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Viuda falaz podría paralizar los vuelos de Miami a La Habana

Leo que se podrían paralizar los vuelos chárter entre Estados Unidos y Cuba [1]. Vuelos comerciales que transportan a los cubanos a visitar a sus familias en Cuba. Puente aéreo que reúne a familias divididas por el castrismo, a hijos de padres, a hermanos de hermanas…

¿Qué paraliza los vuelos? ¿Una guerra? ¿La puñetera crisis? ¿Un inopinado desplazamiento del imán del Triángulo de las Bermudas?

Nada de eso. Resulta que allá por 1993 en una lectura bíblica ―¡ojo al dato!― cierta Ana Margarita Martínez conoció a recién llegado de Cuba, se casaron, fueron felices, el tipo era «magnífico conmigo», «muy protector», cuidaba de sus hijos y los ayudaba a hacer las tareas [2], hasta que un buen día salió a comprar tabaco… y lo fue a comprar a La Habana.

¡Horror! El modélico marido era un espía de Cuba, Juan Pablo Roque… ¡Ay, qué dolor, qué pena!

Pero ¿qué coño tiene que ver esa historia de novelita de serie B con el trasiego de afectos entre el exilio y sus familias en la isla?, se preguntarán.

Pues resulta que la de la lectura bíblica cayó en crisis: ¡seducida por espía y no era Sean Connery! ¿Qué hizo? ¿Seguir con su vida y apartarse de los focos?

Nananina. Presentó una demanda contra el gobierno de Cuba por haber mandado a Miami al 007 que la sedujo y, ¡agárrense!, ganó, en dos juicios sucesivos, una indemnización de ¡27.1 millones de dólares! ¡27.1 millones de dólares, mamá! (Los cien mil esos que joden el redondeo, ¿por qué serán? ¿Por el palo de la noche de bodas, acaso?)

Y sí, ahora se podrían paralizar los vuelos que reúnen a las familias cubanas, cientos de miles de personas separadas por el castrismo, para hacer caja con la que pagarle a Ana Margarita Martínez su indemnización por que el marido le salió culeco. A fin de cuentas, pensará la medio viuda, su condición de seducida por espía merece reparación inmediata a expensas del dolor cotidiano de tantos exiliados y emigrantes.

¡Hay que joderse con los cubanos, señoras, caballeros!

¡Lo nuestro, mírese como se mire, es de alquilar balcones!

Reconciliación, dicen. ¡Puah!

Shin-Divider [3]

De contra:

Por cierto, no contenta con los veintisiete y pico millones asignados, que no cobrados, la despechada lectora de la Biblia anda buscando wanikiki para hacer una película que cuente su historia.

Sigue el comercial…

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