Mañana, Día de Reyes, me gustaría encontrar que uno de los tres magos de Oriente, o juntos, me ha dejado en la sala a Miguel Ángel Moratinos, a «Curro». Que sea ese mi regalo. No quiero otro.

Ese Miguel Ángel Moratinos [1], ministro de Zapatero, que cada día se esfuerza más por demostrar que su desprecio a los cubanos supera al de Antoni María Claret, aquel arzobispo de Santiago de Cuba a quien un guajiro picó la cara y pasaba hasta ahora por ser el español que nos odió con más saña. También está en liza Valeriano Weyler, sí, ya sé, pero en su caso se trataba de hijo de puta en guerra. Moratinos, en cambio es un hijo de puta de «período especial en tiempo de paz». Un cerdo criado en una bañadera de Alamar, vaya.
Y quiero que me lo regalen mañana. Sentir desde la cama el hedor que vendría del salón y el gimoteo de ese crápula. Desperezarme, escuchar unos minutos de radio y pasar a aliviar vientre y vejiga, tomar una ducha, afeitarme y bañarme las mejillas con Old Spice, mientras mi regalo me espera acuclillado junto al sofá con su aire marcadamente porcino.
De la ducha iría a la cocina, me tomaría un café revisando sin prisas las portadas de los diarios en el laptop. A esa hora ya Curro estaría recibiendo los mordiscos de Bruno, mi perro, que lleva en sus documentos, y juro que por pura casualidad, el nombre de Bruno Rodríguez ―Rodríguez es el primer apellido de su legítima ama; y mía también, ¡qué caray!―, homólogo cubano de Moratinos.
Saldría por fin al encuentro del regalo dejado por Melchor, Gaspar o Baltazar, o los tres, cuyos camellos habrían despachado de madrugada los dátiles que les dejé hace un rato, como cada año, junto a la puerta de casa.
«¡Sí, me tocó! ¡Me lo trajeron!», exclamaría lleno de gozo mientras Bruno redoblaría sus mordiscos al ministro fofo.
¿Que qué haría después con él?
Ah, no sé. Se me ocurren varias cosas. Bueno, tres. Espera: cuatro…
Pero cuánto me gustaría, ay, cuánto me gustaría encontrarme cara a cara con ese funcionario que nos desprecia y busca humillarnos. A mí, por cierto, por partida doble: como cubano y como español. ¡Vaya si me gustaría encontrármelo!
¿Es tarde ya para escribir carta a los Reyes Magos?