(Ahí na’má’): Juan Formell, rip

- 02/05/14
Categoría: Agua corriente
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Se fue Juan Formell, una suerte de arquetipo del cubano del último medio siglo largo: mestizo, amante de los placeres aka gozador, espontáneo, sobrado de ingenio, simpatizante de la revolución de 1959.

Músico de talento extraordinario, Formell le encontró otro cauce a la música popular cubana y puso a bailar a todos los cubanos por cuarenta años más lo que quede.

Un chiste muy sobado dice que Fidel Castro pasará a las enciclopedias futuras como un mero político cualquiera de la era de Juan Formell. Muy excesivo, naturalmente. Los acordes de Formell acabarán diluyéndose como lágrimas en la lluvia, mientras que la partición que ha significado la revolución de 1959 en la historia de Cuba y la figura siniestra del dictador perdurarán para siempre en nuestra historia escrita y durante generaciones en nuestra memoria familiar. No obstante, la sola existencia de ese chiste, que es poco probable que haya cubano que no conozca, indica la estatura de Juan Formell en la memoria y la querencia de los cubanos.

Un histriónico Fidel Castro dijo un día aquello de que “la revolución es más grande que nosotros mismos”. Que los cubanos, decía. El chiste nada clandestino sobre el lugar de Fidel y Formell en las enciclopedias del porvenir demuestra que esos mismos cubanos siempre supieron, aun cuando soportaban y bailaban lo que soportaban y bailaban, que al menos la revolución no era más grande que uno solo de ellos: que no era más grande que Juan Formell, el mago, el maestro de Van Van.

Descanse en paz.

Dos Formell:

1)

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2)

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De Rusia, Ucrania y las sanciones para ‘Las noticias como son’ de Radio Martí

- 01/05/14
Categoría: Agua corriente, El Timbre de la Voz, Poscomunismo, Rusia
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Anoche, en Radio Martí, estuve hablando de la situación en Rusia con Amado Gil en su programa ‘Las noticias como son’.
Va el audio, hasta 12:15.

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¡Lo que no inventa el cubano!

- 28/04/14
Categoría: Agua corriente
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El Nuevo Herald trae hoy una pieza que titula “La creatividad cubana para lidiar con la escasez no tiene límites”.

Siempre son divertidos de leer estos catálogos de la utilería con que los cubanos sortean la escasez, ese donde la carne sin carne sería epítome. También divierten, más o menos, esas tantas imágenes del sobado ingenio cubano que circulan por internet: burros tirando de chasis recortados o balsas hechas de cualquier cosa que parece capaz de todo menos de flotar, por ejemplo.

No obstante, a mí siempre me ha divertido el rotundo carácter de oxímoron que conllevan esas loas al ingenio y la creatividad de los cubanos ante la miseria. Un ingenio, por cierto, al que el régimen llegó a dar carta de naturaleza institucional con aquella ANIR, ¿la recuerdan?, la Asociación nacional de inventores y racionalizadores que reunía y premiaba a los ingeniosos cubanos que se las sabían todas, lo resolvían todo, derrochaban inventiva e ingenio haciendo de la escasez, si no virtud, al menos materia de congreso anual.

Pero reléase el titular, piénsese la idea toda y repárese en esa dimensión de oxímoron que siempre me pasma: “La creatividad cubana para lidiar con la escasez no tiene límites”.

“No tiene límites”, dice y solemos decir, alborozados y enorgulleciéndonos de lo listos que son esos cubanos que le encuentran solución a todo: “¡Lo que no inventa el cubano!”, repetimos una y otra vez babeando.

Y olvidando que ese ingenio que no tendría límites tiene al menos uno, tal vez uno solo, y un problema al que no ha conseguido encontrar, ay, solución sea por la vía del invento o la racionalización: la capacidad de ingeniarse la herramienta que sepulte al régimen que los ha sumido en esa escasez que los hizo tan rabiosamente listos e ingeniosos.

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La naturaleza de una Annia

- 24/04/14
Categoría: Agua corriente
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Leo que una Ania Linares -o Annia Linares, que se dobla la ene en el nombre y no en el apellido con la de estornudos y fados que provocaría un Linnares– va a programa de televisión en Miami a explicar lo que le sucedió en Facebook porque si quería ir a la isla de Cuba: que si la habían invitado al Karl Marx, que si se lo lloraban, que si se lo pensaba, que si pedía opinión a sus fans, que si no, que si de eso nada, que si qué sé yo… Léanlo, léannlo.

No vi lo que le dijo a la cámara, que tampoco es que uno pueda estar mirando todo lo que cualquier mamífero diga con jeta que busca lente, y sobre todo si no lo trae NatGeo Wild que es buen filtro.

