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Cuba y los globos

Zeppelin in Berlin [1]

Los guarismos de la serie que anuncian [2] en La Habana sobre los intentos de asesinar a Fidel Castro aka Castro I [3]:

1)      638 tentativas de magnicidio;

2)      8 capítulos;

3)      1 + 81 guerrilleros;

4)      3 años de trabajo (luego, comenzaron cuando se lo creía a punto de catafalco);

5)      243 actores y actrices;

6)      800 figurantes.

¡Tremendo! ¿Alguien imagina mejor regalo a dictador que muere en la cama que la minuciosa exposición de fracasos de quienes quisieron acortarle la vida?

Con todo, la serie falseará la realidad, porque los figurantes en esta historia fueron, son, somos, muchos, muchísimos, más. ¡Millones! Y el actor uno solo.

Consuela pensar, sin embargo, que también en España el dictador murió en su cama y ello no se convirtió en losa que pesara (demasiado) sobre el posfranquismo. Aunque, bien pensado, aquí voló Carrero Blanco [4]. El imaginario social contaba con esa parábola espectacular. Mientras que entre nosotros creo que el vuelo más sonado sigue siendo el de Rafael del Pino [5]. O no: ¡más bien el de Matías Pérez [6]!

Al final va y terminamos todos navegando ufanos en la estrecha barquilla del globo patrio: el globo de los 20.000 muertos del Batistato, el globo de los 638 intentos de asesinato, el globo de la revolución, el globo del pueblo rebelde y amante de la libertad. Dos objetos que flotan: el castrismo como aerostato y el exilio como brillante zepelín.

Cautivos a la vez que atomizados, puede que ahí encontraremos la única salida cubana hacia la globalización. En la parodia.

Un país de globos. Un país como un eterno cumpleaños.

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