De vuelta del weekend…

- 20/02/11
Categoría: Viajes | Etiquetas:
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Un par de aeropuertos, un paisaje intenso aunque sañudamente herido por la urbanización, una habitación de hotel y, ay, el hallazgo repasado durante todo el fin de semana de unas memorias cuyo autor vivió en la historia, la vivió como para contarla, publicó casi a hurtadillas lo que anotó y permanece velado tras también sañudo olvido historiográfico.

Un buen weekend donde todas las marcas parecían etiquetas orondas sobre un único cuerpo: los aeropuertos —esos «empty meeting grounds», que los bautizó MacCannell—; la naturaleza herida en la que disfruto adivinar la capacidad de réplica —el súbito deslizamiento de tierras que arrastra encabalgamientos de chalets, por ejemplo—; la enorme habitación de aire high-tech —yo adoro casi todas las habitaciones de casi todos los hoteles, pero nada admiro más en ellas que su calculada hostilidad: a todas las dejo enamoradas—; los testimonios del desastre que es casi toda la historia —en la historia de Cuba, donde el desastre totalitario hiere la vista, los testimonios son pruebas de cargo y no meros indicios, por mucho que no se aviste juicio al que aportar unas y otros…

Volver al lunes con preámbulo trenzado con tales mimbres es toda una bendición.

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Las memorias de Orlando Bosch

- 12/01/11
Categoría: Exilio, Memoria, Oposición | Etiquetas:
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He terminado la lectura de las memorias de Orlando Bosch: Los años que he vivido (Miami: New Press, 2010, 342 pp). Unas 150 páginas de texto, más abundante material sacado de las hemerotecas y el archivo fotográfico del autor.

Por extremas que sean las pasiones que despierte Orlando Bosch en valedores y detractores, su vida es una que merecía ser leída.

Activista estudiantil en la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), dirigente del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) en Santa Clara, responsable de decisivos envíos de armas a Cuba desde Miami para las tropas de Fidel Castro, temprano organizador de la resistencia contra el régimen comunista instaurado en la isla por el propio Castro, protagonista crucial del inicio del movimiento guerrillero en el Escambray, organizador de campos de entrenamiento de exiliados cubanos en la Florida, responsable de operaciones militares contra intereses de la Cuba revolucionaria y de una amplia nómina de sabotajes dentro y fuera de Cuba, preso en varias ocasiones por su lucha anticastrista, entre ellas por la presunta autoría intelectual (junto a Luis Posada Carriles) del atentado al avión de Cubana de Aviación que se saldó con la muerte de 73 personas en 1976, etc., etc., Orlando Bosch es una figura atendible de los últimos sesenta años de la historia de Cuba.

«Luchador por la libertad» o «terrorista», según se le apliquen unos u otros baremos, el hecho es incontestable: Orlando Bosch contó –y contó bastante— en esa historia y valía la pena que la contara —y la contara bien— en sus memorias.

No ha habido suerte. Y no sé exactamente qué falló. Si la directora editorial Nancy Pérez Crespo o una idea errónea, por pobre, del noble género que se ocupa de contar los años que se han vivido, como reza el título.

Libro soso, prosa intransitable, lagunas o hiatos imperdonables, polémicas de nulo interés, regodeos absurdos, escenitas envueltas en celofán.

Uno siente que hay libro, porque hay hombre transitando por la historia, pero termina por no ver ni libro ni hombre ni historia.

Una lástima, oigan. No son muchos los cubanos que han dedicado toda la vida a la lucha contra las últimas dictaduras cubanas. La del dictador Batista —así lo llama Bosch que sabe de lo que habla— y la del dictador Castro.

Tampoco son muchos los que han decidido enfrentar a ambos regímenes con las armas, con la violencia. Violencia contra violencia. Ojo por ojo, aunque desde el exilio anduvieran tuertos de medios contra uno y, sobre todo, contra el otro.

