera tener menos trabajo” y el yo no soy comunista, ni lo son Raúl, ni “el Che” (¡y ahí se acaba!). Etc., etc.

Para alquilar balcones, ahora que dejan alquilar…

Gocen, gocen.

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