Jorge Ferrer - 09/07/11
Categoría: En El Nuevo Herald, Letra impresa, Poscomunismo, Rusia
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Maullidos de Rusia
Por Jorge Ferrer
Atravesamos la ciudad vacía a una velocidad de vértigo de camino al hotel. He dormido poco en el avión y apenas atino a distinguir si estoy efectivamente en Moscú o en Brighton Beach, Brooklyn, moviéndome por ese paisaje de vallas publicitarias que venden lofts, sofás de piel a precio de saldo y viajes a Malasia con mensajes escritos en cirílico y tonos chillones.
El amable taxista, a quien ya dejé saber que soy extranjero fluido en lengua rusa, me señala un espigado edificio en construcción. Sus últimas seis o siete plantas no han sido revestidas de paneles de hormigón y por ellas corre el aire viciado de la ciudad. «Lleva mucho tiempo así», me informa: «Construyeron más plantas de las permitidas y ahora no saben cómo eliminar las sobrantes ni a quién sobornar para mantenerlas y vender los apartamentos», abunda con un guiño.
La graciosa pifia y las opciones para salir de ella -un alarde ingenieril o el hallazgo de las manos que untar en una ciudad que cambió de alcalde recientemente- no definen con plena justicia el estado de la Rusia postcomunista a fecha del verano del 2011, pero sirven para acercarse a esa mezcla de solidez del gobierno e incertidumbre ciudadana que uno encuentra aquí a cada paso.
Rusia ha sido siempre una máquina enorme cuyos engranajes piden aceite. Y el Moscú que experimenta hoy a medias hartazgo y orgullo mayúsculos veinte años después de haberse despedido de la marca URSS -aquella CCCP que asociamos en Occidente a los astronautas o a los deportistas soviéticos en los Juegos Olímpicos- es una ciudad que divide a los pesimistas y los optimistas en partes desiguales que, en mi experiencia, da ventaja a los segundos pero encuentra mejor argumentación en los primeros.
Las fotos de la bicefalia que gobierna el país, Dmitri Medvedev y Vladimir Putin, y la indefinición sobre quién se presentará a las elecciones del año próximo despiertan una preocupación que rebasa el mero interés por las conjuras y componendas palaciegas. El rostro y el discurso modernos de Medvedev, su diáfana apuesta en favor de una economía más desestatizada y una sociedad más abierta contrastan con los aires restauracionistas que encarna Putin. Hay mucho más en esa dupla que la mera estrategia de enfrentar a Occidente desde la ventajista dialéctica del policía bueno y el malo. Detrás de Putin y Medvedev hay una masa social que facilitará que cualquiera de los dos continúe llevando las riendas del país, pero hay también una sociedad dividida entre el clamor por la modernización del sistema político y la dinamización de la economía, por un lado, y, por otro, el temor a que se desdibuje el perfil de una Rusia que desde un nacionalismo tan feroz como inseguro se niega a ser desplazada hacia la periferia de la arena internacional.
Con todo, pocos discuten que el camino de Rusia para poner a brillar la letra «R» en el acrónimo BRIC acuñado por Goldman Sachs —Brasil, Rusia, India y China—, el conjunto de las potencias llamadas a dominar los flujos de la economía mundial hacia mediados de este siglo, pasa por abandonar la pulsión agónica en sus relaciones con los EEUU y Europa, a la vez que por la definitiva construcción de una democracia con letra inicial mayúscula. En definitiva, cultivar la transparencia -glasnost, ¿les suena?- tanto hacia afuera como dentro.
Pero por ahora nos pasa con esa Rusia lo que con el gato de Schrödinger: escondido en la caja de sus vicios geopolíticos, nunca sabemos con certeza si el democrático gato está vivo o está muerto.
El artículo «Maullidos de Rusia», de Jorge Ferrer, aparece en la edición del 8/7/2011 de el diario El Nuevo Herald.
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Jorge Ferrer - 14/06/11
Categoría: Arte, Rusia, Viajes
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He estado tres días en Moscú, Rusia, en extraordinario viaje difícil de clasificar, gustosísimo de masticar y, sin dudas, más de rumiar.
Creo recordar que fue cuando viajó a Londres a los funerales de Stephen Spender que Joseph Brodsky se encontró ante la disyuntiva de qué responder al oficial de inmigración que le hizo la tópica pregunta por la razón de su viaje: Business or pleasure? Un cerco demasiado estrecho, por extremo, para definir las razones de un viaje. También para este.
Seguramente volveré aquí sobre estos tres días trepidantes en los que he hablado con mucha gente, me he reencontrado con amigos muy queridos y he conocido a unas pocas personas que justifican, por sí solas, que supere de vez en cuando la aprensión que le tengo a vagar por los aeropuertos con mi hostil cara de inmigrante ilegal, traficante de poca monta, o Public Enemy Nº algo entre el millar y el millar y medio.
Entre otros momentos memorables, tuve el privilegio de asistir a la gala de entrega del premio “Turandot de Cristal”, que en su vigésima edición, reunió en el Teatro Vajtangov y en el banquete en el restaurante Venezia que siguió a la gala a lo más excelso de la escena teatral rusa de los últimos 50 años (y algo más en algunos casos). De los brindis pronunciados allí saldría todo un tratado sobre la relación entre la cultura y el poscomunismo. Va confesión por delante: en muy pocas ocasiones he experimentado emociones más intensas cuando de pensar esa materia se trata.
Por lo pronto, recién bajado del estribo, subo aquí para los lectores amantes de la gastronomía de vanguardia, el menú de la cena a la que tuve la dicha de asistir anoche en el Barvikha Hotel & Spa. En su primera visita a Rusia, Ferran Adrià preparó junto a Anatoly Komm una cena en la que hubo un plato, al menos, que recordaré siempre.