Y sea cual sea la opinión de cada cual sobre tales empeños, y aun cuando se trate de una radicalmente contraria a esos afanes, todos deben leer esa historia. Conocerla. La de los que se concibieron vencidos como pueblo y no se quisieron dar por vencidos como hombres. Y eligieron el camino del gatillo y la pólvora.

Que el resultado de este empeño editorial sea calamitoso no hace justicia a los lectores. Tampoco a Orlando Bosch.

UPDATE:

Un lector me pregunta dónde comprar el libro.

Dónde puedo comprar el libro de orlando bosh dime si lo puedo ordenar online o lo tienes en pdf un abrazo

Antes de publicar el post llamé a Librería Impacto, la única referencia que me aparecía con existencias. Nadie respondió al teléfono y preferí no anotarlo, porque su site en Internet tampoco respondía. Vuelvo a llamar ahora y la amable librera me confirma que disponen de ejemplares del libro, cuyo precio “oscila entre los $20 y $25 y tal vez menos”.

Aquí los datos de Librería Impacto.

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Las dictaduras, cuando corteses…

- 13/12/10
Categoría: Israel | Etiquetas:
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El mes corriente no será uno fácil para el autor de este blog, si alguno lo fue.

Acaba año y se cierran plazos que uno ha firmado y debe atender. Esas atenciones son las que pagan las facturas, y un servidor, ay, no pertenece a la clase ociosa. A finales de cada año, pertenece más bien a la clase estresada…

Comparto pues, y probablemente lo vuelva a hacer en los días que siguen, minucias del trabajo corriente. Así, la traducción de esta carta que recibió un judío berlinés cuando lo enviaban a la muerte en Letonia. Año 1942. De más está decir que llegados a su destino, los destinatarios de estas cartas recibían tiro en la nuca y alojamiento en fosa común.

Repárese en la cortesía que se gastan las dictaduras, esas perras tan bien alimentadas…

Berlín, 4to. Distrito, 11 de enero de 1942

A la atención del Sr. Albert Israel Unger y Sra.

Por disposición de las autoridades, vuestra salida está prevista para el 19 de enero de 1942. Dicha disposición lo abarca a Ud., a su señora y a todos los miembros solteros de su núcleo familiar incluidos en vuestra declaración de bienes.

A mediodía del 17 de enero de 1942 vuestro domicilio será sellado por la autoridad competente. Por lo tanto, a esa hora Usted deberá tener listo para el viaje tanto su equipaje mayor como su equipaje de mano. Usted deberá entregar al funcionario encargado del caso las llaves de vuestro domicilio y, si procede, las de las habitaciones de este. Seguidamente, el funcionario lo acompañará a la comisaría de policía que corresponda a su dirección de residencia, llevando Usted consigo tanto el equipaje mayor como el de mano. El equipaje mayor quedará en la comisaría, desde donde nuestro servicio de equipajes lo llevará en camiones destinados al efecto al punto de concentración sito en el Nº 7/8 de la calle Lowetzov.

Una vez entregado el equipaje mayor en la comisaría, Usted se dirigirá, portando consigo el equipaje de mano, hasta el punto de concentración sito en la sinagoga de la calle Lowetzov (utilice la entrada habilitada en la calle Jagow). Podrá desplazarse hasta allí utilizando los medios habituales de transporte.

Mientras permanezca en el punto de concentración, así como durante el traslado en ferrocarril, vuestra manutención correrá por nuestra cuenta. No obstante, no estaría de más que lleve consigo en su equipaje de mano las provisiones que guarde en casa, especialmente las que le permitan garantizar, al menos, una cena.

Tanto en el punto de concentración como durante el viaje se le prestarán servicios médicos y se le proveerá de alimentos.

En folio anexo encontrará instrucciones adicionales, a modo de recordatorio, que le resultarán de utilidad.

Lo instamos a atender esas instrucciones con el máximo celo y a prepararse para el viaje con serenidad y, a la vez, con responsabilidad.

