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Algo huele mal en Israel

La última operación del ejército israelí ha dejado (parece que) diez nueve víctimas ―y no diecinueve como se escribió en día en que los diarios han sido enormemente felices. Con los diarios e Israel servido en la picota pasa lo que cuando a un grupo de niños ociosos les das un balón. Comienzan a patear que da gusto.

Porque patear a Israel o patalear porque si Israel esto o lo otro, ya se sabe, es el deporte preferido de todos los periódicos menos puñado escaso.

El furor informativo ha sacado hoy a pasear toda su rabia contra la única democracia de Oriente Medio. Masacre, matanza, «baño de sangre», chillan entusiastas. Un somero vídeo que cierto joven azerí subió a Youtube [1] sintetizaba lo que pasaba por la cabeza de muchos, aunque no todos sean tan explícitos o sinceros como Ahmadineyad o los prebostes de Hamás. La misma Hamás que mantiene secuestrada la Gaza a la que viajaba el barco intervenido.

¿Quiénes viajaban en ese barco, el Mavi Marmara, oye?

Oh ―nos dicen plañideras las rotativas―, pobres civiles. Dulces «activistas». Eso nos ha repetido hoy la prensa con empalagosa machaconería. También de Hiroshima se dijo que era un plácido pueblo de pescadores.

Civiles.

Gocemos de esos «civiles», «activistas» sin uniforme, según reportaje que Al-Jazeera ―la nada sospechosa de simpatías por Israel Al-Jazeera― enseñaba horas antes del salpafuera. Atiéndase a esos inocentes civiles: sus cánticos, sus palabras, sus jetas.


¡Solavaya!

Visto, pues, que los pacifistas entonaban cánticos llamando a la muerte de los judíos y se consideraban llamados al martirio, se comprende por qué decidieron desafiar al Tsahal y se negaron a aceptar las propuestas israelíes de desembarcar fuera de Gaza y trasladar la carga humanitaria por tierra hasta ese enclave. Ojo al dato: Israel ofreció canalizar toda esa ayuda: los «pacifistas» se negaron, porque buscaban su Normandía.

Y visto que los pacifistas no eran precisamente pacíficos, a nadie sorprenderá que recibieran a los soldados israelíes como lo hicieron. ¿Resistencia pacífica? ¡Ná, que va! Linchamiento en toda regla. ¿Que te bajan unos judíos del cielo, aunque sea del cielo bajo que es un helicóptero? Pues, a matarlos a golpes e intentar cobrarse rehenes.

Y se afanaron. Atiéndase a esas barras de hierro que golpean a soldados que llaman al orden, en lugar de bajar a tiros. (El vídeo puede requerir verificación de edad).

Algo huele mal en Israel. Y ese mal olor ha de preocuparnos.

La operación en enero pasado [2] que consiguió eliminar a Mahmoud al-Mabhouh, jefazo de Hamás, se saldó con la identificación de once agentes del Mosad. Todos quedaron inhabilitados para trabajos operativos. Así, se perdieron once efectivos de la lucha anti-terrorista.

La de hoy exigía la neutralización de decenas de beligerantes activistas que viajaban hacia Gaza al grito de «Alá Akbar» ―Dios es grande―, gente dispuesta al martirio ―lo que llaman martirio― y profundamente antisemita. Haber permitido que generaran una situación que solo podía resolverse a tiros fue un error mayúsculo, porque debilita la posición de Israel en un momento crucial ―si no lo ha sido alguno en la historia de ese país.

La celebrada eficacia del Mosad y el Tsahal, responsables de la seguridad de los israelíes, parece cosa de ayer. Ello cuando toda acción de Israel entraña un reto político y un reto de imagen.

Ojalá que el coste operativo de Dubai y el coste mediático de hoy sirvan para devolver la ejemplaridad de antaño, porque en ese trozo del mundo hay más en juego que en desiertos enteros, montañas distantes y todas las elegantes capitales de Occidente.

Shin-Divider [3]

De contra:

Ah, mira tú qué cosa, resulta que el cooperante español que andaba en esa refriega, cierto Manuel Tapial, se interesó por Palestina ―por jalear a Hamás, entiéndase―, en fase tardía de su dedicación a las grandes causas.

Antes lo suyo era jalear a la dictadura cubana y a la Venezuela de Hugo Chávez. [4]

¡Caray! ¡Estos muchachos son más predecibles que las rebajas de invierno!

Las segundas siguen calendario; los primeros, itinerario.

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