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Otro Jorge Ferrer

Tengo un «friend» en Facebook que se llama Jorge Ferrer.

Es otro Jorge Ferrer. Como yo soy uno más y apenas eso. En el listín telefónico de Barcelona constan cuatro más. También sé de otros, porque me llegan los RSS de entradas que anotan esa secuencia entrecomillada de nombre y apellido y entre ellos hay empresario muy activo, jefe de policía en región de Argentina, diplomático cubano, futbolista de no recuerdo ahora qué liga y hasta un cantante o animador.

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Hace meses Jorge Ferrer me envió una invitación o como quiera que eso se llame. Lo hizo por la coincidencia de nombres. Y yo acepté, naturalmente. Hasta donde algo puede ser «natural» en Facebook o semejantes aldeas digitales.

Hice bien.

Jorge Ferrer, mi «friend» en Facebook, es colombiano, estudia derecho, es muchísimo más joven que yo y a juzgar por las fotos que sube a su Wall se beneficia de vez en cuando a unas colombianas que me lucen la mar de apetecibles. «¡Bien por Jorge Ferrer!», me digo cada vez que veo a alguna de sus conquistas. Y siento un ridículo orgullo, como si fuera yo el beneficiario de las carnes y los «papito» de esas nymphets ―con Nabokov.

(Ahora se me ocurre que puede que no debí anotar esto último, porque hace un tiempo Jorge Ferrer cambió su estado a «In a relationship» y va y le jodo la tal. Cuando lo hizo, por cierto, dije muy orondo en casa: «Jorge Ferrer va sentando cabeza». Y M. puso cara de eso-no-lo-voy-a ver-yo-jamás…)

Ayer alguien anotaba en la Wall de Jorge Ferrer: «caleño porfa no se le olvide llevarme el libro de ciencia y libertad el lunes q tengo q estudiar para el examen del cdc!!!»

No sé qué es cdc para esa «friend» de Jorge Ferrer, y a juzgar por el comentario también su condiscípula, pero este mediodía, cuando salía a comer a «El cubano», un restaurante que yo me sé en Sant Martí, donde gané, ya MUY bien comido, seis juegos de dominó ―sendas pollonas incluidas―, y apenas perdí dos, me detuve un instante en la puerta.

Sentía que olvidaba algo. «¿No tengo que llevarle un libro a alguien? Algo de Hayek, tal vez…», pregunté a M. Y ahí recordé que no.

Que eso le toca mañana a Jorge Ferrer. Al otro.

¡No te olvides, tocayo!

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