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Del exilio (leyendo a los maestros)

- 09/12/10
Categoría: Exilio | Etiquetas:
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Ayer tropecé con este fragmento de las memorias de Alexander Herzen, uno de los exiliados del pasado, Chateaubriand es otro, que escribieron memorias que también lo son sobre la condición del exilio. Las de Herzen fueron escritas hace 150 años.

He querido compartir con ustedes estos párrafos traducidos con prisa que los puristas, ojalá, me perdonarán.

¿Quién sabe? Va y a alguno le aprovecha…

En alguna ocasión, víctima de un acceso de ira o de amarga risa, concebí la idea de escribir un panfleto titulado «Les réfugiés peints par eux-mêmes», a la manera de las ilustraciones de Grandville. Hoy me alegro de haberme abstenido de hacerlo. Porque ahora veo este asunto en forma más serena. Me río menos. Y menos me asquea. Por otra parte, lo cierto es que el exilio dura ya demasiado y pesa mucho más sobre la gente…

Con todo, todavía hoy debo decir que los exilios emprendidos sin un objetivo preciso y más bien como consecuencia de la victoria de una fuerza opositora cortocircuitan el desarrollo de los hombres y los apartan de toda actividad viva para empujarlos al reino de la fantasía. Salidos de la patria con rabia en el pecho y la permanente convicción en el regreso inmediato a ella, los exiliados no avanzan, sino que regresan al pasado una y otra vez; la esperanza concebida en el regreso les impide asentar las ideas y emprender una obra duradera; la irritación y las encendidas disputas entre ellos les impiden escapar de un reducido número de cuestiones por resolver, ideas y recuerdos, que conforman un opresivo yugo que los aherroja. A los hombres, y particularmente a los que padecen situaciones extraordinarias, los suele dominar una pasión por el formalismo, por un pensamiento de índole fabril, una superficialidad en el desempeño de sus profesiones, que hace que adopten de inmediato un aire de encierro y los domine un afán doctrinario.

Enajenados del entorno natural al que pertenecían, todos los exiliados cierran los ojos a las amargas verdades y prefieren habitar los predios de un círculo cerrado y fantástico que se alimenta de recuerdos inertes y esperanzas irrealizables. Si a eso añadimos la manera en que se apartan de quienes no son exiliados como ellos y un elemento de exasperación, sospecha, excepcionalidad y celo, resulta evidente que a este nuevo y tozudo Israel no hay quien lo entienda.

Alexander Herzen, Obras escogidas (Volumen 4), Terra, Moscú, 2009, p. 289 (En ruso.)

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(Algunas) Lecturas de octubre

- 14/10/10
Categoría: Libros, Poscomunismo | Etiquetas:
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(Síganse los enlaces para las referencias bibliográficas completas.)

The Future of Nostalgia
Svetlana Boym

Pocos libros más completos si se trata de pensar la nostalgia como categoría que define la condición del exilio y los azares del hombre poscomunista. Boym, rusa de nacimiento y exiliada en 1980, ha conseguido reunir los fragmentos dispersos de la memoria de la emigración rusa y confrontarlos con un país que entró a la década de los noventa como niño con juguete nuevo, pero roto. Un libro de veras magnífico.
Me regaló, por cierto, una nueva pista cubana de Joseph Brodsky: el célebre armario que dividía La habitación que compartía con sus padres en (el entonces) Leningrado estaba coronado por, entre pocas otras, una botella de Havana Club.

A Distant Mirror. The Calamitous 14th Century
Barbara W. Tuchman

Prefiero a la Barbara W. Tuchman de La torre del orgullo o Los cañones de agosto. Su retrato de la Europa que se enfrentaba al horror de la primera guerra mundial trazado con paciencia y precisión de notario es sencillamente inigualable. En cambio, la incursión de Tuchman en el Medioevo no me ha entusiasmado demasiado. Si su Europa del siglo XX es retrato vivo e hiperrealista, su manoseo con el pasado medieval tiene algo de caricatura.