De contra:
Mis adorables compañeras de mesa.

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Jorge Ferrer - 07/06/11
Categoría: Poscomunismo, Rusia
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Esta tarde estuve leyendo el último número de Snob. Es una revista espléndida que no he compartido antes aquí porque al estar escrita en ruso llegaría a pocos. Este número dedicado al XX aniversario del fin de la URSS es una joyita.
Poscomunismo en vena. Poscomunismo con dos décadas contadas. Snob.ru ofrece en abierto buena parte del contenido.
Snob entrevista a los protagonistas de aquel final venturoso. Hay de todo: opositores, banquero, periodistas, hija de líder, corresponsal extranjero, fauna literaria, artística y empresarial… Y hay las crónicas de los encuentros con escolares nacidos después del fin a quienes preguntan qué creen fue la URSS. (Malas noticias: a la mayoría les parece que fue algo estupendo.)
Siendo prácticamente nula la posibilidad de que alguna vez yo lea tal masa de textos escritos 20 años después de terminado el castrismo, gozo con este aniversario recogido con el talento que el periodismo ruso despliega a raudales desde hace tantos años como doscientos —con horrible herida en medio.
Gócelo quien pueda y perdónenme los demás esta recomendación que, lamentablemente, les resultará superflua.

De contra:
Por cierto, que sé que algunos lectores de etdlv sufren por los cinco espías castristas presos en cárceles estadounidenses. En una de las entrevistas que aparecen en este número de Snob, Alexandr Konanyjin recuerda así su paso por la prisión de Passaic County, New Jersey, durante su rocambolesca fuga:
«Jamás vi una cárcel más dura, pero durante todo el tiempo que pasé allí no me sentí expuesto a tanta vulgaridad como la que uno padecía en un solo día de vida en la Rusia soviética».
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Jorge Ferrer - 26/04/11
Categoría: Poscomunismo, Rusia | Etiquetas: Agua corriente
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Ah, ¡esas deliciosas estampas del poscomunismo!
Este domingo salió de las Colinas de los Gorriones, antes y durante medio siglo y pico, Colinas Lenin, una caravana de motos Harley-Davidson y similares.
Y ahí, sobre furgoneta que sirvió de improvisado pedestal, los “moteros”, el pope gogoliano por barrigón, o viceversa, y el coronel del ejército anunciando/bendiciendo la estampida.
Es lo que tienen las revoluciones que tenemos por clásicas, oigan, que de no haberlas no se gozaría así con su miserable y siempre obsolescente historicidad.
Que Lenin, es sabido, no twitteó.

h/t: Drugoi
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Jorge Ferrer - 11/01/11
Categoría: Poscomunismo, Rusia | Etiquetas: Arte
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Esta tarde he pasado a ver la exposición Viaje de Moscú a Perediélkino (…y La Habana) en la Biblioteca Jaume Fuster. Fotografías de Ferran Mateo y Marta Rebón tomadas en visitas a ambas capitales, más la literaria extensión de la primera.
Frente a frente la otrora metrópoli comunista y esa Habana que de tan fotografiada ya parece más bien un set cuyos técnicos miman los desconchados y revuelven puntales y viejos Buicks noche tras noche.

En Rusia, Mateo & Rebón visitaron la casa de Borís Pasternak, de cuya El doctor Zhivago acaba de publicar la propia Marta una espléndida traducción al español. La primera ensayada desde el original ruso. Las fotografías de la célebre casa de Peredelkino —desierta y llena al mismo tiempo; ya no está el maestro, pero la luz se cuela por los rincones donde escribió y temió— son de veras sobrecogedoras. Como sugerentes son los dípticos con instantáneas tomadas en el paisaje poscomunista.

La mala noticia: la exposición apenas estará abierta dos días más (y el único culpable de no haberles avisado antes es un servidor —¡que vaya “servidor”!).
La buena: que el dúo Mateo & Rebón promete darnos imágenes y letras así de intensas por largos años.
Una selección de las fotografías de Marta Rebón y Ferran Mateo en La Habana puede verse aquí. Las de Moscú aún no están disponibles en la red.
(Las fotografías aparecen por cortesía de sus autores y en ningún caso pueden ser reproducidas sin su autorización.)
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