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Artemisa y Mayabeque: poesía de la transición

Me divierte esa propuesta de La Habana partida en dos que leo [1].

Proponen que lo que quedó de la antigua provincia Habana después de que la segregaran de la capital y pasara a llamarse coloquialmente «Habana Campo» sea subdividida a favor de dos nuevas provincias, Artemisa y Mayabeque. De paso, la primera le hurta a Pinar del Río tres municipios y entre ellos San Cristóbal, al que Raúl Castro tiene por la esperanza blanca de la producción de alimentos [2]. (Tengo para mí que a los pinareños no les va a gustar que se lleven la jama para La Habana ―así la seguirán llamando por los siglos de los siglos. Porque una cosa es que se la incauten en camiones y otra a la manera de Saddam, pero ese es otro asunto y tampoco San Cristóbal es precisamente un Kuwait.)

Lo que me divierte, digo, es que no podían haber imaginado denominaciones más sugerentes para las nuevas provincias que Artemisa y Mayabeque. ¡Prodigioso, oye! ¿Cambios quieren? Pues, les prometen deliciosas alegorías de cambios. Provincia con nombre de diosa protectora de los partos y provincia con nombre de río. Habrá parto y todo fluye. Dos ideas que calarán profundo en las poéticas almas de los cubanos. Referencias a Heredia y Heráclito ya correrán de boca en boca en los corrillos del Parque Central. «La bomba H», dirán los entusiastas a los incrédulos.

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El «poco a poco» de Castro II continúa ―cómo no, tratándose de señero amante de las artes―, por la poesía. La lírica de influencia greco-latina y el neosiboneyismo: ¡qué no harán con la simpar Artemisa o con el bucólico Mayabeque! Imagínense lo que esa dupla dará a Palmas y Cañas cuando güineros y corralillenses se enfrenten en justa repentista: Artemisa que rima con «pisa» ―«pisar» en lengua guajira es lo que es― y Mayabeque que rima con «teque».

Y hay más provecho. De paso, muchos pinareños podrán librarse del sambenito de tales. Ahora serán artemiseños, aunque en secreto se llamarán habaneros. ¡Cuánta alegría la de todos esos antes tildados de bobos por altivos habaneros de rancio linaje y ahora convertidos en listos por ley que se votará ―hasta el más pinareño de los pinareños lo sabe― por unanimidad!

No hay cambios en Cuba, dice tanto hombre de mala fe. A ver si cuando este hachazo a la geografía política muestre sus bondades ―¿alguien duda de ellas conociendo la extraordinaria eficacia administrativa del socialismo cubano?― se convencen de que la nave va. Surca las aguas del Mayabeque bajo la atenta mirada de Artemisa, sus flechas listas para clavarse en las carnes del astado que… Oye, ¡y las vacas donde están!

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