Let me go (Lasciame andare, madre)
Helga Schneider

Adelphi publicó en 2001 este libro que no había llegado antes a mis manos. Helga Schneider fue abandonada por su madre en el Berlín de finales de los años 30 del s. XX. Cincuenta años después vuelven a reunirse en un asilo de ancianos en Viena, donde su madre espera la visita de la muerte. Y hablan de lo que las separó: el fanatismo de una mujer que prefirió el uniforme de las SS e irse a trabajar en Ravensbruck y Birkenau ayudando a los médicos que experimentaban con los presos judíos, antes que cuidar de sus hijos.
Intensidad, dolor y razones. Muy recomendable.

Batista. From Revolutionary to Strongman
Frank Argote-Freyre

Una biografía de Fulgencio Batista. O media, porque hay anunciada segunda parte que ya tarda.
La salva el hecho, nada fortuito, de que nadie haya emprendido otra en décadas. La condena todo lo demás: aburrida, escrita con lengua de estudiante de secundaria, la grisura, cuando no oscuridad, de las fuentes.
Con todo, atiéndasela. Para generaciones de cubanos Rubén Fulgencio Batista es un perfecto desconocido. O un conocido imperfecto.

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Preguntaban los catalanes de España por los negros de Cuba…

- 13/09/10
Categoría: Memoria | Etiquetas:
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He dedicado la tarde del domingo a leer La saga de los catalanes en Cuba, de Joan M. Ferran Oliva. Lo publicó en edición bilingüe ―español y catalán― el inconstante sello editorial de la Casa Amèrica Catalunya: KM 13.774. Y es regalo que agradezco.

Continúo pensando que el mejor libro escrito sobre catalanes y cubanos es La petjada dels catalans a Cuba, de mi amigo José Joaquín Moreno Masó, aunque por desgracia se quedó en la primera mitad del s. XIX. Y que el más espectacular en términos visuales es Cuba a Catalunya. El llegat del indians, de Tate Cabré. Escribí aquí sobre el último. El primero, que ya cuenta dieciocho años de publicado, se me adelantó, pero va y lo alcanzo.

Pero este de Ferran Oliva resulta un compendio conciso y casi notarial del tema que lo ocupa. Y lo he leído con el gusto de quien encuentra libro al que acudir en busca de un dato preciso, porque su sino es la precisión. Las palabras, pocas y (bastante) justas. El libro está disponible en SCRIBD, gracias a la generosidad del autor.

Allí encontré una cancioncilla que divertía a los Voluntarios catalanes que se alistaron desde la península para luchar contra los independentistas cubanos. Que hubo catalanes que se enrolaron en el españolista Cuerpo de Voluntarios en Cuba, pero también otros que viajaron desde aquí a pelear por el dominio colonial español. Ya me he ocupado antes de aquel Manuel Bringué i Sanfeliu, que participó en la operación que acabó con la vida de Antonio Maceo y fue honrado a su vuelta a Cataluña.

Quede constancia ahora de los ánimos con que algunos catalanes viajaban a su adorada Cuba a luchar por España.

Ah, sí, oiga, ya sé que a algunos no les gusta recordarlo, pero los hechos son tozudos, que decía aquel.

Esto cantaban:

A l’illa de Cuba
Ja hem arribat.

A on són els negres
que no se’n veu cap?
Quan han vist que veníem
ja s’han amagat.

Diu que s’amaguen
com eriçons.
Ja los destapen
els nostres canons.

El soldat d’Espanya
mai pot recular.
Si és voluntari
n’és bon catalá.

(A la Isla de Cuba / hemos llegado ya. / ¿Dónde están los negros / que no se ven asomar? / Al vernos llegar / se han escondido. / Dicen que se esconden como erizos. / Pero los descubren nuestros cañones. / El soldado de España / nunca recula. / Si es voluntario / es buen catalán.)

La traducción es de Encarna Belmonte.

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