Hice un alto en el trabajo para ver el discurso de Castro II en la clausura del IX Congreso de los jóvenes comunistas. Sí, ya sé que soy de los pocos que le descarga a esas cosas, y sé que no debiera. Que el hígado, que los deadlines, etc. Pero ya saben: soy incorregible.
A mí es que me encantan esos espectáculos totalitarios. Fíjense que de la Riefenstahl hasta el libro con los Nuba me compré con lo que pesa y cuesta.
En el de hoy sube un viejo gangoso a la tribuna, dedica cosa de media hora a relatarle a su audiencia cómo su hermano y él mismo han sido los peores gobernantes imaginables, cómo el país que han gobernado por medio siglo es incapaz de producir ni fósforos y, oye, nadie le grita inepto o hijoputa. Ni dimite el muy cabrón ante esos jóvenes que quedan, que centenares de miles se han ido o se van yendo.
Después del harakiri medianito pa’ lo que tendría que ser, pero diáfano, salta a hablar de los enemigos, los malos, los que lo tildan de ineficaz. ¡¿No acaba de admitir él mismo que lo ha sido y con creces?! De paso, lanza mensajes a los gobiernos que lo apoyan, hasta un «bazo» con toda la «zeta» pronuncia, y tilda de abusador de mujeres a un tipo que está en huelga de hambre pidiendo reformas, reclamando libertad, y de delincuente a otro que ya murió. ¡Como si nada!
Seguidamente evoca largamente batallitas de hace medio siglo ―a todas estas no lo han aplaudido ni una sola vez― y, ¡agárrense!, convoca a próximos festejos por el 1 de mayo, Día del trabajador, en país del que acaba de decir que apenas produce ni frijoles y donde, dijo, sobra un millón de empleados que se ocupará de despedir muy pronto.
Termina, reparte besos, le gritan vivas y más vivas y se marcha guiado por su nieto.
Eso es el IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba visitado por el dictador en ejercicio. Esa es cierta Cuba, la Cuba que manda. Cuba, vaya. Y nada hace pensar que deje de serlo pronto.
Con perdón de las señoras: ¡Hay que joderse!
De contra:
El discurso, esa suerte de Historia del tabaco o Cuento de la buena pipa, aquí [3].