Pero leo lo que trae Diario de Cuba, glosándola, glosánndola:

“Lo que pasa es que a veces cuando uno escribe se cree que pone letras, y no. Además yo escribo muy rápido en la computadora y posiblemente se me haya ido una palabra, la cual no fue bien colocada y por eso se formó todo este lío”, justificó.
“Me faltó poner ‘Yo no vuelvo a Cuba’”, dijo en A Fondo.
La cantante aseguró que la llaman “todos los años y cada cinco minutos” para que se presente en la Isla.
“Ha venido gente a mi casa a hablarme, se han aparecido en los espectáculos donde yo estoy”, agregó, y dijo que la ha visitado hasta el director del Karl Marx.
“Ya me tienen cansada y dije ‘ay, Dios mío, si yo pusiera esto en Facebook qué pasaría (…) No me imaginé” la polémica, afirmó.

Podríamos preguntarnos por este asunto, porque sea noticia este asunto. Pero antes yo hago otra pregunta y me da que se la debieron hacer quienes nos regalan estas inanidades, innanidades, innaialinares.

A saber: ¡Oh, siglo XXI en tu segunda década!, te pregunto con total inocencia de recién nacido: ¿Quién pinga es esa Annia Linares?

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Día del libro (sin excepciones)

- 23/04/14
Categoría: Agua corriente
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La NASA acaba de hacer pública esta fotografía del planeta Tierra, uno entre millones, donde vivieron William Shakespeare y Miguel de Cervantes, esas dos criaturas que murieron en día como hoy (más o menos) y antes de hacerlo nos dieron casi todo lo que nos interesa compartir, sin contar lo que nos dio antes Homero. (¡Y sin contar las legumbres y la carne, claro!)

¡Feliz Día del Libro!

De contra:

En todo el esplendor que puede regalarles la pantalla véasela, la foto aquí.

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Casi nos atropellan hace unos minutos…

- 21/04/14
Categoría: Uncategorized
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Casi nos atropellan hace unos minutos a Bruno y a mí. ¡Pero casi, casi, eh! Una joven, rubia y nerviosa, frenó su Mini color azul marino cuando ya la luz se ponía en rojo y su coche quedó sobre la cebra. Bruno y yo esperábamos para cruzar y asistimos divertidos y levemente excitados al frenazo y vimos, al menos lo vi yo que soy algo más alto que Bruno, cómo sus hombros y sus pechos se proyectaron hacia adelante y recularon después, los pechos dibujando una graciosa curva que lo hubiera sido más de alcanzar secuencia sinusoide, como lo hace ahora en mi memoria.

Nos miramos Bruno y yo; ella se quedó muy quieta pensando en lo que sea que piensen las rubias que estuvieron a punto de saltarse un semáforo. Nosotros hicimos lo que creí conveniente: cruzamos por detrás del Mini. No había otra. Y ahí la rubia, Bruno y yo detrás de ella con nuestro paso elegante, puso la marcha atrás para dejar libre la cebra, ¡yegua!

Pegué tres gritos, golpeé el coche, tiré de la correa negra y naranja que ata a Bruno, Bruno chilló, asfixiado, y salté… Todo eso en menos de lo que se lo lee. ¡Casi, casi, eh! Clavó los frenos a tiempo y apenas me rozó, pero lo hizo. Hubo protestas en la esquina y algún reproche a la rubia. Dos ancianas, una de ellas vecina de mi escalera, fueron bastante activas.

Yo rodeé el coche, me incliné sobre la ventanilla anterior derecha y percutí en el vidrio con el dedo índice de mi mano izquierda; la otra sujetaba a un Bruno que hiperventilaba, criatura. La infractora temblaba y ambos sabíamos que debía tomarse su tiempo. Nos lo dimos. Finalmente, volvió la cabeza sin mover los hombros, como aquellas muñecas de mi hermana que yo decapitaba y ella regresaba a la vida devolviendo sus cabezas de plástico, ojos coloreados de azul y pestañas como escobillas, a sus torsos firmes. ¡Cuánta pena y cuánta rabia en su mirada, nenas, nenes!

Jamás vi mujer más bella en mi vida. Y de repente descubrí que lamentaba que no me hubiera atropellado, uniendo así su vida y la mía por una historia que contar en sobremesas de domingos sucesivos y unos trámites que quise, en ese breve instante de pena, largos con los adustos agentes de mi aseguradora y los seguramente idénticos de la suya. Por un momento me vi tendido en una cama de hospital y ella tomándome de la mano y estampando su firma en la escayola con trazo irregular.

No sé cómo recuerde Bruno este episodio, ni si lo recuerdo yo mañana. Bruno, que es mucho más bajo que yo y ya dormita, ajeno a las rubias y a la muerte que te pueden traer.

Fotografía: Juan Carlos Herrera Lorenzo

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