Tras largas décadas buscando conseguir que Rusia admitiera el horror [1] de Katyn, el avión presidencial de Polonia que llevaba a los polacos que iban a honrar por fin a los muertos se estrella a las puertas del homenaje [2].
A veces la historia, ramera memoriosa, hace estos guiños crueles. En ocasiones las atrocidades del pasado buscan asomar al presente. Y pocas veces lo consiguen. Ni el gran Wajda hizo más [3]. Por genial que fuera [4].
Naderías: la niebla sobre Smolensk, la temeridad del piloto ―probablemente azuzada por su principal pasajero―, la maldición de esa chatarra que son los TU-154…
Todas juntas han conseguido que mientras se asoma la primavera boba de 2010, decenas de millones de europeos compartieran hoy la hora de la comida con los oficiales polacos masacrados [5] hace tantos años por los comunistas en un bosque indistinto.
Los caminos de Némesis son inescrutables.
http://www.youtube.com/watch?v=_JD30zNMFO8 [6]De contra:
Barbara Brandys: En el bosque de Katyn [8]
Cortesía de Marta Rebón