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«Nos ha dejado sin nada. Con la nada…»

Traudl Junge fue una de las secretarias de Adolf Hitler. Y fue ella la encargada de tomar al dictado el testamento de su jefe, dos horas antes de que éste se suicidara.

Junge, quien sentía un apego personal por Hitler que le era correspondido, recuerda la sensación que le produjo escuchar el testamento del hombre que había arrastrado a Alemania a la ruina y la devastación. Gitta Sereny lo anotó:

«En ese momento creí que sería la primera persona sobre la faz de la Tierra que entendería por qué fue necesario todo aquello; que diría algo que lo explicaría […], que lo justificaría todo, que nos enseñaría algo, que nos dejaría algo. Pero entonces, Dios mío, cuando empezó a dictar la lista de ministros que designaba para suceder a su Gobierno, de forma tan grotesca, pensé (sí, recuerdo que ya lo pensé entonces) qué poco digno era todo aquello. Volvió a repetir las mismas frases, con el tono tranquilo habitual en él, y, para finalizar, volvió a emplear aquellas terribles palabras para referirse a los judíos. Después de toda aquella desesperación, de todo el sufrimiento, ni una sola palabra de compasión o de dolor. Recuerdo que pensé: “Nos ha dejado sin nada. Con la nada (Ein Nichts)”».

Sus palabras son extraordinarias y me imagino serán semejantes a las que nos confiarán quienes registren las últimas voluntades de los hermanos Castro. O de cualquier dictador que conduzca a su país a la ruina. Porque, ¿qué legado dejan después de años persiguiendo una utopía siniestra? La nada.

Cita: Gitta Sereny, El trauma alemán. Testimonios cruciales de la ascendencia y la caída del nazismo (Barcelona, Península, 2005; tr. de Ana Duque de Vega), p. 369.

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