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Tele-evangelistas (un rato) en Cubavisión

Pocas cosas me producen mayor repugnancia que el maridaje de la televisión y la religión: los tele-evangelistas. Como pocas cosas me repugnan más que esas sectas amigas de la cámara, el aspaviento, la feligresía alborotada, el éxtasis de a tres por quilo, la gritería. Ahí la religión se manifiesta como artefacto embrutecedor, empresa que lucra con la miseria a secas y con esa otra forma de la miseria que es la soledad. Patearía de buena gana a esos charlatanes. Un tele-evangelista cada domingo, como deporte enaltecedor… Una cuestión de higiene.

Esta tarde me alejé un momento de la mesa de trabajo, ya con retraso, a ver qué traía el noticiero de la televisión cubana. Y al sintonizar el canal 169 donde veo Cubavisión, me encontré con una pelirroja ensalzando una menorah de oro macizo. Era Marilyn Hickey, la metodista experta en fundraising [1], estrella de esa televisión para desgraciados. Permanecí unos minutos absorto escuchando a aquella protohumana con su prédica «carismática» antes de tomar una foto.

Cuba-Cubavision-religión-teleevangelistas-cristianos

El error de la compañía que me sirve los canales de televisión quiso que me encontrara eso en Cubavisión y no la otra prédica imbécil del noticiero castrista. Pero quiso también, por pura yuxtaposición de la jeta de la vendedora de candelabros de siete brazos y la «mosca» de Cubavisión que recordara que podemos saltar muy fácilmente de una ilusión a otra, de una mentira a otra, de una exacción a otra.

Y muy probablemente lo hagamos, oigan.

¡Acaso se nos va a escapar a los cubanos tal ocasión de mostrar nuestra capacidad para chapotear en el fango «evangelista» una y otra vez!

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