¿Se sabe de alguien que aun no le haya pedido a Guillermo Fariñas abandonar la huelga [1] de hambre?
¿Se conoce alguna otra razón que aducir para convencerle de la sinrazón de su empeño?
¿Será que aquellos «psicólogos del Ministerio del Interior» que le dijeron tener madera de mártir [2] consiguieron ―queriéndolo o sin querer― ofuscarlo poniéndole en los labios la única golosina que puede permitirse un huelguista de hambre: la (dudosa) gloria?
Más: ¿podría algún alma misericordiosa o espíritu sensato explicarle a Guillermo Fariñas la naturaleza de las «huelgas de relevo»?
Por último: ¿podría avisarle alguien que lo de «Zapata vive» es inequívocamente falso? Que no vive. Que Orlando Zapata Tamayo está muerto. Y que muerto estará él mismo, aunque «Zapata y Fariñas viven» se coree durante unas pocas semanas después de su muerte por inanición.
Es por preguntar, vaya.