- El Tono de la Voz - https://www.eltonodelavoz.com -

Cubanos en huelga de hambre, ¿qué hacer?

María Eugenia Arencibia, una amiga residente en La Coruña, se acercó esta mañana a hablar con Javier Fernández, el músico cubano que se declaró en huelga de hambre [1] ante el Consulado de Cuba en Santiago de Compostela, Galicia. De vuelta a casa, me relataba lo que había visto: «Cuando miré a los ojos a ese hombre, supe que su decisión y su dolor son auténticos: ese hombre llegará hasta el final».

Más: «Con un hilito de voz me dijo: “es la primera vez que me siento libre”».

Mañana hará una semana que Javier Fernández no ingiere alimentos sólidos. Le dijo a María Eugenia que pronto dejará también de beber. Fernández, negro como Zapata y Fariñas -condición racial que él mismo menciona en el documento que ha circulado-, está dispuesto a inmolarse. Desistiría, dice, si todos los presos políticos cubanos son puestos en libertad. De lo contrario está dispuesto a llegar «hasta el final»

Hasta el final.

Desde primera hora de la tarde tengo aquí delante un post-it con el número de teléfono de ese hombre que ha elegido el martirologio. Los lectores de esta página saben lo que creo de la opción que ha elegido [2]. Saben que me opongo rotundamente al delirio que ha desatado la muerte de Orlando Zapata Tamayo, ese delirio suicida.

He manoseado el teléfono unas cinco veces a lo largo de la tarde y la noche con la intención de hablarle, intentar disuadirlo, explicarle que su sacrificio es estéril. En una ocasión llegué a marcar su número. No hice la llamada.

¿Qué puede decirle un hombre sentado ante su confortable mesa de trabajo a quien se ha decidido por una muerte falazmente redentora? ¿Puede entrevistarlo como si nada? ¿Preguntarle qué tal le va con la muerte que le llega y desearle suerte? ¿Puede, por el contrario, decirle que está equivocado, que morirá en vano, que dejará huérfanos -a cambio de nada- a su hijo ya nacido y a la criatura que espera su mujer?

Darle voz a quien se quiere morir, ¿no incitará a otros a seguir su camino? ¿No lo animará a seguir con su empeño una vez que encuentra el eco que reclama?

Por otra parte, silenciarlo, ¿no será un acto miserable hacia quien da la vida por todos, uno incluido?

Hay ocasiones en que la capacidad de servir de altavoz de los que carecen de acceso fácil al espacio público genera dilemas éticos difíciles de resolver.

En cualquier caso, sean cuales sean las decisiones que yo tome, publicar este post, por ejemplo, siempre me resultará infinitamente más sencillo tomarlas que lo que le significó a Javier Fernández elegir su camino.

Yo no me juego nada. Él se lo está jugando todo.

Shin-Divider [3]

De contra:

Documento redactado por Javier Fernández acerca de su huelga de hambre (es cortesía de María Eugenia Arencibia):

javier-fernández-santiago-galicia-reivindicación [4]

[5] [6] [7] [8]