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El “exilio dolido” y la Ley de Ajuste cubano

Me encanta este «Aviso» que tomo prestado a Gaspar, El Lugareño [1], quien dice haberlo encontrado hoy en su carro. En Miami o alrededores, da a entender.

aviso-exilio-dolido [2]

Esa rúbrica de «EXILIO DOLIDO», así con todas sus mayúsculas, me recordó, vaya usted a saber por qué, a Auxilio y Socorro, aquellos hilarantes personajes de Sarduy.

Pero ése no es el asunto. El asunto es, primero, el peso de ese oxímoron pleonasmo, porque cabe suponer que no hay -valga el oxímoron- «exilios gozosos».

Después, la patrimonialización de la condición de «exiliados».

Por último, las consecuencias ciudadanas de su condición de agraviados.

El «Exilio» está dolido, ay, y decidiría dejar de votar por políticos de origen cubano, en tanto vehículos del dolor y el desaire que le supone ver a un cantante de ideología comunista o pericomunista llenando teatros en la «sede» de ese mismo exilio; teatros, por cierto, llenos de exiliados en tanto ajustados. Por la Ley de Ajuste [3], digo.

Luego, opta ―opción de los que reparten estas fotocopias paseándose entre los coches aparcados― por decisión tremendista en sociedad multicultural: dejará de votar a candidatos de un origen étnico para votar a candidatos de otro origen étnico. Tremendista x dos: dejará de votar a los «suyos» para votar a otros.

Tres veces sorprendente: el mismo Exilio que ha voceado una y otra vez aquello de que «los americanos nos traicionaron» los va a votar precisamente a ellos. Se supone que a los republicanos, aunque la nota no añade esa distinción de orden político a la distinción por origen étnico.

Así, el «pueblo exiliado» les volvería la espalda a los «representantes políticos» también exiliados, como los que llenan los teatros donde cantan «los enviados de la dictadura de los Castros (sic)».

Tengo para mí que de tan ajustados todos, acabaremos llegando al «ajuste» definitivo: el bastión último del EXILIO DOLIDO, ¡auxilio! y ¡socorro! mediante, exigirá la derogación de la Ley de Ajuste: ni uno más de esos «enviados de Castro» que llenan los teatros y menean las caderas al son de La Habana. «¡Qué se vaya la escoria!» dirá el próximo aviso.

«¡América para los americanos!», exigirán.

Definitivamente, parece que la bachata de la Charanga [4] y Van Van [5], la ramplona versificación de Buena Fe [6] o el frufrú de los batilongos de Omara Portuondo [7] han tupido a tal punto los oídos del EXILIO DOLIDO que ya no recuerda, parafraseando el nombre de esta página, el tono de la coz.

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